Rompiendo las olas Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Logro aparcar casi en la puerta, un auténtico golpe de suerte.

Salgo del coche a toda prisa y entro en el bar.

Al fondo, distingo a Delia agitando el brazo para llamar mi atención.

Le devuelvo el gesto y me abro paso entre la gente que ya empieza a aglomerarse para el concierto.

Agradezco internamente que haya llegado temprano y nos haya conseguido un buen sitio.

Nos saludamos, me acomodo junto a ella y comenzamos a charlar de todo un poco.

La banda arranca y, la verdad, son muy buenos.

Se llaman Iron Wings y Delia me informa de que van a participar en un festival importante este año.

Me siento afortunada de ver en directo a unas futuras estrellas del indie rock .

—¿Os traigo algo más de beber, chicas? —nos pregunta un camarero.

—Oh —dice Delia—. Yo estoy bien con mi cerveza, gracias.

—Sí, y yo con mi tónica. Gracias .

En cuanto el chico se va, Delia me lanza una mirada cómplice.

—Háblame de Josh.

—No hay nada que contar sobre Josh.

—Venga ya. ¿Su talla, su dirección, algo? Detalles fascinantes.

Me río por lo bajo y jugueteo con la pajita de mi bebida.

—Eh… Pues… —dejo el vaso sobre la mesa—. Me gusta cómo me habla.

—¿Cómo?

—Siento que… me escucha. Me hace creer en mí misma. Me calma.

Hasta a mí me sorprende la confesión. Y a Delia también, porque frunce los labios.

—Lo sé, parece ilógico. No lo conozco de nada. Un cliché de manual —niego con la cabeza.

—No, no. Me parece… increíble.

Sonrío, algo más aliviada.

—Mira, sé que ahora no soy la amiga en la que más confías —levanto una ceja ante su comentario—, pero conozco bien a tu yo del pasado.

—Sí, mejor que nadie, la verdad.

—Y según veo, estás haciendo un gran trabajo. Estás integrándote, te estás moviendo, y eso me hace sentir muy orgullosa de ti.

—Estoy nerviosa por lo de mañana. No voy a mentirte.

—Claro, aunque también es un paso enorme. —Me dedica una sonrisa de las que reconfortan.

—Y, Delia… —la miro a los ojos—. Confío en ti. Engel, Blair y tú sois mi pilares aquí. No lo olvides.

—Lo sé —su sonrisa se ensancha, aunque detecto algo en su expresión que me inquieta.

—¿Qué pasa?

—Solo que… vayas con cuidado con Engel —su tono se suaviza y sus palabras me golpean como un mazazo—. No des pasos en falso con él.

Enarco las cejas, desconcertada.

—Ahora me dejas preocupada. ¿Por qué debería tener cuidado con Engel? ¿Ha pasado algo? Es cierto que últimamente lo noto raro, pero… —trago saliva— es mi amigo.

—No debería haberte dicho nada. Lo siento —se disculpa, aunque ya es tarde. La curiosidad me carcome.

—Si hay algo que deba saber, Delia, necesito que me lo digas. Por favor.

Ella aparta la mirada y observa a la banda durante unos segundos. Yo contengo el aliento, con el corazón desbocado. Si me hubiera mordido una serpiente, sabría mejor cómo reaccionar que frente a esta espera. Finalmente, se gira hacia mí .

—Creo que Engel ha estado enamorado de ti desde que rompió con Amanda.

Un zumbido me atraviesa los oídos. Me cuesta procesar lo que acaba de decirme. Tiene que estar equivocada. No puede ser. Engel siempre ha sido mi confidente, mi mejor amigo. Si estuviera enamorado de mí, lo sabría. ¿O no?

—Eso es imposible. Entiendo que, a veces, nuestra relación pueda parecer ambigua y dé lugar a malentendidos, pero…

—No, Alicia. No son malentendidos. Me lo dijo Blair.

La miro, incrédula.

—¿Blair?

—Sí. Una noche, con unas copas de más, me confesó que su hermano lleva siglos enamorado de ti. De hecho, cree que dejó a Amanda por ti.

—¿Que dejó a Amanda por mí? ¿Qué estás diciendo? Si fue Amanda la que lo dejó a él.

Intento mantener la calma. Parece que hay demasiadas piezas sueltas en esta historia y ninguna tiene sentido.

—Pues, según Blair, no. Amanda sospechaba que Engel sentía algo por ti y lo confrontó varias veces. Él siempre lo negó, hasta que un día pasó algo… y terminó con ella.

¿Qué me está contando? Me parece una barbaridad. ¿O no tanto? Recuerdo la noche de su cumpleaños: cómo me hablaba, cómo me tocaba, lo que me susurró en la cocina, sus confesiones repentinas, su forma de mirarme… ¿Podría encajar con lo que dice Delia? ¿Podría ser real?

No. No quiero que lo sea. No puedo permitirme creer que es verdad, porque si lo fuera, perdería a un amigo. Y no estoy preparada para más pérdidas.

—Esa historia debe de tener otra versión. No creo que sea como lo veis vosotras.

Delia baja la mirada. Cuando la alza, su expresión es grave.

—Si estuviera en tu lugar, también desearía que fuera otra cosa.

Se calla, bebe un trago de cerveza y se gira para prestar atención al escenario. Yo hago lo mismo, aunque mi cabeza no para de dar vueltas como una noria. A diferencia de las ferias, aquí no hay diversión; solo mareo y confusión.

Intento concentrarme en la música, en la gente, en el ambiente.

Todo es inútil. Tal vez Delia tenga razón.

Ya había sentido que algo no encajaba y quizá haya más verdad en sus palabras de la que quiero aceptar.

Si Engel me ha estado mintiendo, si ha jugado a disfrazar su atracción como camaradería…

entonces esto va mucho más allá de una simple decepción.

Es un a traición. Le he contado todo —mis historias, mis ligues, mis dramas— confiando en que los vivía desde la vereda de la amistad.

Si ha estado fingiendo todo este tiempo, me ha tomado por tonta.

Y ahora mismo, eso es justo lo que siento que soy.

A lo largo de los últimos años, lo único que me ha mantenido a flote han sido mis amigos.

Sin embargo, esta noticia cae sobre mí como un cubo de agua helada; me hace cuestionar si realmente sé quiénes son.

Empiezo a darme cuenta de que he depositado demasiadas expectativas en ellos, esperando una reciprocidad que no existía.

Para mí, el afecto nace desde un lugar muy íntimo llamado sinceridad, esa que emana de lo más profundo y no deja espacio para los secretos.

Por eso me pesan tanto los silencios. Son como veneno.

Siento que volver a Malibú no me está dando la claridad que buscaba, o tal vez me la ofrece en exceso.

Aquí todos parecen tener secretos. Todos menos yo.

Me siento vendida. He sido honesta con cada uno de ellos: con Engel, que prefiere callar lo que siente antes que tener el valor de decírmelo, trastocando lo que habíamos construido; con Blair, que lo sabía y decidió guardar silencio.

Con Delia es distinto: no era su obligación contármelo y, aun así, lo ha hecho.

Se lo agradezco. Luego está mi padre, que oculta una relación lo bastante seria como para hablar de boda, como si el asunto pudiera digerirse de un día para otro.

Y mi madre… que quizás me ha mentido toda la vida respecto a lo que siente por él.

Qué ironía. Vine a Malibú en busca de respuestas y solo encuentro preguntas más difíciles. No estoy resolviendo mis problemas; he desenterrado otros mucho más espinosos.