Capítulo 12
CAPÍTULO DOCE
Meadow
Cuando nos detenemos ante la casa de los padres de Reuben, la sonrisa de mi cara no podría ser más amplia y las mariposas de mi estómago no podrían revolotear más rápido.
Lulu alarga la mano y me la aprieta. —No te preocupes —dice—. Va a salir genial. —Mientras bajamos de nuestros vehículos, Reuben se acerca trotando para saludarnos.
Me da un abrazo rápido y luego le da la mano a mi padre. —Es un placer volver a verte —dice. La forma en que lo dice me hace pensar que han hablado más veces que cuando Reuben me recogió para nuestra cita de ayer.
—Igualmente, Reuben. No me esperaba una cena fuera en nuestra última noche en la ciudad, pero agradezco el gesto.
—Faltaría más —dice Reuben. Sus ojos vuelven a posarse en los míos—. Tenía muchas ganas de que conocieras a mi familia.
Mi padre asiente con más solemnidad de lo habitual. Debe de notar lo serio que es todo en este momento, lo decididos que estamos tanto Reuben como yo a llevar esto adelante.
Nuestros padres se presentan unos a otros. Y su madre, Annie, me dice que está encantada de conocerme. Luego saca un rotulador y una caja de etiquetas del bolsillo. —Sé que va a haber muchos nombres nuevos, así que he pensado que si todos usáramos una etiqueta con el nombre, podría ayudar.
Sonrío. —Es una idea estupenda —digo—. Sobre todo porque los trillizos son difíciles de distinguir. —Miro a mis hermanos, que están allí de pie con aire torpe.
Reuben, sin embargo, parece saber exactamente qué hacer. —Hola, chicos —los llama—. Mis hermanos estaban pensando en jugar un partido de kickball antes de que sirvan la cena. ¿Qué os parece?
Jasper se anima de inmediato. —Genial —dice. El grupo corre hacia los hermanos mayores de Reuben. Nate se disculpa y dice que él también va a jugar.
Inmediatamente, mis hombros se relajan. Reuben me lleva a un lado. —¿Estás bien? —pregunta.
Asiento. —Sí, estoy bien. ¿Vas a ir a jugar con los chicos? —le pregunto.
—No —dice—. Quería pasar tiempo con tus padres y contigo, si te parece bien.
—Es perfecto.
Plum, la hija de Reuben, sale corriendo por la puerta principal de la casa y nos encuentra en el patio. —Meadow —dice—. Ya estás aquí.
—Claro que sí —digo—. He recibido una invitación muy bonita de tu padre.
Plum mira a su padre. —Se le da bien asegurarse de que todo el mundo se sienta bien.
—Mamá, papá —digo—, esta es Plum, la niña de Reuben.
Plum les hace una reverencia exageradamente dramática, lo que hace que mi madre se ría y se lleve una mano al corazón. —Bueno, ¿no eres de lo más adorable? —dice.
La madre de Reuben, Annie, nos guía hacia el interior de la casa y nosotros la seguimos. En la cocina, veo a Fig, la hermana que conocí antes, con otra mujer joven.
Annie se vuelve hacia mí. —Meadow, esta es Lemon, mi hija mayor, y estas son mis nueras. He conseguido unas cuantas este año. Prairie se casó con nuestro hijo, Rye, y Abby se casó con nuestro hijo, Bartlett.
Mi madre sonríe. —Qué mujer más afortunada es usted.
—Bueno, resulta que usted también tiene bastante suerte. Me han dicho que tiene una nuera.
Justo entonces Jessica se une a nosotros en la cocina. —Bueno, ese partido se va a poner animado —dice Jessica con una carcajada—. Creo que hay ocho tíos jugando. Va a estar muy reñido.
Prairie y Abby le preguntan a Jessica si quiere ir a mirar. Lemon saca una botella de vino blanco de la nevera y dice: —Podemos beber desde la barrera. —Todas ríen y salen por la puerta trasera con Plum a remolque, dejándonos a Reuben y a mí a solas con nuestros padres.
—Así que —dice Red, el padre de Reuben—, ¿nos sentamos a hablar, o cómo quieres que vaya esto, hijo?
—Sentémonos. —Entramos en el salón y buscamos asiento. Reuben traga saliva, mirándome. —No pretendía que esto fuera demasiado intenso —dice—. La verdad es que amo a Meadow y sé que os vais mañana, pero...
Mis padres se miran. Sé lo que están pensando: que esto es una locura, que esto va muy rápido, que no quieren perder a su niña.
Cuando llegué a casa de Reuben esta mañana, les dije que él era el hombre para mí.
Al que amaba. Se están preparando para lo que pueda venir después.
Los padres de Reuben parecen igual de nerviosos cuando empezamos la conversación.
—Mirad —dice Reuben—. Sé que tenéis una vida en la carretera con Meadow, pero mi vida está aquí con Plum, con mi familia. No podría arrancarla de eso.
Mi padre se aclara la garganta. —Teniendo eso en cuenta, ¿cuáles son tus intenciones con Meadow?
Miro a Reuben con lágrimas en los ojos.
—Os pido permiso para casarme con vuestra hija —dice él, claramente—. Sé que nos acabamos de conocer, pero la idea de que se vaya mañana... —Sacude la cabeza—. No puedo imaginármelo. Bueno, en realidad sí puedo. Ya he perdido antes.
Mi padre asiente. —Meadow nos lo ha contado.
—Miro y veo a los padres de Reuben cogidos de la mano.
El afecto que se tienen es real, palpable.
Se nota en cada detalle que he observado en esta casa desde que entré: las fotos en las paredes, los sillones grandes llenos de mantas, los zapatos tirados en la esquina, una cocina llena de comida deliciosa, fotos colgadas en la nevera, cartas de amigos pinchadas en un tablero de corcho.
.. esta es una casa donde se crean recuerdos.
Donde el amor se alimenta y donde nadie cae en el olvido.
Sentada aquí en este salón, mirando a Reuben mientras habla con tanta claridad a mis padres, siento algo más que amor.
Siento que sería una idiota si me alejara de esto porque Reuben no es solo un chico que me llevó a casa ayer. Es un hombre que ha cautivado mi corazón de una forma que ni siquiera sabía que era posible.
—Papá —digo—, sé que es una locura, pero quiero esto.
Reuben sacude la cabeza. —Esto no ha sido una propuesta —dice. Luego sonríe—. Estoy pidiendo permiso. No quiero que pienses que no sé pedir matrimonio debidamente.
Niego con la cabeza, con el calor subiéndome a las mejillas, abrumada por el hombre que tengo al lado. —No necesito una propuesta sofisticada.
Su madre, Annie, se aclara la garganta. —Escuchad —dice, mirando a mis padres—.
Sé que nos acabamos de conocer hace unos minutos y que todo esto nos ha venido muy rápido.
Pero hay una cosa que sé de mi hijo. Aunque ha pasado por un infierno, siempre ha sido un hombre de palabra.
Cuando sabe lo que quiere, va a por ello, aunque sea difícil, aunque ponga a todos los demás un poco nerviosos.
Mi madre abre la boca. —¿Como cuando se casó a los dieciocho años?
Annie asiente. —Exactamente. Pero no era joven y estúpido. Era joven y sabio. Ahora es aún más sabio después de todo lo que ha pasado.
Mi padre parece haber oído suficiente. —Reuben, te doy el permiso que pides.
No sé cómo será la vida sin Meadow si ella acepta lo que le propones, pero es una adulta.
Tiene veintidós años. Puede hacer lo que quiera con la persona que quiera.
—Me mira—. Qué demonios, ni siquiera necesitas mi permiso.
Solo necesitas el suyo. Puede que seamos una familia grande y tradicional, pero no somos anticuados.
Entendemos que cada persona tiene su propia vida que vivir.
Su madre y yo hemos tenido la suerte de tenerla.
Hemos tenido la suerte de tener a nuestros hijos bajo nuestras alas durante mucho tiempo.
Pero quizá sea hora de que Meadow despegue, aprenda a volar por su cuenta.
Las lágrimas me asoman a los ojos y me levanto, acercándome a mis padres para darles un fuerte abrazo. —Os quiero mucho a los dos.
—Nosotros también te queremos, Meadow. Por eso intentamos tener la mente abierta ante lo que pase a continuación.
—Reuben no es solo un chico; es padre. —Red se aclara la garganta—. Y es un buen padre.
Reuben contiene las lágrimas. —Solo porque aprendí todos mis trucos de ti, papá. —La cantidad de emoción y amor que llena esta habitación en este momento me deja sin aliento. Reuben busca mi mano y me atrae para darme un abrazo.
Me besa la coronilla y siento que me relajo contra el hombre que tiene todo mi corazón en sus manos. —Mirad —dice Reuben—, ¿por qué no bajamos a ese partido de kickball y vemos a qué viene tanto alboroto?
Sonrío. —¿Necesitas ayuda con la cena, Annie?
Ella niega con la cabeza. —Ya está todo caliente. Podemos bajar al campo.
Reuben me coge de la mano y salimos juntos de la casa. Rodeamos el hermoso jardín que ha creado Annie y nos dirigimos a una zona de césped verde detrás de la finca.
Lo que veo allí me deja verdaderamente sin aliento. Me vuelvo hacia mis padres y los suyos. —¿Sabíais que esto iba a pasar?
Reuben sonríe. —Claro que lo sabían. Al fin y al cabo, necesitaba su ayuda.
Las lágrimas me llenan los ojos.
—Oh, Dios mío —digo, mientras caminamos hacia el campo. Hay rosas depositadas formando un camino para mí. Se ha montado un escenario improvisado donde mis hermanos tienen sus instrumentos listos para cantar. Mi madre y mi padre se unen a ellos y los padres de Reuben se unen a su familia.
—¿No hay partido de kickball? —pregunto. Plum niega con la cabeza, buscando mi mano y entregándome una corona de flores. Me arrodillo para que pueda colocármela en la cabeza.
—Ves —dice—, de verdad eres una princesa.
Las lágrimas nublan mi vista y las contengo mientras me pongo en pie. —Gracias, Plum, es preciosa.
En ese momento, Reuben hinca una rodilla en el suelo. —Meadow, ¿te casarías conmigo? —Saca un anillo de un estuche y me lo ofrece.
Ahogo un grito, mirando a nuestras familias, que están todas aquí reunidas a nuestro alrededor. Jessica está cantando una de mis canciones favoritas. Mi familia toca una música que me hace sentir no solo como si estuviera en casa, sino como si hubiera muerto y llegado al cielo.
—Sí, me casaré contigo, Reuben Rough.
Él sonríe. —Menos mal, porque esto habría sido una cena familiar muy incómoda si hubieras dicho que no.
Niego con la cabeza con incredulidad ante este momento que sucede ante mis ojos.
Me desliza el anillo en el dedo y Plum empieza a dar vueltas con su bonito vestido de princesa.
Reuben me toma de la mano y también la de su pequeña, y los tres giramos en círculo juntos, riendo, con el amor burbujeando en nuestros corazones.
Cuando termina la canción, todo el mundo aplaude y Reuben se acerca para besarme suavemente en los labios.
—Bueno —dice el padre de Reuben—, creo que es hora de una cena de celebración. ¿Qué decís, chicos?
Todos le seguimos al interior de la casa, donde Annie y Lemon han preparado una pila de platos y tenedores, jarras de limonada, botellas de vino, pastel de pollo y una gran ensalada César.
En una esquina hay un pastel de chocolate de tres pisos y veo que tiene escrito con manga pastelera: Felicidades.
Me asombra cómo esta mujer ha organizado una fiesta de compromiso en cuestión de horas. Pero lo que más me asombra es que todos los presentes han decidido estrecharme entre sus brazos y acogerme de todo corazón en sus vidas.
Sus hermanos me dan sendos abrazos por turnos. —Encantado de conocerte —dice Bartlett.
Rye dice: —Gracias por hacer feliz a mi hermano.
Mac, Graham, Fig y Lemon me hacen saber lo feliz que estoy haciendo a su hermano.
Una pequeña parte de mí tiene miedo porque esto es mucho y muy rápido, ¿y si no estoy a la altura de sus expectativas? Pero entonces Reuben me coge de la mano y me lleva por el pasillo mientras todos los demás se sirven la comida.
—Sé que es rápido y una locura, pero te quiero y no iba a dejarte marchar.
Cierro los ojos cuando su boca choca con la mía. Le rodeo el cuello con los brazos, inhalando su aroma, besándole profundamente, sabiendo que todas las personas a las que amo en el mundo están en esa cocina, pero que aquí mismo, en el pasillo, solo estamos Reuben y yo.
—¿Estará bien Plum con todo esto? —pregunto.
Él sonríe. —Quería que encontrara a una princesa. He encontrado una. Te he encontrado a ti.
—Pero habéis pasado una racha tan mala —digo—. La vida no ha sido fácil. Me da miedo que yo...
Me interrumpe. —Meadow, esa mala racha ya es pasado. Siento que cuando entré en aquel bosque y te encontré, recibí una nueva oportunidad en la vida.
Nuestras frentes se juntan y nuestros dedos se entrelazan. —Soy tan feliz —le digo—. Soy tan feliz de ser tuya.
—Lo eres, Meadow. Eres mía. Eres mi hogar.