Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 11
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CAPÍTULO 11

Panda de cotillas

Cassie

—¡Y esa de ahí es mi hermanita! —grita Xavier cuando cruzo el umbral.

Una de dos, o Blue ha pedido refuerzos, o mis hermanos no tienen nada mejor con lo que entretenerse.

—¿Esa que iba a venir anoche después del partido? —La ironía que utiliza Noah es de lo más divertida.

Me acerco a ellos, y mi hermano arrastra una butaca hasta ponerla a su lado. Noah sigue en modo sospecha, con los ojos entrecerrados y el gesto sombrío.

—¿Los has invitado? —pregunto yendo directa al grano.

Blue niega con la cabeza y llena otra taza de café que me tiende, esta sí que humea, así que tengo mucho muchísimo cuidado al cogerla y mucho más antes de darle un sorbo.

—Hemos venido porque nos olíamos la catástrofe —apostilla Xavier, que me apretuja contra su costado—. Y puede que también porque a Noah le gusta Gillian.

Me carcajeo. Gillian es el amor platónico de Noah y siempre lo ha sido. Es la compañera de Blue, trabaja en el turno de mañana y es totalmente inalcanzable o eso parece…

—Tiene doce años más que tú —le recuerdo y sé que es bastante consciente de ello.

Aparto la vista y observo la escena unos segundos. Noah puede ser el mayor imbécil que pisa la tierra, pero hasta los capullos terminan cayendo en las garras del amor y cambian entre sus brazos.

No aparta la mirada de ella y sí, hasta suelta un largo y sonoro suspiro.

Blue se acerca y le cierra la boca porque da pena y de la buena.

Para Gillian, mi hermano es invisible. No es su tipo o esa es la excusa que le ha dado las tres veces que la ha invitado a salir.

Siempre el mismo pretexto, y mi hermano lo acepta sin más.

De lloriquear cuando abandona la cafetería ya hablamos mejor en otro momento.

Cuando Gillian se acerca me saluda y me guiña el ojo sin siquiera dedicarle una mirada.

—Ahora te odio todavía más. Ella te hace caso y no tengo entradas. ¿Te he dicho alguna vez que eres un monstruo con una cara preciosa? —recita él.

Me levanto de un salto y me sitúo a su espalda, lo envuelvo con los brazos y le apretujo el pecho hasta que mi mejilla casi se mimetiza con su camisa de cuadros.

—No pasa nada, Noah, yo sé que en el fondo me adoras y, si Gillian no te hace caso, algún día habrá alguien que sepa valorar todas esas taras con las que cargas y que no le importe que te tires pedos mientras duermes.

¿Qué pensabais?, ¿que el discurso iba a ser bonito y perfecto? Por favor, nosotros no somos así. Yo tampoco lo soy.

Me aparto, y Noah me pellizca en el costado. Me carcajeo y luego me lanza una amenaza velada que sé que va a cumplir.

—¿Sale con alguien? —le pregunta a Blue.

—Deja de hacerte eso, Noah —le advierte mi hermano, su mellizo, vaya—. Ya es hora de que dejes eso atrás. Es mucha mujer para ti —termina.

Y sí, volvemos a esa dinámica en la que nos amamos y chinchamos a partes iguales.

—Cállate, idiota —lo insulta Noah de vuelta y vuelve a clavar la mirada en ella como si no hubiese visto nada más bonito en toda su vida.

—Gillian sale con todos, Noah, y no se compromete con ninguno.

—Eso es porque me espera a mí —sentencia. El resultado dista mucho del esperado. Las palabras de mi amiga le han dado impulso y un poco de esperanza, eso también—. Solo que ella todavía no lo sabe.

Terminamos negando todos con la cabeza porque esa guerra la tenemos perdida. Cuando a mi hermano se le mete algo en la cabeza, no hay nada que se pueda hacer. ¿Os suena eso? Porque a mí sí que me suena y mucho.

—¿Y bien? —Blue clava la mirada en mí y hemos cambiado de persona a la que interrogar.

—No tengo justificación alguna para haber llegado tarde. Nada más allá de que ni siquiera recuerdo la hora a la que me acosté. Porque Asher se fue, pero yo me quedé con el equipo y bebí. Bebí un poco.

—Espero que al menos valiera la pena. —Alza las cejas, y mis hermanos lo pillan al vuelo.

—¿Qué hiciste, Cassie? —pregunta Xavier.

Es el más protector de los dos. De los tres. De toda la familia. Del mundo entero.

—Nada, lo juro.

Cruza una mirada con Blue, que se alza de hombros. Esta es su venganza, lanzar la piedra y esconder la mano.

—No sé yo, tienes cara de haber dormido poco. —Observo a mi amiga con inquina. Examiga, si me preguntáis, y ella sonríe satisfecha ante sus maldades—. Y la piel tersa y suave como el culito de un bebé.

Noah arruga la frente y me temo que ha empezado a atar cabos.

—¿Has follado? —Una pregunta nada formulada al azar.

Más quisiera yo.

Niego.

—Júralo —me pide Xavier.

A lo que hemos llegado, que tenga que jurar ante mis hermanos que no he hecho cochinadas cuando de verdad que no las he hecho.

Ni siquiera he tenido pensamientos impuros con Asher.

¿Y por qué debería tenerlos con él? Porque tiene un culito respingón, porque es guapo y porque Blue te está metiendo cosas en la cabeza y es su culpa y no la tuya.

—Lo juro por el gato de la señora Juliette.

Ese pobre gato está en las últimas, pero ha sido más nuestro que de la vecina. A veces nos preguntamos si esa señora recuerda haber tenido uno porque estaba todo el día en nuestra casa.

—Vale. Te creo. Nunca levantaría falsos testimonios contra Bolita. —Eso jamás.

Me llevo la mano al pecho como la persona más honorable de este mundo y eso parece tranquilizar el ambiente.

—¿Te lo quieres follar?

Tranquiliza el ambiente un segundo, hasta que Noah la lía de nuevo.

—¿Te quieres tú follar a Gillian?

—Joder, y tanto que sí. Toda la semana si fuese posible.

Le dedica otra mirada y es Xavier el que le propina una colleja porque estamos convencidos de que se está imaginando la escena y eso da mucho mucho repelús. Un repelús que te cagas.

—Vale. Pues yo no, porque es trabajo, porque es importante para mí y porque es un idiota de manual. Los chicos como él no se fijan en las chicas como yo —sentencio para darle mucho más énfasis a mi argumento de defensa.

—¿Guapas e inteligentes? —pregunta Blue, que se cruza de brazos porque sabe por dónde van los tiros.

Se me escapa un suspiro entrecortado. La primera idea que se me pasa por la cabeza es lanzar la palabra tal y como la pienso, pero he trabajado mucho en quererme tal y como soy y eso no está dentro de mis planes. Iría en contra de mis principios, ya sabéis, body possitive por bandera.

—Con cuerpos como el mío.

—¿Preciosos y únicos? —añade Noah, al que parece que se le ha pasado el enfado en lo que a las entradas se refiere.

Chasqueo la lengua y le tiendo la taza a Blue.

—No me apetece que hablemos de esto. Lo tengo superado. Me quiero mucho a mí misma y no necesito otra de esas charlas sobre aceptarme. Me acepto, son los demás los que no siempre lo hacen.

Xavier se tensa a mi lado y me temo que está interpretando mis palabras de una forma que no me va a gustar mucho.

—¿Estás diciendo que ese imbécil te ha insultado?

—¡No! ¡No! ¡Claro que no! —Me giro y me planto frente a ellos.

Mis hermanos ya se han cruzado de brazos, y Blue está a nada y menos de pegar algunos gritos.

No me extrañaría que estuviese evaluando las posibilidades de acabar con él a base de hostias y huir de la cárcel—.

Escuchad con atención, Asher puede ser muchas cosas: puede ser un liante, tener una lengua demasiado larga, cagarla, ser Terremoto Maddox en el campo y fuera de él, pero ¿conmigo?

Conmigo no actúa de esa manera. No me he sentido juzgada.

Puede que enfadada, sí, pero nunca juzgada por mi físico.

Ni siquiera por el resto de los compañeros.

Anoche tuve que cortarle las alas a Kai Morrison porque —añado y suspiro— el pobre creía que podía tener alguna posibilidad conmigo.

—Lo mataremos —sentencia Noah.

—Y nadie encontrará su cadáver —añade Xavier.

Vale. Ya empezamos. Mis hermanos se han autoimpuesto el derecho y el deber de protegerme solo por ser su hermana pequeña. ¿En qué cabeza cabe eso? Solo en la de dos borricos como ellos porque yo sé defenderme sola.

—Tenéis que parar —les advierto entre risillas.

Ellos han sido los encargados de que todos los novios que he tenido se caguen encima antes incluso de la primera cita.

Algunos no han querido ni siquiera tener esa cita—.

Tengo casi treinta años ya y soy una mujer adulta más que capaz de marcar límites y hacerlos respetar.

—Y nosotros tenemos cuatro puños dispuestos a afianzar ese respeto.

Blue suelta una risilla poco comedida.

—Me caen bien. —Se alza de hombros cuando se da cuenta de que mi mirada es recriminatoria y no de diversión precisamente.

—Así no me ayudas —le advierto.

—También defenderemos su honor —apostilla Noah, que la señala—. Ningún otro capullo te va a joder la existencia. Solo nosotros dos podemos hacerlo.

Vale. Decid lo que queráis, tachadme de mala persona, sin embargo, con la pulla incluida y todo, es bonito que alguien quiera cuidarte. Que la familia te proteja, y ellos son mi familia. Todos.

Así que los abrazo, y me revuelven el pelo como cuando era pequeña y sí que me dolía que me llamasen gorda.

Porque no estoy gorda, solo estoy rellenita de amor.