CAPÍTULO 33
Ya está bien
Cassie
M e adelanto y me cuelo de nuevo en la estancia.
Asher se ha quedado atrás y se lo agradezco.
De verdad que sí, porque estoy perdiendo el control sobre mis pensamientos.
Sobre mí misma. Sobre mí misma con él. Intercambio una breve mirada con Blue, que está apoyada en la encimera de la cocina, con las manos descansando en la misma y tamborilea los dedos sobre la madera.
Sé lo que está pensando y sé que esto no se va a quedar así.
Salvo ella, todos comienzan a moverse fingiendo no haber estado escuchando la conversación, aunque sabemos que eso es justo lo que ha sucedido.
—Y, bien, ¿en qué puedo ayudar? —pregunta Ash.
Su voz suena calmada, tranquila, como si segundos antes no hubiésemos estado tocándonos y él no se muriese por besarme de la forma en la que yo lo hago. Respiro una vez más y ahí está, la sonrisa petulante de mi amiga y su guiño de ojo, ese que no me tranquiliza en absoluto.
Mi madre niega en un par de ocasiones.
—Cocina bien, abuela. Es el chico guapo de la sopa riquísima —señala Juniper, esa niña parece encantada de haberlo conocido.
—La mía está mejor —apunta Blue.
—Claro que sí, mamá. —Juniper se mete el dedo en la garganta mientras se aparta de donde estaba, se da la vuelta para sacar el agua de la nevera y finge vomitar.
—Te estoy viendo.
—No puede ser, estás de espaldas.
—Me acabas de confirmar que hacías una mueca, renacuaja.
—Jopetas, mamá, ¿por qué nadie me ha explicado que tiene ojos en la nuca? —nos pregunta a todos.
Asher se acerca y se agacha frente a ella hasta que sus ojos se encuentran.
Blue tiene la puerta de la nevera abierta, mis hermanos ya no están chinchándose, mi padre está a medio camino de colocar los platos en la mesa y mi madre tiene una cuchara de madera en la mano dispuesta a remover el estofado de ternera que ha preparado.
Y todos han dejado de hacer sus cosas para centrarse en esos dos.
Incluida yo.
No, yo todavía más.
—Te entiendo, Juniper —le susurra y se me eriza el vello de los brazos, el de la nuca y hasta el del bigote—.
¿Ves a esa chica de ahí? —Me apunta a pesar de que no aparta la mirada de esa niña—.
No hay forma de huir de ella, es capaz de adelantarse a todos mis movimientos y le encanta fastidiarme.
De hecho, creo que disfruta cada vez que me estropea la diversión.
Aparta la vista y la clava en mí y, si estuviésemos en otro lugar con menos personas, es probable que, por esa simple forma de mirarme, me temblasen las piernas. Lo que todavía lo empeora más es que añade un guiño, e inspiro con fuerza.
—La tía Cassie es un poco cabrona, eso es verdad.
Ash suelta una carcajada profunda y se me escapa un suspiro. ¡Un suspiro! El coraje por el adjetivo utilizado ni siquiera ha tocado la puerta, simplemente ha pasado de largo porque la carcajada lo ha eclipsado todo. Bajo mi punto de vista, estoy metida en un buen lío.
Blue casi ahoga un gemido, y mis hermanos… idolatran a esa niña. Si hasta veo cómo se les hincha el pecho lleno de orgullo.
—¿Qué clase de modales son esos, Juniper? —Blue cierra la puerta de la nevera y se acerca a ella dejando la jarra de agua fría sobre la mesa, justo delante de Noah.
La arrastra fuera de la cocina mientras escucho cómo la pequeña le explica que no es nada malo decir la verdad, que las mentiras están mal y que ella misma ha soltado alguna vez que soy una cabrona.
Me encantaría ver cómo mi amiga sale de esa, cuando ella sola se ha metido en el barro y se ha llenado de fango.
Asher, por el contrario, se incorpora y se acerca a mi madre.
Le pide instrucciones y las sigue al pie de la letra y sin rechistar.
No solo eso, sino que, además, mi madre lo anima y lo halaga otorgándole el mérito de quien acaba de lograr la mayor hazaña culinaria con una simple ensalad a .
Ya veis, así están las cosas. Yo, por el contrario, he tomado asiento al lado de mis hermanos.
Noah ha apoyado una mano en el respaldo de mi silla y se ha inclinado hacia mí. Xavier también, solo que girando al completo el cuerpo, con lo cual puede observarnos a su antojo.
—Estás coladita por él, ¿a que sí? —suelta Noah con la misma naturalidad de quien te da la hora. De hecho, lo ha formulado como una pregunta, pero estoy casi casi convencida de que ha sido más bien una afirmación.
—Baja la voz —le pido llevando los dedos hasta sus labios—. ¿No te das cuenta de que te puede escuchar?
—Bueno… —Se alza de hombros—. Estoy bastante seguro de que es recíproco —sentencia él.
—Claro, mi hermano ahora es un especialista en emociones. O un clarividente sentimental —ironiza Xavier, que se ha cruzado de brazos—. No es buena idea, Cassie.
—No quiero hablar de este tema. —Sobre todo, porque ese chico en cuestión está presente.
—Pues resulta que nosotros sí. Al menos yo, porque está claro que ese de ahí ya se ha dejado comprar por un par de entradas —insiste el matón del tres al cuarto.
—Y apuesto a que de las buenas —sentencia Noah, que le pone ojitos a la espalda de Asher.
Y menuda retaguardia, majas.
—Vamos a pasar una noche tranquila. A cenar sin meternos en problemas y a dejar de pensar y ver cosas donde no las hay —convengo—. ¿Me habéis escuchado?
—Claro —responde Noah acelerado.
—Solo una última cosa, Cassie, y de verdad que lo digo por tu bien.
Ese chico solo se mete en líos, los atrae, y tú siempre siempre has sido una buena chica.
Responsable, con la cabeza sobre los hombros…
—Escucho cómo pronuncia muchas más cosas y en otras circunstancias todas ellas habrían tenido mi aprobación.
Todas. En cambio, aquí estoy siendo partícipe de lo que dice de Asher y siento cómo me enciendo poco a poco.
Le coloco la mano en el muslo, me acerco a él y acerco los labios a su oído.
—Xavier, de verdad, eres mi hermano y te adoro.
Sin embargo, ya está bien, ¿me entiendes?
Porque no estamos hablando de un perro, así que no te refieras a él como tal.
Es una persona. Tiene sentimientos. Y se merece un respeto.
Sobre todo, si quieres seguir contando con ese mismo respeto por parte de tu hermana.
Dicho esto, me levanto y me siento al otro lado de la mesa, lo más lejos posible, porque en este instante no me siento nada cómoda con ellos, sobre todo con Xavier, porque está sobrepasando una raya que nadie le ha dado permiso para cruzar.
Sí, soy su hermana pequeña y sí, sé que lo hace por mi bien, ahora bien, hay una fina línea entre comportarse como un hermano sobreprotector a como un cromañón sin cerebro ni neuronas.
Y yupi por él, porque ha conseguido formar parte del segundo grupo.
La mano de Ash se coloca sobre mi nuca y ese simple contacto electrifica todo a su paso. A mí a su paso.
—¿Estás bien? —pregunta.
Echo la cabeza hacia atrás y me encuentro con su piel llena de tatuajes, desde aquí se ven de otra forma. Es incluso artístico. Casi catártico.
—Bien, ¿y tú?
Me sonríe desde arriba y entonces clava la vista en mi hermano. Me tenso de nuevo y ya no necesita más información para confirmarle que algo sucede y que viene desde el bando de enfrente.
Mi madre lo llama y regresa sobre sus pasos tras acariciarme la nuca con ¿ternura? Dios, estoy interpretando las caricias, no puede haber nada peor que eso.
Cuando vuelve, trae consigo el bol de ensalada y se sienta a mi lado sin pensárselo dos veces. Juniper y Blue también entran, y todos tomamos asiento. La pequeña, al lado de Asher, y Blue al mío. Tras palmearme el muslo, alarga la mano para comenzar a servirse y a comer.
—¿Qué? —pregunta con la boca llena de tomates aliñados—. A ver si os pensáis que puedo comer con calma mientras trabajo —niega y suelta el tenedor—. Tengo el motor acelerado y supongo que es por eso —explica.
—¿En qué trabajas? —curiosea Asher.
—En todo lo que puedo —resuelve ella sin pudor alguno—. Trabajo en una cafetería que hay cerca del estadio de los Wild Warriors por el día y varias noches a la semana me ocupo de un cáterin.
Asher alza una ceja con curiosidad.
—¿Una cafetería? ¿Cuál?
—Tide&Toast.
—Ah, vale, sí, sé cuál es. He pasado varias veces por delante. Nunca me he parado. La verdad es que intento pasar desapercibido —explica con total naturalidad.
Y así, manteniendo este tipo de conversaciones, no parece un jugador de hockey famoso, solo un amigo más.
—Los chicos tienen la tradición de ir después de cada partido en casa al Slam Dunki Deli.
Asher asiente confirmando mis palabras.
—Allí pasamos desapercibidos, y Lenna ya nos conoce. Nos tiene reservada la mesa incluso.
—Pues nosotros servimos los mejores desayunos del mundo —le cuenta Blue con entusiasmo y da la sensación de que disfruta de su trabajo de veras—. Podrías pasarte un día. Cassie también va mucho por allí.
Xavier gruñe a modo de respuesta, y yo chasqueo la lengua.
—Gracias por la invitación.
—Nada de fijarte en Gillian —le advierte Noah, que también ha comenzado a comer.
Mi madre ha repartido todos los platos y la cesta con el pan va pasando de mano en mano hasta que cada uno tiene una rebanada enorme con la que poder mojar la salsa. Sin lugar a dudas, lo mejor es la salsa.
Asher coge dos y deja una al lado de mi plato antes de dársela a Blue.
—Cállate, Noah —lo reprende Blue.
—Gillian es mi futura mujer —insiste él con esa actitud indiferente que no revela preocupación alguna.
—Mi hijo está enamorado de un imposible —esclarece mi padre.
Me tenso de pronto porque, en fin, parece que en esta familia nos gustan los imposibles, sí.
—Es mayor que él —le explico.
—No es tan mayor —contrataca y me señala con el tenedor—. Además, la edad es solo un número, ¿a que sí, Asher? ¿Puedo tutearte? —A buenas horas pregunta eso—. Por supuesto que puedo —responde para sí y entonces se llena de nuevo la boca.
—¿Y tú? ¿Tienes novia? —Me tenso una vez más solo que esta vez por culpa de mi madre.
Asher se ríe y coloca la mano justo sobre mi muslo. Doy un respingo, y Xavier se da cuenta, baja la vista y apuesto lo que sea a que quiere mirar por debajo del mantel solo para comprobar si ese chico está sobrepasando los límites morales en una cena en familia.
Aparto la mirada porque estoy realmente enfadada con él y su actitud de mierda.
—No, nada, señora Caldwell.
—Llámame Maddie, si ya somos como de la familia.
Toso y es Blue la que me tiende un vaso de agua.
Sabía que iban a hacer preguntas indiscretas y comentarios fuera de lugar, pero, de verdad, no me había preparado para esto.
—Mamá —le advierto.
—¿Qué, cariño? Estamos compartiendo una cena, es encantador…
—De serpientes —rumia Xavier, y Asher se ríe. Se ríe, joder.
—Xavier —lo reprende mi padre.
—No pasa nada, lo entiendo —apunta Ash a mi lado y aprieta la mano que tiene sobre mi muslo.
No hay nada sexual en ese gesto y, sin embargo, yo lo siento como una caricia que va más allá del simple consuelo.
Algo íntimo, algo propio de dos personas que se gustan y que no pueden tener las manos apartadas del otro—.
Ya sé que mi reputación me precede y no pasa nada.
—Pues sí, en eso tienes razón. Tu reputación te precede —suelta mi hermano, que ha visto esto como la forma en la que increpar a nuestro invitado.
—Xavier —intercedo yo en esta ocasión.
—Por ti —me dice—. Porque te quiero —suelta de nuevo—. No le hagas daño. —Esta vez la frase no va dirigida a mí, sino a el chico que tengo a mi lado.
Y lejos de apartar la mirada, la mano o de obviar el comentario, simplemente responde.
—Puedes estar seguro de que nunca jamás le haría daño. Ella no se lo merece. Y yo no me merezco a alguien como ella.
Por si no lo habéis escuchado, ese crac que suena es mi corazón, un poco más roto, un poco más hecho trizas por alguien que, sin pretenderlo, acaba de desarmarme con la única frase capaz de derribar todas mis defensas.
Y lo peor —o lo mejor, según cómo se mire— es que le creo. Le creo con cada maldito latido que me queda intacto .