Epílogo
Reuben
Cuatro meses después…
Después de tanta tragedia, encontrar y enamorarme de Meadow ha sido la mejor medicina para mi alma maltrecha.
Tras nuestro compromiso, ella, Plum y yo pasamos un mes conociéndonos los unos a los otros.
Hicimos senderismo por las montañas, de pícnic en los parques, y esas tradiciones que tanto anhelaba crear con Plum de repente me han parecido mucho más factibles.
La noche de tacos y los viernes de película en familia se han convertido en el punto álgido de nuestras semanas.
Hoy es el día de nuestra boda. Y una familia de dos va a convertirse en una familia de tres.
Intento no emocionarme demasiado al pensarlo, pero mientras estoy en mi dormitorio, anudándome la corbata y poniéndome la americana azul marino para la ceremonia, es imposible no sentirse abrumado ante la realidad de mi vida.
El amor me ha encontrado por partida triple.
Primero con Beth, luego con Plum y ahora con Meadow.
—Oye, ¿estás listo? —pregunta Graham, llamando a mi puerta.
—Sí, adelante.
La puerta se abre y entra mi hermano. Me tiende un vaso de cristal con whisky. —Por si tienes los nervios típicos de la boda —dice.
—No estoy nervioso —digo antes de darle un trago.
—Solo quiero que sepas que siempre estoy aquí para ti, en las buenas y en las malas.
—Gracias, Graham. —Le doy una palmada en la espalda—. Y gracias por ser mi padrino por segunda vez.
Graham asiente. —Sé que la vida no ha ido como planeaste, pero me has demostrado una y otra vez que tú deberías ser el hermano mayor.
—No es verdad. Cuando estuve en mi peor momento, después del accidente, estuviste ahí para mí. Fuiste mi roca.
—Para eso está la familia, ¿no?
Asiento. —¿Así que tú eres el siguiente?
Él se ríe entre dientes. —Trabajo demasiado para conocer a nadie. Además, creo que mamá y papá han tenido suficientes bodas que organizar este año.
Suelto una carcajada. —La cuestión es que nunca sabes dónde puedes encontrar a alguien y enamorarte perdidamente. Joder, si Meadow estaba perdida en la montaña.
—¿Me estás diciendo que debería recorrer las cordilleras de por aquí buscando una novia?
Me encojo de hombros. —Nunca se sabe.
—Bueno, sé que Meadow y tú vais a ser muy felices juntos —dice—. Sois perfectos el uno para el otro. Y no creo que Plum haya sido tan feliz en su vida.
Sonrío ante eso. —Hoy está en las nubes. Ese vestido de damita de honor que le hizo Fig es más elegante que un vestido de novia.
—Pero se lo merece, ¿verdad? —dice Graham, y la mirada en sus ojos me indica que lo recuerda. Recuerda toda nuestra pérdida anterior a esta nueva alegría.
—Ya lo creo que sí. Esa niña se merece el mundo entero.
Salimos de mi habitación hacia la cabaña donde están reunidos mis otros hermanos y mi cuñado Anchor.
—¿Listo? —pregunta Rye.
Asiento. —Totalmente.
Los seis salimos de la cabaña y cruzamos el pequeño puente que conecta mi propiedad con la de mis padres.
Hay cientos de personas aquí; los amigos y la familia de Meadow viven por todo el país y muchos han volado para la ocasión.
Media población de Home, Washington, también está aquí; al fin y al cabo, Plum es la luz en la vida de mucha gente.
Verla tan feliz hace que todo el pueblo se emocione. Incluyéndome a mí.
Mis padres se reúnen conmigo detrás de la casa. Mamá está preciosa y, de algún modo, relajada.
Les doy un abrazo a ambos. —Pareces feliz, mamá.
—Bueno, no puedo estresarme mucho cuando mi hijo se emparienta con una familia tan generosa. Las mujeres de la familia de Meadow llevan días ayudándome en la cocina, asegurándose de que todo esté perfecto para vosotros dos.
Sonrío. —Me alegro mucho de que no haya sido estresante. ¿Parece que las chicas están bien hoy? —No me han dejado ver a nadie en todo el día.
Mamá irradia alegría. —Todos están de maravilla. Plum está con Fig, Lemon y Lulu. Meadow está con sus padres. Solo respira, Reuben, todo va a salir bien.
Exhalo, aliviado al oír que todo va bien. —Supongo que eso significa que es hora de que te acompañe al altar.
Papá besa a mamá en la mejilla y luego yo la tomo del brazo. —Sé que no soy tu hijo pequeño e intento no ser un niño de mamá, pero, mamá, no podría haber llegado a este día sin ti. Me has ayudado mucho estos últimos años y soy mejor hombre gracias a tu apoyo.
A mi madre se le llenan los ojos de lágrimas y me aprieta la mano mientras la música empieza a llenar el campo de césped donde se celebra la boda. Hay filas de sillas blancas, flores bordeando el prado y un arco al final del pasillo donde Meadow y yo pronunciaremos nuestros votos.
—Te quiero muchísimo, Reuben. Eres un buen hombre, un padre estupendo y vas a ser un compañero maravilloso para Meadow —dice mi madre.
Mis hermanos están al final del pasillo con sus trajes, todos vestidos para la ocasión. Les hago un gesto a mis primos Rowdy, que están todos solteros y listos para una buena fiesta. Afortunadamente habrá comida de sobra y buena música; la familia de Meadow se encarga del espectáculo.
Cuando ocupo mi lugar junto a ellos, una oleada de alegría me invade.
Todo el mundo está aquí, listo para nuestro gran día.
Los últimos meses han sido un torbellino de emoción.
Cuando Plum terminó el jardín de infancia, los tres volamos a México para reunirnos con la familia de Meadow.
Meadow pudo actuar con ellos en unos cuantos espectáculos.
Después de eso, los tres nos fuimos de vacaciones familiares juntos.
Fue increíble ver a Plum chapotear en la piscina del hotel mientras Meadow y yo estábamos sentados con nuestros margaritas.
Paseábamos por la playa cada noche, cogidos de la mano, con nuestros corazones entrelazándose, creando lazos familiares que, si Dios quiere, durarán toda la vida.
Meadow y yo queríamos que Plum se sintiera afianzada en su lugar en la familia.
Fue una decisión tan buena porque, al llegar al día de hoy, no me preocupa si Plum va a llevar esto bien.
Sé que lo hará. Yo no solo anhelaba una compañera; Plum también quería una madre.
Ahora comienza el preludio de la boda y se me llenan los ojos de lágrimas al ver a mi pequeña caminar por el pasillo.
Se empeñó en ser la damita de las flores, a pesar de que estábamos más que dispuestos a que estuviera a nuestro lado mientras pronunciábamos nuestros votos.
Pero ella quería ese papel que está prácticamente diseñado para niñas de cinco años.
Lleva un pomposo vestido blanco, un fajín rosa alrededor de la cintura y el pelo domado en suaves rizos. Sonríe al verme, pero se toma su trabajo en serio. Con delicadeza, coge pétalos de la cesta que sostiene y deja que caigan al suelo.
Cuando llega al frente, todo el mundo se está secando los ojos. Me arrodillo y atraigo a mi hija para darle un abrazo. —Eres una persona maravillosa —le aseguro—. Te quiero mucho y estoy muy orgulloso de ti, Plum.
Ella me besa y me pone las manos en las mejillas. —Yo también te quiero, papi.
Le doy otro abrazo antes de que chille. —¡Papi, es mamá!
Me giro y juntos vemos cómo Meadow y su padre caminan por el pasillo.
La música de la marcha nupcial la tocan su hermano y su cuñada con violines, y cuando nuestras miradas se cruzan, sé que el destino nos unió, pero el compromiso que tenemos el uno con el otro, y con la familia, es lo que hará que nuestro matrimonio perdure.
Le doy un abrazo a su padre y Plum se queda justo con nosotros, aunque pensaba que no querría. Me hace feliz que esté a nuestro lado. Este día trata de nosotros tres.
Meadow toma la mano de Plum y yo tomo la otra. Formamos un círculo que parece inquebrantable. El resto de la ceremonia es un borrón romántico: hacemos promesas, intercambiamos anillos y nos declaran marido y mujer. Durante todo el tiempo, no puedo apartar los ojos de mis chicas.
Meadow es un espectáculo digno de contemplar con su vestido blanco de estilo princesa; dejó que Plum la ayudara a elegirlo.
Tiene capas de tul y un corpiño en la parte superior, y maldita sea, está divina.
Quiero atraerla hacia mí, con fuerza, no soltarla.
.. y luego proceder a desvestirla. Porque, Dios, mi mujer está increíble.
Mujer.
Maldición, nunca imaginé que diría esa palabra este verano; por otra parte, nunca imaginé que conocería a Meadow.
—¡Ya puedes besar a la novia!
Las palabras provocan un clamor de vítores alegres por todo el prado, y Plum da vueltas con su bonito vestido mientras rodeo a mi mujer con mis brazos y la beso profundamente.
Su sonrisa ilumina mi corazón y quiero embotellar este recuerdo, revivirlo por el resto de mi vida. Es un momento de amor y devoción tan puros que me saltan las lágrimas.
—Me haces tan feliz, ¿lo sabes? —le digo mientras caminamos por el pasillo hacia el banquete.
Me besa de nuevo, deteniéndose justo ahí en el pasillo. —Te quiero muchísimo, Reuben Rough.
—Yo te quiero más.
Más tarde, en nuestra cabaña, Meadow y yo cerramos la puerta, exhalando. No con alivio, sino con satisfacción. Plum está con mis padres y tenemos la cabaña para nosotros solos.
Cuando enciendo las luces, exclamamos. —¡Oh, vaya, alguien se ha divertido aquí dentro!
Cuelgan serpentinas de las vigas; hay una botella de champán en cubitera sobre la mesa de centro. Caminamos de la mano hacia el dormitorio, donde hay pétalos de rosa cubriendo la cama y velas de té de pilas colocadas en cada superficie.
—Es mágico —susurra Meadow mientras la atraigo hacia mí.
—Como un cuento de hadas.
Se lame los labios, mirándome. —Hoy ha sido más de lo que cualquier chica podría soñar para su boda.
Le paso una mano por la mejilla. —Ha sido perfecto, todo ello.
—Incluso tus primos Rowdy se lo han pasado bien.
Me río. —Ellos siempre se lo pasan bien.
Ella toma mi mano y la coloca en su espalda mientras se da la vuelta. —Ayúdame con esto, marido.
Le desabotono el vestido, permitiendo con ternura que el momento sea sagrado, que sea nuestro. Le beso la base del cuello, susurrándole palabras de amor al oído.
Ella me sujeta las manos mientras sale del vestido, quedándose en bragas y nada más.
Sus pechos se ven increíbles, firmes y llenos... y al aire. —No necesitaba sujetador con ese vestido —explica.
Me acerco a ella, rodeando sus pechos con mis manos. —Qué suerte la mía.
Le masajeo los pechos, con la polla doliéndome mientras beso su piel suave. —Marido y mujer. —Niego con la cabeza—. Dios, me siento tan afortunado.
—Yo también —susurra mientras nos dirigimos a la cama. Me desvisto mientras ella se tumba. Desnudo, me uno a ella.
—Eres una diosa. Mi diosa. —Me inclino sobre ella, acunando su cuerpo con mis brazos. La beso de nuevo. Y otra vez. Y otra vez.
—Lléname —susurra, y lo hago. Me muevo contra mi esposa, cuidándola como se merece.
Con los cuerpos entrelazados y el corazón latiendo de placer, le retiro un mechón de pelo suelto. Me sonríe, fundiendo su mirada con la mía. —Bienvenida a casa, Meadow.
El fin.