Romeo, ¡objetivo a la vista! Capítulo 53
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Capítulo 53

—Correcto. Mi madre, en su empeño por averiguar dónde ibais este año de vacaciones, se cruzó con la información de que habíais reservado los vuelos con nuestra compañía. Después todo se dio rodado.

—¿Por qué tengo que creerte?

Fruncí el ceño.

—Puedes estar mintiéndome —insistí—. ¿Cómo sé que no eres un experto?

—Soy muy sincero, Carina. —Balanceó el botellín—.

Soy tan sincero que he hecho esto, a pesar de que suponía que mi madre estaría enfadada conmigo durante una buena temporada.

No lleva bien que pasemos por encimad de ella, ni mucho menos que la dejemos mal delante de nadie. Aunque en el fondo está encantada.

—¿Cómo? ¿Qué has hecho?

Romeo le dio un sorbo a su cerveza y cuando soltó el botellín, se acercó al fuego para apagarlo, antes de salir de la cocina en silencio.

Me dejó sin saber qué pensar, mirando hacia el hueco de la puerta por el que se había ido.

Pero no tuve que esperar mucho, Romeo regresó con un periódico en una mano, mientras que con la otra se desbrochaba el delantal.

Vino hacia mí y nos quedamos cara a cara. Colocó el periódico a mi espalda, en la encimera de la isla, y se quitó el delantal cuando tuvo las dos manos libres. Todo ello sin apartar los ojos de los míos.

Contuve la respiración cuando me agarró de la cintura y me impulsó hacia arriba, para dejarme sentada sobre la isla de la cocina. Esta era amplia, ancha y larga, por lo que nos quedamos separados de las verduras que había estado cortando.

A estas alturas ya no podía apartarme de él. Quería creerle, necesitaba creerle, pero, aunque todavía no podía, estaba llevándome por el buen camino para que lo creyera.

Además, si toda mi familia se había puesto a favor de él, era por algo.

Se acercó a mí mucho, porque abrí un poco las piernas para darle espacio, y se inclinó para coger el periódico. Nos quedamos tan cerca que nuestras respiraciones se entremezclaron.

Cuando se separó y me recuperé del estado en el que me dejaba, bajé la mirada al periódico abierto que colocó en la falta de mi vestido.

Lo cogí con las manos temblorosas y comencé a leer el artículo. Estaba en italiano y como necesitaba saber bien lo que habían escrito en lo que parecía una entrevista, con preguntas y respuestas, le pedí a Romeo que me lo tradujera.

—Tú hazme las preguntas traducidas y yo te contesto —me pidió.

Asentí porque eso podía hacerlo perfectamente.

Comencé a hablar, como si fuese yo quien estuviera entrevistándolo, y entonces supe que Romeo había desmentido a su madre frente a toda la prensa y la sociedad italiana. De ahí el enfado que tenía Greta.

Esa mujer tenía que dar gracias a que su hijo no la dejó peor, porque podría haber explicado que lo organizó todo para hacernos coincidir en la isla a la que fuimos de vacaciones, con el único propósito de unirse a nuestra familia, por partida doble y en busca de dinero.

Romeo también dejó claro con una de sus contestaciones que nunca había estado con Sofia Rossi. Lo remarcó e insistió en ello, como también en que no tuvo nunca la intención de acercarse a ella. En ningún momento ni con ningún fin.

Habló de su actual empresa, de la retirada de su padre y de los problemas por los que había pasado el negocio, sin entrar en detalles.

Pero de la misma manera comentó que estaban saliendo del pequeño bache al que se habían enfrentado él y su equipo directivo, en el que se encontraba su hermano Marco.

Había sido un gran trabajo en equipo, dirigido por Romeo, con el que habían conseguido sacar la empresa adelante.

Romeo fue muy modesto porque no dudé ni por un segundo que la mayor parte del peso y de la responsabilidad las había soportado él, pero los logros, los que también serían mayoritariamente suyos, estos, quería que se repartieran entre todos.

Las palabras que más me afectaron y me emocionaron, las que me llegaron al corazón y me nublaron la vista, porque las pronunció mirándome fijamente y con intensidad, fueron las que dijo bien alto sobre mí.

Varias lágrimas se escaparon de mis ojos cuando lo escuché decir que estaba enamorado de una española que era una influencer famosa, aparte de ser famosa por la familia tan importante que tenía. Pero que ni mucho menos la quería por su dinero ni por su posición social.

Por último, se despidió diciendo e insistiendo que nadie tenía el poder de hablar en su nombre ni en el de su hermano, por si llegaba a darse el caso de nuevo.

Fuese quien fuese de quien viniera la información.

Dejó claro que Marco y él eran los dueños de sus vidas y que nada más que ellos mandaban en ella.

Remarcó que la prensa sabía que le gustaba mantener su privacidad, por lo que esta entrevista era una excepción necesaria a la que se había visto forzado.

Terminó de hablar comentando que a partir de esta entrevista todo volvería a su sitio, por lo que desbarató su madre, y que, una vez que finalizara ya no quería saber nada más de ningún medio de comunicación que se dedicara a hablar de cotilleos, tal y como llevaba haciendo toda su vida.

—¿Ahora me crees? —me preguntó, susurrando.

Me quitó el periódico de las manos, lo dejé a un lado de la encimera, y me acarició las mejillas. Al hacerlo me retiró las lágrimas.

—Sí —susurré igual.

—Si tus padres han confiado en mí y me han dado plena libertad es porque he hablado antes con ellos.

Fue ayer por la mañana, estuvimos un buen rato al teléfono y después nos vimos por videollamada.

Me sinceré con ellos y les dije lo que había hecho, lo de la entrevista, dando el primer paso para recuperarte.

—Que calladitos han estado —suspiré.

—Ese era el plan. Tenía pensado coger un vuelo hasta aquí, pero en cuanto me dijeron que se iban hoy no me lo pensé y compré el billete de avión antes de que nos despidiéramos en la videollamada.

—¿Y Marco?

—No me hizo falta preguntarle si me acompañaba, llevaba unos días fatal. Por momentos estaba muy decaído y en otros cabreado, por lo que le hizo a tu hermana. Sabía que estaba deseando solucionarlo con ella, así que también compré su billete.

Lo abracé llorando, con la necesidad de sacar todo el malestar que había sentido hasta ahora. Romeo me apretó entre sus brazos y me pegó a él. Escondí la cara en su cuello, para que su olor me calmara.

—He hablado con toda tu familia. Gracias a tus padres pude llamar a Julia y descolgó, lo mismo que sucedió con tu hermano Dylan. Con él me vi ayer por la tarde en Milán.

Lloré con más intensidad.

—Así que después de conseguir el apoyo y la simpatía de toda tu familia, en la que está incluida Marisa, solo me quedaba llegar hasta a ti.

Me dio un beso en la cabeza.

—No llores.

—Es que me has dicho que me quieres y yo no te he dicho nada —hipé.

Noté cómo su pecho se movía, como si estuviera riéndose en silencio.

—Puedes decírmelo ahora.

Me separé y lo observé durante unos segundos. Para mí era tan perfecto…

—Te quiero —le confesé.

—Te quiero —me devolvió.

Me agarró de la nuca y me besó. Me recorrió un escalofrío en el instante que nuestros labios se tocaron de nuevo y una vez que sucedió, no pudimos separarlos durante mucho tiempo.