CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #3
—No me cogió con excesiva sorpresa el escándalo de Errejón o el de Monedero como tampoco el expediente sexual de Juan Carlos I. Calcado al de su abuelo Alfonso XIII. Herencia genética, según dicen.
—Entonces, no es culpable. Nada se puede hacer ante la genética.
—Según Concha, la reina Sofía ha sufrido mucho.
—Es verdad, pero ella deb ía haber respondido con la misma libertad y fogosidad. Donde las dan, las toman. Además, Juan Carlos lo hubiera aceptado.
— ¿ Tú crees que una mujer con la vocación de ejercer de reina de España y heredera de las dos religiones, la ortodoxa y la católica, podía responder con fogosidad?
—No, pero sí.
Y con una pícara sonrisa, Matías le pregunta si el CNI está al corriente de las relaciones de pareja entre Felipe VI y Letizia.
—No entremos en materia tan resbaladiza, Matías.
— ¿Y por qué no?
—Porque no. Para eso ya está la prensa rosa, aunque desde hace un cierto tiempo comienza a tirar balones fuera. También ella se huele algo. Algo no muy placentero.
—Si tú lo dices. Y en el CNI, ¿hay much o personal femenino? ¿Qué tal son l as que hay en la cúpula? ¿Eficaces tal y como debe ser o eficaces empoderadas? Ya sabes, feministas.
—Calladito, que pasa la guardia. Punto en boca. Solo puedo decirte que son madrileñas. Supongo que lo sabes.
—Algo he oído, pero Madrid se nos ha hecho muy grande, quizá demasiado grande. Después de París y Londres, ya debemos seguir nosotros.
—Roma nos lleva ventaja.
Jaime, que todavía no ha entrado en la conversación, sonríe por los bajines y Matías aprovecha su sonrisa para establecer con él su primer y franco diálogo.
—Entonces, Jaime, tú serás mi contacto y el que me habrás de sacar las castañas del fuego en el caso de que las cosas se tuerzan. En otras palabras, el CNI nos ha convertido en compañeros inseparables y, al igual que en la policía, nos hemos de proteger mutuamente.
Jaime Pérez Sepúlveda que esperaba poder entrar en la conversación, aprovecha la oportunidad.
—Así es, señor comisario. Estoy a su servicio para lo que usted guste mandar. Me tendrá a su disposición las veinticuatro horas del día. En el CNI no entendemos de horarios.
—Me agrada oír eso —contesta Matías que, como sabemos, siempre ha puesto por delante el servicio a cualquier otra cosa por mucho que esa cosa se haya llamado subida de sueldo, derecho a la no explotación, derecho a disfrutar al máximo de la familia o derecho a la jubilación anticipada.
—Le acompañaré a todos los sitios salvo que el Centro me ordene lo contrario.
—Me parece muy bien y diría que, por tu forma de hablar castiza, eres natural del propio Madrid, ¿me equivoco?
—No se equivoca. Natural del barrio de Lavapiés. Nací hace treinta y cinco años en la mism ísim a plaza de Lavapiés. ¿Qué le parece? Quizá soy el último manolo, chulapo o chispero que queda en Madrid —afirma Jaime más que orgulloso .
Entonces nos entenderemos bien. Yo procedo del distrito de Usera y, por acumulación profesional, también del de Villaverde.
Cierto que desde hace unos cuantos años me alejé algo de ellos.
Solo cuatro pasos, que conste. Mi esposa y yo compramos un piso en este paseo de las Delicias, junto a la plaza de Legazpi, a un tiro de piedra de Usera. ¿Lo sabías?
—Lo sabía, señor comisario. Sé bastantes cosas de usted. Debo estudiar con antelación a mis clientes —responde Jaime con una elevada dosis de chispa madrileña.
—Ya veo que en el CNI lo sabéis todo, y haz el favor de tratarme de tú. Yo te llamaré Jaime. Jaime a secas y tú me llamas Matías, a secas también, y recuerda que también estás delante de un chispero.
—No sabe cuánto me alegro.
—Lo mismo digo y tutéame. L ástima que el sentido del humor de nuestro Madrid no lo entienda todo el mundo. En muchos pueblos de Zamora había lugareños que no lo entendían. ¡Hay que ver cómo se ponían!
—Si usted lo dice...
—El tuteo, Jaime. El tuteo.
—Como usted diga… como tú digas.
—Lo digo. Tenían muy poco sentido del humor.
Mis espontáneas ocurrencias las distribuía en cuentagotas y solo con las personas de mi mayor confianza.
Zamora ciudad era otra cosa, pero se tenía que ir con los pies de plomo con algunos campesinos.
Si no sabían quién eras te soltaban un « pues vuélvete a Madrid, que aquí trabajamos » o… « te las das de chistoso, ¿eh?»
Tras un movimiento positivo de cabeza de Jaime, Matías se dirige de nuevo a Alfredo Suárez manteniendo el típico guiño de su ojo derecho, ya que es incapaz de hacerlo con el izquierdo.
Un defecto este último que siempre lo ha definido como una minusvalía parcial de los músculos extraorbitales.
Lo de los extraorbitales lo sabe porque se lo explicó un oculista.
Dicha limitación fue la que le convirtió desde muy pequeño en un eficaz tirador zurdo.
No había bola que no cayera cuando disparaba en las casetas de feria de la pradera de San Isidro.
« La culata siempre apoyada sobre tu hombro izquierdo mientras cierras el ojo derecho.
Ese es el truco » le advirtió un honrado feriante.
—Soy todo oídos, Matías. Tú dirás —responde Alfredo.
— ¿ Puedo saber cuándo entraré en acción?
—Pasado mañana se te dará toda la información. Formarás parte del personal funcionario eventual no estatutario y, como te acabo de decir, mantendrás tu retribución de comisario jubilado, pero sin complementos económicos de ninguna clase. Nada de vacaciones pagadas, ¿entendido?
—Entendido.
—Y no es necesario que te recuerde que en el CNI todo se hace por España y para España.
— ¿Es e no es el lema del Rey?
—Lo cambió por servicio, compromiso y deber.
—Algo ambiguo, ¿no te parece? Yo hubiera mantenido el término España.
—Le aconsejamos que, en lo posible, intentase congraciarse con la izquierda antimonárquica, evitara la confrontación con los independentistas y no permitiera que la extrema derecha se sobrepasara.
—O sea, que al Rey le habéis aconsejado que aplique el lema «S i no puedes con tu enemigo, alíate con él » .
—Yo no diría tanto. La línea de flotación la mantenemos: Rey constitucional de todos los españoles.
—No está mal, pero no sé por qué sospecho que os tendré que echar una mano.
—Se te agradecerá. En fin, Matías, ejercerás de agente oscuro.
— ¡ Coño! ¡N o me asustes! ¡Agente oscuro!
—Si prefieres que te diga agente invisible, sin problema. Incluso te podemos calificar como agente encubierto o clandestino. ¿Qué te parece?
— ¿ Y por qué no durmiente?
—Porque te acabamos de despertar pese a que ya es hora de ir a dormir. Casi son la tres de la madrugada. ¡Hay que ver cómo has disfrutado con la verbena! Concha y tú podríais participar en algún concurso de chotis.
—Hace años Concha participó en uno de mantones. Quedó la primera.
—No lo sabía.
—Alguna cosa se os ha de escapar al CNI. Por cierto, pese a que como agente vinculado al CNI me acab áis de despertar, supongo que podré mantener la siesta, aunque solo sea para dar una cabezada. Desde que estoy jubilado me he acostumbrado a ella.
— ¿En tu casa o en el cerro del Tío Pío?
— ¿Y por qué no en el Parque del Oeste? Estaría más cerca del Palacio Real —responde Matías a modo de chanza.
—Podrás elegir el sitio que más te convenza. Y ahora a lo nuestro. Transmitiremos a Zarzuela tus aportaciones y, cuando el Rey lo decida, tus ideas y estrategias, por muy dormidas que hayan estado durante estos últimos años, resucitarán.
— ¿ Lo decidirá directamente el Rey?
—Primero habrá pasado por un nutrido número de filtros.
—Aparte del CNI, ¿muchos organismos más?
—Como mínimo, determinados ministerios implicados y el propio organigrama de la Zarzuela.
— ¿ Mucha izquierda en el organigrama?
—Solo funcionarios leales.
—Me tranquiliza oír eso . ¿Y puedo saber a qué distancia de Felipe VI orbitaré?
—A una distancia respetable. Con la ayuda de Jaime podrás ir a tu aire, y el CNI, debido al trabajo que te ofrecerá, no te obligará a remover documentos clasificados, a pasar por el polígrafo o a divorciarte de Concha.
— ¿ A divorciarme de Concha? —pregunta Matías estupefacto.
—Eso es lo que he dicho. A divorciarte. No faltan agentes que, por sus misiones, arriesgadas unas veces y otras, excesivamente alejadas del hogar, o por tenerse que casar con otra mujer para conseguir una determinada nacionalidad acaban perdiendo a sus esposas.
Además, las separaciones matrimoniales por incompatibilidad laboral, por silencios asfixiantes, o por deslices sentimentales en ambos sentidos también son elementos a tener en cuenta.
—Se agradece que me lo adviertas, pero son tantos los años de convivir con Concha que me costaría mucho encontrar pareja nueva y seguro que echaría en falta las discusiones domésticas. Ya me he hecho a ellas. Las sé llevar. Con las mujeres hay que tener mucha mano izquierda.
—Opino lo mismo, pero eso de la mano izquierda con las mujeres hazlo desaparecer de tu vocabulario.
— ¿ Intuyes machismo en mis palabras?
—No. Pero con las feministas radicales, tal y como tú las llamas, hay que ir con mucho cuidado.
—Eso es lo que sostengo. Han llegado tan lejos que ni ellas mismas saben definir lo que es ser mujer.
Me atrevería a decir que algunas no se encuentran a sí mismas.
No saben si son hetero, bisexuales, lesbianas o trans.
Lo que sí saben hacer es meterse en política, buena nómina, looks en constante renovación, decir no a todo y mala uva…
Y algunas no se ven guapas. ¡Hala! Ya lo he dicho.
—Veo que no les tienes mucho cariño, ¿eh, Matías?
—Pues no. Mucho hablar, pero no me ayudaron a contener los crímenes machistas en Zamora.
El famoso sí es sí generó más confusión de la debida.
Y si a todo ello le añades que les atrae sobremanera el movimiento okupa y las plataformas de afectados por las hipotecas, no hacen otra cosa que joder a las familias honradas que se han esforzado por tener piso propio.