ROMPIENDO LA TRADICIÓN CAPÍTULO 2
29%

CAPÍTULO 2

Dean

—¿Quieres otra cerveza? —le pregunto, mirando dentro de la nevera, donde apenas quedan unas cuantas botellas perdidas entre tanta fruta, verdura y yogures.

Mi nevera nunca ha estado tan llena ni tan sana y ahora, además de tener que compartir mis yogures con Brad, también tengo que compartirlos con Claire.

—Sí —grita Brad desde el salón, tirado en el sofá cama, vestido solo con unos calzoncillos.

Son las dos de la madrugada de un viernes y, después de haber tenido sexo dos veces —sí, dos veces—, estamos en calzoncillos, bebiendo cerveza y comiendo pizza mientras vemos la repetición de un partido de baloncesto.

—Toma. —Le paso una botella ya abierta, cojo otro trozo de pizza de pepperoni y me siento a su lado—. ¿Cuánto tiempo hacía que no estábamos así?

—Desde que llegó Claire.

—Sabes... —empiezo con la boca llena, pero tengo que tragar antes de continuar— me encanta esta noche solo para nosotros, pero también la echo muchísimo de menos.

Brad recuesta la cabeza en el respaldo del sofá y sonríe al mirarme.

—Yo también.

—¿A qué hora vuelve mañana?

—Le prometí a Candice que me quedaría con ella en Zach a las nueve.

Cojo mi móvil de la mesita auxiliar para comprobar si hay alguna llamada de Candice y me sorprende ver que tengo dos llamadas perdidas de Alicia y un mensaje de voz.

—Tu madre intentó llamarme hace un rato.

Brad frunce el ceño, coge su móvil y desbloquea la pantalla.

—A mí no me ha llamado. —Le levanto una ceja y él pone los ojos en blanco—. Ni siquiera sé por qué sigo sorprendiéndome.

—Yo tampoco lo sé —le provoco, desbloqueando el móvil—. ¿Un mensaje de audio de tres minutos? ¿En serio? Tu madre siempre es tan práctica. —Pulso el play y me acerco el móvil a la oreja.

—Dean, cariño, ¿cómo estás?

Intenté hablar contigo antes, pero no me contestaste.

Supuse que estarías ocupado con Claire y que Brad debía de estar trabajando, para variar un poco.

Así que decidí enviarte un audio. Espero que no te enfades con nosotros, pero este año Harry y yo hemos decidido pasar el Día de Acción de Gracias en Miami y...

—¿Qué? —grito, dejando caer el teléfono sobre el sofá sin ningún cuidado.

—¿Qué pasa?

—¿Qué pasa? ¡Tu madre está cancelando oficialmente el Día de Acción de Gracias este año! ¿Qué locura es esta?

Brad coge el móvil y se lo lleva a la oreja. Entorno los ojos al verlo contener la risa mientras escucha el mensaje.

—Solo es una fiesta, Dean.

—¡No, no lo es, y tú lo sabes! —Le señalo con el dedo índice—. Una vez, cuando estaba en la universidad, decidí no ir y tuve un accidente de coche. ¡Estuve casi dos semanas ingresado y completamente solo! El año pasado fuimos a Texas y ¿qué pasó?

—Pasó lo de Claire —dice, sonriendo con sinceridad, y acabo sonriendo con él.

—No, no voy a caer en tu trampa. —Vuelvo a ponerme serio y voy hasta la cocina, sin saber muy bien qué hacer. Regreso unos segundos después con las manos vacías—. Nos separamos y lo pasé fatal por eso.

—No vamos a separarnos otra vez.

—No tienes forma de saberlo.

—Escucha, te lo iba a contar mañana para no estropear nuestra noche, pero ya que has empezado a flipar... —Frunzo el ceño.

—Joder, ¿qué pasa?

—Voy a estar de guardia el viernes, el sábado y el domingo, así que, de todas formas, no podría viajar.

Exhalo y apoyo las manos en las caderas.

—¿Estás bromeando, verdad?

Brad niega con la cabeza, apretando los labios.

—Joder...

—Dean. —Se pone de pie y se acerca a mí, apoyando las manos en mis hombros—. Vamos a pasar el Día de Acción de Gracias juntos, solo nosotros tres, y no va a pasar nada.

—Estamos rompiendo una tradición.

—En teoría, mis padres también la están rompiendo, así que...

—Sí, puede ser —respondo, apartando la mirada por un instante, pero las manos de Brad en mi cara hacen que vuelva a mirarlo. El hijo de puta está sonriendo de lado, mostrando su hoyuelo y mirándome fijamente con sus profundos ojos marrones.

—¿Te apetece hacer el amor en nuestra cama?

—¿Quieres follar otra vez? —le pregunto, arqueando una ceja solo para provocarlo, porque ni en sueños rechazaría un polvo, y mucho menos con él.

—No —susurra, acercando el rostro hasta que sus labios rozan los míos—.

Te dije que quiero hacer el amor contigo, esta vez muy despacio...

—Desliza la boca por mi barbilla, acaricia mi cuello con la punta de la lengua hasta llegar a mi oreja.

Mi cuerpo responde en cuanto oigo su voz ronca, cargada de deseo—.

Quiero oírte decir mi nombre mientras te corres... conmigo.

Sonriendo, le cojo la mano y la guío hasta mi pelvis. Él me aprieta y se pasa la lengua por el labio inferior al comprobar que ya estoy duro.

—Creo que eso es un sí.