Rumbo al Palacio de la Zarzuela CAPÍTULO II ALGUNOS RECUERDOS PARA SEGUIR ENTENDIENDO MEJOR A MATÍAS A LAS PUERTAS DE SU JUBILACIÓN #5
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CAPÍTULO II ALGUNOS RECUERDOS PARA SEGUIR ENTENDIENDO MEJOR A MATÍAS A LAS PUERTAS DE SU JUBILACIÓN #5

Matías querría que en ese país con el que él sueña, las plazas de funcionarios no fueran dadas antes de hacer las pruebas ni se saltaran los escalafones sin miramiento alguno.

Según cree saber, en muchas instituciones de la Administración P ública hay concursos-oposición amañados por la política.

Mientras no triunfe de una vez por todas la meritocracia, España siempre será un país de caminar renqueante.

Con mucho perfume y poca ducha. ¡Ah! ¡ Si alguien tuviera las agallas de levantar las mentiras que esconden las alfombras del Boletín Oficial del Estado!

Cierto que lo de armonizar a todos los españoles nunca ha sido tarea fácil, ni con monarquía ni con república por muy constitucionales que ambas hayan sido.

No han faltado ni faltarán quienes siempre boicotearán cualquier acción que apunte a la armonía.

Demasiadas envidias y odios de todo tipo.

Matías sostiene que la Unión Europea podría ofrecer un patriotismo europeo moderado que respetara el de los Estados e incluso el de las nacionalidades sin Estado.

Una opción difícil, pero posible. Claro que a veces sospecha que en Europa no todo el mundo ve bien a España.

¿Por qué? Porque la ven como una pedigüeña; demasiado chavista; más propalestina que israelí; con muchos políticos de izquierda tirando los euros a espuertas hasta el punto de complicar en un futuro no muy lejano la supervivencia de la propia Unión Europea.

¿Es Matías un ultra? ¿Vota a Vox? En absoluto.

¿Lo votará algún día? Nunca. Siempre será un votante del Partido Popular.

¿Y si le falla el Partido Popular? Entonces , decepcionado y as queado, se abstendrá de votar.

Se tomará tantos años sabáticos como crea oportuno.

Por desgracia, las posibilidades que en su día ofreció el partido Ciudadanos como una opción centrista se fueron al carajo como dicen los argentinos.

Y no solo eso. Por sorprendente que pueda parecer, Matías, hombre de derechas, también sueña con un país que no se deje influir por ninguna religión.

Que acepte a título privado a creyentes y no creyentes, pero que solo se gu í e por esa ética profundamente humana, de la que ya se ha hablado.

Una ética solidaria, razonable, pacífica, cívica y, con los tiempos que corren, medioambiental.

Que ayude a avanzar a los ciudadanos con la misma dignidad tanto por los caminos de rosas como por los de espinas.

Sin necesidad de creer en paraísos salvadores o en terroríficos infiernos situados en el más allá y gestionados, ¡ cómo no!

por castas sacerdotales con la ambición de abrogarse el derecho de decidir quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Lo que se puede hacer y lo que no. Esas castas que dicen poseer la verdad absoluta y saben combinar su fanatismo con su poder inquisitorial, económico y político.

«¡Cuántos miedos infantiles provocaron los pecados mortales inventados por los curas!

¡Cielo Santo! » piensa a veces Matías. Y de la misma forma que la Iglesia Católica se ha comprometido a compensar a las víctimas de los abusos sexuales de sus sacerdotes, también tendría que compensar a las víctimas de los miedos infantiles.

« Si esta noche os morís sin haberos confesado os quemaréis por los siglos de los siglos », decía aquel seminarista que cierta tarde aterrizó por sorpresa en el aula magna de su Instituto.

—Eso, tu madre —murmuró Matías por los bajines.

Cualquier día de esos, piensa, escribirá una carta al Vaticano pidiendo una indemnización económica para sus compañeros más tímidos y miedosos. Lo pasaron mal y una de sus misio nes como líder adolescente fue liberarles de aquellos terrores gratuitos.

Y Matías sigue soñando con ese país donde sus ciudadanos, sin renunciar a sus derechos y deberes inherentes a la condición humana, rechacen cualquier sectarismo.

Un país justo y sin complejos de ninguna clase, convertido en una potencia económica, científica y cultural, tal y como la ciencia y la cultura se entiende en el mundo occidental.

Un país pacífico y defensor del principio de neutralidad, pero sin caer en el aislacionismo.

Formando parte de todos los organismos internacionales posibles, desde la Unión Europea hasta las Naciones Unidas, pasando por la OTAN, por mal que a los comunistas les caiga esta última.

Y mientras Trump o Netanyahu estén en el candelero no se les debe hacerles enfadar en exceso.

Y todavía dos cosas más que su esposa y su hija le han exigido que no hable de ellas en público.

¿Qué dos cosas? Las conocemos, pero debemos recalcarlas porque durante su jubilación las repetirá hasta la extenuación.

No soporta el feminismo radical que se ha abierto camino.

Un feminismo que, a su entender, ha convertido el morado en p ú rpura, entendiendo el color p ú rpura como el deseo de sus lideresas para alcanzar el poder; establecer dogmas de obligado cumplimiento; y asegurarse una nómina extraída del presupuesto público.

Y dejando al margen los sonados y sorprendentes casos de Errejón, de Monedero o de las prostitutas utilizadas por miembros del gobierno socialista.

¿Casos auténticos o infundados? Los jueces decidirán.

Matías y sin pruebas nunca opina por muy charlatán que sea. Es su obligación y la cumple.

Y no solo eso, las dirigentes feministas radicales poco le han ayudado a lo largo de estos siete últimos años en su lucha contra la violencia machista.

En vez de utilizar todas las instituciones del Estado para atacar a los energúmenos por la retaguardia, han cometido errores graves al provocar la reducción de penas y han dejado que sean las propias mujeres víctimas de maltrato las que ocupen la primera línea de fuego.

En otras palabras, las han dejado solas ante el peligro.

El resultado, según él, no ha sido otro que un incremento del número de crímenes fruto del previsible efecto dominó y de la propia prepotencia de los asesinos.

Contra una cultura milenaria machista, las feministas radicales debían haber forzado una legislación sin complejos ni errores de ningún tipo.

Una legislación que hubiera dado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, al Ministerio Público y a la Judicatura toda la eficacia necesaria para acabar de una vez por todas con los maltratadores.

Nada de debilidades progres. Código Penal duro e inflexible.

He ahí de nuevo su conservadurismo navegando a toda máquina.

«¿Qué clase de sentencias son esas que los hipotéticos asesinos han de estar a doscientos metros de la víctima?

¡Menuda estafa!» se pregunta y exclama nuestro comisario.

No olvidemos cómo es Matías: un policía preventivo y expeditivo a la vez.

Un policía convencido de que algo esconde el feminismo radical.

Pero ¿qué? ¿Algo bueno o algo malo? En su opinión algo malo.

Es posible que refleje el comportamiento de unas mujeres resabiadas consigo mismas por algún que otro fracaso profesional, económico, sentimental, estético o de identidad de género.

Resabios y fracasos compensados en parte por sus cargos políticos.

¿Y cuál es la segunda cosa que ni Concha ni su hija quieren que siga hablando en público?

A Matías se le ha metido entre ceja y ceja que Europa debe proteger su cultura, tradiciones y costumbres siempre y cuando sean moderadas.

Si los inmigrantes de Am é rica Latina y los inmigrantes asiáticos, en especial los procedentes de Extremo Oriente no le preocupan en absoluto, salvo si pertenecen a alguna mafia, cuando observa los movimientos migratorios de África las orejas se le ponen tiesas.

No es un racista. En Usera-Villaverde lo demostró in finidad de veces con los inmigrantes magrebíes y los de raza negra procedentes del África Occidental y Central, pero le preocupa la no adaptación de los islámicos.

Que la religión ejerza de código civil no le convence.

«¡Con lo que le costó a Occidente conseguir un mundo relativamente libre!

» , se exaspera Matías. Y mucho más cuando intuye que el código civil español tampoco se ha liberado del código religioso católico.

¿Por qué muchos españoles están en contra de la eutanasia?

¿ Por qué no dejar que cada persona, y ante el sufrimiento, pueda decidir libremente el final de su vida?

¿Para que sufran lo máximo posible antes de expirar como sufrió Nuestro Señor Jesucristo en la cruz?

Simplemente por lo dicho. El Código Civil está intoxicado por la tradición católica.

Matías, pese a ser un hombre de derechas, está a favor de la eutanasia o del cambio de sexo si ambos se llevan a cabo desde la libre voluntad y desde la responsabilidad.

Además, hace años que él sí sabe lo que ocurre después de la muerte.

Lo ha comprobado con ese sueño profundo y feliz que los médicos anestesistas te ofrecen al iniciar una intervención quirúrgica.

Cuando te despiertan y te recuerdan que has de volver a pelear por la vida, se agradece, por supuesto, pero Matías no puede evitarlo:

— ¡ Pero, doctor! ¡Pero, doctora! ¡ Con lo bien que dormía!

Y Concha y su hija tienen razón al decirle que no hable ni de la Iglesia Católica ni del islam, pero ¿por qué? Porque los progresistas españoles lo ponen a caldo cuando, por ejemplo, no ve bien los hijabs , nicabs , burkas o chadores que llevan las mujeres islámicas.

— ¿Acaso no tienen todo el derecho del mundo a mantener sus creencias religiosas , su lengua y sus vestimentas, vivan donde vivan?

—le preguntan al tiempo que se lo echan en cara.

— ¿ Por ventura no tienen razón cuando le dicen que ser eu ropeo es todo aquel que vive y trabaja en Europa sin ninguna otra condición?

Y ante semejantes reflexiones, Matías no sabe qué responder.