CAPÍTULO I NUESTRO PROTAGONISTA. EL COMISARIO JUBILADO MATÍAS RUBIO #9
Respecto a los okupas que han hecho y siguen haciendo sufrir a cientos y cientos de familias por no decir a miles, Matías mantiene que dichas familias no se merecían semejante desaguisado.
Ni siquiera la Ley de Desahucio Exprés que le llegó a su despacho en el año 2018 no pudo hacer nada ante las mil y una triquiñuelas que la izquierda tanto soviética como bolivariana les ofreci ó y les sigue ofreciendo bajo mano o a la descarada.
Claro que, si la denuncia llegaba antes de las cuarenta y ocho horas, Matías activaba el protocolo ipso facto , aunque el resultado acostumbraba a ser incierto.
¡Eran tantas las movilizaciones vecinales a favor de los desahuciados y de los okupas!
Unas movilizaciones que nunca las ha podido entender.
¿Los manifestantes y los políticos de izquierda los acogerían en sus casas?
Sospecha que no. Más bien son el instrumento ideal de la izquierda para soliviantar al pueblo en general y a los jóvenes en particular.
Acabadas las movilizaciones, el pueblo al curro o al paro y los líderes revolucionarios a las instituciones a cobrar su buena nómina con sus respetables dietas.
¿ Y si un día los manifestantes no se quieren disolver?
¿Qué harán entonces los políticos de izquierda?
Matías lo tiene claro. Comprarán el inmueble con dinero público y santas pascuas.
Hay tanto overbooking de euros que ya ni siquiera se imprimen.
Todo arreglado. Los vecinos contentos, los políticos seguirán en sus poltronas y el fondo buitre más que agradecido con lo que le han pagado.
Siempre por encima de lo que le costó y sin poner un triste ladrillo.
¡ Ay de aquellas ciudades que tengan la desgracia de tener un alcalde o alcaldesa defensor del movimiento okupa!
¡Qué poco prosperarán! ¡Y cuántos migrantes atraerán!
—predica Matías desde su invisible púlpito al tiempo que no duda en preguntarle a Concha:
—Concha ¿quién mandaba en España en el año 2018?
— ¿Por qué? —le preguntaba y le sigue preguntando Concha que antes de responde r lo quiere saber todo.
—Por nada.
—Las elecciones las ganó Pedro Sánchez si la memoria no me falla.
—Me lo imaginaba.
— ¿Por qué?
—Lo sabes muy bien.
—Sí, lo sé. No podías sacar a los okupas. Siempre fue una mancha en tu hoja de servicios que tú mismo te pusiste.
—No me lo recuerdes. Todavía me pongo malo de recordarlo. ¡Cuántas familias propietarias sufrieron y siguen sufriendo!
Y otra reflexión. ¿Acaso los políticos de todos los colores y pasado un cierto tiempo no han permitido la venta de los pisos de protección oficial en el mercado libre y a precios desorbitados?
Para Matías, ese es el ejemplo más injusto e hiriente de especulación inmobiliaria y, encima, hay alcaldes que se vanaglorian.
¿Pero de qué coño se vanaglorian? ¿De que en su ciudad los precios suban hasta las nubes?
— ¡Bobos! ¡Más qu e bobos! ¡ No os dais cuenta de que los precios elevados hunden a los jóvenes de vuestra ciudad en la pobreza! —clama Matías.
Y no solo culpa a los políticos, también a los propietarios e intermediarios que elevan a la enésima potencia el precio de las ventas y alquileres y lo único que consiguen es el desplome del mercado.
¡Con lo descansado que se vive con una renta medianita!
Sin disgustos ni pleitos de por medio. Claro, ¡es tan tentador alquilar por habitaciones! Y encima, es legal.
—Siempre ha sido legal, Matías—le responde Concha si le oye decir tal cosa al tiempo que le ordena que deje de hablar de los okupas y de la especulación urbana.
Pero ustedes ya saben que Matías no va a obedecerla.
Antes de callarse algo se sacará de la chistera por delirante que sea.
«¿Y si alguien okupara la Moncloa aprovechando uno de los muchos viajecitos de su inquilino y lo justificara diciendo que toda su familia es vulnerable?
». Un gran tema de debate para sus señorías y para los propios los jueces.
¿No creen? Y un gran problema para la policía y para el ministerio público.
Sería la gran noticia del año sin lugar a duda.
M ás de uno y de dos madrileños acudirían a contemplar el espectáculo.
Algunos incluso llevarían su silla de casa.
Y no digamos la cantidad de artilugios que las cadenas de televisión montarían a la puerta del palacio.
Y quizá ha sido el único comisario jefe que no le ha importado echar vistazos de incógnito a todos aquellos edificios o almacenes con altas posibilidades de ser okupados o que puedan servir de refugio a la droga.
Además, lo de olfatear sobre el terreno no deja de ser una vieja costumbre que le ha permitido conocer la idiosincrasia de los diferentes barrios de Zamora.
Sobre todo, la de los barrios más pobres.
No debe olvidarse que Matías y desde su larga experiencia en su madrileño distrito de Usera-Villaverde, siempre tuvo una asombrosa facilidad para acercarse a la gente sencilla y entablar cualquier tipo de conversación que le permitiera hacerse una idea lo más cabal posible de sus múltiples problemas cotidianos.
Todos los que le conocían y eran muchos, sabían que nunca renunciaría al Sur de Madrid y no se equivocaron.
Cuando compraron el piso nuevo en la avenida de Delicias esquina Legazpi, solo se alejaron dos pasos de Usera.
No como cierto político de izquierdas que a la primera oportunidad que tuvo sustituyó su barrio madrileño también sudista por otro situado en una urbanización del norte de Madrid y, por supuesto, mucho más rico.
Matías no necesitaba que hubiera unas elecciones de por medio para hacerse notar ni en el Sur de Madrid ni en los barrios menos favorecidos de Zamora.
Sus visitas no eran políticas y a veces ni siquiera eran para resolver un caso.
Solo eran preventivas. El soplo de un confidente le bastaba y le sobraba y para allá que iba por instinto y vocación.
Quinta pausa.
¿Un whisky antes de cenar? Años atrás Matías lo rechazaba por no ser genuinamente español, pero ha acabado por aceptarlo. —Tampoco hay que ser fanático —dice.
Otros í . Para Matías, la noción de servicio tal y como se acaba de insinuar, es casi una obsesión.
Una actitud que le convierte en un viejo espécimen condenado a desaparecer al igual que desaparecieron los dinosaurios.
El ascenso del sindicalismo en las filas de la policía lo acepta de aquella manera, pero su cerebro le dice que él sigue siendo hijo de otro tiempo.
No encuentra contradicción alguna entre el democrático y recién acuñado lema « Comprometidos contigo » del Cuerpo Nacional de Policía y el veterano « Todo por la Patria » del Ejército y de la Guardia Civil.
Asume ambos lemas sin problema. ¿Un pancista? No lo cree.
Por cierto, hablando de dinosaurios le gusta citar una anécdota de su adolescencia que le costó un suspenso.
¿La explico? La explico. ¿Por qué no? Ayuda a entender mejor a nuestro protagonista, aunque, a estas alturas, ya se habrán hecho una idea.
¿Verdad? En uno de los ex á menes de su inolvidable Instituto Nacional de Enseñanza Media salió la pregunta de marras: ¿Por qué desaparecieron los dinosaurios?
La pregunta fue recibida con entusiasmo por sus compañeros.
Todos la habían estudiado, pero él, que también la había estudiado, se limitó a describir su particular deducción.
Ni volcanes ni meteoritos ni leches. Se autodestruyeron como un día de estos se autodestruirán los humanos.
No en vano, los gobernantes siempre se amenazan entre sí con armas nucleares hasta que un día aparecerá el fanático o el tonto de turno que tocará un botón y hostia radiactiva que te crio. Todos a tomar por el culo.
Cuando llegó a casa con el suspenso sus padres no se lo podían creer.
Le preguntaron si realmente no lo sabía y el travieso de Matías les respondió: — ¡Claro que me lo sabía y el profesor de Ciencias Naturales también sabía que yo lo sabía!
Ocurrió en el Cretácico; sin embargo, yo tenía que destacar.
Soy el único de la clase que he suspendido, pero no tenía otra opción.
Tenía que marcar mi territorio. No os podéis imaginar la cantidad de disculpas que me han hecho llegar mis colegas por haber aprobado.
Y es que un líder es un líder. ¿ No os parece?
Y con el artículo 104 de la Constitución española en la mano siempre ha intentado anticiparse a los posibles acontecimientos que se puedan desencadenar en los diferentes barrios y vecindarios.
Si nota que en algún punto el ambiente está cargado, cambia impresiones con el jefe de la Policía Municipal y, si es preciso, con el teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil.
Concha, siempre preocupada, no se ha cansado de repetirle a lo largo de estos últimos siete años zamoranos que haga el puñetero favor de dirigir la comisaría desde su despacho.
Que no sea un culo de mal asiento, pero Matías es como es.
Menudo uno para estarse quieto o callado.
Diga lo que diga Concha siempre sale por peteneras y para Matías salir por peteneras sabemos lo que es.
Culpar, al menos en primera instancia, a los políticos venga o no a cuento y si son de izquierdas, mejor.
Cuando un político se hace con un escaño —sostiene Matías sin importarle las veces que lo haya dicho—, no lo suelta ni que lo maten—.
Por muchas promesas que haya hecho de abandonarlo al acabar la legislatura, se lo piensa, se lo repiensa, y, finalmente, concluye que…
si lo deja, lo cogerá otro de más espabilado.
Será cosa de no abandonarlo, pues el sueldo no es moco de pavo.
Además, en España, las tragaderas del pueblo llano siempre han sido considerables.