CAPÍTULO II ALGUNOS RECUERDOS PARA SEGUIR ENTENDIENDO MEJOR A MATÍAS A LAS PUERTAS DE SU JUBILACIÓN #6
—Sí, sí… claro que tienen todo el derecho del mundo, pero que, al menos, no lo transfieran a las mujeres europeas, salvo si ellas lo aceptan. El tiempo de las mantellinas y de las piernas y brazos bien tapados que exigían los curas ya pasó, a Dios gracias.
Pero Matías es terrible. Siempre tiene su coletilla preparada en la recámara.
No sabe por qué, pero sospecha que al feminismo radical actual no le importaría la hegemonía del islam en España.
Las kufiyas , símbolo de la resistencia palestina que las feministas han incorporado a sus looks , no son algo banal.
¿P or qué? ¿Por razones políticas antiisraelíes?
Sin lugar a duda, sin embargo… son tantas y tantas las guerras que ha habido en Oriente Medio a lo largo de los siglos que, ¿quién puede asegurar que el gen de la guerra no termine cruzando de nuevo el estrecho de Gibraltar o aterrizando en Barajas?
¿Acaso no llegó el terrorismo islamista a España?
Además, las banderas palestinas que exhiben las feministas nada tienen que ver con la suya, la roja y gualda.
La tricolor republicana, la palestina y la roja comunista no son de su agrado.
Ni tampoco son de su agrado la ikurriña y la «estelada» catalana pese a que las acepta porque sabe que su deber es aceptarlas.
Y por sorprendente que pueda parecer, la multicolor del orgullo LGTB siempre la ha respetado por la sencilla razón de que no solo ha conocido de primera mano los sufrimientos de los homosexuales, sino que ha salido en su defensa cuando la situación lo ha requerido.
Tal y como lo hizo con la hija del comisario Ibáñez.
Defendió su transexualidad con uñas y dientes, aunque de poco le sirvió.
La muchacha murió de pena v íctima de la intransigencia religiosa.
Respecto a los discursos propalestinos o antiisrael íe s que el feminismo radical difunde, le preocupan sobremanera.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, llegó a pedir la ruptura diplomática con Israel y encarcelar a Netanyahu por crímenes contra la humanidad.
Quién sabe si un día, sostiene Matías, Israel no nos pasará factura.
Y mucho más después de la aventura de las dos flotillas de la libertad que zarparon desde Barcelona y en la que la incansable Ada Colau se mueve como pez en el agua.
Está convencido del castigo israelí que más pronto que tarde llegará.
Si los israelíes todavía no han pasado factura ha sido por los frentes abiertos que aún tienen en Gaza, en Líbano y en Irán.
Cuando los cierren, ya se verá lo que ocurre.
En cualquier caso, la acérrima adhesión de las feministas radicales a la causa palestina no la entiende.
Está convencido de que la mujer judía, por norma general, es más libre que la islámica.
Y pese a que no duda de la existencia de un movimiento feminista palestino, intuye que las tradiciones religiosas islámicas y la mayoría de sus gobernantes siguen anclados en el machismo.
Cierto que, en Israel, según tiene entendido, no faltan mujeres ultraortodoxas, pero, pese a ello, intuye que el judaísmo da más libertad a la mujer que el islamismo.
Es verdad que las pelucas k ó sher de las mujeres judías quizá pasan más desapercibidas, pero la película Éxodo con las chicas en pantalón corto en el kibutz le dio una imagen moderna del papel de la mujer en Israel que se le quedó grabada para siempre.
Y entre escoger Monarquía o República, ¿qué decir?
Lo sabemos. Nuestro comisario está convencido de que la Monarquía, si se comporta como debe comportarse, es la que más ayuda a estabilizar la convivencia de un país tan difícil de cohesionar como España.
Lo de la cohesión le obsesiona. «¿ Alguna potencia europea actual estaría dispuesta a fragmentarse en varios estados?
¿Se decidirán los escoceses de una vez por todas?
¿Y los corsos? De los corsos solo sabe que Napoleón lo era y de qué manera luchó por Francia.
De lo que no le cabe la menor duda es que muchos países y organismos internacionales colaborar á n o ya colaboran en la descomposición de España.
¿Cómo? Degradando al Estado español hasta límites insospechados.
Y sin olvidar que hay españoles que lo permiten.
No faltan quienes se toman el lujo de escribir o aplaudir a historiadores extranjeros que se recrean dividiendo a los españoles, degradando lo que hizo su imperio en América y jugueteando a su antojo con la guerra civil hasta elevarlo a holocausto con el visto bueno de la izquierda.
Y… ¿si a la América hispana de los podemitas le da por demandarnos ante una corte internacional y nos obliga a pagar daños y perjuicios por lo que se supone que hizo España a los indígenas? » se pregunta Matías.
Matías y mientras se muerde moderadamente el dedo índice de su mano derecha, doblado entre el cartílago articular y la falange proximal, recuerda algunas de las críticas que ha recibido por su idea de España.
En cierta ocasión, hubo un compañero que lo tildó de hombre de derechas caminando hacia la ultraderecha y otro, de ser sencillamente un ingenuo.
Ante tales opiniones, a ninguno de los dos les dio la razón.
Al primero le recordó que era verdad: era un hombre de derechas, pero de una derecha moderada capaz de convivir con cualquier otra opción política o ideológica.
Nada que ver con la ultraderecha. Y al segundo le contestó que el ingenuo era él.
Su idea de una España moderada tenía muchas posibilidades de ser real y mucho más con el advenimiento de Felipe VI y su obligación de hacer de puente constitucional entre el legado de Juan Carlos I y la plenitud de los tiempos que llegará con la princesa Leonor.