Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 50
86%

CAPÍTULO 50

La terapia de choque

Cassie

—Diddy, el enfado no lleva a ninguna parte —me recuerda Blue.

Es la cuarta vez que pronuncia esa frase mientras me paseo de izquierda a derecha y viceversa por el salón de su casa. Es tan minúscula como la mía, pero al menos la suya tiene mucha más luz.

—Es que no me puedo creer que haya permitido que lo traten así, Blue.

Si lo hubieses visto. Parecía… —Mastico la amargura de mis pensamientos—.

Parecía tan solo, tan vulnerable, tan roto…

Aguantaba cada cachetada que le daban y lo hacía con entereza.

Ahora lo entiendo todo, joder —farfullo—. De verdad que lo entiendo todo.

«Es porque piensa que se lo ha ganado. Como si cada golpe equilibrara algo que lleva dentro desde hace años».

—Me alegra que hayas dado la cara por él.

—Es que no entiendo que nadie lo haya hecho. Ni siquiera su hermano. —Freno mis pasos y alzo el dedo índice—. Y, créeme, con él también arreglaré cuentas porque… —Maldito cabezota.

—Diddy, el enfado no lleva a ninguna parte.

Que no, dice.

—No puedo creer que me digas eso. Blue, tú no. Tu eres de las que golpea primero y pregunta después. La pacífica de la relación amistosa que hemos forjado durante estos años he sido yo. Tú…, tú eres puro fuego. Yo, la chica buena, y tú, la chica mala, ¿lo recuerdas?

Mi amiga asiente y me regala una sonrisa.

—Tienes razón, sin embargo, mi función como mejor amiga y hermana de no-sangre, es intentar calmarte porque temo por la vida de todas esas personas.

—Le han hecho daño, tú no lo viste, Blue. Tú no fuiste testigo de cómo lo trataban y de que nadie, absolutamente nadie, dio la cara por él. Y lo peor…, lo peor es que cree que no se merece que lo cuiden.

»Y he dejado de creer en la bondad de las personas, ¿vale? Porque esos… esos… Es que estoy tan enfadada que no sé ni cómo llamarlos.

—Sacos de mierda —apunta Blue, que se dirige hacia la cocina en busca de provisiones.

Los hidratos de carbono no van a resolver esta crisis, pero, oye, sí que van a ayudar un poco.

—Estiércol de mono —interviene Juniper desde el sofá.

—¿Tú no estabas atenta a la tablet ? —pregunto.

Se alza de hombros.

—Me gusta enriquecer mi léxico —susurra ella.

Una niña de seis años, vale. ¡Seis años!

—Estás criando a un monstruo. —La señalo, y Blue parece demasiado satisfecha con ello. Yo también, ¿para qué negarlo?

—Venga, a la cama. —Blue apunta hacia la habitación—. Yo iré en un rato y te ayudaré a leer un poco, ¿vale?

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometemos. —Me apunto porque de aquí no me va a mover nadie. Soy como el Titanic en el fondo del mar: inamovible.

La pequeña sale de la estancia y se cuela en su habitación. Tras haber cerrado la puerta, Blue me lanza un paquete de galletas rellenas de crema y no me molesto ni siquiera en darle las gracias. Me meto dos en la boca y porque no me cabe una tercera para poder seguir hablando.

—¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer ahora?

Sacudo la cabeza.

—No lo sé, es decir… No lo sé. —Porque ni siquiera he sido capaz de poner mis ideas en claro.

Estoy tan disgustada con este asunto que me duele el alma solo de pensarlo—.

Me fui de allí y lo dejé plantado, Blue.

Me arrepentí al instante porque, en fin, todo el mundo lo abandona y yo también lo hice. ¿En qué me convierte eso?

—¿En humana? —Niego poco convencida porque de veras que no lo estoy en absoluto—.

Escúchame, Diddy. Ya está bien, ¿vale? Eres una persona que siente y tienes derecho a mostrar tus emociones.

Estabas frustrada, enfadada y realmente hasta los cojones de lo que había pasado allí dentro y no es que no me caiga bien porque, de veras, adoro a Asher.

—¿Lo adoras?

—Lo adoro porque estás enamorada de él. —Abro los ojos, ¿tan transparente soy que se ha dado cuenta?

Es evidente que sí, ¿qué más da? Es la verdad—.

Y ese no es el tema. Lo que quiero decir es que es perfectamente normal que no actúes siempre de una forma adecuada porque no somos robots entrenados para seguir el guion marcado.

Somos personas y las personas se equivocan.

Unas más que otras, no tengas dudas de ello.

—Asiento porque eso es cierto—. Y no pasa nada.

Solo…, solo tienes que tener valor para enfrentarte a las cosas y para resolver los problemas, y no hay nadie que sea más valiente en ese cometido que tú.

Les plantaste cara, joder, allí, frente a toda la junta directiva y al resto del equipo, los pusiste en su sitio.

Si yo fuese Asher, estaría ahora mismo empotrándote contra cada pared de la casa.

—Me ruborizo porque eso ya lo hemos hecho—.

Y eres una cochina porque tu mirada confirma mis palabras y no me llamaste para contármelo.

—Lo pillo.

—Lo que tienes que entender es que no importa lo que haya sucedido, lo que de verdad importa es cómo vas a solucionarlo.

—Tiene miedo, Blue. Tiene miedo por él y por mí, lo sé. Allí, en esa mesa, cuando ambos estábamos sentados, notaba cómo se rendía, como asumía que no merecía nada…

«No es que no necesite a nadie, Cassie. Es que cree que no merece a nadie».

—Bueno… —Mi amiga se alza de hombros como si esperase justo esa respuesta—.

¿Y? Llegamos a este mundo sin saber lo que nos vamos a encontrar.

Sin entender que el camino en ocasiones va ser fácil y otras tantas va a estar lleno de altibajos.

Nos pondrán la zancadilla, nos empujarán al barro, nos caeremos y nos dolerá, y, créeme, nada de eso es agradable.

Y, sin embargo, en ese camino aprenderemos que no importan todos los golpes que nos den porque nosotras nacimos para levantarnos —asevera con esa firmeza suya que siempre logra calarme hasta los huesos—.

Para limpiarnos el barro, escupir la rabia y seguir andando.

Porque si algo tienes tú, Diddy, es que no sabes rendirte.

Ni siquiera cuando todo dentro de ti te grita que lo hagas.

Sus palabras me desarman.

—¿Desde cuándo te has vuelto tan filosófica?

—Desde que mi amiga está enamorada, y yo me alegro por ella. Y desde que odio las putas injusticias de la vida —concluye alzando la voz para remarcar estas últimas palabras.

Me levanto de un salto y me lanzo a sus brazos. Blue me recibe como si lo esperase, porque esta es nuestra mejor medicina. Porque con ella todo es mucho más sencillo: mis pensamientos, mis inseguridades, mis miedos…

—Van a intentar hacerte daño, lo sabes, ¿verdad?

—Pueden intentarlo —le aseguro—. No les tengo miedo —garantizo.

—Ahí está mi amiga.

—¿A que parezco una malota? —le pregunto entre risillas.

—No —niega Blue con su mandíbula sobre mi cabeza, no puedo verla, pero sí que percibo su tono—. No eres malota, de hecho, eres la mejor persona que conozco y, oye, tengo el lujo de que seas mi hermana. En el reparto de familias, me ha tocado la más guay —me explica.

Me separo y nos miramos unos segundos. Ambas sabemos a lo que se refiere porque su familia y la de Ash no es tan diferente.

A Blue no la trataban mal, simplemente no la trataban.

No era importante, no significaba nada hasta que dejó de existir.

Y aprendió que lo mejor era poner distancia y alejarse de eso que le hacía daño.

—Me alegra que ellos ya no estén —susurro—. Me alegra que puedas ser feliz.

Mi amiga asiente y el brillo de su mirada me dice que ella siente lo mismo, aunque haya sido difícil de asimilar.

—Ash también sabrá alejarse, y nosotros nos convertiremos en su familia.

—¿Incluso Xavier?

—No vayas tan rápido.

Se me escapa una carcajada.

—¿Sabes? —Me pongo en pie—. Creo que ya sé lo que voy a hacer.

—¿Debo pedir un préstamo para pagar tu fianza?

Ladeo la cabeza y me alzo de hombros.

—No habrá derramamiento de sangre si eso es lo que te asusta.

—¡Oh, qué pena! —Se lleva la mano al pecho y suelto una carcajada.

Y ese es el poder de la amistad: entender que una conversación puede cambiarlo todo.

Que no hace falta tener todas las respuestas ni prometer soluciones imposibles, porque a veces basta con estar.

Con escuchar sin juzgar, con tender una mano cuando el mundo parece un sitio demasiado vacío y sin vida.

Blue no me ha salvado, no lo necesita. Sin embargo, me ha recordado quién soy cuando lo olvido.

Eso hace una amiga, una de verdad, te devuelve el reflejo cuando tú ya no te reconoces.

Te recuerda que eres fuerte, incluso cuando estás temblando.

Que no necesitas demostrar nada, solo seguir siendo tú.

Nos miramos otra vez sin añadir nada y siento esa calma cálida que solo ella puede darme. Es como si el silencio entre nosotras hablara en un idioma que nadie más entiende. Y pienso que, si alguna vez todo se derrumba, siempre quedará esto. Ella, yo y la certeza de que no estamos solas.

Porque el amor puede romperte, pero la amistad…, la amistad te cose con puntadas pequeñas y certeras. Te reconstruye con paciencia, con risas y con la clase de lealtad que no pide nada a cambio.

—¿Mamá? —Juniper asoma la cabeza por la puerta—. ¿La tía Cassie y tú habéis terminado de hablar de Ash?

Suelto una risilla, y Blue pone los ojos en blanco.

—Eso parece.

—¡Vale! —Aplaude—. Pues quiero un cuento. Y uno de amor. Porque algún día yo también me casaré con un imbécil que no es tan imbécil como vosotras decís. Sois unas mentirosas. —Nos señala justo antes de meterse en la habitación.

—Sabes que esa niña va a dominar el mundo, ¿verdad?

—Cuento con que le prenda fuego al mismo.