Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO III ¡ADIÓS, ZAMORA, ADIÓS!
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CAPÍTULO III ¡ADIÓS, ZAMORA, ADIÓS!

CAPÍTULO III

¡ADIÓS, ZAMORA, ADIÓS!

El día ha llegado y, con él, el relevo. Hace días que Matías, con la ayuda de todos sus subordinados, ha preparado el mejor recibimiento posible tanto al nuevo comisario jefe como a las primeras autoridades civiles, militares y policiales que estarán presentes el día del traspaso de poderes.

Y dado que Matías nunca ha soportado ningún tipo de protocolo, todos saben las ganas que tiene que pase la fecha y pueda regresar a su entrañable Madrid con la firme convicción de haber cumplido con su deber en su larga etapa zamorana.

Echará en falta a Zamora, a la que le ha acogido mucho cariño; recordará el majestuoso Duero; las céntricas y típicas calles de Santa Clara, San Torcuato o Balborraz; sus restaurantes y tascas; expresiones lingüísticas como anda agudo , crica , no seas tan cuzo o no me vengas con enriedos , pero…

Zamora, ¿lo echará en falta a él? Pese a los siete años transcurridos y más allá de sus compañeros de la comisaría, casi nadie lo conoce.

Algunas víctimas lo recordarán como un comisario eficaz y afable, y los delincuentes como un tipo astuto, aunque desconociendo que años atrás repartía hostias.

En la Comandancia de la Guardia Civil y en la Policía Municipal hablarán bien de él y también lo harán sus amigos de la Federación de Peñas taurinas de Zamora y de la Peña Atlético Madrid-Tokio.

Respecto al nuevo comisario jefe que está a punto de llegar, ya es un policía hijo definitivo de la democracia, aunque la vida pública actual no es una balsa de aceite.

¡Menudo lío que se montó con la Guardia Civil!

La corrupción se mantiene, el narcotráfico ya forma parte del paisaje y, cada día que pasa, se respira un ambiente más tenso.

«Politiquero» lo llama Matías. Un día u otro los españoles deberán relajarlo, llamando a la cordura a políticos, periodistas e historiadores.

Las provocaciones y los enojos en las tertulias o en las redes sociales se multiplican cada día que pasa.

El poder y el dinero les obsesiona. Matías espera que no prendan fuego a esa piel de toro llamada España.

Otra vez, no. Si lo hacen, quizá ser á cosa de recuperar las viejas hostias.

Pero ¿contra quién? Pese a ser un hombre de derechas no lo sabe. Quizá contra nadie.

—Un país difícil el nuestro, ¿verdad, Concha?

— ¿ A qué te refieres, Matías?

—Me refiero a la vida política actual. No hay juego limpio.

Aprovechan cualquier circunstancia para tirarse los trastos a la cabeza.

Suerte que, hasta la fecha, el pueblo español y pese al tsunami que los catalanes bautizaron como democrático, la enorme tensión política que provocó la dana de Valencia o la degradación entre ciertos personajes vinculados al poder, se ha mantenido más bien contemplativo.

De todas formas, y como siempre he sostenido, entre el socialismo radicalizado, los comunistas, la izquierda bolivariana, los separatistas y la gente de extrema derecha se nota el deseo que tienen de zurrarse.

Esperemos que no salte la chispa. Si salta, el pueblo acabará lanzándose al ruedo como es costumbre y tradición.

—No exageres, Matías. Y ahora que te jubilas iremos más al teatro, al cine y a disfrutar de las cafeterías, tascas y centros comerciales del centro de Madrid.

—Con lo ahorradora que siempre has sido, ¿crees que te decidirás? ¿Qué no te dolerá apoquinar?

—Lo intentaré, aunque solo sea para no oírte criticar la vida política actual. Además, no olvides que los jubilados disfrutamos de una buena rebaja en los espectáculos y en el transporte público—responde Concha algo guasona.

— ¿Transporte gratuito a la pequeña clase media? No me hagas reír. En fin, tengo entendido que el nuevo comisario que está a punto de llegar es todo un experto en descubrir estafas informáticas. Tendrá que proteger a los jubilados.

—Ni que lo jures, pero me consta que tú también has hecho todo lo posible para impedirlas pese a tu aversión a la informática. Nunca he entendido por qué has ido a la greña con el la.

—No hinches el globo, Concha. Por cierto, ¿te dejarás timar alguna vez?

—Jamás, salvo si el timador es nuestro propio banco ofreciéndonos alguno de sus mal llamados productos conservadores. ¿Te acuerdas de aquella renta fija que nos bajó?

—Me acuerdo, pero hace años que no nos ofrecen nada. Saben que somos conservadores. Con comprarnos deuda pública se conforman.

— ¡Cómo si no nos cobraran comisión!

— ¿ Te acuerdas de Piñeiro, mi primer comisario jefe?

—Me acuerdo. Multaba tanto a los timadores como a los timados. A estos últimos por ambiciosillos.

— ¡ Qué tiempos aquellos, Concha! En fin, nuestros padres nos enseñaron a ser ahorradores, pero no unos obsesos ni del dinero ni de la jubilación anticipada. Siempre se lo tendremos que agradecer, ¿no crees?

—Por supuesto, y también a la posguerra. Nos enseñó a ser austeros.

—Cierto. Y el estraperlo unió a vencedores y vencidos.

A los primeros para hacer fortuna y a los segundos para sobrevivir.

Claro que nuestros padres, con sus nóminas de funcionarios, no necesitaron ejercerlo.

Esa es la verdad. El sol, por muy débil que brille, siempre sale en la casa de un funcionario.

Entre la Guardia Civil y la Guardia Urbana de Madrid salieron del atolladero en el que les había metido la guerra civil.

Y Matías recupera de nuevo su enfermiza obsesión por lo políticos.

Unos por atacar al Rey y otros por no defenderlo con la firmeza requerida.

Además, pese a la gran cantidad de millones de euros que ha aportado la Unión Europea, ni saben cómo invertirlos ni son capaces de frenar el progresivo aumento de los pobres de solemnidad.

Todo lo contrario. Sostiene que hay más pobres que nunca.

No le importa comparar la pobreza actual con la franquista.

Cáritas Diocesanas y la Cruz Roja se han quedado tan cortas que han tenido que acudir en su ayuda los bancos de alimentos surgidos de la buena voluntad de las gentes.

Y con la llegada de tantos y tantos migrantes nuevos ni esa buena voluntad garantiza el sustento.

— ¡Qué vergüenza! ¡Si no hubiera tantos mandatarios ordeñando las ubres del presupuesto público, muchas familias no pasarían por las estrecheces

que pasan! ¡ Dios quiera que no perdamos la fe en los euros!

—ruge Matías cual león enjaulado, pero con la convicción de que él, al menos por el momento, no va a romper los barrotes de la jaula.

Algo que le exaspera. Critica, pero no hace nada.

Bueno, hasta la fecha ha sido policía y, como tal, ha tenido que ser un hombre de orden y disciplinado.

Dos elementos que le ayudan a tranquilizar la complejidad de su pensamiento ético.

«A veces el remedio es peor que la enfermedad », dice .

Una manera de justificarse como otra cualquiera.

Pasada la toma de posesión con el correspondiente refrigerio, disfrutará del almuerzo de despedida que le han organizado para el día siguiente todos sus compañeros de la comisaría.

Un almuerzo que, sin lugar a duda, irá acompañado de un re loj de regalo.

Ese reloj con el que siempre se queda bien, claro que, quien dice un reloj, también puede decir una pipa.

Una pipa que no será una pipa cualquiera.

Seguro que será de las caras y que no forme parte de su colección.

No en vano, uno de los inspectores jefes y como quien no dice la cosa, sondeó no hace muchos días el territorio y le pidió su opinión sobre las mejores pipas que se pueden localizar en el mercado.

El sondeo no escondió duda alguna sobre cuál iba a ser su regalo.

A Matías le habría gustado disfrutar de una Quarnberg curvada de madera de ébano y hecha a mano, pero siempre la había encontrado demasiado cara. Y no digamos Concha.

— ¡ Para qué querrá este hombre una pipa tan cara!

—exclamaba cada vez que en la conversación surgía el antojo.

—C ómprate algo más útil. Ya necesitas un abrigo nuevo y también unos zapatos.

He visto que los de cada día tienen las suelas muy desgastadas y no sea que un día el suelo esté mojado, resbales y te rompas el espinazo.

Respecto al hipotético regalo que recibirá, Concha le dirá que les pida el tique de compra por si se tiene que canjear por otro.

Y es que Concha es así. Así nació y así morirá.

Ahorradora y pragmática como ella sola. ¿Realmente es útil una nueva pipa?

Un escritor francés 9 se preguntaba quién cambiar í a una rosa por unas patatas.

De haberse cruzado con Concha no se habría hecho semejante pregunta.

¡ Pues claro que hay quien cambia una rosa por unas patatas!

La utilitarista de Concha, sin ir más lejos.

Tras confirmarse la fecha de su relevo, ha quedado despejada la primera incógnita.

Su uniforme de gala y representación no será el de verano, ya será el de invierno y, desde hace días, Concha ha convertido el comedor de su casa en un taller de sastrería.

Las quejas de Matías, que ya está cansado de que le haga probar una y otra vez el uniforme, han caído, como de costumbre, en saco roto.

Todo ha de encajar y sin olvidar detalle alguno: desde los galones de las hombreras a los pasadores y al sujetacorbatas.

Y mientras revisa el uniforme, Concha insiste en que preste la máxima atención a su discurso si es que le corresponde hacer alguno.

Y si ha de ser él quien transfiera el bastón de mando al nuevo comisario jefe, que lo haga con elegancia y señorío.