CAPÍTULO IV EL ALMUERZO DE DESPEDIDA
CAPÍTULO IV
EL ALMUERZO DE DESPEDIDA
Concha le ha dado libertad. Que aproveche al máximo sus últimos momentos con sus compañeros, mientras ella seguirá con la revisión del piso para asegurarse de que no se olvidan de nada, de que todo est á perfectamente empaquetado, y comprobará las fotos que con el móvil han hecho del estado del piso.
No sea que el propietario se resista a devolverles el depósito de la fianza, aduciendo que el piso y los muebles no est á n en las mismas condiciones que cuando se firmó el contrato de alquiler siete años antes.
En cualquier caso, no creen que lo haga.
Al contrario, a lo largo de estos años lo han mejorado y toparse con Concha y Matías no es aconsejable.
Tendría todas las de perder. Con las fotos que hicieron al tomar posesión de la vivienda y las últimas que han hecho , más el burofax que ya le han enviado comunicándole su marcha, acabaría en el Juzgado.
Y mañana, a eso de las seis de la tarde, llegará la camioneta.
La labor de carga no durará mucho y, finalizada la operación, el convoy se dirigirá hacia Madrid.
Un trabajo relativamente sencillo dado que no llevan consigo ningún mueble.
Solo la antigua y ampulosa máquina de coser Singer, el ordenador portátil, unos cuantos paquetes perfectamente embalados y dos maletas de ruedas.
Y ya en Madrid, la reorganización del piso tampoco planteará problema alguno.
Dandi se dirigirá a su caseta situada en la terraza o al sofá del comedor hasta que Concha lo haga bajar, y todo el ajuar regresará a los armarios y cajones de siempre.
Pese a que han vivido muy bien en Zamora y se llevan muy buenos recuerdos, el hogar, dulce hogar, tal y como lo expresaba aquella vieja y sensible canción americana siempre se ha ubicado en Madrid.
Bodegas Valcabadino ha sido el restaurante que la comisión encargada de organizar el evento ha elegido para despedir a Matías.
La elección ha sido la adecuada porque todos saben que Matías se pirra por una buena carne asada al horno de leña.
El menú lo ha configurado unos entrantes variados, lechazo o cochinillo al horno — él ha optado por el lechazo — y, de postre, una tarta de queso.
Y todo ello, regado con un vino tinto de la tierra.
El champán ha presidido el brindis y unas copas de orujo han acompañado al café.
Con el brindis de champán han llegado los respectivos discursos a cargo del inspector jefe más antiguo y de Matías.
Luego le ha seguido el regalo y una razonable sobremesa cargada de recuerdos.
Como ya se lo esperaba, no le ha fallado la Quamberg envuelta en un vistoso papel de regalo y, en sus palabras de agradecimiento, ha sintetizado, tal y como se acaba de indicar, un conjunto de buenos y malos recuerdos.
Entre los buenos, una selección de las mejores operaciones y casos resueltos durante su mandato.
Entre los malos, el suicidio del hijo trans del comisario Ibáñez.
Tras años de lucha y pese al apoyo de su padre, de su madre ya fallecida y de sus hermanos, y cuando todo parecía que ya estaba encarrilado para ser mujer, las malvadas incomprensiones lo llevaron o, mejor dicho, la llevaron a la muerte, pues ya era una mujer.
Y la muerte, al menos para Matías, es el final.
Un final que se ha de encarar con entereza y valentía.
Nada de subterfugios religiosos. Solo sobrevive el recuerdo de los familiares y el de los compañeros y compañeras.
Nada más. Y, como no podía ser de otra manera, tampoco se ha olvidado en su discurso de recordar la muerte en acto de servicio del oficial Méndez, que dejó viuda y dos niños pequeños, y, por enfermedad, la del comandante Luque.
Con ambos había trabado una gran amistad 10 .
Acabada la sobremesa y tras los correspondientes saludos y abrazos de despedida, Matías ha decidido que sea la inspectora Berta la que lo acompañe a su domicilio.
Miradas descaradas a sus muslos, también descarados, casi enseñando las bragas, al menos en la imaginación de Matías, y en la conversación, dos temas.
Qué tal llevaba los estudios Andrea, la hija de Berta, y cómo llevaban ambas la muerte de su exmarido tras sufrir el aparatoso accidente de automóvil en la Nacional 122, a la altura de Muelas del Pan.
Un accidente que la liberó del violento acoso al que la sometía y que quizá un día podría haber acabado en un crimen de violencia de g éne ro.
—Matías…
—Dime, Berta.
— ¿Cómo te explicas el accidente que sufrió mi ex? Según el atestado de la Guardia Civil un coche que nunca ha sido identificado lo desplazó de la carretera sin contacto alguno y en un tramo de línea recta.
—No lo sé. De acuerdo con el atestado, ambos coches iban a una velocidad muy por encima de la permitida y quizá el conductor o la conductora que lo desplazó se traspuso un instante.
Solo quedaron en el asfalto las huellas de los neumáticos del coche de tu ex fruto de su violento volantazo.
Es posible que el invasor del carril ni siquiera se enteró de lo que había provocado.
Si se enteró, le debió sobrevenir un ataque de páni co y se dio a la fuga.
No olvides que el accidente se produjo de noche, en una carretera secundaria y en línea discontinua.
El adelantamiento pudo ser correcto. Y tampoco hubo testigos.
Ningún vehículo en sentido contrario forzó al desconocido conductor a hacer una maniobra precipitada de cierre durante el adelantamiento.
De haber habido conductores testigos en ambos sentidos, el caso se habría resuelto.
—Matías…
—Dime, Berta.
— ¿Me das tu palabra de que no fuiste tú el que ordenaste la ejecución de mi ex?
Matías, sonriente, se la queda mirando.
—Fui el ejecutor sin miramientos de la Paula Andrea, pero no del Raulito.
Te dije que no te preocuparas, que encontraría una solución para que no tuvieras que seguir soportando aquel infierno de vida al que te sometía, pero no tuve nada que ver con el accidente.
Jamás habría dejado huérfana a tu hija. ¿Más tranquila?
Mis antiguos métodos en Usera-Villaverde para salvar a las mujeres de los maltratadores ninguno llevaba al cementerio.
Y de todos los compañeros de la comisaría será a ti a la que más echaré en falta.
A ti y a Méndez. ¿Crees que le fallé cuando le di permiso para que me acompañara a la primera línea de fuego?
—No. No le fallaste. Era lo que él quería.
—Eso es lo que me dijo y así lo ratificó su esposa. Sentí mucho su muerte.
—Lo sé, pero fue decisión suya la de acompañarte. Al fin y al cabo, era tu ayudante de campo y eso fue lo que esgrimió para justificar su presencia en la primera línea, ¿no fue así?
—Así fue —responde Matías con la ayuda de un profundo suspiro.
Tras una breve despedida en el interior del coche en la que no han faltado dos miradas penetrantes de Matías, una a los ojos y otra a los provocativos y bien moldeados muslos de Berta, ha llegado la despedida definitiva con un fuerte apretón de manos y un beso espontáneo de Berta en la mejilla de Matías.
Un beso que Matías ha recibido con infinita satisfacción.
Y ya en el piso, Concha le ha preparado una cena ligera: unas gulas envasadas, una manzana y un puñado de nueces en remojo. Todo sin una miga de pan.
— ¿ Qué tal la despedida, Matías? —le pregunta Concha, mientras Dandi, mimoso, le da la pata como símbolo de cariño, pero para recordarle también que todavía tiene pendiente el último paseo del día.
—Mejor no ha podido ser. Me han regalado la pipa que deseaba y… sin tique de devolución. Y a más de uno se le ha puesto la cara rojiza. No me extrañaría nada que alguno comparta a estas horas cama con alguna compañera…
—Siempre con tus imaginaciones, ¿eh, Matías? —interrumpe y pregunta Concha.
—Es el progreso, Concha. Se ha acabado la vieja moral.
Una moral que nunca fue auténtica. Circulaba entre la fornicación, el sometimiento de la mujer y vuelta a la fornicación y a la sumisión.
Todo como en un tío vivo. ¿Te acuerdas de cuando tus padres te obligaban a regresar a casa antes de las diez?
—Me acuerdo. Claro que me acuerdo. ¡Pues no eras pesado con lo del último beso! ¡Hala! Bajas un momento a Dandi para que haga sus necesidades, cenamos y nos vamos a acostar, que debes estar cansado.
—Lo estoy. Los años no perdonan. Y mañana tiraremos de restaurante. Nos hemos de despedir de la gastronomía zamorana a lo grande. No hacerlo sería una falta de respeto a la ciudad que nos ha acogido durante todos estos años.
— ¿Pero no has comido hoy un buen chuletón?
—He comido lechazo, pero tú también te tienes que despedir del arroz a la zamorana, de las chuletas o del bacalao bien cargado de pimentón de la Vera.
—Nada de restaurantes, no quiero ponerme más gorda de lo que estoy.
— ¿Quién te ha dicho que estás gorda?
—El espejo.
— ¡Bah! Estás muy buena. Primero iremos de tapeo. Tiberios, figones, cachuelas, perdices a la zamorana, gambas a la gabardina y un tostón al golpe de estado.
— ¿Te has olvidado de tu diabetes?
—Un día es un día y recuerda que no me prohibieron la sal, solo el azúcar.
—Me moriré yo antes que tú, Matías. Y… ¿ya sabes lo que cobrarás como comisario jubilado? A ver si no vamos a poder pagar las últimas letras del coche nuevo que compramos. Con uno de más sencillo habríamos tenido suficiente. ¡A qué vino tanto despilfarro!
—A partir de ahora viajaremos más y eso significa más seguridad y comodidad.
Me pirro por echar un vistazo a Barcelona y a los pueblos que más nutren al independentismo.
Quiero conocer de primera mano lo que se cuece allí.
No sé si el Gobierno de Madrid sabe realmente lo que se lleva entre manos.
Veo a Félix Bolaños demasiado seguro cuando sostiene que ha conseguido la paz.
Si se equivoca, lo podríamos pagar muy caro.
La verdad es que no acabo de entender porque esos de Junts y Esquerra Republicana ayudan a Pedro Sánchez. ¿Habrán dejado de ser independentistas?
—No sigas por ahí, Matías. ¿Te apetece leer un poco?
—Esta noche, no. Me he excedido con la comida y la bebida. Me siento pesado y creo que lo mejor que puedo hacer es conciliar el sueño si el estómago me lo permite. Esperemos que mañana no nos fallen los de las mudanzas. Buenas noches, Concha.
—Buenas noches, Matías. ¡Y saber que esta será nuestra última noche zamorana!
—En la vida todo llega, pero pienso vivir hasta los ochenta y nueve. Una buena edad para morir. ¿No te parece? Mi padre también murió con ochenta y nueve.
—Yo, como mujer que soy, resistiré hasta bien pasados los noventa. Las mujeres vivimos más.
— ¿ No acabas de decir que te morirás antes que yo?
—Era un decir.
—Me pregunto quién aguantará tu genio cuando yo ya no esté.
—No sé de qué protestas. Buenas comidas que siempre te he preparado. Lo malo será si caemos bajo las garras de la demencia senil o del Alzheimer.
—No creas que no pienso en ello. Hemos de ir un día al notario para arreglar la herencia de Almudena y de los nietos, y, en caso de que el Alzheimer nos cace, daremos la orden de que nos aniquilen. ¿Qué te parece?
—No me parece mal, pero… ¿ y si no lo quieren hacer?
—La eutanasia ya está legalizada. Y si nos ponen pegas, me suicido como se suicidaban los patricios romanos cuando Roma era una república libre o cuando muchos emperadores degradaban la dignidad romana.
Además, a lo largo de mi vida profesional he visto tantos suicidios que elegiré el más conveniente.
El que mejor se adapte a mi forma de ser y sin provocarte ningún trauma.
Por cierto, ¿quieres que me haga una póliza de seguro de vida a tu nombre con antelación? Te podría convertir en millonaria.
— ¡Deja de decir tonterías y a dormir!
—Eso. A dormir, pero cuando llegue el momento no quiero sufrir.
— ¿No te he dicho que a dormir?
—Eso es lo que has dicho.
—Y no silbes como una locomotora mientras duermes. ¡Cuándo dejarás de fumar!
—Y tú no ronques, eres una gruñona incluso cuando duermes.
— ¡Qué poco fino eres, Matías!
—Pues me he callado otra cosa. Ya sabes…
—Pues sigue callado —interrumpe Concha que ha adivinado a qu é cosa se refiere.
3 Sociedad Estatal de Participaciones Industriales 4 Centro de Proceso de Datos del Cuerpo Nacional de Policía y Brigada Central de Investigación Tecnológica.
5 Protagonista que aparece en el «El último caso del inspector Matías Rubio».
6 Inspector jefe de la UDYCO en la Comisaría Superior de Valladolid y enviado de refuerzo a Zamora.
Personaje que aparece en Los crímenes de la Nacional 631.
7 Adscrito al EDOA de la Guardia Civil en Valladolid y destinado más tarde a Zamora. Los crímenes de la Nacional 631
8 Se refiere a Manuel Bretón de los Herreros en alusión al doctor Pedro Mata Fontanet.
Vive en esta vecindad/ Cierto médico poeta/ Que al final de la receta/ Pone «Mata», y es verdad. 9 Théophile Gautier. 10 Todos los personajes citados aparecen en la ya citada novela “Los crímenes de la Nacional 631”.