20 #3
—Lo entrevisté hace dos noches. Iba un poco, cómo os diría… puesto. Me contó que había visto al asesino que la policía está buscando. Es decir, vuestro sospechoso. Y que él también le había mirado. Eso me interesó mucho porque como yo también le he visto le pregunté detalles.
—¿Y qué te dijo?
—Que era un hombre sin ninguna duda y que iba solo. Que por muy colocado que estuviera sabía diferenciar a una mujer de un hombre. No había nadie más con él.
—Eso no prueba que fuera nuestro asesino fantasma, Peter. Tú sabes mejor que nadie que hay muchos tipos que pululan de noche por la causa que sea y no todos van matando gente.
—Yo os cuento lo que me dijo.
—Gracias por la información pero me temo que no ayuda. A ver qué revela la autopsia.
—Una cosa, Peter: ¿qué le hizo suponer que el tío que vio era el asesino?
—Según me dijo, caminaba escondiéndose. Y vio el brillo de un cuchillo.
—¿Tú qué opinas, Roy?
Roy mira a Gordon. No le convence la teoría de que Roxy o su hermano hayan matado al infeliz drogadicto.
—No lo veo, Gordon. Si hubiera sido él, le hubiera atacado en el acto para que no hablara.
—¿Y si lo mató después , al enterarse de que había hablado con un periodista?
—No tenía forma de saberlo. ¿O sí? —Roy mira a Peter—. ¿Publicaste esa entrevista completa, sin hablar antes con nosotros?
—Esa parte no la publiqué, por su seguridad. Quería investigar un poco antes de contaros su testimonio.
—Hostia, Peter. Una cosa es que protejas tus fuentes y otra que nos jodas. Si nos lo hubieras dicho tal vez este infeliz no estaría muerto.
—Tranquilo, Roy. No intentes cargarme a mí el muerto. Tengo la grabación completa. Es vuestra.
Gordon y Roy escuchan la cinta juntos. Son las nueve de la noche. El sonido no es limpio pero se entiende bien. La voz del drogadicto suena temblorosa.
Vi salir a un tipo del callejón. Iba vestido de negro y llevaba un cuchillo en la mano.
Así escondido, ¿ves? Con el filo dentro de la manga.
Pero yo lo vi brillar. Corría deprisa de sombra en sombra, muy rápido.
Llevaba los labios pintados y el pelo suelto pero no me engañó.
A lo mejor a otros sí puede hacerlos creer que es una tía; pero no a mí.
Demasiado alto para ser mujer, no sé si me entiendes.
Vale, las jugadoras de baloncesto son tías potentes, ¿no?
Pero no todas las mujeres son así de altas y fuertes.
Yo me había metido una dosis en la guarida de un colega y me iba para mi refugio.
Tenía frío. No recuerdo qué era, algo nuevo y de efecto rápido.
Me debí quedar kao por lo menos tres horas, porque ya era muy tarde.
No sé, más de la una. No tengo reloj. Me dio miedo, tío, te lo juro.
Por poco no me cago encima. El tipo ese daba mucha grima.
Y cuando me miró casi me muero. Me quedé tieso pegado a un contenedor y cerré los ojos.
Creí que había llegado mi hora. No sé por qué no se vino contra mí.
Tuve suerte, supongo. Y eso que me vio tan claramente como yo a él dentro de la poca luz que había.
Se puso un dedo en los labios y desapareció tan rápido que me descolocó.
Estaba allí y de repente no estaba, se había desintegrado.
Que sí, que ya te he dicho que me había metido mercancía nueva.
No me acuerdo, qué más da lo que era. Funcionó y punto.
No aluciné, te lo juro. Lo vi. El pelo largo yo creo que era una peluca para dar el pego de tía, ¿me explico?
Entre eso y los labios rojos no sé… a lo mejor…
de noche todos los gatos son pardos. Pero eso, que a mí no me engañó.
Cuando desapareció estuve mucho rato detrás del contenedor con el corazón a tope.
Salí y vi que había mojado los pantalones del miedo que había pasado.
Espero no volver a verlo nunca más en mi vida, tío.
Mira que hay gente rara por ahí, pero ese… uf… ese era otra cosa…
Ambos inspectores intercambian una mirada. Vuelven a escuchar la grabación. Se quedan con dos detalles: «labios rojos» y «pelo largo».
—Pues sí parece nuestro fantasma, Roy. El hombre y mujer a la vez. Ponlo medio a oscuras delante de un tío borracho y salido y verá lo que quiera ver.
—Sí, tienes razón. Pero sigue sin cuadrarme que lo haya matado él.
—Es tarde. ¿Seguimos mañana? El pobre de muerto no va a salir, y a mí me matará Wilma por llegar a estas horas a mi edad .
—Mamá se preocupa por ti. Pero tenemos inspector Gordon Sullivan para rato. Quien va a morir sin remedio soy yo. Había quedado con Brenda.
—Roy… —Gordon se había puesto muy serio—. ¿Esa chica te interesa de verdad?
—No es que me interese, Gordon. Estoy enamorado de ella. Y ella de mí.
—No dudo de su amor. Me preocupa lo que tú sientes o crees sentir por ella. ¿Qué puesto ocupa en tu lista de prioridades?
—Se lo he dicho. En cuanto cojamos a ese hijo de puta me tendrá entero.
—¿Y si no lo cogemos, Roy? ¿Siempre tendrá que esperar a que recuerdes vuestras citas?
Roy mueve la cabeza. Busca el paquete de tabaco.
—Como lo enciendas te meto en una celda.
****
Mi hermano se muestra inflexible. Me grita. Es la primera vez que nos ha sentido en peligro y ha reaccionado como un animal acorralado.
—Ya no tenemos donde escondernos. Lo ha estropeado todo. —susurra la voz.
—Estamos a salvo —me grita.
—¿Durante cuánto tiempo? —pregunto yo.
—Muy poco —se queja la voz dentro de mí.
Mi hermano se calla, como si ya no supiera qué decir. Ese silencio que antes me hubiera tranquilizado se me antoja como una derrota. Creo que él también sabe que se ha equivocado pero ya no puede deshacer su error. Ahora efectivamente estamos en peligro.
Yo estoy ya cansada de estas noches confundiéndome entre lluvia y sombras. De este no ir a ninguna parte. Estoy cansada. Que acabe de una vez.
****
Roxy se está empezando a rebelar. No quiere seguir. No entiende que es necesario, que ya no podemos parar porque si lo hacemos desapareceremos para siempre. Que mi obligación es velar por ella eternamente, aunque tenga que salir de la tumba una y otra vez.
Yo también estoy agotado, roto. Pero debo mantenerme fuerte por los dos y acallar esa voz cobarde que la insta a abandonar. Esa voz del miedo y la derrota. La derrota no es una opción. Rendirnos no es una opción.
Roxy, tenemos que terminar lo empezado. Tengo que terminar lo que empecé para que mi vida tenga sentido. ¿Por qué ya no lo entiendes?