Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

Se avecina tormenta

Cassie

L a situación está de la siguiente manera, para que os hagáis a la idea y empaticéis conmigo, ya puestos.

Estoy recorriendo los escasos metros que separan la carretera en la que Asher ha aparcado una camioneta —insisto, una camioneta y no un Ferrari o un Maseratti o una cosa de esas caras de narices e imposible de pagar por una humana como una servidora— y me siento como si la invitada estrella de la cena fuese yo.

En cambio, el chico que camina a mi lado lo hace con una actitud del todo despreocupada e, incluso, irreverente.

—Escucho cómo le das vueltas a la cabeza desde aquí, Cassie.

Doy un paso al frente hasta que me sitúo justo delante cortándole el paso. Asher se detiene y me observa.

—Vale —inspiro y me armo de valor—. No somos una familia convencional.

Alza una ceja, eso no ayuda porque está tan guapo que me da asco. No, no me da asco, me provoca otras cosas excepto eso.

—¿Sois caníbales?

Abro los ojos a causa de la sorpresa.

—¿Qué clase de pensamiento carente de lógica es ese, Ash?

Me sonríe con suavidad.

—Yo qué sé. —Se alza de hombros—. Entre lo nerviosa que te noto, y tus últimas palabras…, me espero a una jauría de lobos tras la puerta.

Ruedo los ojos una vez más porque está más que claro que este chico normal lo que se dice normal no es.

«Va a encajar a la perfección».

Maldito sea mi subconsciente.

—Hablo de que somos de lo más raros. Ellos —digo mientras señalo la puerta de mi casa— son de lo más raros porque yo no.

—Le sonrío con amplitud y finjo ser un angelito caído del cielo.

Ash hace por moverse y doy un paso para volver a cortarle el paso—.

Van a hacerte todo tipo de preguntas y muchas de ellas de lo más comprometidas.

Puede que mi hermano Xavier te amenace de muerte antes siquiera de haber cogido el pan y quizá Noah…

—¿Noah?

Sí, ya lo he mencionado y sí, fue justo antes de que me besase hasta perder el sentido. Porque parece que eso es lo que sucedió.

—Es mi hermano. Mi otro hermano.

La media sonrisa se convierte en un gesto lleno de condescendencia.

Suspiro de nuevo y es entonces cuando me coloca las manos en los brazos y me aprieta un poco con ellas.

—Si quieres que me vaya, no tengo problema, Cassie. De verdad, no quiero que te sientas incómoda con mi presencia. De hecho, no quiero que te sientas incómoda esté yo o no lo esté, ¿me entiendes?

Me quedo perpleja ante sus palabras porque es cierto que conozco a ese Ash que siempre tiene una pulla que lanzarme, también el provocador y el sarcástico, pero ¿el tierno? Madre mía cómo me gusta el tierno.

—No, no. —Esta es la respuesta que tendría que darme mi cabeza al anterior comentario y, en fin, aquí estamos.

Apuesto a que babeo por él. Internamente, quiero decir.

—¿Estás segura?

¿De qué hablamos ahora?

—Quiero que estés aquí —lo digo en serio, a pesar de que puede que todo esto esté mal y que durante semanas me repitiese que no debería relacionarme con él más allá de lo profesional.

Fuera de eso, es una persona y tiene sentimientos, y yo…, yo quiero que esté aquí de veras. Porque algo tira de mí hacia él…

—Pues, entonces, vamos allá. —Me suelta y se coloca a mi lado.

Me posa la mano en la parte baja de la cintura y, a pesar de que llevo varias prendas de ropa, todas ellas dejan que el calor de su tacto se filtre como si no hubiese nada que se interpusiese entre mi piel y la suya.

Saco la llave del bolsillo trasero y abro la puerta.

Lo primero que se escucha es el alboroto en la cocina, seguido de música y no necesito mucho más para saber lo que se cuece.

—Todavía estamos a tiempo de huir —le propongo.

Asher obvia mis palabras y se adelanta solo para demostrar que de cobarde no tiene ni un solo pelo.

Lo sigo, aunque más bien podría decirse que me escondo tras él. De verdad, ¿se puede ser más patética? No respondas, gracias.

Cuando llegamos, mis padres están en medio de la cocina bailando. Están compenetrados y se mueven con una agilidad y una gracia pasmosa. Noah alza la cabeza y los señala.

—Llevan así un rato.

Siempre me dice eso.

—¡Cariño! —grita mi madre sin dejar de moverse al son de la música y al de mi padre.

—No preguntes —le susurro.

Noah es el primero en acercarse porque puede que este chico sea el invitado, pero, en esta casa, lo primero es lo primero y el baile es sagrado.

Asher le tiende la mano, y él ni lo mira.

—Hermanita —susurra y me abraza—. Estás muy jodida —murmura solo para que yo lo escuche, aunque estoy más que convencida de que Ash también lo ha hecho.

Pasa de nuevo por su lado y lo deja ahí plantado.

—No seas maleducado —lo reprende mi madre. Ya han acabado y han apagado el tocadiscos—. Saluda, Noah.

A regañadientes, lo hace.

—Si no hay entradas, no hay saludo.

—No te he educado para que te comportes de esa forma. —Y le da una colleja—. Saluda.

Me avergüenzo por momentos.

—Puede ser y es más que probable que mi hermano quiera pedirte unas entradas —le cuento.

Noah se acerca y le tiende la mano. Asher la estrecha y le sonríe.

—¿A qué partido quieres asistir? Tengo un pase fijo para la familia o amigos. Normalmente no va nadie. ¿Quieres usarlo tú? —le pregunta sin rodeos.

Mi hermano se corre en los pantalones. No literal, a ver, entended el concepto.

—¿Hablas en serio?

—Muy en serio.

—¿Y por qué no va nadie? —pregunta.

Mi madre lo empuja y se coloca enfrente. Me hubiese gustado que respondiese a esa pregunta. ¿Por qué? ¿Por qué no va nadie?

—Soy Maddie Caldwell, la madre de Cassie. Este es mi hijo, Noah, y mi marido, Carson. Es un placer conocerte por fin. —¿Por fin?—. Cassie nos ha hablado mucho de ti.

—Eso no es verdad —me defiendo.

—Oh, sí que es verdad. Ha dicho en muchas ocasiones que eres un imbécil —susurra Xavier, que llega justo a tiempo.

—Y también que eres feo como una nevera por detrás, pero lo cierto es que no lo eres. —Juniper hace su entrada estelar.

¿Hay alguien más que quiera lanzarme un dardo envenenado?, ¿no?, ¿seguro?

—No quieras saber lo que me ha contado a mí —suelta Blue, que entra y va directa a los brazos de mi padre.

—Bueno, ahora que estamos en confianza… —rumia Ash—, debéis saber que Cassie es bastante intransigente. Es pequeña, pero matona.

Todos en la cocina guardan silencio porque es evidente que nadie esperaba esa respuesta por su parte. La idea era intimidarlo, no hacerlo más fuerte. Está claro que es resolutivo fuera y dentro de la pista.

El coro de risas se hace eco en la estancia. Hasta Xavier parece orgulloso de lo que acaba de pronunciar y sus ansias de sangre disminuyen por momentos.

—Eres un imbécil —le susurro.

—Gracias, Fierecilla. —Me la devuelve en voz baja.

—Soy Xavier —se presenta.

—¡Xavier! —grita Noah—. Nos he conseguido entradas para un partido. Este tío me cae bien. —Lo señala como si no estuviese presente.

—¿Qué?

—Tengo un par de pases —explica Ash mientras se adentra más en la cocina y comienza a remangarse la camisa. A la vista van quedando los tatuajes, y arranco a contar a ver cuánto tarda mi madre en preguntarle en qué cárcel se los hizo y por qué delito lo condenaron—. Podéis usarlos sin problema.

—¿Ves, hermanita? Podemos usarlos sin problema.

Me adelanto otro par de pasos.

—Que sepas que le había pedido entradas a Donahue.

—¿Al entrenador? —pregunta Ash estupefacto. Asiento—. ¿Por qué?

Bueno, en fin…

—Porque pensé que… —Que no te caía bien. Porque no quería molestar. Porque no significo nada y eres la estrella del equipo. Nadie en su sano juicio le pide entradas a la estrella del equipo porque es evidente que la respuesta va a ser negativa.

—¿Qué pensaste? —Niego.

—Es una tontería.

Bajo la vista, y entonces Asher me arrastra fuera de la cocina.

—¿Qué haces?

—Dadnos un segundo —les explica. A ellos. No a mí…

—Oh, oh. Creo que a la tía Cassie le va a caer una bronca.

—Yo espero que le dé unos azotes —murmura Blue.

Y sí, si no tenía suficiente tormento, ahora se avecina tormenta.