Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Estrepitosamente

Cassie

M e he limitado a avergonzarme en la soledad de la habitación y también me he limitado a no estar cerca de él salvo lo estrictamente necesario.

En esta ocasión, ni siquiera me permití observar el partido contra los Chicago Blizzard Kings desde el túnel que lleva al vestuario, solo me quedé en el pasillo como una buena chica que no quiere meterse en líos y que tiene pánico absoluto a las reacciones de su cuerpo.

Porque sí, hijas mías, sí, eso es justo lo que pasa. Empiezo a sentir miedo por cómo me siento cuando estoy cerca de él.

Cassie:

Recuérdame todos los motivos por los que es una mala idea sentirme patéticamente atraída por Maddox.

Hagamos hincapié en el «patéticamente», por favor y gracias.

Tiro el teléfono sobre la cama y me centro en deshacer el equipaje.

Llegamos hace apenas un par de horas a Alberta, Canadá, tras un partido que la prensa ha definido como «frenético» y en el que no han dejado de halagar a Asher como si no hubiese otro jugador igual.

También lanzaron miles de piropos deportivos sobre Marcus Donovan, el delantero de los Chicago Blizzard King, indicando la cantidad de movimientos que había anticipado y elogiando su labor en la pista, a pesar de que fueron derrotados por los Wild Warriors en último momento.

Al menos en esta ocasión no ha habido ningún detalle a mencionar por parte de nuestro famoso terremoto.

Repasé una y otra vez en el avión la repetición en la que Asher y Aaron abrazaban al delantero dejando entrever cierta familiaridad entre ellos.

Quise preguntar, como es obvio, sin embargo, no me atreví porque eso implicaría tener que acercarme al demonio o a su hermano, que ahora me observa con cierta suspicacia como si él supiese algo que yo no sé.

Y me da pánico que sea de esa manera o que resulte tan transparente como para que se me note la atracción que siento por él.

Así que tomé asiento al lado de Holloway, porque es el más reservado del equipo, es parco en palabras y, por lo que he podido ir descubriendo, suele meterse en sus asuntos y no le importan para nada los de los demás. Cosa que me vino de perlas.

El teléfono vibra sobre la cama y me acerco con rapidez. Necesito hablar con alguien sobre esto.

En la pantalla aparece el nombre de mi mejor amiga y respondo casi de inmediato.

—Vaya, cualquiera diría que estabas esperando mi llamada.

No anda muy desencaminada, aunque tampoco voy a confirmárselo.

—¿Todo bien por ahí? —pregunto.

—Sí, Diddy, todo bien. He aprovechado el descanso del cáterin que tengo esta noche para llamarte. He leído tu mensaje y, en fin, ¿por qué tengo la ligera sospecha de que hay cosas que no me has contado?

Porque las hay, es evidente.

Suspiro y me dejo caer en la cama. La moldura del techo es horripilante, no entiendo por qué siguen haciendo los hoteles con esas cosas que parecen sacadas de la época victoriana.

Más allá de eso y de este pequeño impás para intentar recolocar mis ideas antes de lanzárselas a Blue y que las use como carnaza, porque eso es justo lo que va a suceder, necesito esos segundos de más.

—¿Estás pensando en cómo explicarle a tu mejor amiga que te lo has tirado?

O espera… —Alza la voz—. ¿Ha sucedido eso y has tenido la indecencia de no contármelo conforme abandonaste su habitación o, mejor aún, mientras lo tenías a tu lado recobrando el aliento?

¡No! ¡No! —agrega, ya presa de una euforia sin igual—.

Has descubierto el tamaño de su polla. ¿Se la enrolla a la cintura?

¿La saca a pasear? ¿Lo del sexo duro es real?

—¿Os suena tan atropellada cada pregunta o solo me lo parece a mí?

Chasqueo la lengua por la cantidad de imágenes del todo indecentes que se agolpan en mi cabeza.

El cuerpo de Asher sobre el mío, la forma en la que sus dedos se deslizan por mi piel, la manera en la que veneraría cada curva, cómo me embestiría de una sola estocada porque es justo así como a mí me gusta…

Me incorporo y sacudo la cabeza.

—Joder, Diddy, te lo estás imaginando todo.

Ese es el nivel, chicas, ese es el nivel al que mi amiga me conoce, hasta tal punto que va un paso por delante de mí.

—Como si estuviese sucediendo aquí y ahora —me sincero. Porque soy una cobarde, pero no una mentirosa.

Incluso ese paseo membril…

—Solo tengo diez minutos de descanso y tengo que regresar, así que necesito toda la información que puedas darme.

Cuando pongas un pie en Vancouver, lo primero que harás será venir a casa y contarme todo con lujo de detalles, ¿me he explicado con la suficiente claridad?

—¿Os ha sonado como una madre responsable o son imaginaciones mías?

—Me ha quedado claro.

Es entonces cuando procedo a narrarle lo que puedo, sin entrar en todos los detalles. Le explico las confrontaciones, los piques y la escena de hace dos noches seguida de mi propia huida.

—Él tampoco es que haya puesto mucho de su parte por buscarme, que conste. —Todavía estoy valorando si eso me disgusta o me mosquea mucho.

—Vale… —Es como si tuviese a Blue justo delante de mí, la imagino recapitulando, poniendo los ojos en blanco, frunciendo el ceño y deseando beberse una copa de vino sin sentirse la peor madre del mundo por ello—. Según como yo lo veo, solo hay una solución…

—Me estoy manteniendo alejada de él…

—Follártelo —me corta.

Ah, mirad, todo bien. ¡Todo bieeeeennnn!

—¿Sabes que trabajo para su padre, que necesito este empleo porque es una forma de crecer y de ampliar fronteras profesionales, que no solo lo necesito, sino que me encanta y que donde tienes la olla no metas la polla?

Espero que sean suficientes argumentos para Blue. Para mí, desde luego, lo son. Porque lo son, ¿verdad?

—Diddy, cielo, parece mentira que una mujer empoderada como tú no sepa que hoy en día se pueden hacer ambas cosas: ser una profesional de cojones y chuparle esos mismos…

—No acabes esa frase, por el amor de Dios, Blue.

—Huevecitos.

Y sí, la ha acabado. Me atraganto con mi propia saliva y un bochorno de lo más horripilante comienza a sacudirme de pies a cabeza.

—Gracias por mandarme una imagen tan vívida de las partes íntimas de Asher, ahora no tendré que sufrir ningún tipo de bochorno cuando me lo cruce. —Ni volver a mirarle la cintura por si tiene ahí una rueda de camión.

—Ni siquiera sé por qué deberías tener esa imagen cuando puedes tenerlo de verdad. Dentro de ti, además.

—No tenía que haberte llamado.

—Te he llamado yo —contrataca y sí, en eso tiene razón.

—Pues no tenía que haberte escrito —me defiendo y me siento como Juniper: una niña pequeña que se agarra a cualquier cosa para salir del lío en el que se ha metido ella solita.

Escucho que alguien se acerca, y Blue aparta el teléfono.

—Tengo que dejarte. ¿Cuándo vuelves?

—Mañana —le explico.

—Por la noche, en mi casa, y no quiero excusas.

—Señora, sí, señora. —Me cuadro, a pesar de que no pueda verme.

Se ríe al otro lado.

—Ah, Diddy…

Siento verdadero terror de pensar en cuáles pueden ser sus siguientes palabras.

—¿Sí?

—No vuelvas a hacerme esto nunca más. Tienes que contarme estas cosas.

—¿Porque somos las mejores amigas? —Me ablando por momentos.

—¿Qué dices? Porque ese tío está todo cañón. Si no odiase a los hombres, yo también le chuparía los hueve…

Cuelgo el teléfono y lo dejo caer de nuevo a mi lado en la cama. La ropa sigue a medio colocar y, sin embargo, siento que necesito tomar algo, porque de pronto tengo la garganta bastante seca. Y otras cosas no tanto, por culpa de mi amiga.

El teléfono vibra y giro la cabeza. Blue me ha enviado una imagen y la abro, esperando que sea alguna foto de la cena o de Juniper. No es nada de eso, me ha adjuntado la foto de un paquete de huevos frescos en los que ha dibujado vello púbico.

Qué puto asco.

Blue:

Sus huevecitos.

No me molesto en contestarle porque estoy a nada y menos de decirle que los de Asher no serían para nada así y eso va en contra de mi dignidad. O de la poca que me queda, ya puestos.

Salgo de la habitación sin haberme parado a pensar en mi atuendo y camino por el largo pasillo.

No sé en qué habitaciones se hospedan el resto de chicos, solo sé que muchos las comparten con compañeros.

Desciendo un par de pisos hasta que llego a la cafetería.

Para mi agrado, no hay mucha gente allí, así que me ubico en una mesa bastante apartada, pido una copa al camarero y me dedico a revisar las próximas estrategias a seguir.

Actualizo la agenda de Asher, esa que tenemos vinculadas, y le envío un correo electrónico donde le explico que debe ceñirse a las preguntas y no ser espontáneo porque lo espontáneo no funciona; que, siempre que vaya a responder, debe pensar antes de hablar, y que nada de actuar como un macho alfa porque ya ha dejado más que claro que eso se le da de lujo.

También le explico que he concertado algunas entrevistas y que estaría bien que donase un par de camisetas firmadas para una recaudación de dinero para personas sin hogar.

No me molesto en esperar su respuesta porque últimamente no llega ninguna. Y eso me perturba, no nos vayamos a engañar.

Rememoro de nuevo las sonrisas que le lanza a la cámara, a sus compañeros o la que me lanzó a mí no hace tanto mientras veía con Connor el partido en el túnel del vestuario…

y de pronto esa sonrisa pasa a ser mucho más que eso.

Su mano bajo mi barbilla, su cuerpo presionando el mío, sus labios demasiado cerca y a la vez demasiado lejos…

Pido otra copa y dejo caer la cabeza sobre la mesa de madera. Estoy a nada y menos de darme cabezazos contra ella.

—Maldita Blue…

Dicen que el alcohol ahoga las penas, pero yo lo que creo es que las mías flotan.