CAPÍTULO I NUESTRO PROTAGONISTA. EL COMISARIO JUBILADO MATÍAS RUBIO #2
Nuestro comisario siempre ha sido un funcionario adscrito a la pequeña y ahorradora clase media convencida de que quienes más producen y más sirven a la economía social productiva son los que menos deberían tributar.
Médicos, profesores, bomberos, policías, pequeños y medianos empresarios, trabajadores, jubilados y un largo etcétera.
Y los que más, los plutócratas, los políticos, sus asesores privados, los burócratas, los intermediarios, los testaferros creando sociedades pantallas, o los especuladores puros y duros.
« ¡ Bolsistas! » , los llama sin esconder un elevado nivel de irritación.
Cierto que a lo largo de los años y por indicación de algunos trabajadores del banco donde su esposa y él tienen depositados sus ahorros, han tenido y siguen teniendo algún que otro fondo referenciado al mundo bursátil.
Pero ¿ para qué? Para conseguir algo más de rentabilidad.
Así de sencillo. La época dorada de los intereses altos al servicio de los pequeños ahorradores hace muchos años que desapareció.
Ante las agresiones que sufren los ahorros de las familias trabajadoras y jubiladas, sostiene, se ha de acabar de una vez por todas con la conspiración de los listos sobre los tontos.
Una definición en su opinión que radiografía con gran precisión la España política de hoy en día.
Y si alguien le dice que la susodicha conspiración siempre ha existido, su respuesta es enérgica: «¡ Pues ya ha llegado el tiempo de que se acabe de una vez por todas!
¡Cojones! ». Y agrega: « España ha de servir de ejemplo a todas las democracias europeas.
España, guía moral de Europa. Ni comunistas ni fascistas ni oligarcas que saben muy bien cómo llenar su s buches » .
¡Hay que joderse con Matías! ¿Habrá bebido más de la cuenta?
¿Habrá asistido a una de esas tertulias político -literarias que se citan en algún café madrileño con solera y cuyos partícipes, entre ajenjo y ajenjo, se exaltan así que transcurre el debate que se llevan entre manos?
De tertulia político-literaria de café con solera ninguna, pero de sus conversaciones consigo mismo, con los amigos de sus respectivas pe ñas o con Concha, su esposa, muchas.
No lo duden. Disfruta polemizando y se exacerba a más no poder.
Y sin dejar de lado que Concha le manda callar tanto en casa como fuera de ella.
No quiere que su marido se meta en problemas.
— ¡ Qué dirá la gente, Matías, si te oyen decir esas barbaridades!
España, cuna moral de Europa. ¡Qué no te oiga nadie!
No ves que se reirán de ti. ¡Y a qué viene esa afirmación si siempre dices que cada día que pasa España es más comunista, más bolivariana, más antiamericana y menos socialdem ó crata!
Cuatro alternativas que no soportas. Y ojo que tus afirmaciones no se las crean en el extranjero.
¡Qué no las oiga Donald Trump! ¡ Ni tampoco el Netanyahu ese!
Este último es capaz de declararnos la guerra si le da por interpretar que el único gobierno europeo propalestino y antisemita de verdad es el español.
Vete a saber si entre Trump y Netanyahu y mucho más con la guerra de Irán de por medio no se llevan algo entre manos.
Igual nos hacen pagar una millonada en ayudas a los palestinos y sin contraprestación empresarial alguna.
—Pero ¡qué dices, Concha!
—Lo que oyes. Si nos negamos a rascarnos el bolsillo, decepcionaremos a los palestinos y no faltará quienes dirán «pero no decí an que nadie era tan desprendido como el pueblo español » .
O vete a saber si un día de esos los israelíes no castigan al puerto de Barcelona por haber permitido que esas flotillas de la libertad hayan zarpado de sus muelles.
— ¡No exageres, Concha! Dices de mí, pero cuando tú tomas la palabra eres mucho más desmedida que yo. Problemas más graves tienen que el de perder el tiempo escuchando nuestras delirantes opiniones. Sin embargo…
—Sin embargo, ¿qué? —le interrumpe Concha con una de sus clásicas miradas penetrantes.
—Espero que al Netanyahu ese tal y como tú lo llamas no se le ponga entre ceja y ceja la idea de que España es la punta de lanza para llevar a cabo el segundo holocausto del pueblo judío.
O aún te diré más. Dado que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos igual le da por reclutar a todos los sefarditas que tenga disponibles y les ofrezca un trozo de España por derecho histórico.
Además, según dice todo el mundo, tiene el ejército y el servicio secreto más eficaces del mundo.
—Ahora el exagerado eres tú, Matías. No creo que piense semejante barbaridad.
Ya le habrán hecho saber que los españoles nos ponemos el mundo por montera.
Que somos así y no nos cambia nadie. Nos encantan las causas perdidas.
Sobre todo, si son de izquierdas. Las que, según dice el gobierno, se encuentran situadas en el lado correcto de la historia.
—Solo deseo, Concha, que Felipe VI y como buen capitán que es, sepa pilotar la nave entre las procelosas aguas de las relaciones internacionales.
Que encuentre las palabras justas entre el terrorífico atentado de Hamas con sus muertos y rehenes y la sangrienta respuesta del Estado de Israel.
En definitiva, no querría estar en su piel.
Yo, y de haber sido él, no habría acudido a la sede de las Naciones Unidas.
Juraría que Carlos III de Inglaterra no fue.
Seguro. ¡Hay que ver lo lista que siempre ha sido la monarquía inglesa!
Mira cómo ha movido el culo ante Trump y ante el Congreso de los Estados Unidos.
Carlos III ha conseguido que le aplaudan a rabiar y casi les ha convencido de que su Declaración de Independencia la firmó él o uno de sus antepasados.
—Si tú lo dices, pero nuestra monarquía también destaca por sus discursos.
—No digo que no. El discurso de la reina Letizia en el aniversario de la FAO me gustó por su defensa del multilateralismo, pero debía haber dejado bien claro que de multilateralismo solo hay uno, no varios.
Trump, Putin y Xi Jinping habrían entendido su advertencia a la perfección.
Cada uno de ellos sueña con su propia multilateralidad.
Ya ves lo deseoso que está Trump por quedarse con Canada y Groenlandia; Putin con su dale que te pego a Ucrania; y el deseo que tiene Xi Jinping por hincar el diente no solo a Taiwan sino a la propia Rusia asiática hasta hacerse con el Ártico y las tierras raras que esconde Siberia y sus aledaños.
Y lo de que la China se quiere quedar con el Ártico, va a misa, Concha.
Me lo dijo en cierta ocasión un tipo muy enterado.
Su esposa era china y estaba destinada en la Oficina de Turismo de China en Madrid. Calle general Pardiñas, 73.
—Lo que tú digas Matías, pero a Letizia la dejas en paz. Dijo unas verdades como panes y se nota que antes de reina fue periodista—le responde Concha con su típico genio censor.
—No me he metido con Letizia. Lo que he dicho es que una cosa es el multilateralismo auténtico y otra muy distinta los diferentes multilateralismos que gestionan las potencias. No veas cómo se pondrá Trump si pierde la guerra de Irán.
— ¿Y cómo se pondrá, Matías?
—Cuando Hitler y Mussolini ocuparon Europa, los Estados Unidos enviaron a sus jóvenes a luchar por la libertad y fueron muchos los que perdieron la vida.
Ahora y comenzando por España, Alemania e Italia les hemos dado la espalda.
Les hemos dicho que esa no es nuestra guerra.
¡ Qu é se las apañen como puedan! Nos importa un bledo que el mundo de los ayatolás se perpetúe para siempre y sus mujeres sufran lo infinito.
Lo que nos interesa es el petróleo, el gas y que el terrorismo no nos golpee de nuevo.
Por cierto, Trump ha confundido el resplandor del antiguo imperio persa con el poder de los ayatolas actuales.
— ¡ Cuánta cultura que tienes, Matías! ¿Se puede saber de dónde la has sacado? Años atrás no tenías tanta.
—De la Wikipedia. Y mira lo que te digo. Si Trump no espabila, los mismos americanos lo cesarán. El pueblo americano no acepta derrotas. Suficiente tuvieron con las de Vietnam y el Afganist á n para volver ahora a tropezar con la misma piedra.
La segunda razón por la que a Matías Rubio le cae bien Isabel Díaz Ayuso es porque él también es dueño de un perro.
De un galgo atigrado que iba a ser sacrificado impunemente, pero salvado in extremis por la Guardia Civil cuando ya estaba a punto de ser colgado de un árbol.
La estampa más negra de la España profunda que, por desgracia, aún persiste.
Y al igual que la presidenta y si no anda equivocado se encarga de sacarlo a pasear, llevarlo al veterinario y proveer su intendencia.
Y la tercera y última razón es porque nuestro personaje y al igual que la presidenta de Madrid, es un gran aficionado a los toros hasta tal punto que, de adolescente, quiso ser torero.
Una vocación que nos lleva a definirlo como un aficionado muy enterado de todo cuanto tiene que ver con el arte de la lidia.
Sabe aplaudir cuando toca. Sea a un torero, a un novillero, a un banderillero, a un picador o a un toro que, por su bravura, nobleza o por haber permitido el lucimiento del torero debe ser indultado.
Y salvo los siete años que ha estado destinado en Zamora no se ha perdido ni una de las corridas que le ha brindado su querida plaza de Las Ventas.
Esa plaza que desde el advenimiento de la Segunda República ha ofrecido al pueblo de Madrid los mejores toreros y toros de España.