Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

Veinte

Cassie

C ambio de canal como el que cambia de camisa cada mañana y permito que, espacio tras espacio, todo me hastíe.

Me incorporo dejando las noticias en primer plano mientras me voy directa hacia la cocina, es decir, dos pasos más allá de donde me encuentro, para buscar un envase de sopa instantánea que meter en el microondas y cenar, si es que a estas horas se le puede llamar así.

Mmmm, un delicioso cuenco de sopa la mar de nutritiva —nótese la ironía—.

No le presto toda la atención a la presentadora mientras me aseguro de que la temperatura y el tiempo sean los indicados por el fabricante y, cuando lo hago, me centro en lo que la reportera está contando.

Se encuentra por fuera de un local de moda en el centro de Vancouver, uno de esos sitios que nadie con una cuenta bancaria tan minúscula como la mía pisaría y nos está explicando que algún tipo de turno con mucho dinero y poco cerebro se ha metido en una pelea.

Por lo que parece, ha tenido que intervenir la seguridad del local y, al final, han llamado a la policía.

—Menudo imbécil —susurro mientras regreso a la cocina.

Abro la tapa del todo para dejar que el vapor se escape de ella cuando mi teléfono comienza a sonar sobre la encimera.

Es Blue. Sonrío al responder.

—Hol…

—¿Estás viendo las noticias? —No me deja ni saludarla.

—Psss. Más o menos. Las he dejado puestas en lo que me preparaba la cena.

—¿Qué vas a cenar? ¡Espera! ¡No me lo digas! Un sándwich de pollo con mayonesa y pepinillos —apuesta.

Niego y se me escapa una sonrisa.

—Sopa —es mi escueta respuesta. Tan escueta como lo apetecible que es el interior del brick .

—Vale. Puagg. Entoces, ¿lo has visto? —Ladeo la cabeza y dudo.

Me encanta cuando mi amiga se pone tan críptica que tengo que averiguar a qué se refiere. Como en esta ocasión.

—No —es la respuesta que le ofrezco. Tan sincera y real como la vida misma.

—Por lo que se cuenta, se ha metido en otro lío y este parece ser de los buenos. Su hermano ha llegado. No entiendo cómo nadie te ha avisado, Diddy.

Ehhhh. Titubeo y me acerco al televisor. Es entonces cuando allí, en primer plano, escrito en mayúsculas, puedo leer el titular: «Terremoto Maddox vuelve a hacer de las suyas. Pelea, escándalo y una detención. ¿Será esta vez la última?».

Sé que Blue sigue parloteando al otro lado de la línea, pero yo no escucho nada de lo que dice, de hecho, tengo la ligera sospecha de que dejo caer el teléfono mientras busco el mando del televisor con la intención de subir el volumen al máximo.

«El jugador más polémico de los Wild Warriors fue visto esta madrugada a la salida de un bar del centro, envuelto en una trifulca, que, según testigos, dejó varios heridos leves y un coche con las lunas destrozadas.

Las imágenes no dejan lugar a dudas: Asher Maddox perdió el control.

De momento, el equipo no ha emitido ningún comunicado oficial».

—La madre que me parió.

Busco el teléfono de nuevo y lo meto dentro de la cinturilla de mi pantalón. No me molesto en revisar mi atuendo, de hecho, en lo único que pienso es en por qué narices nadie me ha avisado de lo que acaba de suceder cuando se supone que estoy aquí para eso.

«Se te va a caer el pelo, Cassie».

Saco el teléfono de nuevo y lo sujeto mientras pido un taxi. Ni siquiera me planteo hacia dónde porque primero tengo que llamar por teléfono a alguien que pueda darme esa información. Al primer tono, Aaron responde. Su voz está inquieta y parece algo furioso.

—Perdona —me disculpo—. No sabía a quién llamar. —Suspiro—. ¿Qué ha pasado? Y, por encima de todo, ¿dónde estáis?

—Es una larga historia, Cassie —me responde y no da la sensación de que esté nada molesto porque lo haya llamado a él y no a cualquier otra persona del equipo. Ya le explicaré que tengo acceso a todos los datos personales y que, sin siquiera conocerlo bien, confío en él—. Estamos en su casa, en…

—Ya sé dónde vive —respondo—. Estaré ahí en unos minutos.

Le doy al taxista la dirección y se pone en marcha.

Por suerte, es lo suficientemente tarde como para que no haya tanto tráfico por lo que me planto en el edificio de Asher con relativa celeridad.

La puerta de la entrada está cerrada, así que toco con los nudillos.

No es Austin el que está tras el mostrador de la recepción como el otro día, es un chico mucho más cachas y mucho más joven que me mira con el ceño fruncido.

—¿Qué desea? —cuestiona observándome de arriba abajo.

Sí, existe una ligera probabilidad de que tenga puesto el pantalón del pijama y también la hay de que no lleve sujetador.

Llamemos a esto un despiste como otro cualquiera y hagamos como que nunca ha sucedido.

Salvo para él, que parece tener bien claro mi falta de ropa interior.

—Soy Cassie, la responsable de… —¿De los líos en los que se mete Maddox? ¡Joder!—. Necesito ver a Asher.

—Oh, claro. —Se ríe—. Todas lo necesitan, cielo.

Uy, el retintín con el que ha soltado esas palabras me suena a… ¿Acaso me está tachando de trabajadora sexual o algo así?

O algo así, sí, es lo que me indica su mirada.

—He hablado con su hermano, sé que están aquí y necesito entrar.

El chico alza una ceja, escéptico, y entonces vuelvo a llamar a Aaron como medida de entrada urgente. No tarda en responder.

—¿Cassie?

—Aaron… —Suspiro aliviada porque es probable que me viese regresando a mi casa o, peor aún, regresando a mi casa con estas pintas de las que ahora soy mucho más que consciente—.

Estoy en la entrada del edificio. —Lo siento, chaval, te voy a meter en un lío—.

El portero no cree que trabaje para los Wild Warriors.

—De hecho, cree que soy una puta, cosa que no digo—. ¿Podrías…?

La puerta se abre de inmediato porque parece ser que he tirado de las influencias adecuadas.

Con toda la dignidad que me cabe en el cuerpo y, creedme, es mucha, me cuelo dentro y me giro solo para darle las gracias al chico, aunque no se las merece.

En fin, al menos soy educada con él porque a Asher lo voy a matar con mis propias manos.

Cuento hasta veinte mientras subo en el ascensor y, cuando llego a su planta, la puerta está abierta, y Aaron está en la entrada esperándome. Me dedica una sonrisa, a pesar de que tiene que estar de capa caída.

Entro en tromba y parece que el terremoto lo llevo yo por dentro. Antes incluso de que abra la boca, Aaron me sujeta de la mano y me lleva a un lado.

—No se lo tengas en cuenta —me pide. ¡Me pide! ¿Lo entendéis? Me contratan con un fin, nadie me llama ni me cuenta, me entero por las noticias y ¿encima tengo que ser benévola con él? Este es el colmo de los colmos—. Ha sido un día horrible.

Cuento de nuevo hasta veinte.

Uno, dos y tres, yo me calmaré.

Cuatro, cinco, seis, no gritaré otra vez.

Siete, ocho, nueve, respira y se mueve.

Diez, once, doce, que de un puñetazo no lo destroce.

Trece, catorce, quince, que el drama no empiece.

Dieciséis, diecisiete, que no lo reviente.

Dieciocho, diecinueve, paciencia me llueve.

Y veinte, por fin…, que no lo mate, amé n .

—¿Sabes lo que hago yo cuando tengo un día horrible? —inquiero enfadada. Aaron suelta un resoplido—. Cantar a pleno pulmón en mi piso.

—Esto es diferente.

Entonces siento que tal vez me esté precipitando y que esas tres versiones tomen forma y color. Vale. Todo tiene una explicación, tiene que tenerla, y yo debería relajarme porque parezco la típica niñera matona. Y no lo soy. Ni lo uno ni lo otro. Bueno, quizá lo segundo un poco sí.

—¿Dónde está?

—En su habitación. —El capitán del equipo observa el fondo del pasillo y siento la tensión bajo esa capa de entereza con la que quiere ocultar todo.

Me dirijo hacia allí de inmediato y vuelve a sujetarme de las manos.

—No creo que quiera verte, Cassie. No es nada personal, es solo que…, cuando está así, es mejor dejarlo solo.

O puede que eso sea lo que hagan todos, pero ya sabemos que yo no soy como los demás.

—Vale —respondo sin dejar de caminar en su dirección—. Puedes irte, si quieres, no pienso moverme de aquí en toda la noche.

—¿Vas a montar guardia por si se escapa?

—Voy a hacer algo mucho mejor —confieso y le guiño un ojo—. Voy a solucionar todo esto.