Romeo, ¡objetivo a la vista! Capítulo 30
56%

Capítulo 30

—Está más bueno que el café —me dijo Aitana, refiriéndose al batido.

Así se llamaba la chica de la pareja a la que le pedí ayuda, nada más llegar aquí. Él se llamaba Matías.

—Estoy de acuerdo —le sonreí—. Aunque el café con leche tenía su punto.

—Me uno a ti —comentó Matías—. Esta mujer —se refirió a su novia— no entiende que un café está bueno de cualquier manera, sobre todo, por las mañanas.

Reímos.

Sí, eran novios, aunque les quedaba un mes y medio para convertirse en marido y mujer. Este era el último viaje de solteros, después se reservarían para el viaje de novios, para el que llevaban mucho tiempo ahorrando.

—El hombre de al lado te mira mucho —me dijo Aitana, hablando bajo para que solo la escuchara yo.

—Me da igual.

Me encogí de hombros.

—A lo mejor lo conoces —dijo pensativa y mirándolo disimuladamente.

—Lo dudo —reí—. Si fuese alguno de los tres amigos que tengo aquí habrían llamado la atención desde el principio. Y al otro lo habría reconocido por cómo huele.

—¿El otro es del que no podemos decir su nombre?

Matías soltó una carcajada y yo apreté los labios.

—Exacto —le confirmé, con un guiño.

—Ah… Qué putada que huela tan bien. —Bufó.

—Ni te lo imaginas —suspiré.

—¿Por qué no miras el móvil? Estoy segura de que te ha escrito pidiéndote perdón —me animó a que lo hiciera, señalando mi bolso.

—No pienso mirar nada. —Negué con la cabeza—. Ya he tenido bastante, entre lo de ayer y hoy…

—Pero lo de ayer no fue culpa suya, más bien fue él quien lo pasó mal.

Les había contado la aventurita del día anterior. Me desahogué con ellos entre el café con leche y el batido, de la mala racha que llevaba con Romeo. Aunque cuando estábamos solos todo quedaba olvidado y funcionaba de maravilla.

—Exactamente —dijo la voz del hombre que estaba a mi otro lado.

El acento italiano fue inconfundible.

Aitana se inclinó hacia delante, para mirarlo directamente. Yo giré la cabeza despacio hacia él. En cuanto le vi la cara agrandé los ojos.

—Luigi —me ofreció una mano, presentándose.

—Carina —carraspeé—, pero ya lo sabes.

Sonrió un poco, de medio lado.

—Correcto. Lo sé. —Asintió.

—Anda, ¡al final sí que os conocéis! —exclamó Aitana.

—Ahora. —Sacudí la cabeza—. Es amigo del que no vamos a decir el nombre.

—Joder, qué mala suerte —dijo Matías.

Lo miré haciendo una mueca. Pues sí que era mala suerte que me hubiera visto, con tanta gente como había.

—¿Le has dicho a Romeo que estás conmigo? —le pregunté a Luigi, dispuesta a levantarme y a escabullirme de nuevo.

—No.

Su respuesta me desconcertó y me dejó sin palabras. No por mucho tiempo, pero hasta que me recompuse.

—¿No?

—Eso he dicho.

—Es buen tío —dijo Aitana.

—Cariño, vamos a dejar que se encargue Carina —le pidió Matías—. A ver si vamos a crearle más problemas.

—Pero nos quedamos aquí. —Se cruzó de brazos Aitana.

—Claro que sí, amor —le dijo Matías, con un punto de diversión.

Intenté no reírme por la reacción de mi nueva amiga. Nos habíamos intercambiado los números de teléfono y para nuestra sorpresa, cuando comenzamos a hablar de nuestras vidas, resultó que no vivíamos muy lejos.

Tan solo nos separaban unos kilómetros que no suponían ningún obstáculo para vernos cada cierto tiempo, cuando nos apeteciera y pudiéramos.

Aitana y a Matías ya sabían que yo era influencer , una muy conocida, así como la historia de toda mi familia. Se quedaron alucinados al saber quién era, sobre todo, Matías, quien reconoció al instante el nombre de mi padre, de la época que jugaba al fútbol.

Bueno, y ambos se quedaron impresionados al reconocer al actor Dylan, como mi hermano.

Matías se dedicaba a las finanzas y Aitana era doctora de urgencias, en el hospital más importante de su ciudad.

—¿Por qué no has avisado a Romeo? —le pregunté a Luigi.

—¿Quieres que lo llame y le diga que te tengo al lado? —Arqueó una ceja.

—No.

—Eso pensaba y por eso mismo no lo he hecho.

—Pero él es tu amigo. —Fruncí el ceño.

—Y mi jefe —añadió y rio.

—¿Entonces? —insistí asombrada.

—Solo estoy haciendo la vista gorda, un rato, después hablaré con él. Lo que le diga dependerá de ti, de si te das prisa para alejarte de mí o no.

—¿Por qué me ayudas a mí y no a él? No me cuadra. Estás engañándome.

—En absoluto. Tampoco estoy ayudándote, esto que estoy haciendo es a mi favor.

—¿Cómo? —le pregunté sorprendida.

—La mujer por la que te has ido del bar es Chiara, mi ex desde hace unos años.

La dejé porque se metió en la cama de Romeo.

No la soporto, la quiero bien lejos de mi vida y de todo lo que me rodea, y como me ha tocado mucho las narices que Romeo no se la quitara de encima rápido, pues yo voy a darle un poco de su propia medicina a él, contigo.

Levantó una lata de refresco que no había visto hasta este momento y bebió con la mirada perdida en la gente que bailaba por delante de nosotros.

—¡Qué fuerte lo de esa tía! —Bufó Aitana— Es increíble.

—¿Romeo se acostó con ella, siendo tú su amigo? —le pregunté alzando la voz, con voz de pito.

—No he dicho eso —me miró sonriendo.

—Has dicho que…

—Que Chiara se metió en la cama de Romeo, pero fue a traición y de noche, sin que Romeo se diese cuenta porque habíamos bebido bastante. Chiara dejó la cama que compartía conmigo para ir a la suya, pero duró allí hasta que él reaccionó.

—Vaya tela —comentó Matías.

Tanto él como Aitana estaban muy entretenidos y metidos por completo en la historia. No eran los únicos, yo también.

Luigi continuó hablando.

—Estábamos pasando unos días los cuatro juntos en una casa, con Marco también. Cuando Romeo se despertó esa noche, porque Chiara se subió sobre él, se la sacó de encima de un empujón. Hasta ahí llegó la aventura de ella.

—Así que esto es una venganza…

—No llego a tanto —rio.

—Pero Romeo no tuvo la culpa —le dije—. No tiene sentido que lo castigues de cualquier manera, por poco que sea.

—Ya… pero entonces tú estás actuando como yo, porque Romeo tampoco tiene la culpa de que Chiara se le haya lanzado al cuello. No la ha visto venir y le ha costado recomponerse. ¿No te parece?

—Ahí tiene razón —dijo Aitana, dudando—. Aunque tendría que haberla empujado otra vez, de alguna manera le ha faltado el respeto a la presencia de Carina.

—Querías llegar ahí, ¿eh? —le dije a Luigi.

Bufé y su sonrisa se amplió.

—Solo digo que visto desde fuera es muy diferente a vivirlo en persona. ¿Romeo podía haber alejado a Chiara antes? Claro, pero se ha quedado tan fuera de juego que le ha costado dar el paso. Lo importante es que lo ha hecho y no solo por ti, sino por quién es Chiara y por mi amistad con él.

Desvié la vista de él hacia mi batido. Rodeé la cañita con los labios y sorbí, mientras sentía su mirada en mí.

Luigi no había terminado de hablar

—Y si le sumas sus modales y que es un caballero… lo que has visto es el resultado. Si le hubieses dado un par de minutos más, quizás mucho menos, te habría quedado claro que Chiara no supone una amenaza, ni tampoco Romeo permitiría algo fuera de lugar estando tú presente.

—Sigo sin querer verlo a él, todavía —le dejé claro.

—Eso es decisión tuya, pero tal vez cuando quieras verlo ya sea demasiado tarde.

—¿Qué quieres decir? —Fruncí el ceño.

—Que las oportunidades van y vienen, y solo si sabes escoger una bien y quedarte consigues algo grande.

Con esas palabras se levantó despacio de la hierba y cuando estuvo de pie bajó la mirada hacia mí.

—Estaré un rato por aquí. —Señaló hacia atrás y miró su reloj de pulsera—. En unos quince minutos si no te has ido, llamaré a Romeo. Porque yo no quiero que sufra injustamente ni de ninguna manera.

—Yo no estoy haciéndolo sufrir.

—Pues entonces es que no has entendido nada desde que lo conoces.

Se encogió de hombros, se despidió de Matías y de Aitana, y nos dio la espalda. Caminó entre las personas sentadas, hasta que llegó al final y lo perdí de vista.

Estaba segurísima de que él continuaba viéndome a mí.

—¿Qué vas a hacer? —me preguntó Aitana.

—Joder. —Cerré los ojos—. Ahora me siento mal.

—No tienes por qué. Estabas en todo tu derecho de actuar como lo has hecho, igual que él ha actuado a su manera —comentó Matías—. Con pocas palabras te habría retenido con él.

—No tenéis la culpa —me dijo Aitana, sonriéndome.

—Ya, pero no puedo evitar sentirme así —suspiré—. Si no es por una cosa es por otra, el caso es que no podemos disfrutar juntos. Hoy es el último día del festiva.

Dejé el vaso del batido en la hierba.

—Llámalo y habla con él, todavía queda mucho día y después la noche —me animó Matías.

Les sonreí agradecida.

—Bueno, aún tengo unos minutos para pensarme bien lo que quiero hacer.

Me encogí de hombros.

—El tiempo de descuento se ha terminado, hace bastante.

Al escuchar la voz de Romeo contuve la respiración y agrandé los ojos.

Giré la cabeza hacia atrás y la levanté, despacio, para ver a un Romeo serio. Estaba parado a mi espalda, con las manos en los bolsillos del pantalón y mirándome fijamente.

¿Cómo narices había venido tan rápido? ¿Luigi me había mentido?

Dejé de preguntarme cosas cuando Romeo ocupó el sitio que dejó libre su amigo. Se sentó a mi lado, en la hierba, y flexionó las piernas, para apoyar los brazos en las rodillas.

Todo ello sin dejar de mirarme ni un segundo.