CAPÍTULO VI EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES
CAPÍTULO VI
EL CNI PRESENTA SUS CREDENCIALES
Cuando en aquella ocasión le preguntaron qué haría si la monarquía estuviera amenazada, su espontánea y enérgica cascada de respuestas favorables a la Corona les convenció y así quedaron.
¿En qué quedaron? A cambio de resolverle su difícil situación por haber ejecutado a la Paula Andrea el CNI, si algún día necesitaba de sus servicios, daría con él y Matías se pondría a su entera disposición.
Una propuesta ante la cual Matías no dudó en dar su consentimiento.
¿Qué podía hacer si no? ¿Correr el riesgo de ser expulsado del Cuerpo Nacional de Policía?
¿Arruinar su inquebrantable vocación de policía?
¿Convertirse en un detective privado al estilo de Philip Marlowe encarnado por Humphrey Bogart?
No. Hombre de or den por ideología, funcionario por vocación y realista no por m ágico , sino por prosaica seguridad económica, necesitaba repartir a partes iguales su vocación policial con su libre forma de hacer y de pensar.
— ¡Hombre! Ya me acuerdo de ti. Tú eres el inspector Alfredo Suárez. ¿No me digas que la monarquía corre peligro?
Y sin dar tiempo a contestación alguna, Matías añade:
— ¿Qué se ha hecho del comisario Luis Hidalgo?
—Primero sube al coche y ahora te cuento.
—Lo que tú digas, Alfredo.
—Hidalgo se jubiló, aunque trabaja como responsable de seguridad en una entidad financiera, goza de buena salud y, como todo exagente del CNI, nos asesora en seguridad o nos echa una mano si se lo pedimos.
—En otras palabras, el CNI no se olvida nunca de sus exagentes. Eso es lo que has querido decir, ¿ no es cierto?
—Cierto. Espías, informantes y colaboradores jubilados también enriquecen la lista de Jano.
— ¿ Puedo saber quién conforma esa lista?
—Más vale que no lo sepas. Todos los servicios secretos tienen su archivo. Unos más largos que otros o de naturaleza distinta según las concepciones que tengan de la libertad o de la moral religiosa que los rija. Ya me entiendes.
—Te entiendo. ¿Y qué tal por la policía?
—Ya soy comisario.
—Mi enhorabuena. ¿Comisario principal?
—Todavía no, pero no he perdido la esperanza.
Todos los comisarios soñamos un día en llegar a ser principales.
¿No te parece? Y si no… pues un alto funcionario de confianza del CNI.
Y si tampoco, director de una buena empresa privada de seguridad.
Estas últimas pagan bien. En nuestra profesión y como muy bien sabes, se valora mucho la experiencia.
—Si quieres que te sea franco, nunca he entendido esa obsesión por el dinero.
Si observas fríamente lo rápida que pasa la vida, no entiendo la autoexplotación a la que se somete tanta gente aun estando jubilada y sin tener necesidad alguna.
No cambiaría por nada del mundo mis paseos matutinos y vespertinos con Dandi; mi interés por la evolución política de España vista desde la barrera; o mis rondas de tapeo con alguno de mis amigotes tal y como Concha los llama.
Ya sabes, amigotes de la peña del Atleti o de la de Las Ventas, aunque algunos, pocos, sean abogados o médicos.
Nada democratiza más que unas gradas enardecidas.
«¡Menuda espantá! ¡No tiene vergüenza torera!
¡Cuádralo, ya! ¡Qué salga el cabestro!» gritamos.
Y no veas el griterío que se monta no solo en el Metropolitano, sino en todos los campos de fútbol.
Estoy harto de las gradas de animación con tanta puta España, puta selección, o el grito racista de « mono más que mono » .
¡Y aún hay quien dice que los amantes del toreo somos lo peor de lo peor!
—Visto así…pero, respecto al dinero, quien más quien menos desea dejar una buena herencia a sus hijos o cambiar su nivel de vida. Por cierto, también conocemos tus rondas con Concha.
— ¡Pues sí que sois detallistas! No veas cómo disfruta en «Las Bravas » de la calle de Álvarez Gato.
—Lo sabemos. ¿Y qué tal tus relaciones con Dandi?
— ¿También habéis seguido a Dandi?
—Todavía no, pero no lo descartamos.
—Cuando lo sigáis veréis cómo me mira. Sus miradas de agradecimiento y cariño me ayudan a olvidar cualquiera de los problemas cotidianos que me ofrece la vida o que me los monto yo por mi cuenta y riesgo. En fin, aquí me tienes en calidad de comisario jefe jubilado. Tú dirás.
— ¿ Te siguen dando mucha guerra la diabetes y la próstata?
— ¡ Joder! No me digas que después de tanto tiempo tampoco os habéis olvidado de mis dolencias —responde Matías manteniendo su estilo socarrón.
—Pues ya lo ves. No las hemos olvidado. ¿Contento?
—Como unas pascuas, aunque si quieres que te diga la verdad ya he entrado en la tercera edad —responde Matías sin dejar de lado su tono chistoso.
— ¿ Estás seguro?
—Segurísimo. Por dos veces seguidas resbalé en la bañera y estuve a punto de romperme la crisma. ¿Qué te parece?
—No voy a decirte que pruebes a resbalar por tercera vez.
—Y no solo eso. Cuando voy por la calle y me giro hacia atrás, he de detenerme y girar todo el cuerpo antes de mirar. Las malditas cervicales me desestabilizan. Como ves, cosa de viejo.
—No se nos ha pasado por alto el detalle, pero recuerda que los agentes secretos nunca miramos hacia atrás de reojo.
Hacerlo y mucho más haciéndolo con miedo o con sensación de ser perseguidos levanta sospechas.
Mejor giro completo tal y como tú lo haces.
Paraliza y sorprende al seguidor. Y digan lo que digan, España es un país para viejos.
Un país para nonagenarios y con ganas de seguir viajando con el Imserso si el estrecho de Ormuz lo permite. ¿Alguna incidencia más?
—Cuando me dirijo a una habitación en busca de algo son muchas las veces que me pregunto: «¿A qué coño he veni do? ». He de volver al punto de origen y entonces s í recuerdo el motivo.
— ¡Bah! Eso también me pasa a mí y soy mucho más joven que tú.
— ¡ Ya! ¡Ya! Y qué me dices cuando en el metro o en el autobús un chico o una chica se levanta de su asiento y me dice: «S iéntese, señor » .
¿A que eso aún no te ha ocurrido? Y cuando esperas que el chico o la chica se apee en la estación siguiente y ves que no lo hace, ¿qué puedo pensar?
Que los muy jodidos me han elevado a la categor í a de viejo sin atenuantes.
—Si eso es lo que piensas… A propósito, te presento a Jaime Pérez Sepúlveda.
Oficial conductor no estatutario del CNI que, a partir de este momento, estará a tu disposición.
Te llevará en coche cuando lo necesites, será tu buzón cuando quieras ponerte en contacto con nosotros y, si se tercia, ejercer á de escolta si la situación lo requiere.
— ¡Coño! Con escolta y todo.
—Solo cuando la situación lo requiera. Si ocurre alguna incidencia, se te protegerá. El Centro siempre protege.
— ¿ La Casa? —pregunta Matías que siempre ha oído que es así como llaman a la sede del CNI.
—Olvídate de la Casa. El Centro es el Centro.
—Está bien, pero ya sabéis que lo de la obediencia debida hace años que no exime de nada.
Además, por mi forma de ser no me dejo utilizar por nadie.
No pienso acabar ante un juez y mucho menos ahora que ya estoy jubilado.
Eso de acabar en el juzgado se lo dejo a mis queridos políticos.
Hace tiempo que desfilan ante los jueces en solemne procesión y sin esconder su cara dura.
Y encima se hacen los importantes con la ayuda de los enjambres que configuran los paparazis.
¡Ah, si yo fuera juez! ¡Qué putas las pasarían!
¡ C ó mo cazara a uno de esos aforados! Los aforados no son hijos de la picaresca española. Yo ya sé lo que son.
—También en el CNI sabemos lo que son. Y respecto a ti, ¡m enudas libertades que te tomabas en el ejercicio de tus actividades! En fin, estate tranquilo, tanto los jubilados de la Policía Nacional como los del Ejército y de la Guardia Civil pod éis opinar con plena libertad.
—Eso dicen. Por cierto, ¿ habéis vigilado las trayectorias públicas y privadas de los jefes de gobierno que ha tenido nuestra democracia?
—Las hemos vigilado, pero entre mayorías simples, sucesivas propuestas y cuartas partes, no creas que es fácil.
—No entiendo ni media palabra de lo que dices.
—Mejor. Leete la Constitución. Te ayudará a entender lo que te digo.
— ¡Menuda pereza! ¿Tú crees que hay algún españolito que se la ha leído?
—Más bien pocos.
—Lo suponía.
—Volvamos a ti. En cuanto a tu vinculación al CNI, solo tendrás la categoría de agente legal y tu pensión de policía. Ocurra lo que ocurra, no la perderás nunca. ¿Más tranquilo?
—Mucho más. La pensión, el piso pagado y unos ahorrillos en el banco es a lo que aspiramos todos los jubilados. Por cierto, ¿daños colaterales mientras dure o cuando haya acabado mi trabajo, si es que lo acabo? Ya me entiendes. ¿ Consecuencias negativas para mi familia?
—Ninguna. Nada cambiará de tu vida cuando la misión haya finalizado. Ni tú ni tu familia perteneceréis al grupo de los vulnerables. Solo cuatro personas conocemos tu identidad. Ni siquiera el Rey sabe quién coño eres.
—O sea, que estáis al servicio de Su Majestad —afirma Matías algo guasón.
—No somos una copia barata del agente 007. Pero es cierto. Estamos al servicio de Felipe VI.
— ¿ Solo os dedicáis a él?
—Solo. Nosotros cuatro y, a partir de hoy, tú también. Formamos parte de una unidad de reciente creación.
— ¿Armas de fuego?
—Tu misión no las requerirá, aunque en tu caso no hay problema alguno. La Guardia Civil te concedió el permiso especial cuando te jubilaste. No protestarás, digo yo.
—Sabían que era de fiar y que solo la utilizaría en defensa propia. En mi currículum y, como muy bien sabéis, solo constan dos disparos mortales. Uno en Usera y el otro en Zamora.
—En efecto. De mortales, dos. Del resto…