Capítulo 16 #3
—Alicia, me alegro de verte —él da un paso hacia mí y me adelanto para darle dos besos fugaces que apenas rozan su piel.
«Vaya con Alicia... Nada de Ali. Ya veo por dónde vas». La formalidad me irrita, sobre todo con esta chica delante. Josh arruga ligeramente el ceño; seguro que el tufo a vino blanco le ha llegado. Decido que lo más prudente es hablar poco. Y acertar.
Él vuelve a sentarse a la mesa, aunque titubea entre hacerlo o permanecer de pie.
—Qué casualidad encontrarnos aquí —comento—. ¿Sueles venir mucho por este restaurante?
Aprovecho el momento para estudiar a su acompañante. Ojos verdes, rostro angelical; no tendrá más de dieciocho o diecinueve años. «Así que le van las jovencitas», qué original. Es guapa, aunque hay algo en sus facciones que me resulta vagamente familiar.
Ella sonríe, dulce como un pastel.
—La verdad es que es la primera vez que venimos, ¿verdad, Josh? —su voz es suave, delicada, tan de anuncio que me entran ganas de aplaudir. Hacen una pareja preciosa, como salidos del catálogo de una óptica.
—Por cierto, soy Alicia —le tiendo la mano a la vez que suelto una risa demasiado falsa para mi gusto.
Ella responde con un apretón algo tímido, dispuesta a decir su nombre, pero Josh interviene de inmediato con una seriedad que me hiela la sangre.
—Alicia es… —se detiene un segundo, rígido, antes de continuar— una usuaria del centro. Hemos tenido algunas sesiones.
Ahí lo tengo. Me presenta como si fuera un proyecto de voluntariado. Qué encanto. Me río por dentro, claro; por fuera mantengo la compostura.
—Sí, nos conocemos. Más bien soy su caso perdido, ya ves —sonrío con suficiencia, como si no necesitara aclarar nada más. La chica me mira con gesto confuso, y no la culpo.
Josh me observa con esa tranquilidad que a veces me saca de quicio.
—¿Has venido sola? —pregunta. Su voz suena neutra, aunque noto cómo escarba.
«Interesado, ¿eh? Qué sutileza la tuya, Josh». Estoy ebria, no tonta.
—He venido con una amiga. Tu alumna, Blair.
Sostengo sus ojos clavados en los míos y aprovecho la tensión; le lanzo un gesto sutil, desviando la mirada de reojo hacia la chica para darle a entender que a nosotros nos ha quedado algo por decir.
Josh carraspea, visiblemente incómodo, y se gira hacia su acompañante para deshacer el entuerto.
—Perdona, qué despiste. Alicia, ella es Sarah, mi hermana.
Hermana. Bien. Mi expresión debe de haber delatado el cortocircuito, incluso con el vino en su empeño por disimularlo.
—Ya decía yo que esa carita me sonaba —comento con la vista fija en Sarah, que me responde con una sonrisa sincera.
Josh sonríe también, esta vez con un deje de suficiencia que no se esfuerza en ocultar.
—Nos dicen que nos parecemos bastante —añade ella, con el ego inflado.
—Tú viniste después, así que la que se parece eres tú —responde él con una media sonrisa que delata la broma.
—¿Cuántos años tienes? —pregunto sin filtro. «Bravo, Alicia. Finura nivel cero».
—Cumplo veinte en dos días. Justo hablábamos de la fiesta.
—Ah, qué bien. No te felicito antes, que da mala suerte, pero espero que tengas una celebración preciosa —respondo con honestidad.
—Si quieres, puedes venir —me invita sin pensarlo.
—¿Yo? No... no creo... —balbuceo. No me lo esperaba.
Josh interviene de inmediato:
—Alicia tendrá mil cosas que hacer, Sarah. Dudo que pueda ir a la fiesta de alguien a quien apenas conoce.
Qué generoso. En lugar de agradecer el gesto de su hermana, me empuja hacia la salida. Saco la artillería emocional.
—¡Qué va, Josh! ¿Qué día has dicho, Sarah?
—El domingo. Así todos podrán venir —responde ella, encantada.
—Cuenta conmigo. Gracias por invitarme.
—¡Genial! Me hace ilusión —dice Sarah con entusiasmo, y no puedo evitar sentir un pequeño chispazo de simpatía hacia ella.
—Josh, ¿me mandas luego la ubicación? —le pregunto con media sonrisa.
Él asiente, sin perder esa expresión serena que ya no logra esconder el fastidio. Algo me dice que no le hace ni pizca de gracia que me presente el domingo.
—Te la envío luego, sí.
—Pues nada, os dejo. Tengo a mi amiga a la espera en la mesa. Que paséis buena tarde y disfrutéis de la comida. Encantada, Sarah. Nos vemos el domingo. Hasta luego, Josh.
Echo una última mirada mientras me despido. Él continúa fijo en el mantel, como si le hubieran servido un plato repleto de problemas.
—Hasta luego —responden a la vez.
Me alejo en dirección a nuestro sitio, aunque recuerdo que mi intención original es ir al aseo.
Volver ahora sin más resultaría rarísimo, así que cambio de rumbo en el último segundo.
De reojo, capto una sonrisa ladeada en los labios de Josh, que ni siquiera levanta la vista.
Me ha visto. Y, encima, parece disfrutar de mi despiste.
En el baño, me refresco la nuca con un trozo de papel mojado en un intento por recomponerme.
Cuando regreso, Blair me recibe con tono acusador:
—Jo, Alicia... ¿Has estado todo este rato en el servicio? Me has dejado aquí tirada.
—¿Yo? —ladeo la cabeza, como si no entendiera la queja—. Ay, sí, perdona. Me ha entrado un dolor de estómago repentino. El vino me ha sentado fatal.
—Qué delicia, tía —dice, con el ceño fruncido—. Pues era caro.—Hablando de caro… ¿Pagamos ya y nos vamos? Dividimos la cuenta, ¿te parece?