Roto en Texas (Gran corazón, pueblo pequeño nº 5) Capítulo 6
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Capítulo 6

Jacob

Ha sido un día excepcionalmente productivo.

Ya tenemos fecha para la inauguración de la nueva planta, según las fechas de llegada del equipo y el mobiliario, y siento que me han quitado un enorme peso de encima, salvo por una cosa.

Mientras saco el teléfono del bolsillo para llamar a Sloane Mitchell, empieza a sonar y veo su nombre en la pantalla.

—Buenas tardes —digo, mirando el reloj. Son poco más de las seis.

—Buenas tardes, señor Daniels.

—Dios, cuando me llaman así, me vuelvo buscando a mi padre. Por favor, llámame Jacob.

—Lo siento. Se me olvidó.

—No pasa nada —suspiro con un leve gruñido—. Bueno, dime que me llamas con buenas noticias. Ha sido un día fantástico, y eso sería la guinda del pastel.

—Me temo que no tengo buenas noticias. Mi jefe me ha ofrecido un aumento hoy, así que he decidido quedarme.

Se me cae el alma a los pies. Nunca me había sentido tan decepcionado. Y me pregunto por qué me afecta tanto. —Dios, yo... no sé qué decir. Pensé que lo aceptarías.

—Yo también lo pensé, y de verdad odio parecer materialista, Jacob. En realidad no es por el dinero, es más por la estabilidad.

—Tu puesto también sería seguro aquí, Sloane. Te lo garantizo. Apenas tenemos rotación de personal, si es que la hay. Apostamos por retener a los empleados valiosos, y solo contratamos a los mejores.

—Te lo agradezco. Pero disfruto mucho con lo que hago aquí, y me gustaría quedarme. Van a renovarme el contrato y todo. Lo entiendes, ¿verdad?

—Por supuesto. Aunque no te voy a mentir. Tenía la esperanza de que vinieras a trabajar con nosotros. Me has impresionado muchísimo. Demonios, cuando vi tu currículum por primera vez, le pregunté a Ruby por qué no eras la maldita presidenta —digo con una risa suave.

—Gracias. He trabajado duro para llegar donde estoy, pero también creo en la lealtad y la estabilidad.

—Ya lo veo. Y entiendo por qué Ruby lleva tanto tiempo siendo tu amiga. Eres muy valiosa.

—Gracias.

—Te deseo lo mejor —digo tras una pausa—. Y, oye, si alguna vez quieres algo más que tu trabajo de oficina, Sloane, no dudes en llamarme. Solo de pensar en encontrar a alguien que esté a tu altura me dan escalofríos.

—Gracias, Jacob. Eso significa mucho, de verdad.

—De nada. Cuídate.

—Tú también.

Cuando cuelgo, respiro hondo. Esto es un fastidio.

No hay vuelta de hoja. Y sé que tengo que hacer otra llamada, así que lo hago, como quien se arranca una tirita de golpe.

Ruby contesta al segundo tono. Después de disculparme por llamar después de las seis, le cuento que Sloane no ha aceptado el trabajo.

—¡Oh, no! —dice casi sin aliento—. Pensé que lo haría —su voz sube una octava—. Dios, la vi en el Rancho Halen hace un par de días, y tuve la clara impresión de que aceptaría.

—Por lo visto su jefe le ofreció un aumento.

—¡Maldita sea! —exclama—. Vaya, así es como juegan a veces, supongo.

—Así es. Pero, oye, gracias por intentarlo.

—No hay de qué. ¿Con quién vas a probar ahora? ¿Quieres que me encargue yo?

—¿Estás diciendo que soy malo en esto? —bromeo.

—Pues sí —se burla.

—Ja, ja. Que yo recuerde, tú tampoco has conseguido que Sloane acepte ningún trabajo.

—Vale, me has pillado —se ríe—. Haz la llamada si quieres. Pero avísame si cambias de opinión. Tengo un par de contactos que puedo mover.

—Podrías haberlo hecho con Sloane y no habría perdido el barco —otra broma.

—Adiós, Jacob —resopla.

—Gracias, Ruby —digo de buen humor, y cuelgo.

***