Roxy 23 #3
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23 #3

Wilma aparece en la puerta, descompuesta. Brenda tarda un momento en darse cuenta del estado de la mujer.

—¡Wilma! Qué alegría verte. Pasa, me ayudarás a elegir… Dios mío… ¿Qué ha pasado?

La conduce a un sillón y cierra la puerta de su despacho. Le ofrece agua. La mujer bebe atragantándose.

—Brenda, cariño. Será mejor que te sientes…

Obedece. Ha palidecido tanto que incluso sus labios han perdido color.

—¿Roy? ¿Le ha ocurrido algo a Roy?

—Gordon nos espera en el hospital. Han disparado a mi niño…

Wilma se tapa la cara con las manos y rompe a llorar sin freno. Brenda queda inmóvil con los ojos muy abiertos. Wilma se obliga a serenarse para ayudarla a reaccionar.

El taxi las deja en la puerta de urgencias. Corren por los pasillos, se pierden, se equivocan de planta. Finalmente aparecen frente a Gordon, que corre a su encuentro y las abraza a las dos.

—Todavía no han dicho nada. Venid, sentaos.

Brenda apoya la cabeza en el hombro de Wilma. Lágrimas silenciosas inundan sus mejillas. Saca de su bolso un rosario de nácar. La mujer lo mira con curiosidad.

—Es el de mi Primera Comunión —explica en voz baja—. Siempre lo llevo conmigo.

Comienza a pasar las cuentas, concentrada en su oración. Reza por Roy y también por ella. Por los dos.

—Familia de Roy Fletcher.

Salen los tres casi corriendo. Tienen que explicar que son lo más parecido a una familia que tiene Roy.

—Brenda… —el cirujano la reconoce en el acto. Ha estado varias veces cenando en casa de sus padres.

—Soy la novia del inspector Fletcher —dice despacio—. Y los señores Sullivan son como sus padres. No tiene a nadie más. Por favor, Edgar. ¿Cómo está?

—Ha sido una operación complicada. La evolución es incierta. Le hemos practicado una toracotomía de urgencia. Ahora vamos a llevarlo a cuidados intensivos y lo tendremos monitoreado las veinticuatro horas. Está en coma inducido. Las próximas horas serán críticas.

—¿Puedo quedarme?

—No podrás verlo. Será mejor que te vayas a casa y descanses. Si hay novedades te avisaré.

—Ven con nosotros, Brenda. No te quedes sola.

—De acuerdo. Gracias, Edgar. Estaré preparada para venir en cualquier momento.

****

Gordon vuelve a la comisaría y las mujeres se marchan en un taxi. Mientras Wilma prepara café Brenda llama a sus padres.

—Mamá… Estoy con la familia de Roy. Él está en el hospital muy grave. Le han disparado… —se le quiebra la voz—. Todavía no puedo verlo, está en cuidados intensivos. Le ha operado Edgar, me avisará si hay novedades.

Brenda escucha a su madre mientras se seca las lágrimas con los dedos. Wilma la ve asentir varias veces.

—No te preocupes, mamá. Os iré informando. Tranquila, estaré bien. Si os necesito os lo diré. Sí, seguiré trabajando y cuando me dejen ver a Roy pasaré con él todo mi tiempo libre. Sí, mamá. Reza por él. Sí. Os quiero.

Deja el teléfono encima de la mesa y se tapa la cara con las manos. Wilma le acaricia el cabello.

—Tómate el café, cariño. Roy se pondrá bien.

—No se me había ocurrido pensar que algo así podía pasarle a él. No lo esperaba. ¿A Gordon le ha pasado alguna vez?

—No le han herido nunca, aunque sí se ha encontrado en algún tiroteo. Nuestros hombres tienen un trabajo duro y peligroso. Desde que conozco a Roy esta es la primera vez que lo hieren de gravedad. Antes solo había tenido algún rasguño.

—Imagino que hace mucho que lo conoces, contigo tiene la confianza suficiente como para llamarte mamá.

—Cuatro años. Yo le considero mi hijo, el niño que no pude tener. Roy es un chico muy especial. Va metido dentro de su caparazón pero por dentro tiene un corazón de oro y es muy sensible; solo que no lo sabe expresar. Has tenido mucha suerte de encontrarle, aunque a veces se te haga duro.

—Tiene reacciones que me descolocan y a veces me hacen dudar.

—¿Dudar de él?

Brenda bebe un trago de café y mueve la cabeza.

—No lo sé. No dudo de su amor. No es eso. Pero cuando se olvida de que hemos quedado, o no contesta al teléfono… incluso ha llegado a levantarse de madrugada y se ha marchado sin dar ninguna explicación, dejándome sola. Mis amigas dirían…

—…Solo  tienes que escuchar a tu corazón, Brenda. ¿Qué te dice tu corazón?

—Que no me aleje de él pase lo que pase.

Pero a veces es difícil, Wilma. Sobre todo cuando se distancia y no sé por qué.

Pero ahora que está en el hospital tan grave no puedo respirar de angustia.

Si le pasara algo, si le perdiera, mi vida dejaría de tener sentido.

No sé si podría continuar haciendo las mismas cosas sabiendo que no iba a volver a verlo.

Dicen que de todo se sale, pero no creo que sea tan rápido y fácil —rio despacio—.

Creo que me estoy contradiciendo. Pillé a mi ex con otra mujer en nuestra cama a dos meses de la boda.

Lo eché de la casa y de mi vida. Tardé un año en recuperarme, me sentía humillada y rota.

Yo le quería, ¿sabes? Le quería lo suficiente como para casarme y formar una familia con él.

Y luego conocí a Roy y fue descubrir que ese pasado ya no contaba, había desaparecido.

Pero no sé si ahora podría superar su pérdida. Es muy diferente.

—Si me permites el comentario vulgar, aprovechando que no está Gordon, te diré que a ese fulano que le folle un pez.

Brenda deja escapar una carcajada que le hace salpicar café, manchando el mantel y su jersey de cashmere.

—¡Dios mío! Qué desastre. Lo siento, Wilma, te compraré un mantel nuevo.

—No hace falta. Lo limpiarán en la lavandería. Lo de tu jersey parece peor.

—Espero poder salvarlo. Me gusta mucho.

A las siete de la tarde vuelve Gordon, agotado. Wilma insiste para que Brenda se quede a cenar con ellos. No reciben ninguna llamada del hospital. Gordon quiere llevar a la chica a su casa pero ella prefiere pedir un taxi.

—Descansad los dos. Gracias por todo. Si hay novedades nos llamaremos.

A Brenda se le cae el apartamento encima.

Se quita la ropa, se mete en la ducha y se lava los dientes antes de ponerse el pijama.

Se echa a llorar pensando en Roy. Apenas duerme, pendiente del móvil.

Se refugia en el aroma a él que todavía impregna las sábanas: a su perfume amaderado, a calor, a seguridad.

A las seis de la mañana suena la alarma, y la esperada llamada mientras desayuna.

Roy ha superado  la primera noche. Sigue en coma inducido y si todo iba bien le irán despertando dentro de dos o tres semanas.

Podrá verlo en cuanto lo lleven a una habitación.

Vuelve a llorar, pero esta vez de alivio.

Inmediatamente llama a los Sullivan y a sus padres.

****

Gordon se toma el interrogatorio del presunto asesino como algo personal.

—Has disparado a un inspector de policía—le espeta con una calma que resulta más peligrosa que si gritara. Algo que ha aprendido de Roy—. Si no sobrevive… vas a tener muchos problemas.

—Mi gente no permitirá que acabe en la cárcel —el hombre sonríe con seguridad. Su tono es chulesco.

Gordon ladea la cabeza, aparentando interés.

—¿Tu gente? ¡Hombre! Eso es nuevo. Ilústrame, qué gente es esa tan importante.

El sospechoso no se da prisa en contestar.

—Ya los conocerá a su tiempo —responde finalmente apoyándose en la silla—. No estoy solo. Estamos en todas partes aunque nadie nos ve. Digamos que somos el servicio de limpieza.  Hacemos lo que nadie más se atreve a hacer

Gordon se traga la sorpresa. Ya sabe de quiénes habla. Son como sombras. Esta es la primera vez que se enfrenta cara a cara con uno de ellos. Consigue mantener la calma. Lo mira sin parpadear. Pero anota sus impresiones.

—.¿Por qué mataste a Albert Bell?

—¿Quién ha dicho que yo he matado a Albert Bell?

—Tú lo habías amenazado. Y en cuanto tuviste ocasión, lo mataste por la espalda.