Romeo, ¡objetivo a la vista! Capítulo 45
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Capítulo 45

En cuanto abrí los ojos al día siguiente lo primero que vi fue a mi hermano tumbado en su lado de la cama, durmiendo plácidamente.

La luz del día entraba por las pequeñas rendijas de la persiana.

Parpadeé varias veces para aclararme la vista y mi hermano continuó donde estaba.

En algún momento regresó, para que todo siguiera como hasta antes de dormirnos. Lo que no sabía él es que eso era imposible. Y me supo mal que, por mi culpa, por mi presencia, no hubiera podido pasar la noche completa con Damián.

Se encontraba bocarriba, con un brazo por encima de la almohada y el otro sobre su barriga. Tenía los labios entreabiertos y una expresión de paz increíble.

¿Por qué no has confiado en mí, Dy?

Le hice la pregunta, pero en mi cabeza. No la pronuncié.

No me moví, me quedé contemplándolo. Era precioso, todo él, incluso el aura que desprendía. Lo adoraba, no me cansaría nunca de decir que era mi persona favorita, entre todas las personas a las que quería y eran mi vida.

El apartamento estaba en completo silencio, Damián también debía estar dormido. A saber, a qué hora caerían anoche, porque se quedaron hablando. Ese fue el último recuerdo que tenía de ellos, el del murmullo de sus voces.

Mi hermano se giró hacia mí y se quedó de lado, igual que estaba yo. Como si pudiera saber que lo observaba, al cabo de pocos segundos abrió muy despacio los ojos.

Sonreí y le retiré un mechón de la frente.

—Buenos días —susurré.

—Buenos días, cariño —me correspondió, hablando igual de bajo.

—¿Cómo has dormido?

Mi pregunta no iba con doble sentido, solo quería saber si había descansado.

Lo de anoche le dio sentido a mi preocupación de días atrás, cuando sentí que a mi hermano le pasaba algo.

No entendía cómo había podido ocultar durante tanto tiempo una verdad tan grande para él. Y no solo de cara al mundo exterior, que el suyo era complicado de narices porque era un personaje famoso, un actor muy conocido y de éxito, sino que nos lo había ocultado a la familia.

¿Cuántas conquistas de mujeres le habíamos echado encima?

Muchísimas, infinidad de ellas, lo que no quería decir que todas fuesen mentira.

Seguramente había estado con bastantes mujeres, no lo dudaba, pero lo que vi anoche, lo que sentí en él, la necesidad y el miedo que percibí cuando le dijo a Damián que lo necesitaba…

Hasta pude sentir su gran alivio cuando Damián le dijo ven aquí y le agarró las manos para meterlo en su cama, para acercarlo a él.

¿Cuánto has sufrido, Dy?

Otra pregunta que no salió de mis labios.

—He dormido bien —me contestó—. ¿Y tú?

Mantuvimos un tono de voz muy bajo, apenas un susurro, para no despertar o molestar a Damián. Aunque siempre que se dormía tarde le costaba despertarse.

—Igual que tú —le sonreí—. Se me hace raro que estés aquí a esta hora.

—Y a mí.

Soltamos una risilla.

Mi hermano tenía el día libre hoy, todo un lujo que íbamos a aprovechar al máximo. No necesitábamos hacer grandes cosas, solo estar juntos. Con ese pensamiento entendí sus palabras, cuando le dije una noche que fueran ellos a cenar fuera, ya que a mí no me apeteció moverme ni quitarme el pijama.

En ese momento él me dijo que no iba a irse sin mí y yo le insistí para que lo hiciera, porque era una tontería que no quisiera dejarme sola, cuando lo que yo no quería era estropearles a Damián y a él la diversión y la desconexión.

La respuesta de mi hermano fue clara: únicamente necesito estar con vosotros, el lugar me da igual. Si es este apartamento, pues perfecto. Bastante tiempo paso solo, por el trabajo .

—No sabes las ganas que tenía de hacer otra pausa en el trabajo, los días que descansé me supieron a muy poco.

—Es que casi no tuviste.

—Mejor eso que nada, pero joder, es que los rodajes se hacen tan intensos. Y si solo fuera ponerse delante de las cámaras…

—Lo sé, pero te encanta.

Le sonreí.

—Sí.

—Lo siento.

—¿Por qué? —Frunció el ceño— ¿A qué viene eso?

—Te vi anoche.

Como continuó con la misma expresión me lancé a ampliarle la información, para que supiera a qué me refería.

Lo dejé callado cuando estaba preparado para preguntarme de nuevo. Le cerré los labios de golpe con mis siguientes palabras.

—Me desperté durante la noche, con mucha sed. No estabas al lado, en esta cama, y pensé que habías ido al baño porque estaba la puerta cerrada. Lo siento —repetí—. Salí de la habitación para ir a la cocina, pero no llegué a dejar el pasillo. Dy…

Nos quedamos en silencio y en sus ojos vi pasar tantas emociones…

—Escúchame, Dy, no pasa nada —tuve la necesidad decirle—. ¿Me oyes? Absolutamente nada. ¿Cómo piensas que iba a reaccionar si algún día me enteraba? Soy yo, tu hermana favorita.

Con esa pequeña broma, no tan broma porque yo sí que era su favorita, aunque a Julia la adoraba y por las dos hacía lo imposible, pues con esa pequeña broma conseguí sacarle una sonrisilla.

—Siempre voy a estar contigo —insistí—. Te apoyaré en lo que sea. Siempre. Pensaba que no tenía que decírtelo, que no hacía falta.

—Sé que te tengo, cariño.

—¿Entonces? ¿Por qué me has ocultado algo tan importante? No lo entiendo. Nos has ocultado a la familia una de las cosas más importantes de ti, cuando sabes que todos te adoramos. Nuestros padres…

—Papá lo sabe —me interrumpió—. Lo de Damián no, pero lo mío sí.

Me dejó con la boca abierta, pero enseguida me recompuse.

—¿Y mamá?

Negó con la cabeza.

—Fue un día en el que yo no me encontraba bien, de esos en los que tienes un bajón tan grande que no puedes con el peso de la vida. Dio la casualidad de que papá me llamó y como notó enseguida que me pasaba algo, todo lo que llevaba callándome durante tiempo salió de manera atropellada de mi boca.

—¿Y qué te dijo?

—Qué dónde estaba el problema, si solo tengo que ser feliz.

Sonreí.

—Lo amo. Tenemos los mejores padres.

—Sí —sonrió él también—. Ha sido mi confidente, aunque solo me deshago con él cuando parece que todo me supera.

Desde el principio le pedí que no le dijera nada a mamá porque me correspondía a mí contárselo.

El problema es que el tiempo ha ido pasando, demasiado rápido, y ese secreto se ha quedado conmigo.

Hizo una pausa para hacer una respiración profunda, antes de continuar.

—No quería ocultároslo a propósito, es solo que el silencio se hizo cómodo. Yo… joder, tuve un shock la primera vez que un tío me besó en la boca. Fue por un juego, con los compañeros de rodaje. Eso quedó ahí, pero algo en mí cambió y comencé a hacerme muchas preguntas.

—¿Cuándo fue exactamente?

—Hace siete años.

—Joder. ¿Y lo de Damián?

—Desde hace seis años.

Agrandé los ojos.

—Fue mi segunda vez. —Tragó saliva.

—Seis años juntos.

—No es así del todo y no estamos juntos.

—Pero anoche… lo que vi y sentí al veros… Tenéis mucha complicidad, antes lo entendía como amistad.

—Damián no quiere estar conmigo hasta que deje de mentirme y dar una cara al mundo que no es la mía. —Cerró los ojos, como si le doliera decirlo—. Quiere poder estar conmigo sin prohibiciones, sin ocultarnos.

—Mierda, me he emocionado.

Apreté los labios.

—Y lo entiendo perfectamente —le dije.

—Yo también.

—¿Y por qué no lo haces? Conseguirías a Damián y tu felicidad. ¿De qué tienes miedo? ¿Qué te frena?

—Mi posición no es fácil. ¿Sabes la que se liaría con la prensa si…?

—Me importa una mierda la que se lie, todos te apoyaríamos y te protegeríamos. ¿Los problemas con la prensa son más importantes que tú y tu vida?

—Da vértigo perder todo lo que he conseguido.

—Sí, pero ese es un miedo interno tuyo y los miedos son irracionales. Lo que dices no tiene que ser así. Es más, apostaría todo lo que tengo a que tu vida privada no afectará a la profesional. Eh…

Me miró.

—Y si no es así, que les den a todos, que se atraganten con sus puñeteros rodajes y películas. Tú eres mucho más que eso, infinitamente más. Porque ¿sabes qué sería lo peor de todo para ti?

—¿El qué?

—Que perdieses a Damián, por no atreverte a dar el paso que os llevaría a ser felices.

Tragó saliva con dificultad y pude ver el miedo en sus ojos. Se puso bocarriba, mirando al techo. Yo me acerqué y le agarré una mano.