Roxy 21
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Los resultados de los análisis y la autopsia comprueban que el camello ha sido asesinado con un arma diferente, un tipo de cuchillo de carnicero . Además hay huellas. La del calzado se corresponde con una talla trece de pie, por lo que deben buscar a un hombre muy alto.

—Lo bueno es que lo tenemos. Tenías razón, no ha sido nuestro chico. Las huellas han aparecido en el sistema, el asesino está fichado. Vamos a por él.

Varios coches rodean el edificio en el que trabaja el sospechoso.

Una carnicería que sirve de tapadera a negocios ilegales.

El hombre trata de escapar y Roy le persigue.

Mide casi diez centímetros más que el joven inspector y le supera en peso.

Es un coloso lleno de tatuajes. Roy se le tira encima y con un movimiento de krav magá lo bloquea.

Esposado y habiendo escuchado sus derechos lo llevan a comisaría.

El interrogatorio es difícil. No está dispuesto a colaborar. Sacude las manos intentando soltarse de la cadena que ata las esposas a la mesa. Los insulta.

—Escucha, escoria. Al próximo insulto te pongo un freno para lengua y después te parto la cara. ¿Por qué mataste a Brian Little?

—No conozco a ningún Brian Little.

Roy tira sobre la mesa frente a él las fotografías del cadáver.

—¿Y ahora? ¿Lo conoces? Que mires las fotos, joder.

—¿Y qué? Yo no he hecho nada.

—Muy bien, bonito. No has hecho nada. Te voy a mandar a la celda de pensar.

Allí hay unos cuantos colegas de Brian que te conocen.

Y resulta que ellos no llevan esposas mientras que a ti no te voy a quitar las tuyas.

Y mañana, si sobrevives a un día y una noche con ellos, volveremos a hablar.

Ah, y no te molestes en pedir ayuda, no habrá nadie.

¿Cómo era aquella película antigua? Solo ante el peligro . Ese eres tú.

—No puedes hacer eso, vas de farol. Hay leyes que impiden el maltrato.

—Inspector Sullivan, ¿puedo hacerlo?

—Por supuesto. ¿Sabes? El inspector Fletcher tiene muy poca paciencia. Pero él no te va a maltratar, ni yo tampoco. Si te ves en medio de una pelea de detenidos y pierdes, mala suerte para ti.

Se da cuenta de que van en serio. Roy le lanza su mirada aterradora y se le acerca invadiendo totalmente su espacio.

—O empiezas a hablar o te juro por Dios que te pego un tiro por intento de fuga.

—Ese mierda de Brian me había robado.

—Ajá. Por fin nos entendemos. Buen chico.

Las pruebas son contundentes. Su abogado de oficio lo tiene difícil pero hace lo que puede. Es condenado por asesinato con premeditación y alevosía, robo y tráfico de sustancias ilegales.

—Un indeseable menos en la calle —suspira Gordon—. Por cierto, ¿cómo se te ocurrió eso del freno de lengua?

—Fue lo primero que me vino a la cabeza. Pero parece que funcionó.

****

—Cariño, no sé a qué hora llamarte para encontrarte desocupado.

—Brenda, amor. Lo siento. Voy a tope, esto es una locura total. No me da tiempo ni a comer algo. Te echo muchísimo de menos. ¿Has conseguido ese contrato que querías?

—Sí… He tenido que ceder un poco. La negociación ha sido complicada pero después de hacer cuentas les he dicho que sí. Lo que no voy a ganar en dinero lo ganaré en prestigio.

—Son ellos los que ganan teniéndote. Vas a hacer un trabajo espléndido. Me alegro por ti. ¿Qué has hecho hoy?

—He ido a celebrarlo con mis amigas. Por cierto, están deseando conocerte.

—¿Dónde habéis ido?

Roy no puede disimular que está molesto. Brenda se da cuenta.

—A un pub nuevo que acaba de abrir. Tienen una música estupenda. Hemos tomado algo y me he vuelto a casa. Roy… ¿De verdad te molesta que haya salido un rato?

—Un poco. No eres una chica soltera. Que vayas a los pubs sin mí no me parece correcto.

—Pero yo no voy a ligar. No exageres.

—Tú no, pero tus amigas sí. Y si estás con ellas puedes encontrar a alguien que se confunda y te moleste.

—No me va a pasar nada.

—Hay mucho indeseable suelto por ahí. Por desgracia, de esa calaña me los encuentro a diario. ¿Has llegado bien a casa?

—Perfectamente. Me voy a acostar ya. ¿Qué vas a hacer tú?

—Quiero comprobar unas cosas antes de dormir. Tengo el salón que parece un centro de mando. Si lo vieras saldrías corriendo.

—Entonces te dejo ya. Te quiero, Roy.

—Te quiero, Brenda.

****

ROYF: Cariño,

Estoy en un laberinto sin salida.

Menos mal que te tengo a ti.

brENDA_W: Estás abusando de tus

fuerzas más allá de tus límites. No eres

un superhéroe, nadie puede obligarte a

dar  más de lo que puedes. Amor, cuida

tu salud. Hazlo por los dos.

****

Brenda está acurrucada entre los brazos de Roy.

Sobre la mesita frente al sofá, dos copas de cerveza y snacks de queso.

Él por fin ha ido a verla y se prometen una noche de amor.

Hace días que no tienen intimidad y Brenda quiere acercarse a él.

Roy está cómodo, acariciando su cabello y apretándola contra él como si temiera que fuera a desaparecer.

—Hoy sí has llegado a tiempo.

Roy medio sonríe. La besa en la nariz.

—Lo he intentado. Demasiadas veces el trabajo me ha absorbido tanto que no sabía ni donde estaba.

Brenda le sonríe. Se separa un poco de él para alcanzar un snack y metérselo en la boca.

—¿Lo has intentado o lo has logrado?

—Diría que ambas cosas. ¿Satisfecha, señorita White?

Brenda ronronea y le responde con voz sensual.

—Es un principio, inspector Fletcher. Pero debo decirle que espero mucho más de usted.

—Lo intentaré, amor.

—Pareces muy cansado, Roy. Nunca lo dices ni te quejas pero yo lo noto. ¿Cómo ha sido el día?

—Largo. Muy largo, Brenda. Extraño.

—Siempre dices eso.

—Porque siempre lo es. Siempre. Cada día es igual al otro y no encuentro la salida. Creo que se nos está yendo de las manos a Gordon y a mí.

Ella le da un pequeño golpe en un hombro.

—Podrías mentir un poco.

—¿Mentirte a ti? Nunca. Te seré totalmente sincero: ha sido un asco de día hasta que entré por esa puerta. Pero no puedo hablarte de mi trabajo, cariño. Ni quiero. Vamos a dejar todo eso fuera de nosotros cuando estamos juntos.

—Pero no siempre puedes sacarlo de tu cabeza, ¿verdad? Ni aunque estés conmigo atiborrándonos de queso.

—Lo que deseo es devorarte a ti a besos. Mira, solo te diré que este caso que llevamos Gordon y yo me ha complicado la vida porque es excesivamente complejo.

—Ojalá pudiera ayudarte de alguna forma.

—Me ayudas sencillamente estando. Con tu amor, con tu silencio sanador, con tus manos.

—Me gusta que me digas eso, Roy. Me haces sentir especial.

—Te lo digo porque es verdad. Y sí, eres especial. Para mí lo eres. Eres mi felicidad, mi verdad. Todo lo bueno.

—Y tú para mí también eres todo lo bueno de la vida. ¿Sabes lo que he pensado mientras te esperaba?

—Qué peligro —ríe Roy—. ¿Qué se te ha ocurrido?

—Sería una buena idea que nos marcháramos fuera el próximo fin de semana. Te ayudaría a relajarte y a recargar energías.

Roy se queda muy callado, como meditando la propuesta. De repente parece haberse ido muy lejos.

—¿Roy?

—Dime, amor…

—¿Qué te parece?

Brenda espera una respuesta que no llega. A Roy le ha cambiado la expresión, apenas perceptible pero ella se da cuenta. Su mirada se apaga.

—Papá nos presta la cabaña. Está aislada de todo, solo naturaleza. Hay un lago precioso. Podemos descansar y pasear, hacer algo de senderismo…

—No es buena idea —dice de repente.

Brenda se mueve, se sienta en el sofá y le mira fijamente.

—¿Por qué?

—No es seguro.

—¿Un fin de semana fuera no es seguro?

—Depende.

Brenda frunce el ceño no entiende el cambio de Roy ni su resistencia a pasar un par de días relajados.

—¿Depende de qué?

Él la mira de una manera extraña, como midiéndola.

—Depende de con quién estés.

Brenda palidece. Echa la cabeza hacia atrás apoyándola en el respaldo y cierra los ojos.

—Voy a estar contigo. Quiero estar contigo. ¿Qué demonios estás pensando, Roy? Vale, sí, estuve en la cabaña con mi ex. Pero es la cabaña de mi padre, no mía. ¿Por qué te preocupa eso ahora?

—Vamos, Brenda, no dramatices. Ni me acordaba de ese mal nacido. Sabes que no siempre puedo estar al cien por cien, y menos ahora con tantas preocupaciones.

—Podemos organizarnos. No tiene que ser tan pronto, un fin de semana que te venga bien.

—No funciona así.

—Hace un momento funcionaba así.

Roy suspira. Se frota los párpados. Tarda mucho en reaccionar. Se vuelve hacia ella y parpadea.

—Perdona. ¿De qué estábamos hablando?

Brenda queda totalmente descolocada. El estrés está haciendo mella en Roy sin que él lo note.

—Del viaje.

—¿Qué viaje?

Brenda queda en shock, sin saber qué decir. Lo mira fijamente. Los ojos de él han recuperado su brillo.

—Roy… te lo acabo de decir… Es igual. No es importante

—Para mí sí. Brenda, por favor. Vamos a hablarlo…

—Pasar un fin de semana en la cabaña de mi padre… o vamos a otro sitio si ir allí te incomoda.

—No me incomoda. Es otra cosa. A veces… —su voz baja medio tono—. A veces es mejor no moverse demasiado.

Se inclina hacia adelante y apoya los codos en las rodillas.

—¿Qué significa eso?

Roy levanta la vista. Durante un segundo ella percibe algo oscuro en su mirada.

—Que hay cosas que te encuentran. Cosas que no puedes explicar ni entender.

—¿Cómo qué?

—Sombras oscuras que llaman a tu puerta y te invaden.

Brenda abre la boca para hablar pero no dice nada. De nuevo él parece haberse retirado a su interior, a un mundo al que ella no puede acceder.

—No me gusta cuando hablas así, Roy.

—¿Así cómo? No te entiendo cariño.

—Me estabas asustando con esas sombras que llaman a la puerta. He pasado muchos fines de semana allí, incluso sola. ¿Crees que unos desconocidos con caretas nos van a atacar, como en las películas de miedo?

—No quiero asustarte. Y no ocurre solo en las películas de miedo. Pero no estaba hablando de eso.

—¿De qué entonces? Por Dios, Roy.

—No sé. Es igual.

Ella va a terminar su cerveza pero se ha calentado. Retira las dos copas y vuelve con ellas llenas y frías. Roy bebe un trago. Le da la impresión de que ha roto algo, pero no sabe qué ni cómo reconstruirlo.