Roxy 8 #2
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8 #2

—Todavía no. Ne tenemos ningún detalle.

—Vamos, Roy, de amigo a amigo. Otro muerto, prácticamente de la misma edad y asesinado de idéntica forma que el anterior. Esto no es casualidad. ¿Qué te dice tu intuición?

Gordon interviene para frenar el entusiasmo de Peter.

—Todavía es pronto para hablar de un asesino en serie, Peter. Y más pronto aún para alarmar a la ciudadanía. Haz tu trabajo y deja que nosotros hagamos el nuestro. Si tenemos que hablar con la prensa tú será el primero en enterarte.

Más tarde, en su despacho, recuerda algo y consulta sus notas para verificarlo: la presencia de una mujer la misma noche de otro asesinato, en una calle próxima.

Una mujer, sola. Nada de seres extraños.

Tal vez sea la misma. O tal vez solo quiere que lo sea.

No lo sabe. Duda. Pero Roy no cree en casualidades.

****

Siento un tirón dentro de mí, como si alguien me llamara. Me resisto. Pero no puedo. No quiero. No debo.

Me escondo en él. En mi hermano que hizo lo que tenía que hacer. Mis manos dejan de temblar, mi respiración se vuelve medida. La ciudad parece más simple. Más clara. Más bajo control.

Pero hay algo… alguien más. Unos pasos. Un clic metálico. Una presencia que no es mi hermano, ni yo.

El inspector.

No lo veo, pero lo percibo. Cada movimiento, cada respiración calculada, cada sombra que revisa. Preciso. Calculador. Observando.

****

La cafetería está medio vacía. Hora muerta.

Roy se sienta siempre en la misma mesa, junto a la ventana, con la pared a su espalda. Controla la entrada y la calle desde la vidriera.

La camarera, que le conoce por ser cliente habitual, deja el café sin preguntar.

—Lo de siempre —le dice sonriendo.

Roy asiente. No sonríe. Abre la libreta. Repasa notas del caso.

Botella rota. Testigos inconsistentes. Posible mujer. Subraya esa última línea: Posible mujer.

Frunce el ceño. No le gusta. No encaja.

Da un sorbo al café. Amargo como le gusta pero demasiado caliente. Lo deja.

Apoya el bolígrafo sobre la página. Da pequeños golpes sobre ella. Muerde el tape inconscientemente.

Y entonces… un parpadeo. Nada más. No hay mareo. No hay aviso. No hay transición.

El café ya está frío, pero no bebe. Roy parpadea.

Mira la taza. La toca. También fría. Se queda quieto.

Algo no encaja. Mira alrededor. La cafetería sigue ahí…

pero no igual. Más gente. Más ruido. Una pareja que antes no estaba.

Un hombre leyendo el periódico en la barra.

La camarera le mira un instante como si no le reconociera.

¿Cuánto tiempo ha pasado? Mira su reloj. Las agujas han avanzado. Demasiado. Casi una hora.

Roy no se mueve. Tiene que marcharse pero continúa sentado. Baja la vista lentamente. La libreta. Hay más texto. Varias líneas. Aunque es su letra no recuerda haberlas escrito.

Tienes que encontrarla antes de que la encuentren.

No la dejes sola.

Ella no sabe.

Roy lee sin expresión. Una vez. Otra. Aprieta la mandíbula. Pasa la página. Más. Dibujos.

No. No son dibujos. Son trazos. Repetitivos. Circulares. Como si hubiera estado marcando algo. Como si hubiera estado pensando en bucle.

Cierra la libreta rápidamente con un golpe seco. Respira despacio para recuperar el control. Tiene que haber una explicación. Siempre la hay.

Levanta la mano. La observa. Tiembla. Apenas. Pero tiembla. La baja.

Se levanta. Deja dinero sobre la mesa. Incluso con la propina es más de lo necesario. Sale casi sin ser consciente de lo que hace.

La calle le golpea con un exceso de ruido y de luz. Camina sin rumbo claro. Automático. Profesional. Funcional.

Pero por dentro… algo se ha desplazado. No se ha roto. O por lo menos no del todo. Pero ya no está en su sitio.

Se detiene frente a un escaparate. No sabe por qué. Mira el reflejo: él. Solo él. Claro. Nítido. Entonces…  un segundo plano. Un movimiento. Detrás. Una figura. Delgada. Oscura. Familiar.

Roy se da la vuelta. Nada. Vuelve al cristal: Solo él. Pero esta vez no se queda mucho tiempo.  Sigue caminando. Más rápido.

Al girar la esquina, choca con alguien: Una mujer joven muy bien vestida. Se aparta de inmediato.

—Perdón —dice sin apenas mirarla.

Brenda lo mira, extrañada. La sonrisa alegre por la sorpresa de encontrarlo se apaga en sus labios.

Se da cuenta de que Roy, inexplicablemente, no la ha reconocido.

Hace ademán de ir tras él, abre la boca para llamarlo.

Pero Roy ha seguido caminando deprisa, sin mirar atrás.

En un instante está demasiado lejos. La joven queda inmóvil y desconcertada.

Su novio se ha tropezado con ella y ha reaccionado como si no supiera quién es.

Reanuda su camino antes de empezar a llamar la atención parada en la acera como si no fuera a ningún sitio concreto.

Se traga las lágrimas y trata de recomponer su expresión.

Roy no se ha dado cuenta de nada. La sensación extraña que le ha invadido en la cafetería se le ha quedado pegada. Como el olor del humo. Como el calor. Como esas frases que no recuerda haber escrito.

Esa noche, al revisar sus notas, intenta reconstruir la hora perdida. No puede. Pero hay algo peor. Algo que no debería estar ahí. Una dirección escrita al final de la página. Clara. Precisa. Decidida.

Roy la observa largo rato. Sabe lo que significa. Aunque no quiera. Cierra la libreta. Lentamente.

Y por primera vez… no está seguro de si quiere saber la respuesta.

****

brENDA_W: Amor, ¿estás bien?

Brenda está sentada en el sofá de su casa con la televisión encendida aunque no se fija en qué canal ni qué programa están emitiendo.

Hace varios días que no sabe nada de Roy.

Le llama y no coge el teléfono. Desde su extraño encuentro en la calle vive preocupada.

No puede ser que él haya dado por terminada su relación sin darle explicaciones.

Sus amigas le dirían que le está haciendo un gaslighting .

No. Imposible. Roy no es así. Es un tío legal y si no quisiera tener nada más con ella se lo diría a la cara.

A Roy le pasa algo. Ante el silencio de su pantalla, insiste.

brENDA_W: No quiero agobiarte,

pero estoy preocupada por ti.

Ha pasado más de una hora cuando su móvil se ilumina.

ROYF: No te preocupes, cariño.

Exceso de trabajo. No tengo tiempo

ni para comer.

brENDA_W: Hace unos días tropezaste

conmigo y no me reconociste.

ROYF: No lo recuerdo. Perdona. Iría

tan concentrado que no me di cuenta.

Estos días están siendo complicados.

Te quiero.

brENDA_W: Y yo a ti

****

Siento la angustia de Roxy. Escucho el latido violento de su corazón.

No es ella quien elige. Soy yo. Yo soy el que toma decisiones.

El que se oculta, el que protege, el que mata.

El que la quiere y nunca la dejará sola.

No puedo fallarle, no ahora. Me necesita más que nunca.

Si la dejara sola, caería pasto de esos tipos turbios que acechan en los callejones oscuros.Yo los conozco, conozco sus almas podridas y sus mentes pervertidas.

Ella no puede defenderse de ellos, es vulnerable y demasiado inocente.

Si la dejo sola le harán daño, la romperán.

Y entonces yo no tendré derecho a seguir viviendo.

Por eso acabo con ellos, aunque no lo entienda.

****

En la sala de interrogatorios Roy mira directamente a un chico joven que observa a su alrededor, nervioso. Son las cinco de la tarde. El inspector enciende la grabadora.

— ¿Sabes por qué estás aquí?

—Ya se lo dije al otro agente… no vi nada.

Roy no responde. Abre su cuaderno. Pasa páginas sin prisa.

—¿Trabajas en el Corner Bar ?

—Sí.

—Turno de noche.

—Sí.

Tras el monosílabo pronunciado con voz nerviosa se hace un instante de silencio. Roy asiente levemente, como si confirmara algo que ya sabía.

—Entonces sí viste algo.

—No… o sea… había gente, como siempre…

Roy  levanta la vista. No se muestra agresivo. Solo firme.

—Mira —hace una pausa deliberada—. No te estoy preguntando por «gente»—. Te estoy preguntando por esa noche .

El chico traga saliva.

—Salí a tirar basura… eso es todo.

—¿A qué hora?

—No sé… tarde.

—¿Antes o después de las dos?

—…después.

Roy anota. Aprieta el bolígrafo contra el papel. El sonido es débil pero rasposo.

—¿El callejón estaba vacío?

—Sí.

Roy no escribe. Lo mira.

—Eso es mentira.

Silencio largo. El chico se mueve en la silla.

—No… o sea… había alguien pasando, creo…

—¿Caminando o corriendo?

—No me acuerdo.

Roy se inclina un poco hacia delante. No invade, pero reduce la distancia.

—Claro que te acuerdas —hace una nueva pausa—. Porque cuando alguien corre de noche en un callejón, te acuerdas.

El chico evita mirarlo.

—No quiero problemas.

Roy se recuesta otra vez. Baja la intensidad del interrogatorio de  golpe.

—No estás en problemas —nueva pausa—. Pero alguien está muerto.

Silencio. Más largo.

—Y ahora mismo, tú eres la última persona que lo vio todo.

El chico respira más rápido.

—No lo vi todo …

—Bien. Entonces cuéntame lo que sí viste.

Se produce una pequeña pausa.

—Había… un tipo.

Roy no interrumpe. Apenas asiente.

—Llevaba una sudadera con capucha, no le vi la cara… iba rápido… chocó con algo… o con alguien…

—¿Con la víctima?

—No lo sé.

—Pero lo has pensado.

Silencio. El chico asiente muy levemente.

—¿Hacia dónde fue?

—Hacia la calle de atrás… donde están los contenedores.

Roy apunta. Esta vez más despacio.

—¿Coche?

—Sí… creo que sí… escuché una puerta.

—¿Motor?

—Sí.

Roy cierra el cuaderno. Lo mira directamente.

—Eso sí sirve.

Pausa

—¿Ves la diferencia?

El chico asiente, más tranquilo… pero aún tenso.

—No me meta en esto…

—Ya estás dentro.

Pausa, más suave.

—La diferencia es si estás ayudando… o escondiéndote.

Silencio final. El chico baja la mirada.

—…era un coche oscuro.

Roy no sonríe. Pero lo ha conseguido. O eso cree.

—Mi jefe me ha dicho que preguntó por una chica. A ella sí la vi.

—¿Y a qué esperabas para decírmelo? —A Roy se le ha cortado la respiración.