Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #4
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CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #4

—No sé qué decirte. En cuanto al look forma parte de la vida política.

La sencillez del vestuario decepcionaría a los súbditos y, al mismo tiempo, hay que promocionar la alta costura española.

Además, es lo que más iguala a la Casa Real con otras casas reales europeas, con nuestra inacabable clase política y con las revistas del corazón.

— ¡ Qué quieres que te diga! A Concha, pese a ser mujer, no le convencen los dispendios exagerados.

España es más pobre de lo que aparenta. Todo lo tapamos a golpe de euros.

¡Hoy en día es tan fácil endeudarse! Concha le tiene miedo a la moneda europea.

Cualquier día de esos, Trump no permitirá el cruce del dólar con el euro por muy endeudados que también estén los americanos.

O peor todavía, exigirá saber la nacionalidad de cada euro.

Es posible que se pregunte si es lo mismo un euro holandés que uno español o uno griego.

Al Banco Central Europeo le corre prisa digitalizarlos a todos.

— ¿Eso dice Concha?

—Eso dice.

— ¡Vaya con Concha! En fin, con tu larga experiencia profesional tampoco necesitar ás ningún curso de perfeccionamiento adicional.

— ¿Ni siquiera de inglés?

—Ni siquiera. Y deja de obsesionarte con él. ¿Nunca te has planteado la importancia de no saber inglés? Si obligaras a los ingleses a contratar intérpretes de español, te convertir ías en el español del año.

—Muy optimista te veo, Alfredo.

—Sin complejos de ninguna clase. Como cuando en nuestro imperio no se ponía el sol y las letras españolas ofrecieron el Siglo de Oro.

—La aclaración no era necesaria. Bien sé yo que el siglo XVII y como suele ocurrir en la descompasada España, las Letras con mayúsculas tuvieron que vivir con la desgraciada decadencia de los últimos Austrias.

—Te doy toda la razón. Y hoy en día, cuando más nos ayuda la Unión Europea, más estropeamos a España con nuestros radicalismos de izquierda y de derecha; con nuestros sepa ratismos; o con muchos de nuestros políticos a los que les gusta el dinero en demasía.

De qué manera obligamos a los europeos a ser partícipes de nuestros líos políticos; cómo nos deterioramos con tanta deuda y tantas quitas autonómicas; y cómo nos enfrentamos a los Estados Unidos .

— ¡ Y a Israel! —agrega Matías y añade—: Me pregunto qué coño hacía nuestro patrullero Furor acercándose peligrosamente a la costa de Gaza y todo para nada.

Para retirarse con la cola entre las piernas.

El Gobierno tendría que aprender de la Meloni.

¡Esa sí que es lista! ¡Hay que ver cómo regate ó con sus fragatas!

— ¡Cuidado con la Giorgia Meloni! No veas el lío que le montó Trump con el Papa.

Ya veremos cómo despeja la incógnita en la católica Italia.

En fin, dejemos el tema. No nos llevará a ninguna parte.

Lo que s í te puedo decir es que hace tiempo que en el CNI y con mucha cautela, vigilamos las tres opciones comunistas que rigen la vida política española.

Las de los bolivarianos, la de los comunistas propiamente dichos y la de los socialistas de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez que ya hace unos cuantos años abandonaron la socialdemocracia tal como la entendíamos con Felipe González.

Y no creas. También seguimos de cerca las tentaciones de la extrema derecha incitando al Felipe VI a que cometa algún error, a que se salte alguna barrera que la Constitución proh í be, y sin olvidar la vigilancia que mantenemos en el seno de las fuerzas políticas disgregadoras de la unidad de España.

Incluso León XIV nos leyó la cartilla en Madrid.

Tampoco a él le gusta que la católica España se cuartee.

A las palabras de Alfredo, Matías, y con la ayuda de una mueca de su músculo irrisorio derecho, tal y como la ofrecía el actor norteamericano Lee Marvin —lo de Marvin se cita porque a Matías siempre le gustó el susodicho actor—, le responde:

—Pues si quieres que te sea sincero, yo no veo que avancéis mucho. Será que vais a paso regular. El mismo paso que me toc ó llevar en una procesión de la Semana Santa zaragozana mientras hacía la mili. Fusil a la funerala y el casco pegado a la espalda.

—Desde las altas esferas nos ponen muchos obstáculos.

Ya sabes, el poder necesita pactar con qui é n sea y los comunistas y los separatistas, sean del signo que sean, tienen hoy en día mucho peso en España.

De todas formas, intentamos dar a conocer a los españoles nuestro trabajo. Eso sí, de forma discreta.

—Pues debéis ser muy discretos, porque a mí no me ha llegado ninguna información sobre lo que hacéis. Lo que me llega es todo lo contrario. Críticas negativas y encima incrementadas por el inefable excomisario Villarejo. A la que os descuidéis acabará siendo vuestro santo patrón.

—Olvídate de Villarejo, sin embargo, son demasiados los medios de comunicación que nos quieren desestabilizar.

La seguridad de España les importa un bledo.

No valoran todos nuestros esfuerzos para evitar los atentados terroristas que no solo pueden llegar del islam, sino de otras ideologías.

Y solo les interesa cuando el atentado ya se ha producido para poder enzarzarse en sus batallitas políticas o para echarnos en cara si, en alguna ocasión, protegemos algún que otro error de quienes asumen responsabilidades dentro de la estructura superior del Estado.

— ¿Algún error de la Corona?

—Podría ser.

—Entiendo. Sois parcos en palabras. En cualquier caso, insisto. Creo que no os sabéis explicar, pero no bajéis la guardia.

—No la bajamos. No te puedes imaginar lo atentos que estamos.

Si muchos partidos políticos supieran cómo puede acabar España , no jugarían con fuego.

España no es una potencia por más peso internacional que ciertos gobernantes digan tener.

Hacer enfadar a los Estados Unidos de Trump, abrir las puertas a quienes odian a Occidente, olvidarse de los atentados terroristas islamistas que sufrimos y hacer cabrear a los judíos que temen un segundo holocausto son factores que el pueblo español debería tener en cuenta.

En política exterior la ciudadanía debería vigilar lo que dicen y hacen ciertos políticos.

Juan Carlos I está enviando mensajes de peligro a su hijo.

La reunión en Barcelona de la izquierda latinoamericana no les gustó a los americanos ni a los israelíes.

—Eso mismo sospecho yo. Es cierto que pagamos cara la guerra de Irak, pero ya veremos si no pagaremos también a precio de oro el haber permitido que Barcelona fuera la base operativa de esas flotillas pro palestinas que llamaron de la libertad o habernos puesto en contra de Trump ante la guerra de Irán.

En fin, cambiemos de tercio. ¿ Qu é me dices de mi progresiva pérdida de capacidad física?

He engordado pese a mi dieta forzada por la diabetes.

Como te habrás dado cuenta he cambiado el cinturón por los tirantes.

Cuando me visitasteis, todavía llevaba cinturón.

—Nos fijamos, de la misma forma que decidiste fumar en pipa, pero te has sabido cuidar.

Estás hecho un roble y te lo repito. Respecto a tu misión correrás pocos riesgos.

Y no descuides las conspiraciones antimonárquicas que ofrece el propio Madrid.

Las que se extienden desde sus mentideros de toda la vida hasta sus propios centros de poder político pasando por los tradicionales barrios obreros con pocos recursos económicos.

Estos últimos, por mucho que aplaudan a los reyes cuando los visitan, son la despensa de la izquierda política.

— ¿ Todavía existen los mentideros políticos, Alfredo? Yo solo conozco nuestros mentideros taurinos y futbol ísticos . No te puedes imaginar la vida que les damos y, si la ocasión lo permite, culminamos nuestros correveidiles verdaderos o falsos con un buen cocido madrileño.

—En Malacatín, ¿no es así?

— ¡ Coño! No me habéis perdido de vista.

—Cuando le ponemos el ojo a alguien…

—Por cierto, hablando de cocidos madrileños, dado que Concha tiene la mano rota para ellos, me pregunto qué papel ha de jugar ella en este entramado que me acabas de ofrecer.

Piensa que la tengo pegada todo el día a mi lado y nunca hemos tenido secretos entre nosotros.

Al contrario, diría que siempre ha sido una buena consejera.

Ya me entiendes. Toda una voz del pueblo.

—Transmítele solo las minucias. Respecto a ti tal vez te daremos una tarjeta de identidad profesional con foto incluida.

— ¿ No sería mejor que externalizarais mi misión y me convirtierais en un satélite del CNI? Me imagino que tenéis satélites.

—Los tenemos, pero t ú serás un periférico sin salir de tu casa. ¿Me entiendes?

—No hay Dios que te entienda. En fin, esa foto, ¿ha de ser como la del carn é de identidad?

—No te preocupes. Ya te la hemos hecho, pero será invisible.

— ¿I nvisible? —responde Matías más bien a título de chirigota.

—Eso es. Invisible.

—En cualquier caso, supongo que me habréis sacado lo más feo posible.

— ¿Por qué?

—Una foto mejorada decepciona al receptor cuando te ve en carne y hueso.

—Puede ser, pero en el servicio secreto no nos podemos permitir ninguna sutileza estética ni para bien ni para mal. Los agentes de aduanas acostumbran a comprobar la similitud entre la foto y el ejemplar que tienen delante.

— ¿Y me daréis un nombre en clave?

—Con Matías será más que suficiente pese a la importancia de tu misión. Una misión que puede llegar a cambiar la historia de España. ¿Qué te parece? —responde y añade Alfredo:

—Claro que dependerá…

— ¿Dependerá de qué? —interrumpe Matías entre contento, ansioso y algo preocupado.

—Dependerá de si Zarzuela acepta tus sugerencias. Si las acepta, te convertirás en su estrella polar.

— ¿ Lo de polar encierra algún significado especial?