Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 54
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CAPÍTULO 54

Cinco minutos más

Cassie

C uando cruzo la puerta del Tide&Toast, Noah ya está ahí.

Me acerco sin dudar y me coloco en la butaca de al lado. Mi hermano sujeta una taza vacía.

—¿Estás intentando arreglar el mundo o estás leyendo los posos del café?

Noah aparta la mirada y señala en dirección a Gillian, que está un par de pasos más allá charlando con unos abueletes que parecen la mar de majos.

—No eres graciosa.

—¡Vaya! —Me llevo la mano al pecho—. Así que hoy nos hemos levantado con el pie izquierdo.

—No te burles de mí, tengo el corazón roto.

Blue se acerca con una jarra de café humeante y llena mi taza hasta arriba y, de paso, también la de Noah.

—¿Qué me he perdido? —pregunta de pronto.

—Mi hermano tiene una crisis amorosa. —Por pura inercia o, lo que es lo mismo, porque estamos todos hasta las narices de escuchar cómo babea por Gillian, mi mejor amiga lleva la mirada hasta ella. Sigue sin darse cuenta de que estamos aquí.

—Ya te he explicado que Gillian sale con todos y con nadie.

—Ese es el problema, que yo no formo parte de ninguno de los dos grupos.

Xavier se deja caer en la otra butaca que hay a nuestro lado, y Blue saca otra taza de debajo de la barra, la coloca frente a él y la llena.

—¿Qué me he perdido? —Ruedo los ojos y procedo a contarle lo mismo que a Blue.

—Deberías dejarlo estar, Noah. Donde no te quieren…

—No termines esa frase —le pide mi hermano.

Sonrío con suficiencia porque puede que Noah bromee mucho y tenga pullas para dar y regalar, sin embargo, nadie puede negarle que esté loco por esa chica.

¿Y qué hago yo? En fin, pues ser de esa clase de hermanas que, en vez de darle un par de palmaditas, pronunciar un par de frases de esas que lees en novelas de autoayuda y ofrecerle mi hombro para llorar, recuerda cómo hace semanas, justo antes de que Ash viniese a cenar a casa, me la lio y cómo prometí que me vengaría por ello.

«Con esfuerzo y con paciencia, se alcanza toda la excelencia».

—¡Oye, Gillian! —grito.

La susodicha alza la cabeza y me mira. Cuando se da cuenta de que estoy saludándola se despide de los abuelos y se acerca a nosotros.

—¿Se puede saber qué haces? ¿No se supone que tienes que estar llorando por las esquinas porque te has quedado sin novio y sin trabajo? —pronuncia Noah.

Eso, muy bien, tú échale más leña al fuego.

—No me he quedado sin novio, solo estamos…

—¿Separados? —termina la frase Xavier por mí.

—Separados porque teníamos cosas que poner en claro antes de entregarnos a…

—¿Al fornicio? —interviene Blue sonriendo como si no hubiese hecho un comentario cochino delante de mis hermanos.

—Eso también.

Me alzo de hombros porque… ¿Qué más da?

—No quiero que hablemos de eso. Estoy empezando a superar esa fase y no es necesario abrir viejas heridas —apostilla Xavier con actitud despreocupada.

—¿Qué heridas? —pregunta Gillian.

Recoge la taza de Noah y le tiende una nueva. Mi hermano le sonríe. Babea tanto que me da hasta vergüenza ajena.

—Las del corazón de mi hermano —suelto sin más.

Todos clavan la vista en mí a la vez que yo señalo a Noah.

—¿Qué? ¡No! No soy de esa clase de tíos, Gillian, soy un hueso duro de roer. Soy machoman . Una roca. Una fiera…

—Y lloriquea como una nenaza porque no le conseguí unas entradas para los Wild Warrior cuando trabajaba con ellos.

—¿Te han despedido? —¿Por qué tiene que pensar eso? ¿Acaso no puedo largarme yo?

—Lo he dejado.

—¿Por qué has hecho eso?

—Por principios.

No necesita más información, al menos, no hasta que forme parte de la familia. Si es que eso sucede en algún momento…

—A lo que vamos —retomo el tema en cuestión.

Noah está tenso, y Blue se ha apoyado en la barra.

Creo que alguien la llama, pero ella se limita a alzar la mano y a pedir que se callen porque «esto es lo único que me da vida».

Sí, esas han sido sus palabras y eso que no le he contado mi plan.

En resumidas cuentas, porque lo estoy improvisando—.

¿Qué vas a hacer el viernes por la noche?

—¿Quieres que salga contigo? No sabía que fueses de esas.

Ni siquiera me voy a molestar en preguntar a qué clase «de esas» se refiere porque no quiero explicarle lo que me gusta, al menos, hasta que forme parte de la familia.

—No, lo siento, no estoy disponible, aunque, ¿sabes quién sí lo está? —Noah se yergue como si supiese que algo bueno va a suceder—. Xavier. —Señalo al hermano equivocado.

—¿Cómo? —Noah se gira y apuesto lo que sea a que se disloca el cuello en el proceso.

—¿Cómo? —repite Xavier, que no entiende cómo es posible que se haya visto envuelto en esto.

—¿Estás loca? —insiste Noah.

—Eso por meterte conmigo.

—Mmmm. —Gillian parece pensarlo, y mi hermano, del que me estoy vengando, se tensa.

—Lo siento —murmura—. Lo siento mucho. A partir de hoy me comportaré y seré un hermano ejemplar…

¿Cómo de mal está que disfrute de este instante? Dejadme. Solo un poco más. Un poco más. Un poco más.

Ya vale.

—Es coña. Gillian, resulta que Noah, este chico de aquí, es tierno y también es un poco gilipollas, pero, oye, la perfección no existe. Yo pensaba que Asher Maddox era un niño mimado y un imbécil, y entonces llega el día en que te das cuenta que no es así y que las apariencias engañan.

Gillian se está partiendo de risa, que conste.

—Como mediadora emocional eres la peor —agrega Noah.

—Calla, lo está haciendo bien —contrataca Gillian.

—Puedes seguir insultándome, pues.

Yo asiento satisfecha.

—Estamos cansados de que le des largas porque este tío te adora. Suspira por ti, besa el suelo por el que pisas, hasta sucio, si se diese el caso, y…

—Le ha quedado claro —interviene Xavier.

—Me ha quedado claro —ratifica Gillian sin dejar de observar a Noah.

Tengo la sensación de que lo estuviese viendo por primera vez, la verdad.

—Y quiere salir contigo, solo para demostrarte que puede ser muchas cosas.

—Muchísimas cosas —acota Noah, que cada vez está más emocionado. Si me esfuerzo un poco, lo veo levitar y todo.

—Y yo quiero dejar de reírme de él porque le das calabazas.

—Eso no es verdad —intercede Blue—. Quiere reírse de él, pero cuando esté contigo.

—Cierto. —Señalo a mi amiga, que alza la mano y chocamos los cinco—. Así que te agradecería que le dieses un par de citas porque con una no se llega a conocer a una persona. —Noah alza las cejas y sonríe enseñando encías. Porque se está viniendo arriba básicamente.

—Mmmm.

—Dile que sí, mujer —la anima Blue—. ¿No ves que es como un gatito?

—Oye, tampoco os paséis, que yo soy como un león aquí donde me veis.

—Vale. Hecho. Una cita. O dos. Si te portas mal…, puede que incluso tres.

Blue aplaude. Yo sonrío, y Xavier me guiña un ojo.

Cuando Gillian se marcha, Noah se levanta.

—¿Qué pasa? —pregunto aturdida.

—Creo que me he meado encima de los nervios. Joder, hermanita, ven aquí. —Abre los brazos, y yo, por si acaso, le miro los pantalones.

Vale, no hay líquidos raros. Y me lanzo a por todas.

—Joder, eres la mejor del mundo.

Me separa y se marcha hacia la puerta.

—¿A dónde vas? —pregunta Xavier.

—A depilarse los huevecitos —susurra Blue, y yo suelto una larga carcajada. Xavier no entiende la broma y no pregunta, cosa que agradezco.

—Voy a enviarle un mensaje a Ash para contárselo.

—¿A Ash? —O sea, ¿perdona?—. Claro, es mi cuñado, me ha dado entradas y tendré que pedirle una más para poder ir con Gillian mañana. Xavier, lo siento, tendrás que ir por tu cuenta —le explica.

Mi hermano se lleva las manos a las sienes y se las masajea.

—Soy el único en esta familia al que le funcionan las neuronas.

—Eso es porque no estás enamorado —suelta Blue, que le tiende una magdalena de chocolate.

Noah desaparece por la puerta sin mirar atrás, y yo sigo procesando el tema.

—¿A Ash? —insisto.

Xavier se encoge de hombros, y Blue asiente mientras da un mordisco a la magdalena que le ha robado a mi hermano.

—Por los romances imposibles y los finales felices e inesperados.

—Amén —susurro y damos el primer mordisco sincronizado de la tarde.