Capítulo 18 #3
—Ya te he dicho que no me conoces —le guiño un ojo en un amago de autosuficiencia.
—Vale. Entonces escucha —dice con gesto travieso—. Mi madre vivía en una comuna hippie cuando era joven. Allí conoció a mi padre... y se enamoró de él.
—Suena a película romántica de los ochenta.
—Más bien a una historia del siglo XXI —se ríe—. Porque, poco después, conoció a Larry. Y también se enamoró de él.
Alzo las cejas, sin disimular mi sorpresa.
—Ah, esta es la parte «no convencional».
—Exacto.
—A ver si lo he entendido. ¿Tu madre estuvo con ambos al mismo tiempo?
—Eso es.
—¡Guau! No me lo esperaba. ¿Cómo funcionaba aquello?
—Mis padres vivieron una relación poliamorosa. Eran una pareja de tres. Por eso mis hermanos y yo somos de padres distintos. Por ejemplo, Luc nació solo doce meses después que yo y es hijo de Larry. En cambio, Sarah y los gemelos sí son hijos del mismo padre que yo.
—La madre que me parió —exclamo sin poder evitarlo, sorprendida por su naturalidad.
Josh no parece molesto. Continúa con su relato en un tono íntimo y tranquilo.
—Crecimos en lo que muchos llamarían un paraíso hippie. Era una granja comunitaria donde compartíamos casi todo. Mi madre fue siempre un pilar en el lugar, querida y admirada por todos.
Su historia me resulta tan ajena como fascinante. Lo único que conozco de las comunas viene de películas o novelas, pero él lo ha vivido en su propia piel. De hecho, todavía lo hace.
—¿Y cómo ha sido eso para ti?
Josh mira al cielo estrellado y se toma su tiempo antes de responder.
—Ha sido precioso, aunque no siempre fácil.
Aprendí mucho sobre amor libre, empatía, tolerancia...
pero también sobre límites. Vivir con tanta gente alrededor, tan cerca todo el tiempo, tenía su lado complicado.
—Hace una pausa; su voz se vuelve más baja, envuelta en una melancolía suave—.
Imagina crecer sin secretos, porque la intimidad apenas existía.
Las líneas entre lo privado y lo común eran muy difusas.
Reflexiono sobre lo que me acaba de confiar. Comprendo ahora muchas cosas que antes me descolocaban de su comportamiento.
—¿Y nunca sentiste que querías salir de ahí?
—Sí, muchas veces. Cuando eres adolescente y empiezas a cuestionarlo todo, resulta difícil encontrar tu lugar si no encajas con lo que piensan los demás. Aun así, me enseñaron a hablar de lo que siento, a entender otras formas de vida.
—Es increíble lo que puede marcarnos la infancia —respondo, conmovida por su sinceridad.
Josh me dedica una sonrisa de gratitud, de las que expresan mucho más que cualquier confesión.
—Sí… —asiente—. Ha sido todo un reto, pero no cambiaría mi niñez por nada. Crecí con una base muy sólida de lo que significa la familia y la comunidad. Luego tuve que adaptarlo al mundo real, claro... —Suelta una risita y se toca la prótesis—. Aunque mis circunstancias no han sido tan naturales.
Nos quedamos en un silencio cómodo, que no necesita rellenarse con nada.
Sus palabras me han calado hondo. Ya no veo solo al chico encantador de la piscina, sino a alguien moldeado por experiencias extraordinarias.
Eso le otorga una forma de mirar el mundo que parece más sabia de lo que su edad permite.
—Yo te veo natural —le digo—. Gracias por contarme todo eso.
—Gracias a ti por escuchar. No suelo hablar de esto con nadie, pero contigo... me ha salido solo —responde, y hay un alivio real en su voz, como si se hubiese quitado un peso de encima.
—Te lo agradezco de verdad, Josh. Me ayuda a entender mejor quién eres .
—¿Y tú? —pregunta entonces en un susurro—. ¿Quién eres tú, Ali?
Su mirada me traspasa. Me deja sin palabras, pequeña ante la ternura que desprende. El cielo ya está oscuro, tachonado de estrellas, y parece que todo se detiene a nuestro alrededor. Lo que nos hemos confiado marca un antes y un después que me da vértigo, pero que a la vez es hermoso.
—Vaya... se me ha hecho tardísimo. Será mejor que me vaya —digo, aunque la frase me cuesta más de lo que esperaba.
Su expresión cambia; algo en su interior se tensa. Me observa en silencio, tan atento que siento que me lee por dentro. Le devuelvo una sonrisa nerviosa. Lo que sea que empiece a nacer entre nosotros me asusta. «¿Nos estamos precipitando? ¿O solo huyo porque no sé lidiar con esto?».
Me levanto, algo revuelta por dentro, y él imita mi movimiento. Caminamos juntos de regreso a la casa. Me despido de su familia con afecto, resuelta a cumplir mi promesa de volver, y le doy un adiós a Josh teñido de un cariño especial.
Una vez en el coche, cuando ya he dejado atrás la granja y avanzo por la carretera desierta, la emoción me desborda. Me veo obligada a detenerme en el arcén. Respiro hondo. Me tiembla el pecho. Todo lo que he vivido hoy me atraviesa como una oleada: ternura, sorpresa, alegría, conexión, vértigo...
Y él. Sobre todo él.
«Dios mío... me estoy enamorando de Josh».
No tenía pensado esto. No estaba en mis planes. No ahora. No así.
«Oh, no. No, no, no… Esto no puede pasar».
Aunque, si soy sincera… tampoco quiero que deje de pasar.