Romeo, ¡objetivo a la vista! Epílogo
100%

Epílogo

Nueve años más tarde…

Romeo

Cómodo, en la tumbona de la piscina, veía cómo Carina jugaba en el agua con nuestros hijos.

Hacía un buen rato que se habían metido, ya debían tener partes del cuerpo arrugadas, pero a los tres les daba igual.

Bueno, a mi mujer no tanto, porque había intentado salir de la piscina varias veces, sin éxito. Abel y Martina, de seis y cuatro años, respectivamente, no dejaban que se alejara de ellos.

Sonreí mientras me llevaba el botellín de cerveza a los labios.

Estábamos pasando unos días de vacaciones en la casa de mis suegros, Ernesto y Carlota. Aquí estaríamos un par de semanas, para disfrutar de la familia. O quizás más, no teníamos ninguna prisa por irnos.

La vida de Carina y la mía comenzó a cambiar el día que llegué a esta misma casa, para encerrarme en ella si era necesario. Aceptar que nos queríamos, que estábamos enamorados del otro, supuso un cambio radical.

Ella se vino a vivir a Italia conmigo. No fue de manera permanente, solo algunos meses durante los primeros de la relación. Carina estaba un tiempo en Italia y después regresaba a su país.

El problema fue que conforme fue pasando el tiempo cada vez nos costaba más separarnos por largas temporadas. Yo estaba limitado por la empresa, así que no tenía la facilidad de ella para viajar y permanecer un tiempo en otro lugar.

Ese fue el motivo por el que Carina terminó trasladándose a Italia, momento en el que compramos una casa que convertimos en la vivienda familiar.

Veníamos a España siempre que podíamos y nuestra opción para quedarnos era la casa de mis suegros. Carina mantenía la suya de propiedad, la misma en la que nunca vivió. Una inmobiliaria se encargaba de alquilarla por temporadas, ya que por el momento Carina no quería desprenderse de ella.

Me casé con mi mujer cuando llevábamos cerca de dos años juntos, en una boda que conseguimos que fuese íntima y preciosa. A ella solo asistieron nuestra familia más cercana y nuestros mejores amigos.

Carina sigue siendo una persona muy influyente en las redes sociales, en ese sentido su vida no ha cambiado nada.

En el que sí lo ha hecho es que también es empresaria.

Años atrás montó con su hermana una tienda de ropa en Milán y les fue tan bien que, hoy día, tienen varias repartidas por distintas ciudades de Italia. También hacen muchas ventas online.

Yo continúo al frente de la empresa aérea, como dueño y como el que la dirige, aparte de que sigo siendo el CEO que lleva el control de la isla en la que me perdí varios días con Carina, por el festival que se celebraba en aquel momento.

Desde hacía años mi hermano tenía acciones de la empresa.

Al final lo llevé por donde quise, por mi salud mental.

Cuando nuestro padre se retiró y quiso dejar el negocio a manos de los dos, Marco se negó a ostentar dicho cargo.

Con el tiempo conseguí que aceptara un tanto por ciento de las acciones, porque también le pertenecía una parte de la empresa familiar.

Yo sigo siendo el dueño, por mayoría, pero al menos mi hermano desde hace tiempo ya no está desprotegido.

Mi relación con mis suegros es genial, pero no puedo decir lo mismo de la de Carina con mi madre.

Con los años, mi mujer ha limado asperezas con ella, por lo que hizo en el pasado y estuvo a punto de separarnos definitivamente.

Pero, a pesar de que Carina tolera su presencia, no se siente cómoda cerca de mi madre.

Nos reunimos como una familia, claro que sí, pero Carina lo hace primero por mí y después por nuestros hijos, para que yo no me aparte de mis padres y para que los niños no crezcan sin conocer a sus abuelos. Me quedó claro años atrás que sería imposible hacerlas encajar.

Tampoco lo quería, entendía la postura de mi mujer, más que nada porque conocía muy bien a mi madre y era una manipuladora nata. Con quien podía, claro, porque a mí no se le ocurriría nunca más jugármela. La perdoné porque es mi madre, pero no he olvidado lo que me hizo. Lo que nos hizo.

Mi padre, por otro lado, siempre se ha mantenido al margen de lo que provocó su mujer. Él está muy involucrado con nuestra familia. Con Carina se llevaba muy bien.

Marisa apareció sonriente. Salió al jardín cargando con una bandeja. Esta mujer no paraba quieta. Continúa trabajando para mis suegros y viviendo con ellos de interna. Nada había cambiado porque Marisa es una más de la familia.

Abel sigue siendo el hombre para todo en la familia: chófer, seguridad y amigo.

En definitiva, familia también. Lo mismo que sucedía con mi amigo Luigi.

El primero, Abel, no tiene pareja. El segundo, Luigi, está casado desde hace cuatro años, pero lleva con Bianca ocho años.

Tienen dos hijos, Mattia y Alice, de cinco y tres años, respectivamente.

Nuestros hermanos, Julia y Marco, retomaron su historia el día que Marco fue a buscar a Julia a la casa en la que ella pasaba las vacaciones.

Se quedaron allí unos días, pero después se despidieron de las amigas de Julia y pusieron rumbo a la casa de Ernesto y Carlota.

Cuando llegaron Carina y yo todavía estábamos allí.

Nos encontraron solos y con los días llegaron Marisa y los padres, mis suegros.

Marco y Julia ya no volvieron a separarse, ellos también viven en Italia porque se vieron en la misma situación que nosotros.

Laboralmente hablando. Se casaron cuando llevaban un año juntos.

Julia, como su hermana, sigue muy activa en las redes, aparte de llevar para delante las tiendas de ropa.

Tienen tres hijos, Andrea, Luca y Carlo, de siete, cinco y tres años, respectivamente. Los cuatro continuamos muy unidos.

Después está Dylan, el otro hermano de Carina, el que poco faltó para que me partiera la cara cuando me encontré con él en Milán.

Fue la primera vez, cuando al día siguiente viajaba a España para recuperar a Carina.

Después de unos primeros minutos tensos, al final terminamos hablando sentados en una terraza.

Ahí pude explicarle todo y pareció que lo encajó bien, pero hasta que no habló al día siguiente por la noche con su hermana, para saber cómo había ido el encuentro conmigo, hasta ese momento Dylan no me aceptó en la familia.

Hoy día lo recordamos y nos reímos, porque ambos para el otro somos muy importantes.

Nos llevamos genial. Damián y él están casados y viven en España, que es donde Damián tiene la bodega de su propiedad.

Viajan mucho a Italia. Sobre el trabajo de Dylan, continúa siendo actor y de éxito, pero está planteándose dejarlo.

Está cansado de viajar y de pasar temporadas lejos de Damián, por los rodajes, y Damián cada vez lleva peor su ausencia.

Se aman con locura, pero el amor hay que cuidarlo y mimarlo, protegerlo.

Es por eso por lo que Dylan está decidido a abandonar su profesión y sin ninguna pena.

Con el dinero que lleva ganado puede vivir varias vidas, según sus palabras.

Y me consta que es así, además, la bodega de Damián genera muchos beneficios.

Y sobre cómo Dylan dio a conocer su relación con Damián, bueno, fue muy natural todo y un bombazo.

Ambos asistieron a una fiesta de gala en la que se reunían muchas personas famosas y en el momento de fotocol, cuando eran el centro de atención de todas las cámaras, Dylan agarró de la mano a Damián y lo besó en la boca.

Ese momento quedó retratado e inmortalizado de muchas maneras, así como la noticia dio la vuelta al mundo.

A partir de ahí se terminó el esconderse y el negar lo evidente, que eran una pareja que se amaba.

Alberto y Pablo, los amigos de Damián, entraron con fuerza en nuestro grupo privado.

Era muy normal que viajaran a Italia para estar con nosotros.

Teníamos mucho contacto y no se perdían ninguno de los viajes que hacíamos en grupo.

Había algo que ninguno nos saltábamos, y es que una vez al año organizábamos un viaje al que íbamos todos.

Aquí no entraban los padres, ellos se quedaban encantados con los nietos, al igual que Marisa.

Alberto está casado con Maite y tienen un hijo de seis años, César.

Pablo tiene una relación con Sandra, pero por el momento no están pensando en dar el paso del sí, quiero .

Aunque lo harán en un futuro. Tienen una hija de cuatro años, Aroa.

Y, por último, están Aitana y Matías. ¿Os acordáis de la pareja que conoció Carina durante el festival de la isla, los mismos que la ayudaron a que yo no la encontrara?

Pues esa pareja es. Carina y ellos entablaron una buena amistad y que Carina se trasladara a Italia no supuso que perdieran el contacto.

Nada que ver. Venían de viaje a vernos como mínimo varias veces al año, al igual que hacíamos nosotros cuando podíamos.

Se casaron al poco tiempo de aquel verano del festival y continúan igual de bien, como entonces.

Tienen dos hijos, Miguel y Pedro, de siete y cinco años, respectivamente.

Nuestros hijos, los de ambas parejas, se llevan genial.

Y hasta aquí la aventura de nuestras vidas, al menos hasta este momento porque todavía nos queda mucho por recorrer.

Yo, mientras que esté con mi mujer, mis hijos y toda mi familia y amigos, ya soy feliz. No necesito nada más.

Atesoro la estabilidad de saber que cada día me despierto al lado de Carina y que, cuando me acuesto, ella sigue estando junto a mí. Porque eso significa que todo lo demás está bien.