Capítulo 31 #3
Voy tras él a toda prisa, desesperada por evitar que el resto del grupo se entere de la escena. Antes de que pueda salir al pasillo, Engel me sujeta del brazo con firmeza, obligándome a girar.
—Déjalo ir, no merece la pena. Sobra.
Me zafo de su agarre con un tirón brusco, fulminándolo con la mirada.
—Si de verdad valoras lo que nos queda de amistad, que sea la última vez que me pones la mano encima o me dices lo que tengo que hacer. Y si no eres capaz de respetarlo, el que sobra en esta casa eres tú.
El rostro de Engel se muda por completo, perdiendo toda la suficiencia.
—Como quieras.
Lo dejo plantado en mitad del jardín y salgo corriendo hacia el vestíbulo. Alcanzo a Josh justo cuando está a punto de trasponer la puerta principal. Me arde el pecho por el esfuerzo y por los nervios.
—Josh…, por favor, espera.
Él agarra el pomo y consigue entreabrir la puerta, pero yo me apoyo contra la madera y la cierro de un empujón.
—Espera. Déjame hablar, te lo ruego.
Me clava una mirada tan intensa que me tiemblan las piernas.
—Si me has invitado para demostrarme que juego en otra liga y que no pinto nada aquí, no hace falta que añadas nada más.
—No, no es eso para nada. Siento muchísimo lo que has tenido que oír. Engel está despechado y… no pretendo justificarlo, de verdad. Solo te pido que te quedes. Por favor.
Le hablo con los ojos, suplicándole con la mirada. Él se mantiene rígido, guardando un silencio sepulcral que me descoloca.
En ese momento, el timbre vuelve a sonar. Las pizzas.
—¿Abres tú, Alicia? —grita Delia desde el fondo del pasillo.
—¿Puedes ir tú, por favor? —le pido en un grito, sin apartar los ojos de Josh .
Delia se asoma, capta la tensión insoportable que hay en el recibidor y asiente con la cabeza, visiblemente incómoda.
Recoge el pedido y nos deja espacio, aunque la puerta de la entrada se queda abierta.
Yo solo deseo desaparecer y cerrar el mundo exterior para que Josh no decida marcharse en un arrebato.
—¿Podemos subir a hablar en privado? —le pido en un susurro.
Él duda, sopesando sus opciones, pero termina por asentir despacio.
—Por aquí.
Subo las escaleras con el corazón desbocado y escuchando sus pasos justo detrás de mí. Entramos en mi habitación, le dejo pasar y cierro la puerta de golpe, apoyando la espalda contra la madera como si mi propio peso pudiera impedir que se escapara.
Josh se queda en mitad de la estancia, con los brazos cruzados sobre el pecho y una actitud defensiva.
—¿Qué es lo que me quieres contar, Alicia?
Me quedo muda un segundo, desarmada. Siento que todo se me está escapando de las manos.
—Lo que he dicho abajo es la verdad, Josh. Tú no eres como los demás hombres que he conocido. No te pareces en nada a mi padre.
—Eso está claro —responde con una pincelada de amargura.
—No lo digo por tu accidente ni por tu físico, de verdad.
Sé perfectamente por dónde va su inseguridad y me mata pensar que he podido herirlo.
—Sé cuándo estoy fuera de lugar, Alicia. Y sé marcharme a tiempo sin necesidad de montar un espectáculo.
—Josh, escúchame…
—Tranquila, si lo entiendo. No debí venir. Tus amigos, esta casa, tu entorno… Ellos forman parte de tu vida, te conocen de siempre. Yo solo soy…
—Alguien por quien me estoy volviendo loca —le interrumpo sin rodeos, incapaz de seguir ocultando lo que me quema por dentro.
Él traga saliva y sus ojos me buscan con una intensidad renovada, descolocado por mi confesión.
—Me da exactamente igual lo que Engel intente sembrar entre nosotros. Él era mi amigo, pero lo que hay contigo es una historia completamente diferente.
—Pero él siente algo por ti, ¿no? No tengo ninguna intención de meterme en medio de vuestras cuentas pendientes.
—Que no… —doy un paso hacia él, acortando la distancia—. Yo no siento absolutamente nada por él que no sea cariño del pasado. Éramos como hermanos, compartíamos confidencias, pero se acabó. Nada más, te lo prometo.
—¿Y no son esas las bases para que surja algo más?
—Son las bases que tú y yo necesitamos construir a nuestra manera.
—¿Y de verdad crees que tendremos tiempo para eso?
—Quiero tenerlo. Si tú estás dispuesto a intentarlo conmigo.
Josh me observa, relajando por fin los brazos.
—He venido hasta aquí a pesar de tener el día complicadísimo con los entrenamientos. Solo porque no podía aguantar más sin verte. Te…
Se frena en seco y yo necesito que termine esa frase como el aire para respirar.
—¿Me echabas de menos? —le pregunto con un hilo de voz.
Asiente despacio.
—Dímelo, Josh.
Da un paso hacia mí, me rodea la cintura con firmeza y me atrae hacia su cuerpo.
Cuando su mano se posa en mi nuca y sus labios buscan los míos en un beso urgente y necesitado, lo comprendo todo.
Sí, me ha echado de menos con la misma fuerza con la que yo me estaba muriendo por volver a tenerlo cerca.
Nos besamos despacio. Con dudas, con certezas, con una pizca de miedo y con todas las ganas del mundo.
—Te he echado muchísimo de menos —susurra contra mis labios, rozándolos apenas.
—Y yo a ti.
—Perdona si antes he sido demasiado impulsivo abajo.
—No te disculpes. Estamos aprendiendo a llevarnos.
Me acaricia la mejilla con el dorso de los dedos, mirándome fijamente.
—¿Puedes repetir lo que has dicho antes de que te besara? —pregunta con un brillo divertido en los ojos.
No puedo evitar ladear una sonrisa, contagiada por su tono.
—¿El qué exactamente?
—Eso de que te estás volviendo loca por mí...
—Ah… eso .
Guardo silencio a propósito, desviando la mirada solo para hacerme de rogar un poquito más.
—¿No me lo vas a volver a decir? —insiste, mostrando ya su clásica sonrisa de lado.
—No me apetece inflar tu ego tan pronto.
—Yo me he arriesgado a hacerlo hace un momento.
Se me borra la sonrisa y le acaricio el hombro. Entiendo perfectamente a lo que se refiere; para él, exponerse también es difícil.
—Me importas muchísimo, Josh. De verdad. Hacía años que nadie conseguía ponerme el mundo del revés como lo haces tú. ¿Te vale con eso?
—Ya no me vale nada en lo que no estés tú involucrada.
Me alza en brazos con una facilidad que me deja sin aliento. Me lleva hasta la cama y me deposita sobre el colchón con una delicadeza absoluta antes de tumbarse sobre mí, apoyando el peso en los codos.