CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES #2
—Como siempre digo, sobre mis espaldas solo hay dos cadáveres, no lo puedo negar, pero sobre mi conciencia, ninguno.
El primero me obligó a defender mi propia piel y el otro sirvió para hacer justicia.
Méndez se la merecía. Lo que le hizo la Paula Andrea de los cojones no tenía perdón.
Por cierto, Alfredo, ¿por qué os fijasteis en mí?
¿Quién os dijo que era un acérrimo defensor de la Monarquía Constitucional?
Alfredo Suárez sonríe y Matías guiña su ojo derecho a la espera de respuesta.
—Nos lo dijo un pajarito. Además, no todos los días el Sur de Madrid ofrece un policía monárquico de tu valía.
Tan pronto olfateas todo cuanto sucede a tu alrededor como haces volar tu fantasía hasta límites insospechados.
Algo que hoy en día —ambas cosas, olfato y fantasía—, la Corona las necesita como agua de mayo.
Piensa que cuando ocurrió la trágica dana de Valencia, Felipe VI tuvo el acierto de tomar la iniciativa de solidarizarse con las víctimas saltándose no solo todos los protocolos de seguridad, sino pasando por encima de quienes no quieren que se acerque al pueblo.
Y su segunda visita con uniforme militar nos pareció de lo más acertada.
Al fin y al cabo, solo el Rey pue de mantener al Ejército unido, pues tanto la derecha como la izquierda se quieren ganar las Fuerzas Armadas partiéndolas en dos tal como sucedió durante la Segunda República.
Siempre hay militares que, con la ayuda de la política, no les importa ascender salt ándose el escalafón.
—Eso es lo que decían tanto mi padre como mi abuelo.
—En fin, Matías, ¡a ver si se enteran quienes votan a los enemigos del Rey que será él quien les acabará sacando las castañas del fuego si algún día se rompe la baraja!
—Con su visita a Valencia demostraron los reyes tener arrestos… ¿Puedo hacerte una pregunta?
—De preguntas generales, las mínimas, de la específicas de tu misión, todas, aunque en su momento.
— ¿H ay militares, policías o agentes vuestros que, obsesionados por sus ascensos, estarían dispuestos a jugar la carta chavista o la opción ultra sin importarles el futuro de la Corona?
— ¿Por qué lo preguntas?
—Tras la dana me pareció descubrir que nuestros incompetentes políticos tanto de un signo como del otro necesitaban echar mano del Ejército.
Me preocupa que haya militares que se sientan halagados venga de donde venga el halago.
Al fin y al cabo, Ch á vez era un militar.
¿Vigiláis de cerca lo que se cuece en los ministerios de Defensa e Interior, respectivamente?
—Es lo que tenemos más a mano —responde Alfredo con un cierto grado de ironía.
Y añade :
—En 1936 fueron muchos los militares que más allá de ser leales o no a la República , no les importó lucir la estrella roja de Stalin o la camisa azul de la Falange.
Y como muy bien sabes, a día de hoy no han faltado generales en la reserva que se han incorporado a Unidas Podemos o a Vox.
Una mala noticia y más vieja que Maricastaña.
Matías le interrumpe un momento para ratificar la importancia de mantener el Ejército unido al tiempo que le hace saber la opinión que tenía su abuelo sobre tan delicado asunto.
—Mi abuelo, Alfredo, siempre decía lo mismo. Manuel Azaña se equivocó al acelerar su reforma militar. No evaluó con precisión los tiempos. Supongo que la dictadura de Primo de Rivera y los comunistas y los anarquistas fueron los culpables de que cometiera el error de precipitarse.
— ¿Eso es lo que decía tu abuelo? —pregunta Alfredo algo sorprendido.
—Eso es lo que decía.
—Prosigue con lo que te decía tu abuelo. A nosotros nos interesa todo. Algo de historia no nos va mal por muy subjetiva que sea.
—A Azaña le correspondía defender el Estado laico, no lo negaba, pero sin necesidad de expulsar a los jesuitas por mucho poder que tuvieran.
Claro que ante la miseria que campaba entre el pueblo español, una desamortización reglada de los bienes de la Iglesia no hubiera sido tan descabellada.
Con ella habría contentado a todas las partes en discordia.
— ¿A qué partes en discordia?
—Al Estado, a los propietarios agrarios y a los campesinos. A ninguna de las tres partes les hubiera molestado incrementar el patrimonio.
— ¿ A los grandes propietarios también? —pregunta asombrado Alfredo.
—Mi abuelo, peón de la construcción en Madrid e hijo de peón del campo extremeño estaba convencido de que con las propiedades de la Iglesia habría habido para todos.
Entre fincas agrarias, urbanas y censos ¡vete a saber lo que habría llegado a repartir Azaña!
Nadie habría protestado. Como mucho, algún meapilas o alguna beata.
Y con los cojones bien puestos también habría evitado los asesinatos de los sacerdotes y la quema de iglesias que impulsaron los comunistas y anarquistas desde el primer día.
—Visto así…
—Más tarde, Azaña podía haber llevado a cabo la reforma militar, pero manteniendo siempre al Ejército unido.
— ¿ Y cómo habría mantenido unido al Ejército si una gran parte era monárquica?
—Monarquía o República no era lo decisivo. La transformación de las capitanías generales en divisiones orgánicas ya habría llegado. Todo a su debido tiempo.
Alfredo, más que perplejo, le pregunta hasta cuándo se debían haber mantenido las capitanías generales en opinión de su abuelo. Y Matías le responde no exento de ironía:
—Hasta que la República hubiera conseguido hacerse con la sucesión natural de las cosas.
Ya me entiendes. Manteniendo el escalafón, modernizando por etapas a las fuerzas armadas con sus correspondientes reducciones de plantillas y sustituyendo el servicio militar obligatorio por uno de soldados profesionales o voluntarios.
Más pronto que tarde, la República burguesa y moderada se habría consolidado.
Todo el Ejército se habría mantenido leal a la República, pero Azaña lo rompió por dentro.
—En el CNI nunca nos lo hemos planteado así —responde Alfredo.
Y continúa:
—Dejando de lado lo que pudo ser y no fue y volviendo a nuestros días, hicimos que el Rey en su segunda visita a la zona devastada por la dana fuera de uniforme.
En las siguientes y junto a la reina y a sus hijas, acudi ó de paisano.
Objetivo: mantenerlo lo más cerca posible del pueblo.
No olvides que los populistas de izquierda lo quieren alejado tanto del pueblo como de determinadas misiones oficiales.
Solo lo envían a Buenos Aires si no les cae bien el gobierno argentino de turno, le hacen decir lo que no debe decir ante el embajador de Méjico en España o, si es preciso, lo envían al Vaticano, aunque con el último Papa que tuvimos y con el que tenemos ahora la izquierda se siente mucho más cómoda.
El recibimiento que ofrecieron a León XIV no provocó el mínimo altercado.
—Por cierto, ¿ crees que Trump amenazó a León XIV haciendo saltar por los aires los secretos del Vaticano?
— ¿De qué secretos me hablas, Matías?
—De los que habla todo el mundo. De la banca vaticana o de los abusos a menores.
—No seas tan fantasioso con lo de la banca vaticana.
—Y hablando de fantasías, ¿tú crees que la Monarquía aceptará las mías? En la Zarzuela debe haber gustos dispares. Las que gusten a unos pueden disgustar a otros.
—Cierto, pero te elegimos por otra razón. ¿La adivinas?
—Pues, la verdad sea dicha, no. Siempre he llevado a mis superiores de cabeza.
Incluyéndome a mí mismo y a mi familia tanto por mis iniciativas profesionales como por mis ideas privadas.
No me preocupa el qu é dirán o el qu é será de mí.
De ahí proviene todo. Menudos chorreos que he recibido de Concha y más de una preocupación que he provocado a Almudena y a su marido.
—Pues esa es la segunda razón por la que te escogimos.
Pese a tus espontáneas opiniones, no hemos encontrado el menor desliz ni en tu vida privada ni en tu vida pública.
¡ Mira si llegas a ser cuadrado! Ni putas ni relaciones homosexuales ni corrupciones dentro o fuera de la policía ni un gramo de droga, ni una sola acusación en tu contra por parte de los inmigrantes de Usera o de Zamora…
Nada de nada, un auténtico carro blindado solo engrasado por algunos coñacs y orujos.
Y cuando te cruzabas con una puta amenazada por su chulo, le pagabas de tu bolsillo el billete de autobús o de tren para que se largara de Usera-Villaverde sin llevártela previamente a la cama.
¿Qué te parece? Y, no solo eso, todas esas actividades propias de los bajos fondos se las dabas a conocer a Concha.
Lo hemos indagado todo, pero eres… ¿cómo decírtelo? ¿ Un elemento único? ¿U n tipo raro?
— ¿ Ninguna denuncia por las hostias que repartía entre los delincuentes de Usera ante un delito execrable? Recuerda, Alfredo, que el pasado siempre nos persigue.
—Solo rumores puertas adentro. Ni una sola denuncia y, sin denuncia, ¿qué tenemos? Nada. Solo la satisfacción que el hampa de Usera demostró cuando te largaste. Se dice que llegaron a tirar cohetes.
—Los incorruptibles, Alfredo, somos los peores.
Es mejor tener un carcelero corrupto que uno insobornable.
Con el primero se sobrevive, con el segundo, nunca.
Respecto a ser hombre de mujer única no lo dig áis a nadie.
Según en qu é ambientes me tendrían por un timorato, un meapilas o un mierda.
Un marido de mujer única no se cotiza hoy en día.
De hecho, nunca se ha cotizado. Ni con Franco ni con la democracia, aunque se dice que Franco también era hombre de mujer única. Algo peligroso, ¿no crees?
—Tal vez. A todo le sacas punta, ¿eh?
—Me pregunto qué vida sexual se deben llevar esos muchachos y muchachas de la nueva izquierda revolucionaria que ya han alcanzado las mieles del poder.
—Imagínatela. Nada como la libertad sexual simboliza mejor la igualdad de género.
— ¿Sabes , Alfredo?
— ¿Qué debo saber, Matías?