Roxy 20
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Dentro de mí, las voces luchan y se equilibran.

—No puedo —confiesa mi hermano—. Todo es demasiado.

—Sí puedes —susurra la voz—. Aprende de la ciudad, aprende de ti.

Siento que puedo observar sin actuar impulsivamente, usar la ciudad a mi favor, anticipar movimientos, calcular riesgos. La tercera voz crece, consolida control, y mi hermano ya no lo domina todo.

Los reflejos en los charcos parecen multiplicarme, pero esta vez no me paralizan. Ahora soy consciente de ellos, puedo manipular mi presencia entre sombras y luces.

Doblo otra esquina y la ciudad se abre ante mí como un tablero de ajedrez. Cada charco, cada farola, cada callejón tiene significado. La tercera voz dice:

—Recuerda, esto solo aumenta.

—Sí —recalca mi hermano—. Y debemos estar listas.

El inspector continúa observando desde lejos, conectado a la ciudad, avanzando lentamente, mientras yo aprendo a navegar entre mis recuerdos, mis voces y el laberinto urbano.

La tensión mental crece, el pasado y el presente se cruzan, y sé que cada paso me acerca a confrontar no solo al inspector, sino a la verdad que llevo dentro.

****

La lluvia vuelve con fuerza, golpeando el asfalto y los charcos. La ciudad nocturna parece un tablero de luces intermitentes y reflejos distorsionados. Los edificios altos atrapan el sonido de los coches y de mis propios pasos, amplificando cada eco, cada respiración.

—No te confíes —susurra mi hermano.

—Observa, aprende —susurra la otra voz—. Cada sombra tiene significado.

Doblo una esquina y lo siento: alguien más me sigue. No es el inspector. Es un desconocido, una sombra que evalúa mis movimientos. Mi corazón late con fuerza, pero la tercera voz me guía.

—Usa la ciudad —dice—. Los charcos, las sombras, los reflejos.

—Corre. No esperes —mi hermano se agita, preocupado.

Pero esta vez no corro. Me muevo estratégicamente, anticipando cada paso del perseguidor, usando las farolas y los charcos como espejos y trampas visuales. La ciudad es mi aliada y mi laberinto al mismo tiempo.

El hombre da un paso más, y sus ojos se fijan en mí. Cada reflejo en los charcos multiplica nuestra presencia. Siento la tensión física y mental: un segundo en falso y todo podría acabar mal.

—Ahora —susurra la voz—. Mantén la calma.

Giro, salto sobre un charco grande, y desaparezco entre callejones laterales. La lluvia cubre mi rastro, pero el corazón de mi hermano se acelera.

—No lo hiciste bien.

—Sí —susurra la voz—. Observamos, aprendemos.

Él no puede atraparnos si usamos la ciudad. Siento algo nuevo: un control parcial. Anticipo movimientos, uso los charcos como espejos y las sombras como cobertura. Esto es poder. Esto es estrategia.

Doblo otra esquina y el perseguidor parece confundido. Sus ojos buscan la fuente de la silueta que desapareció entre reflejos y sombras. La ciudad parece moverse conmigo: charcos que reflejan mi silueta, luces que desorientan, edificios que ocultan mi escape.

Mi hermano me reprende, frustrado.

—Casi nos descubren.

—No, nos seguimos fortaleciendo.

****

Peter Lee ha estado a punto de acercarse a esa figura ambigua y extraña que acaba de desaparecer ante sus ojos. La ha fotografiado aunque duda de que la imagen sea nítida. Sea como sea se la pasa a Roy, tal vez le resulte útil.

Cree que ha tenido suerte. Podría haberse revuelto contra él y sufrir el mismo destino que los otros. Ha sido demasiado imprudente, no es invulnerable.

ROYF: ¿Qué coño ha sido eso, Peter?

LEE: He visto a tu fantasma, Roy.

Y él a mí.

ROYF: Estás como una puta cabra, tío.

Da gracias por seguir vivo.

LEE: Si estás visible te espero donde

siempre y te cuento.

ROYF: Dame media hora.

No te expongas más. Métete en

el bar y no salgas veas lo que veas.

Media hora más tarde Roy aparca enfrente del bar y entra hecho un basilisco.

Peter se da cuenta de que se ha vestido con lo primero que ha cogido y no se ha peinado.

Sus vaqueros están muy desgastados y descoloridos y el jersey gris pide a gritos pasar a mejor vida. Sus ojos verdes fulminan al periodista.

—No te van a dar el Premio Pulitzer al mejor periodista, sino al más gilipollas. ¿Se puede saber que intentabas?

—Si te calmas te lo explico. Salí anoche a hacer unas entrevistas, lo normal.

Y se me ocurrió adentrarme un poco por una zona más chunga.

Bueno, de repente apareció no sé de dónde una persona muy extraña.

Me miró y siguió su camino. Le seguí… no te cabrees, ¿vale?

Le hice una fotografía con el móvil y bien temprano esta mañana te la he mandado. He sido un buen chico. No me riñas.

—Hostia puta, Peter. Cuando la he visto por poco no me ha dado un infarto, me he terminado de despertar del susto.

—Pero si tú no duermes ni de noche ni de día. Te invito a un café, tienes tiempo antes de empezar a trabajar. Y miramos juntos la foto.

—Sí, es bastante mala pero no es fallo tuyo. Ese cabrón sabe salir desenfocado y de espaldas en todas las imágenes. No hemos logrado reconstruir su cara ni nada que lo identifique.

—Pero yo sí le he visto la cara. Más o menos.

Roy se pone en pie como un resorte. Está a punto de tirar el café.

—Acompáñame a comisaría para que hagan un retrato robot. Es lo primero que vamos a tener para dar con él.

—Le he visto la cara más o menos, Roy. Y no es un él.

—Una mujer. La has visto a ella.

—No exactamente. Ya te he dicho que era una persona muy extraña. Fue muy rápido. Llevaba los labios pintados, ropa unisex totalmente neutra, de color negro, la capucha subida. Pero no era una ella, tampoco un él. Era las dos cosas.

—¿Qué te pasa? Te has puesto pálido y eso que ya eres blanco transparente.

Roy, impresionado, bebió un trago de café e hizo un gesto de desagrado.

—Qué caliente está. Lo que me pasa, Peter, es que me has dicho lo mismo que dijeron dos testigos: que era un hombre y una mujer a la vez. Lo achaqué a que habían bebido.

—Pues te aseguro que yo no había bebido nada más allá de un refresco de cola con cafeína y un café cargado para no dormirme. Y eso es lo que vi, lo poco que pude ver porque fue muy rápido. Antes de darme cuenta había desaparecido. No puedo serte de utilidad, lo siento.

—No pasa nada. Lo has intentado y te lo agradezco, pero no repitas la experiencia. A lo peor la próxima vez no tienes tanta suerte.

En comisaría, Roy le enseña la fotografía a Gordon. Es más de lo mismo, no hay forma de ponerle cara.

—Peter se ha arriesgado demasiado.

—Ya le he echado la bronca. Pero lo increíble es lo que me ha dicho cuando me ha descrito al tipo: que es hombre y mujer a la vez.

—¡No, por favor! Él también no…

—Seguimos como al principio. Su puta madre…

****

Desde lejos, el inspector toma nota: cada calle, cada charco, cada patrón de movimiento se convierte en evidencia que empezará a cerrar el cerco. El tablero de la ciudad se vuelve más claro, y él comienza a unir piezas de un rompecabezas que nadie más entiende.

La lluvia disminuye, pero la ciudad sigue viva, húmeda, reflejando luces intermitentes sobre charcos. Siento que la voz nueva está completamente activa, guiándome, anticipando y protegiéndome. Mi hermano grita, pero ahora en un tono que mezcla miedo y respeto.

—Has aprendido. Esto continúa.

La ciudad se convierte en un escenario, un laberinto y un aliado. La evidencia del inspector crece, acercándolo a la verdad. Y yo… estoy lista para enfrentar lo que viene, usando cada charco, sombra y reflejo a mi favor.

Sé que la investigación avanza, que el inspector está más cerca de descubrir la verdad, y que mi equilibrio interno y la fuerza protectora de mi hermano serán clave para lo que viene. Pero yo también aprendo a ser fuerte.

****

En su oficina, Roy observa el flujo de cámaras: una silueta aparece y desaparece en charcos reflejantes.

Trazas de movimiento inconsistente sugieren alguien que sabe cómo manipular sombras y reflejos.

Empieza a vincular los lugares con los patrones de asesinato y desapariciones previas.

Cada pista lo acerca más a la verdad: alguien mueve la ciudad como un tablero de ajedrez, y él está comenzando a descifrar las reglas.

****

La ciudad parece vibrar bajo la lluvia que golpea los charcos como tambores de advertencia.

Las luces de neón se reflejan en cada charco, multiplicando mi imagen en un juego de espejos que confunde mi percepción.

Cada sombra parece moverse sola, y mis pasos resonando en el asfalto húmedo me recuerdan que estoy atrapada entre tres mundos: la ciudad, mi hermano y mi voz.

—Corre. No podemos enfrentarlo.

—Observa, analiza. Usa la ciudad, no la violencia.

Pero esta vez no es suficiente. Algo dentro de mí se rompe. La tensión acumulada explota en un latido frenético, y por un instante, siento a mi hermano y a la voz luchando por el control, mientras mi cuerpo reacciona con fuerza y miedo.

****

Roy sigue trabajando sin descanso, en la comisaría y en su casa. Es incapaz de separar su vida privada de la laboral. Cada vez está más obsesionado con Roxy y lo que oculta.

Las cámaras de la ciudad le muestran sombras que se mueven con rapidez.

Él reconstruye patrones: las rutas de escape calculadas con precisión por Roxy o por el hombre que la acompaña.

La correlación de lugares vinculados a incidentes previos.

Analiza los patrones de comportamiento intentando anticipar dónde podría aparecer la persona que mueve la ciudad como un tablero de ajedrez.

En su apartamento, con mapas desplegados y notas dispersas, siente que está más cerca de comprender el misterio de Roxy y la verdad detrás del hermano.

****

Doblo otra esquina y desaparezco entre callejones y reflejos de charcos. La lluvia sigue, la ciudad vive, y la tensión que siento se convierte en control parcial, anticipación y fuerza. El inspector queda atrás, confundido por los reflejos y la planificación de mis movimientos.