CAPÍTULO 23
En una posición que perturba
Cassie
C uando abandono la sala de reuniones, estoy convencida de que no tardaré nada en recibir una carta de despido.
Me siento orgullosa de haber sido capaz de defender mi postura y mi trabajo en esa sala, pero también tengo la certeza absoluta de que soy la única que comparte mi opinión.
Quitando al entrenador, claro, hablo de los verdaderos peces gordos.
Marco el teléfono de Blue y tarda bastante en responder.
—¿Cassie? ¡Joder, Cassie! Justo estaba pensando en ti. —Noto cierto alivio en su voz—. Necesito el favor de mi vida. Sé que estás trabajando y también sé que estás liada con esas cosas de hombres cuando tú tienes tetas, sin embargo… —Mi amiga se desinfla por momentos.
—¿Qué pasa? ¿Qué necesitas?
Suspira con fuerza y escucho cómo sale del salón y deja atrás el sonido del televisor.
—No tengo con quién dejar a Juniper y tengo que ir a trabajar.
Y esta noche tengo otro cáterin, puedo rechazarlo, pero necesito la pasta, Diddy.
Tus padres no pueden, tienen que trabajar, y tus hermanos me han dicho que intentarían pasarse por la noche, aunque ahora les resultaba imposible porque estaban en la oficina. De verdad que no…
—Blue, ya está. Reajusto un par de cosas que tenía que hacer y estoy ahí.
—Puedo dejarte a la peque en casa antes de irme, ¿te viene mejor? Por si tienes que hacer cosas de adulta y estás más cómoda en tu caja de zapatos.
—Ja, ja.
—Hablo en serio.
—De nuevo… Ja, ja.
Mi amiga suelta una risilla al otro lado. Estaba intentando destensar el ambiente.
—En mi casa. En… —le digo y compruebo el reloj— media hora.
—Te quiero. Eres la mejor. Espero que Asher te dé lo tuyo y lo mío y…
Cuelgo el teléfono, ciertamente avergonzada. Observo a la recepcionista, que tiene pinta de estar más pendiente de mi conversación que de sus asuntos. Solo rezo para que no haya escuchado los comentarios de mi amiga porque, en fin, eso me dejaría en una posición un tanto perturbadora.
—Feliz día —le digo avanzando como si nada de esto hubiese sucedido.
Guardo el teléfono en la cinturilla de mi falda de tubo y abro la agenda mientras aguardo a que llegue el ascensor.
Tengo una reunión esta tarde con Asher en el estadio para hablar sobre las camisetas que va a donar para la recaudación de fondos.
Lo de ayer fue una advertencia, pero hoy tenemos que cerrarla porque me he comprometido y también debemos planificar lo de la bebida energética porque, en fin, no se lo he contado todavía y no sé si le hará mucha gracia. Probablemente no.
Me subo en el ascensor y saco el teléfono de nuevo.
Cassie:
Cambio de planes, esta tarde la reunión será en esta dirección.
Le facilito la dirección de mi casa y me planteo si decirle abiertamente dónde es. Cedo, porque creo que es lo justo.
Cassie:
Es en mi casa.
El móvil me vibra en la mano.
Capullo Maddox:
¿En tu casa? ¿Tengo que llevar vino? ¿Eres de esas a las que les gusta el vino antes del sexo?
Cassie:
Soy de las que se tendría que beber una botella entera antes de montárselo contigo.
Me imagino su cara estupefacta ante mi respuesta.
Capullo Maddox:
Fierecilla, para lo que me gustaría hacerte, te necesito consciente y bien despierta.
El calor me sube por el cuello hasta llegarme a las mejillas. Miro hacia ambos lados y, por suerte, no hay nadie en el garaje. Me planto frente al coche y le respondo.
Cassie:
En ese caso quizá necesite café y no vino…, ya sabes, para no bostezar mientras me muero del aburrimiento.
Arranco y me marcho en dirección a casa.
Le envío un mensaje a Aaron cuando llego para explicarle que hoy no podré pasarme por el estadio porque la hija de mi mejor amiga está enferma y no hay nadie que pueda cuidarla.
Me responde con cierta rapidez, me desea suerte y le manda un beso a la niña.
Como si la conociese de toda la vida, vaya. Es más majo…
Una vez encuentro aparcamiento, subo las escaleras y entro en casa. Mi amiga ya se encuentra allí, y Juniper está tirada en el sofá, envuelta en una manta de pelo rosa y con su peluche favorito bajo el brazo.
—Le acabo de dar el antipirético. No tiene apetito, aun así, te he traído un caldo que espero que se tome y que no vomite.
—Cruza los dedos frente a mis ojos, y le respondo de la misma forma—.
Procura que beba agua para mantenerse hidratada y, si le sube mucho la fiebre, métela en la ducha con agua tibia, nunca fría. Ah, y si…
Le coloco la palma de la mano sobre la boca, y Blue se tensa.
—Está a salvo conmigo. Solo fabricaremos bombas caseras, le enseñaré cómo abrir cerraduras con un clip y haremos una lista de por qué su madre tiene que buscarse un novio y dejar de ser tan maridramas.
Mi amiga frunce el ceño, me regala un mohín de lo más divertido y, por último, me enseña la lengua. La acompaño hasta la puerta. Blue desvía la vista hacia su hija y las comisuras de los labios parecen caerle en picado.
—¿De verdad que no…?
—Yo me encargo. Hablo en serio. Vete ya. No quiero que pierdas tu trabajo y estoy segura de que tú tampoco quieres perderlo.
Niega en repetidas ocasiones.
—Intentaré estar pendiente del teléfono.
—La vigilaré toda la noche.
—¿Lo prometes?
—Claro. Y, si me molesta, siempre puedo doparla con ese líquido rojizo que le das.
—Eres mujer muerta.
—Y tú, una madraza.
Se lanza a mis brazos y me estrecha entre los suyos. Le devuelvo el gesto porque la adoro por encima de todas las cosas. Comienza a bajar las escaleras y entonces cierro la puerta y me acerco a Juniper.
Coloco todo a mano: el termómetro, el agua, un poco de zumo de melocotón y el antipirético. Cuando me doy por satisfecha, me acerco a Juniper, que está medio adormilada viendo unos dibujos animados en el televisor.
—¿Necesitas algo? ¿Tienes sed?, ¿hambre?, ¿ganas de ir al lavabo?
La pequeña aparta la mirada del televisor y me ve por primera vez. Me sonríe, pero no es la sonrisa radiante que me regala siempre, tampoco está esa chispa mordaz en su mirada como otras tantas veces. Sus ojos brillan y sus labios están entreabiertos.
—Cassie, estás muy guapa.
—La vista no te falla —le susurro y entonces se ríe un pelín más ante la chulería de mi comentario.
Le coloco la mano sobre la frente y está templada, eso es buena señal.
—Voy a estar allí trabajando un poco, ¿vale? —Le señalo la encimera de la cocina, que está a tan solo unos metros de aquí. Juniper ni siquiera me mira ya, se ha centrado de nuevo en el televisor—. Estaré pendiente y, si necesitas algo, me lo dices.
Asiente. No sé si por inercia o porque me ha escuchado de veras.
Me dirijo hacia mi habitación y me cambio de ropa.
Me pongo unos pantalones cortos, unos calcetines altos y una camiseta oversize que le robé a Noah la última vez que estuve en casa solo por fastidiarlo a conciencia.
Aunque no parece haber funcionado mucho porque el maldito sigue haciendo de las suyas.
Me acerco de nuevo a la cocina y allí he dejado mi teléfono y la carpeta.
Me concentro en las mil cosas que tengo por hacer y hago una lista de tareas pendientes y eventos que Asher tiene que llevar a cabo.
Tacho algunas de ellas y también actualizo los siguientes viajes.
Esta semana jugarán en casa y la próxima volaremos de nuevo, de esta forma, los jugadores tendrán un par de días más tranquilos antes de volver a sumergirse en el caos habitual.
Las horas van pasando, y Juniper se duerme tras haberse tomado un par de cucharadas de caldo. Debo decir que no es que esté muy bueno —sí, lo he probado— y la entiendo. Ni siquiera yo me querría tomar esto.
Cassie:
¿Con qué has hecho esa sopa?, ¿con calcetines sudados?
Blue no tarda en responder.
Blue:
Cállate. ¿Todo bien?
Cassie:
Mejor que bien, nos estamos depilando las piernas y vamos a llamar aleatoriamente a chicos para pedirles una cita. El abanico de posibilidades es inmenso. Puedo reservarte alguna.
Blue:
Que te den.
Observo el sofá, la pequeña sigue dormida.
Cassie:
Está durmiendo, no ha vomitado y no tiene fiebre. Todo controlado.
Blue:
Te quiero.
Sonrío.
Cassie:
Yo también.