Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 28
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CAPÍTULO 28

Cual ave rapaz

Cassie

A bro la puerta de casa de mis padres con Juniper de la mano. Blue nos ha dejado aquí y se ha marchado directamente a la cafetería. Llegaba cinco minutos tarde y todo por mi culpa. O por la suya, vaya, que aquí la que quería más información no era yo…

—¿Dónde está la mejor niña del mundo? —grita mi padre, que llega con los brazos abiertos en busca de su dosis de achuchones.

Me lanzo a sus brazos sin dudar.

—¡Aquí! —grito cuando ya me está apretujando entre ellos.

—El abuelo me lo decía a mí, Cassie, eres una entrometida.

—Oh, vaya, los niños y los borrachos siempre dicen la verdad —suelta mi hermano Noah apoyado en el marco de la puerta de la cocina. Tiene una manzana verde a medio morder y, cuando paso por su lado, se la robo y le doy un bocado yo también—. Eres lo peor.

—He aprendido de ti.

Me empuja con su cuerpo y tropiezo.

—Ya vale, chicos, parece que seguimos teniendo diez años. Hasta Juniper es más madura que vosotros dos —agrega mi madre.

—Hola, mamá. —Me acerco y le planto un beso en la mejilla. Se seca las manos en un paño que lleva colgado del delantal y abre los brazos para estrecharme también—. Al menos no soy el segundo plato de ella —le digo a mi padre, que me guiña un ojo con complicidad. Sigue cargando a Juniper.

—¿Ya estás mejor? —le pregunta mi madre a la pequeña.

Se echa hacia delante y le planta un beso en la mejilla a su abuela.

Mi hermano Noah me pasa un brazo por los hombros y termino apoyando el cuerpo en él. Ya veis, es como si nada hubiese pasado.

—Ya estoy mejor. La sopa que me hizo el chico guapo que es amigo de la tía Cassie me sentó bien, está mucho más rica que la de mamá, pero no se lo podemos contar porque le romperé el corazón —susurra—.

¿Y sabéis qué? —Pues sí que está mejor, sí—.

La tía Cassie es una mentirosilla porque me dijo que el chico con el que trabaja es feo como una nevera por detrás, y yo la vi en la cocina con él y no parecía que le resultase tan feo como asegura.

Ocho pares de ojos se clavan en mí, de hecho, el brazo que mi hermano tiene apoyado en mi hombro me aprieta con fuerza.

—¿Qué amigo? —suelta mi padre.

—¿Cómo de guapo? —Esa es la pregunta de mi madre, porque, ahí donde la veis, está pensando en organizar una boda en dos semanas.

—Da gracias a que Xavier no esté aquí, porque ya serías mujer muerta —sentencia Noah—. Espero que sea tan guapo como para haberme conseguido una entrada.

Suspiro, en vez de su hermana parezco una transacción comercial.

—Habla, hija, que nos tienes a todos en ascuas.

Me aparto de mi hermano y me acerco a la cafetera. Mi madre se adelanta y se planta frente a ella con la intención de cortarme el paso. Y el desayuno, ya puestos.

Parece ser que, si no hay cotilleo, no hay nada más.

—Es solo Asher.

—Asher es guapísimo. Me gustaría que mamá tuviese a un capullo como él por novio. Ah, y tiene unas cosas raras en el cuello y en los brazos…

—Tatuajes —confirmo antes de que piensen que esas cosas raras pueden ser tan raras como un sarpullido contagioso o la marca de una secta satánica.

—Vale, por un segundo pensé que estabas saliendo con un delincuente. —Mi madre se santigua por si su hija se ha descarriado del todo.

—No es un delincuente —lo defiendo.

—Eso no es lo que cuentan las noticias —larga mi hermano y se queda tan pancho.

Le doy un golpe en el abdomen, y se dobla sobre sí mismo.

—Auuu. ¿Qué haces?

—Zurrarte, porque te lo mereces. Asher no es así… —insisto—. Anoche… —Me besó y más cosas que no voy a mencionar en voz alta—. Nos hizo una sopa.

—Buscaba algo, seguro.

—¿Con qué hermano estoy hablando?, ¿con el sobreprotector o con el que pasa de todo? —le pregunto.

—Si no está Xavier, alguien tiene que defender tu virginidad.

—Ay, Dios… —Se persigna mi madre otra vez.

La cosa se nos está yendo de las manos.

Noah saca el teléfono del bolsillo trasero del pantalón, y yo ya sé lo que va a suceder.

—A mí lo que no me ha quedado claro es si sales con él —añade mi padre y su tono no es de enfado o molestia, es de curiosidad, porque está claro que es el más moderno y menos cromañón de la familia.

Juniper asiente.

—Yo creo que sí, y me parece bien, prefiero que me haga él la sopa. ¿Puedes decirle que venga a verme y me haga más, tía Cassie?

—No, no puedo.

—Sí que puede —asevera mi madre—. De hecho, la tía Cassie lo va a invitar a almorzar, porque, si está saliendo con él, tenemos que conocerlo, ¿no creéis?

Mi padre asiente. Noah pasa de todo, y Juniper aplaude. Sí, aplaude, como su madre.

—No pienso hacer eso —niego—. Trabajo en los Wild Warriors, eso sería un conflicto de intereses o algo así.

—Vaya, hermanita, ahora sí que te parece un conflicto de intereses, pero, que haya ido a tu casa y le haya hecho sopa a Juniper, no tanto, ¿verdad? Menudo rasero que tienes.

Y eso que no saben lo que sucedió con esa sopa y lo que estuvo a punto de suceder sin ella.

—Me estáis liando.

—Bien. Pues no hay más que hablar. Este sábado, para almorzar.

—Imposible. Tengo que acudir a la recaudación de fondos. Los jugadores no van, no obstante, es un evento importante y tengo que hacer acto de presencia y luego emitir un comunicado.

—Pues a cenar —insiste mi padre, que secunda la moción.

Me vibra el teléfono en la cinturilla de la falda y lo saco por si es algo del trabajo.

Xavier:

¿Cómo que estás saliendo con ese tipo? Cassie, por favor, ¿en qué estás pensando? ¿TENGO QUE RECORDARTE QUE TRABAJAS PARA ÉL?

Cassie:

¿Se puede saber por qué escribes en mayúsculas?

Xavier:

PARA QUE LO LEAS COMO SI ESTUVIESE GRITANDO PORQUE, CRÉEME, ESO ES LO QUE ESTOY HACIENDO.

Noah:

Muy bien, hermanito, está asustada.

Alzo la cabeza y observo al demonio que me está metiendo en problemas y de antemano sé que pienso vengarme por esto. Vaya que sí.

El susodicho alza un pulgar y me sonríe con presunción.

Cassie:

No se me ha olvidado nada, Xavier. Ahora bien, un consejo de hermana a hermano… Estaría bien que te metieses en tus asuntos y este consejo es extensible para el imbécil que está sentado en la mesa del comedor y que sonríe como si le fuese la vida en ello.

Xavier:

Dijiste que era un idiota de manual, Cassie.

Trago con fuerza porque es cierto que dije eso en su día y…, en fin, no lo es. De verdad que no, a ver, a veces sí, cuando quiere, sin embargo… también hay una parte ahí escondida que muestra cuando quiere y a quien quiere, y a mí, sin duda, me la está enseñando.

Cassie:

Lo retiro.

Noah ahoga un gemido y alza la cabeza.

—¿No me jodas, Cassie? —pregunta.

—¿Qué pasa? —Mi madre se lo huele.

—Nada —me defiendo y tecleo de nuevo.

Cassie:

Las apariencias engañan, Xavier.

Xavier:

Lo juraste por Bolita.

Vaya por Dios, tiene razón. Y también tiene razón en que dije que no haría eso que estuvimos a punto de hacer anoche.

Cassie:

Deberías volver al trabajo.

—Y tú, Noah, deberías volver al tuyo, ¿no crees?

Mi hermano se carcajea, se levanta y me da un par de palmadas en las mejillas.

—Nos veremos el sábado para cenar. Dile a tu novio que no es necesario que vista de gala, que somos una familia de lo más normal y que no nos lo vamos a comer. Al menos, yo no, no puedo meter la mano en el fuego por Xavier.

Mueve el teléfono frente a mis ojos y le vibra a la misma vez que a mí.

Lo leo en la misma pantalla.

Xavier:

Puede que me lo cargue si te toca un pelo.

Sonrío con suficiencia.

Cassie:

Pues tal vez sea yo la que se lo toque a él.

Llamada entrante de Xavier.

—La has liado, hermanita, la has liado.

Y bien gorda.