Romeo, ¡objetivo a la vista! Capítulo 36
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Capítulo 36

Los días habían pasado demasiado rápido, las vacaciones estaban a punto de terminarse y mi sensación de malestar era cada vez más grande.

Al día siguiente mi familia y yo nos íbamos al mediodía del resort, poniendo fin a todo lo que habíamos vivido aquí.

Desde que llegué con Romeo de la otra isla, en la que se celebró el festival, exceptuando el primer día que volvimos, el que estuve más tiempo con mi familia, el resto del tiempo nos habíamos separado muy poco.

Comíamos en familia, con nuestros padres y hermanos. Algunas cenas las hacíamos también con ellos, pero la mayoría íbamos por libre y nos perdíamos por algún rincón del resort.

Las mañanas, las tardes y las noches eran para nosotros dos, aunque nuestros hermanos se nos unían en varias ocasiones.

Todo había sido tan perfecto, tan idílico…

Me parecía mentira que al día siguiente fuese a despedirme de Romeo, que dejaría de verlo constantemente y de estar con él, día y noche. De tener algo al alcance, en cualquier momento, a perderlo de golpe.

Esa realidad me hacía sentirme muy mal, pero en ningún momento había expresado mis sentimientos ni sensaciones. Romeo no había vuelto a sacar el tema de cuando estuviéramos en nuestros países, desde que me pidió en la isla del festival que estuviéramos en contacto.

Imaginaba que para él era suficiente, para mí, desde hacía días, por supuesto que no. Tampoco iba a decirlo en voz alta, era algo mío.

—Hola, cariño —me saludó mi hermana, con voz adormilada.

Me dio un beso en la mejilla y se dejó caer en la silla de mi lado.

Acababa de despertarse, tenía cara de sueño y varias marcas en la cara. Sonreí.

Yo llevaba un rato levantada, aunque todavía llevaba el pijama porque no había querido hacer ruido para no molestarla.

Ninguna de las dos quisimos pasar la noche con los chicos, como si la despedida fuese a hacernos menos daño de esa manera. Una tontería monumental, además, estaba noche, la última, sí que estaríamos con ellos hasta el día siguiente.

—Buenos días —le dije.

—No son nada buenos.

Bufó.

—No estés tan negativa —le pedí—. Si no cambias el ánimo no disfrutarás de hoy con Marco y más tarde te arrepentirás de haber desaprovechado la oportunidad.

—Jo, es que es una mierda. Estoy bien jodida.

—Eso déjalo para cuando estés con él —reí.

—Idiota —se quejó, riéndose también—. Pero tienes razón.

Me hizo un guiño y me levanté de la silla.

—Voy a preparar el café.

—Yo saco todo lo demás —dijo, animándose.

Entramos a la villa y cada una hicimos nuestra parte. Julia sacó las tazas, la leche, el azúcar y las cucharillas, y después esperó a que yo saliera con la cafetera térmica.

En cuanto me senté serví el café en las tazas y después nos preparamos el café con leche, al gusto de cada una.

Me llevé la taza a los labios, para dar el primer sorbo, mientras dejaba la vista perdida donde me alcanzaba la mirada de la gran piscina que teníamos debajo.

—¿Cómo estás tú? —me preguntó.

—No muy diferente a ti —contesté pensativa.

—Lo superaremos.

—Claro.

Le sonreí, mirándola.

Me callé y no añadí ¿cuándo sucedería eso de superarlos? A estas alturas las dos estábamos bien pilladas a los hermanos y ninguna sabíamos qué pensaban ellos de nosotras, qué sentían.

—Tienes razón, vamos a centrarnos solo en disfrutar del día y de la noche que tenemos por delante —dijo.

Asentí.

Nos quedamos en silencio, de esa forma nos tomamos los cafés. Íbamos por el segundo cuando sonó el timbre de la villa.

—Voy yo —dijo Julia—. Nuestros padres están en todo —rio.

Sonreí al verla animada de nuevo y pensé en que me encantaría tener su poder de recuperación.

—No puedo permitir que una mujer tan preciosa esté sola.

Contuve la respiración por la sorpresa de escuchar a Romeo a mi espalda, susurrándome al oído. Una flor muy bonita de tallo largo apareció delante de mi cara y sonreí.

La cogí y me giré rápido en la silla. Él atrapó mis labios con los suyos, en nuestro primer beso del día.

—Buenos días —susurré.

—Buenos días, preciosa —sonrió.

Me dio otro beso, esta vez en la punta de la nariz, antes de incorporarse.

—Hola, Carina —me saludó Marco.

Me levanté para darle dos besos, cuando Julia salía a la terraza con dos tazas para ellos. Les sirvió café en ellas y se las ofreció, para que terminaran de prepararse sus cafés.

Nos colocamos en las sillas por parejas.

—¿Has visto qué sorpresa? —me preguntó Julia.

—Sí.

Sonreí mientras acariciaba el tallo de la flor, mirando a Romeo.

—¿Y mi flor? —se quejó mi hermana.

—No soy tan valiente como mi hermano —rio Marco—. No tengo ni idea de dónde la ha sacado, así que no iba a arrancar ninguna con las cámaras de seguridad que hay.

—¡Qué poco valor! Te hubiera recompensado.

Bufó.

—Joder, déjame que me beba el café y pongo mi vida en peligro.

Rieron. Romeo y yo sonreímos, él también negaba con la cabeza.

Nos tomamos los cafés con calma y repetimos, sin ganas de movernos por lo bien que nos encontrábamos. Cuando estábamos hablando de si pedir el desayuno o ir a uno de los comedores para tomarlo fuera, mis padres aparecieron en la terraza de su villa.

Saludaron a Romeo y a Marco y nos preguntaron si queríamos desayunar tranquilos en la villa, para pedirlo ellos. Les dijimos que precisamente lo estábamos hablando y después de conversar un rato, se despidieron y se fueron a desayunar por el resort.

Julia y Marco fueron a la cama balinesa, mientras que Romeo y yo nos quedamos sentados en las sillas.

—¿Qué piensas? —me preguntó.

—Ahora mismo tenía la mente en blanco.

Apoyé la cabeza en su hombro y me agarré a su brazo.

—Ven aquí.

Retiró su silla de la mesa y me cogió para guiarme, hasta que me dejó sentada sobre sus piernas, de lado. Le pasé un brazo por los hombros, pegándome más a él.

—Continuaremos en contacto —me dijo, intuyendo lo que me pasaba por la cabeza.

—Sí, ya lo dijimos —sonreí.

Le retiré un mechón de la frente y le acaricié el pelo, enredando los dedos.

—Vamos a pensar en el momento que estamos, a vivir al máximo todos los que quedan hasta mañana —me pidió, acariciándome una pierna.

—Os vais antes que nosotros, ¿verdad?

—Sí, sobre las diez —me confirmó y asentí.

—Nosotros al mediodía.

—Me acuerdo.

Sonrió. Yo no tenía ganas.

—Podréis comer aquí tranquilamente, antes de iros al aeropuerto —comentó.

—Mis padres ya lo han dejado hablado en la recepción, comeremos en su villa y después dejaremos el resort. Tú comerás en tu casa.

Coloqué la mano en su pecho, sobre la camiseta.

—Ese es el plan.

Se inclinó para dejar la cara muy cerca de la mía y no desaproveché la oportunidad. Lo besé y después le acaricié los labios.

—¿Qué te apetece hacer? ¿Nos perdemos por la isla el último día? Podemos desayunar en cualquier bar o restaurante, lo mismo que comer.

—¡Cari! —me llamó Julia, desde la cama balinesa.

Estaba casi encima de Marco y él que no se cortaba ni lo más mínimo, la tenía muy bien sujeta.

—Esta noche no nos vemos, me quedo con Marco —me dijo.

—Me has quitado las palabras de la boca —le habló Romeo, antes de que yo pudiera responderle—. Porque pienso pasar la noche aquí con tu hermana.

Sonreí.

Por suerte tenía las maletas hechas. Una de ellas la tenía abierta, para meter al día siguiente el pijama, el neceser y las últimas cositas que quedaran por la villa.

Hasta que llegara ese momento disponía de todo el tiempo libre, Julia igual porque preparamos los equipajes con esa intención, para poder estar con los chicos.

—Quiero perderme por la isla, solos tú y yo —le contesté a Romeo.

Su mirada me atrapó y su sonrisa irresistible apareció en sus labios perfectos.

Nos besamos y cuando conseguimos separarnos, lo dejé en la terraza y entré para prepararme.

Me puse un pantalón corto vaquero y una camiseta palabra de honor que dejaba el final de mi barriga al descubierto. Debajo elegí un bikini muy mono y mini, con el que quería sorprender a Romeo. Tenía poca tela, pero la suficiente para tapar lo primordial.

Hoy quería volverlo un poco más loco de lo habitual y lo conseguiría, no tenía ninguna duda.

Me recogí el pelo en un moño alto en el baño y cuando salí cogí el bolso grande playero. Comprobé que llevaba dentro todo lo necesario y metí el móvil. Hoy todas las fotos que hiciera serían para mí, no las haría con la intención de subirlas a las redes en algún momento.

El último día estaba dispuesta a olvidarme de todo, iba a tener un día libre en condiciones, sin pensar en capturar las mejores imágenes. Hoy era para mi recuerdo, de todas las maneras.

Cuando terminé salí a la terraza y nos despedimos de nuestros hermanos, los que nos desearon a duras penas que pasáramos un día genial, ya que no tuvieron los labios por mucho tiempo separados.

Nos alejamos de la villa agarrados de la mano, con un día prometedor por delante.