Capítulo 5
Jacob
Cuelgo la llamada con Jessie, nuestra agente inmobiliaria, segundos antes de que Terence y Kobie entren por la puerta. —El edificio está cerrado —anuncio con orgullo.
—Excelente —dice Terence, sonriendo—. El bebé está sano y fuerte, como tenía que ser.
Kobie le lanza una mirada. —O ella.
—O ella —acepta Terence, y luego le da a Kobie un beso casto en los labios.
Después de quitarse los zapatos, Terence se une a mí en la sala de estar, mientras Kobie sube.
Me habla en tono directo—. Ya puse al equipo de allá a encargar toda la maquinaria de fabricación.
No debería tardar mucho, ya que va a ser una réplica exacta.
—Bien. También entrevisté a alguien para ocupar nuestro lugar aquí.
Terence levanta las cejas, interesado. —¿Ah, sí?
—Sí. Ruby me dio el nombre. Es perfecta para el puesto. Con muchas ganas de crecer. Dispuesta a dejarse la piel si el puesto y el sueldo son los adecuados.
—¿Y?
—Va a tomarse un par de días para pensarlo, pero sin pecar de optimista, diría que está en el bote. Es nuestra.
—¿Qué te hace decir eso?
—El instinto. No titubeaba ni se las daba de nada. La reunión fue muy fluida y profesional.
—¿Le ofreciste suficiente pasta, tío?
Le digo cuánto. —Además, le ofrecí un incentivo para después del periodo de prueba. Acciones. Sus padres invierten en bolsa.
—Así que sabe cómo nos va —dice Terence haciendo un gesto con la mano—. Tienes razón. Está en el bote. Nuestras acciones están por las nubes y seguirán así cuando lancemos la nueva línea de productos.
—Seguro —asiento. Luego cambio de tema—. ¿Qué pasa con Kobie? ¿Por qué ha subido? ¿Está bien?
Sonríe. —Está cansada. Ha subido a echarse una siesta. Se quedó frita en el coche. Este crío o la hace comer todo lo que pilla o dormir como una marmota —me da una palmada en la pierna—. Me encanta que siempre te preocupes tanto por ella.
Le lanzo una mirada de «venga ya, no seas ridículo». —Si es que no mataría ni una mosca. Además, es mi cuñada.
Terence sonríe y levanta un dedo. —Lo cual me recuerda. Tenemos que ir a visitar a mamá.
Pongo los ojos en blanco. —¿Otra vez con esto?
—¿Qué pasa, no quieres ir a ver a mamá?
—Joder, Terence. Como si no tuviéramos bastante mierda entre manos.
—Esto es muy «Cats in the Cradle» de tu parte, Jacob. Piensa en cómo se va a sentir mamá cuando se entere de que me casé con Kobie sin que ella estuviera.
—Ese es tu problema —resoplo de buen humor—. No es culpa mía que la dejaras preñada —le doy una palmada en la rodilla para que sepa que solo le estoy tomando el pelo.
—Venga. Iremos este fin de semana.
—Solo si el nuevo edificio no se está cayendo a pedazos.
—No se va a caer a pedazos —se queja Terence—. Tenemos a todo un equipo trabajando en ello, hermano. Te preocupas por vicio.
—Y desde que te casaste, evidentemente, tú no te preocupas lo suficiente.
—Te hace ver la vida de otra manera, tío. Deberías probarlo alguna vez —Terence me da una palmada en la rodilla.
Le lanzo una mirada. —Eso no va a pasar.
—¿Qué? ¿El matrimonio? ¿Los hijos? ¿Nunca vas a hacer eso? ¿En serio? ¿Qué pasa, estás tan obsesionado con el dinero y los negocios que no sentarías cabeza ni aunque apareciera la mujer perfecta? Es algo que hay que vivir, tío. Hazme caso.
Trago saliva, mirándome los dedos. —La mujer con la que debía estar está muerta, Terence. Déjalo.
Se le descompone el rostro. Gira la cabeza y mira hacia otro lado.
En lugar de soltarme una respuesta cortante, simplemente niega con la cabeza y se levanta, alejándose de mí.
Lo veo subir las escaleras hacia su mujer.
Y me pregunto qué iba a decir pero se contuvo.
Se me ocurre gritarle para preguntárselo, pero sé que si Terence hubiera querido decirlo, lo habría hecho, y no tiene sentido.
Además, no quiero hablar de esto. Ni lo más mínimo.
Salina fue la única para mí. Nadie la reemplazará jamás. Ni ahora ni nunca. Terence puede sermonearme todo lo que quiera. Puede restregármelo en la cara también. Me da igual. Solo tuve ojos para Salina. Solo latió mi corazón por ella.
…y lleva muerta una década.
***