Rompiendo las reglas (Wild Warriors 1) CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Slap Shot

Cassie

U na de las tareas que me he autoasignado es acudir a los partidos. A todos los partidos. El dueño del equipo, y padre de Aaron y Asher Maddox, me aseguró que «era recomendable estar siempre presente o, al menos, lo más presente posible», y sé que, en ese sentido, tiene toda la razón.

Así que sí, aquí estoy, escuchando los gritos de los más fanáticos del equipo cada vez que alguien se mete en una pelea, algunos insultos que quedan bastante patentes a quienes van dirigidos porque no se cortan ni un pelo y las ovaciones del público local.

Parece ser que toda esta gente se toma este deporte muy muy en serio.

Supongo que mis hermanos tienen que estar pendientes del partido.

Les envío un mensaje mientras camino de punta a punta por el pasillo de los vestuarios porque no pienso poner un pie en esa pista ni muerta.

Ya sabéis que eso de ver cómo se pelean y se dan golpes sin dudar no es lo mío.

Cassie:

¿Lo estáis viendo?

No guardo el teléfono, sino que sigo caminando con él en la mano. Algo sucede fuera porque vuelven a gritar y a insultar a los Calgary Thunder, los rivales a los que se enfrentan hoy los Wild Warriors.

Xavier:

Sí, esos chicos presionan muy bien. Tienen una ofensiva explosiva. Llevan imponiendo su juego desde que sus patines tocaron el hielo. Estoy deseando ver a Maddox en acción.

Ya sé yo la clase de acción que buscan mis hermanos.

Cassie:

¿Se está metiendo en líos?

Responde automáticamente.

Xavier:

Sí, si no, no sería él.

Maldita sea. Le advertí que tiene que respirar y que tiene que mantener las manos bien guardadas, y ese chico… Joder con ese chico.

Xavier:

Es su forma de jugar, Cassie, no deberías meterte en eso porque siempre ha sido así. Y le funciona. Gana partidos. Es el máximo goleador. Es un puto crack en lo que hace.

Como si eso me consolase.

Cassie:

Suena como si quisieras lamerle el culo.

Xavier:

Es que quiero lamerle el culo.

Ruedo los ojos, mi hermano no se corta un pelo.

Cassie:

¿Y Noah? ¿Por qué no habla? ¿Por qué no está contándonos que quiere casarse con él o algo así?

Xavier:

Dice que sigue enfadado contigo porque tiene que ver el partido desde casa y él quiere oler el sudor en el estadio.

Cassie:

¡Qué asco!

Noah:

Asco das tú, que estás ahí.

Sonrío porque, de verdad, son como son, un desastre, unos pesados y un poco desordenados y bastante poco meticulosos, pero los adoro por encima de todas las cosas.

Cassie:

Os quiero mucho, imbéciles.

Noah me envía una peineta.

Xavier:

Pásate por casa luego y cuéntanos qué tal la experiencia.

Cassie:

¡Lo intentaré!

Me guardo el teléfono dentro de la cinturilla de la falda que me he puesto cuando suena la bocina que indica que ha terminado el primer periodo de juego.

El equipo comienza a avanzar por el túnel que los lleva a los vestuarios.

Algunos me saludan, otros me dirigen un leve asentimiento de cabeza y el entrenador me guiña un ojo con complicidad.

Hemos intercambiado un par de frases antes de que saliesen al campo.

También les he deseado suerte y algunos me han respondido que la suerte es para los que no confían en sí mismos.

Engreídos de manual los he llamado y se han carcajeado por culpa de mi comentario.

Asher y Aaron son los últimos en entrar. Aaron me sonríe, sin embargo, Asher ni siquiera me dirige una mirada.

—Así que hemos vuelto a eso, ¿no? —lo provoco.

Avanza con el casco en la mano, todavía lleva el protector del cuello y le cubre casi al completo el tatuaje que tiene en la zona.

Y no es que se lo haya mirado.

Sí, sí que se lo he mirado.

Mi hermano Noah estaría disfrutando del momento si estuviese aquí. Del instante y del sudor de los jugadores como tanto ansía. Suena enfermizo, lo sé.

Asher avanza un poco más, y yo sigo insistiendo.

—¿Cómo va el marcador?

¿Podría haberlo buscado en vez de chatear con mis hermanos? Es evidente. ¿Lo haré si el testarudo de Maddox no me contesta? También es evidente.

Frena sus pasos y casi choco contra el protector que tiene en la parte baja de la espalda. Con todas las protecciones que lleva puestas parece todavía más corpulento de lo que es.

—¿Desde cuándo te va el hockey ? —Apoya parte de su cuerpo sobre el stick y se cruza de piernas.

Al menos he conseguido que me preste atención.

—Desde siempre —la mentira sale por mi boca como si la hubiese pronunciado en cientos de ocasiones. Lo que me faltaba, ¿estoy intentando impresionarlo?—. Desde nunca —rectifico cuando este último pensamiento lo eclipsa todo.

—Ya decía yo.

—Y a ti, ¿desde cuándo te va el hockey ? —Se la devuelvo.

—¿Esos datos no aparecen en tu carpeta blanca? Me pregunto qué es lo que habrá en ella entonces.

Se lame los labios y, por pura inercia, sigo el recorrido de su lengua. Sí, es guapo. Imbécil, pero guapo. No se puede tener todo en esta vida.

—Ya sabes, la información básica que debo conocer: estatura, peso, hasta qué edad te meabas en la cama, alergias, miedos escénicos, cómo utilizar todas esas cosas en tu contra…

—Tiene que ser muy divertido hacer ese trabajo de investigación —puntualiza lleno de ironía—.

Tal vez debería incluir algún epígrafe sobre cómo evitar chocar contra mí mientras llevo el protector de espalda.

—Vaya, veo que se ha dado cuenta—. O, mejor aún, un manual sobre cómo no comerte con los ojos a ese chico del que haces de niñera.

Pero ¡bueno!

—No soy tu niñera —protesto y me coloco las manos en las caderas. Mi postura ya debe de expresarlo todo.

—Es decir —medita—, que sí me comes con los ojos.

Suelto un suspiro largo y dejo escapar una mirada cargada de hastío. Hombres…

—Se olvidaron de mencionar que tienes unos recursos poco ingeniosos. Me pregunto —suelto utilizando sus propias palabras en su contra— si eso te funciona con todas las chicas.

La sonrisa que me dedica ya es suficiente respuesta. Aun así, sé que le encanta matizar.

—No necesito nada para conseguir a cualquier chica.

De nuevo…, ¡hombres!

—Si la presunción tuviese nombre, llevaría el tuyo.

Asher suelta una carcajada y, sin añadir nada más, continúa caminando.

—Uno a cero —me suelta antes de entrar en el vestuario—. Adivina quién ha marcado el gol, Cassie.

No es necesario que busque esa información porque mis hermanos lo han escrito en el grupo que compartimos.

También lo han ido actualizando cada vez que Asher presionaba o cuando daba algún pase que, según ellos, era la hostia de bueno.

Me queda claro que es el jugador estrella y que por eso se le perdonan otras cosas.

Aguardo en el mismo sitio de siempre mientras todos y cada uno de ellos acaban de ducharse y de recoger sus cosas para salir en dirección a sus respectivos destinos.

Ahora cuentan con dos días de descanso sin jugar antes de tener que volar a Toronto para su siguiente partido fuera de casa.

Al menos, hoy no se ha metido en ninguna pelea. Por el momento.

Ya sabes, no hay que cantar victoria tan pronto.

—¡Cassie! —me saluda Kai cuando sale con su bolsa colgada a la espalda—. Vamos a ir a tomar algo, ¿te apuntas?

Barajo las distintas opciones que tengo.

Puedo negarme e irme directa al piso de mis hermanos o irme a casa a descansar, porque no he jugado ese partido, pero la tensión que he sentido a lo largo de toda la noche me está pasando factura.

No quiero ni pensar en lo que supone para todos ellos.

O bien puedo apuntarme y saber qué se cuece y usarlo a mi favor.

Analizar el comportamiento de los jugadores, la familiaridad, la camaradería, las rivalidades en caso de que las haya…

Ya sabes, dime con quién andas y te diré quién eres.

—¿A dónde?

Me pasa una mano por el hombro y me atrae contra su cuerpo. Asher sale en ese instante y se planta frente a nosotros. Observa la escena. Su mirada todavía se vuelve más azul, más fría, más cortante.

—Ah, Ash, Cassie viene a cenar con nosotros. ¿Verdad, Cassie? —Asiento para confirmar su invitación—. Hablaremos de ti y le contaré todos tus trapos sucios aprovechando que no estás presente.

Un segundo, ¿Asher no va a ir? ¿A dónde va?

A meterse en algún lío, probablemente. Ahora me planteo no ir por motivos bien distintos.

Barajo las distintas opciones y sonrío sintiéndome una curiosa de manual y ya entiendo por qué a Blue le gustan tanto los cotilleos, así es como debe de sentirse ella ante alguna novedad jugosa.

Dejad que le cuente todo lo que aprenda.

En fin, me temo que ya he tomado una decisión.

—¿Listos? —pregunta Aaron. Parece que él también se apunta.

Me dejo empujar hacia la salida. Cuando estoy a punto de cruzarla, miro hacia atrás y le guiño un ojo a Asher.

Uno a uno, campeón.