Capítulo 15
Romeo
Caminé despacio hacia la corredera de la terraza y apoyé una mano en el marco, sin salir.
Carina no apartaba la mirada de mí y como continuara haciendo lo mismo iba a encontrarse con un bulto nuevo en la toalla que llevaba enrollada en la cadera.
—¿Ya te has decidido? —le pregunté.
—¿Para qué? —me devolvió la pregunta, con voz aguda.
Sonreí de medio lado.
—¿Para la cena?
Me crucé de brazos y sus ojos siguieron todos mis movimientos. Suspiró y controlé para no mostrar la diversión que me provocaba. Lo más gracioso era que no se daba cuenta de sus reacciones, al menos en este momento.
—Ah, sí, claro —carraspeó—. Yo… si a ti te parece bien me gusta el plan de quedarnos aquí. Sé que no hemos hecho gran cosa, pero estoy cansada. Además, nos quedan dos días para disfrutar del festival.
—Lo de ir al festival es por ti, Carina. A mí me da exactamente igual. He estado en muchos, a ratos, y la mayoría de las veces ha sido por obligación. Al final acabo pasándomelo bien, pero por la gente que me acompaña.
—Ah, vale.
—Tengo que estar aquí porque es mi responsabilidad, necesito mantenerme cerca por si surge algún problema, por lo demás podemos hacer lo que más te apetezca. Tú manda —me dijo con un guiño—. Yo también creo que lo mejor es tomárnoslo esta noche con calma, mañana ya se verá.
—Perfecto, entonces —sonreí.
—¿Qué te apetece cenar?
—No sé…
—Cualquier variedad que se te antoje la hay.
—Te dejo que hagas los honores hoy. Me gusta todo.
—¿Marisco?
—Genial. Si te apetece…
—Vale, yo me encargo. Haré un variado.
—Bebida hay de sobra, aunque si quieres también podemos preparar algo de cena, en vez de pedirla.
—Quizás en otro momento, hoy no.
—Como quieras…
Miré hacia atrás al escuchar mi teléfono. Fui hasta la mesita de noche donde lo dejé antes de entrar en el baño y lo cogí. Intenté no reírme al leer el mensaje de mi amigo.
Luigi: He estado escuchando la conversación de Carina con su familia, para tu información, por una vez en su vida, tu hermano te ha superado. Se ha adelantado, ha pasado el día en bolas en un yate, perdido en alta mar con la tal Julia. Y esta noche repite en vuestra villa.
Romeo: En algún momento tenía que hacerse mayor.
Luigi: Ja, ja, ja… Muy buena esa. Así que esta noche cenita romántica en la terraza del apartamento.
Romeo: Sí y ya puedes desaparecer en el interior de tu apartamento, sino quieres que me eche encima de ti. Quiero intimidad, ¿lo pillas?
Luigi: Tranquilo, que no llego a tanto. Ja, ja, ja…
Romeo: A mí me vas a decir hasta dónde eres capaz de llegar…
Luigi: Relájate, voy a salir. Como no vas a moverte del apartamento he quedado esta noche. Ahora me ducharé y saldré a cenar, cuando vuelva aquí será tarde.
Romeo: Vale, pásatelo bien.
Luigi: Igualmente, tío.
Romeo: Te dejo, voy a vestirme y a pedir la cena, para que llegue puntual sobre las nueve y media.
Luigi: Vas con tiempo, todavía es pronto. Igualmente, a ti nadie te dice que no aquí. Que vaya bien, nos vemos mañana.
Entré en la aplicación del restaurante en el que quería pedir la cena y seleccioné todos los platos y la hora de entrega. Cuando terminé dejé de nuevo el móvil en la mesita de noche y miré hacia la terraza.
Carina continuaba fuera, pero de espaldas a mí. Estaba bebiéndose la cerveza apoyada en la barandilla, en silencio, con la vista perdida en algún punto del mar. Lo teníamos justo enfrente y el sonido era hipnotizador.
Recorrí su cuerpo con la mirada, el vestido le quedaba de maravilla, y por lo que parecía iba a continuar llevándolo. Por ese motivo fui hasta el armario y saqué una camisa y un pantalón de lino. Me puse el bóxer y me vestí, quedándome descalzo, como estaba ella.
Me dejé los primeros botones de la camisa abiertos y me la remangué hasta los codos.
Cuando terminé caminé directo hacia la terraza.
—Hola —susurré cerca de su oído, desde su espalda.
Me incliné hacia ella, apoyando las manos en la barandilla, a los lados de su cuerpo.
—Hola —susurró, sin dejar de mirar hacia delante.
—Ya he pedido la cena, la traerán entre las nueve y las nueve y media.
—Perfecto.
—¿Todo bien?
—Sí.
Sonrió rozando los labios con la boca del botellín, antes de beber un trago. Cuando terminó se lo quité de la mano e hice lo mismo, para refrescarme la garganta.
En ese momento se separó un poco de la barandilla y se giró hacia mí. Nos quedamos cara a cara, nuestras miradas se encontraron. Bajé despacio el botellín, para dejarlo en el macetero vacío.
No dejé de mirarla, mientras Carina me daba un buen repaso.
Volví a apoyar las manos en la barandilla, por lo que tuvo que echarse hacia atrás. La dejé encerrada y me quedé muy cerca de sus labios. Nuestras narices se rozaban y nuestros alientos se mezclaban.
No dije nada, lo único que hice fue esperar para darle tiempo a apartarse. Carina no lo hizo, por lo que lo interpreté como que su deseo porque la besara era tan grande como el mío.
El problema era que esta vez no iba a ponerle freno, tal vez haría una pausa si llegaba la cena, pero hasta ahí se quedaría mi contención. Quise transmitírselo con la mirada y lo entendí, y tanto que sí. Y solo eso, fue ella la que acercó los labios a los míos.
Me los rozó y dejé que comenzara a besarme, lo que varió en cuanto mi boca se movió sobre la suya, buscándola, tentándola. Soltó un pequeño gemido cuando mi lengua encontró el camino dentro su boca y se unió a la suya. Comenzamos a respirar el mismo aire, el que era muy escaso.
Carina se agarró de mis brazos, apoyó las manos con fuerza. Le rodeé la cintura con los brazos y la alcé, para alejarnos de la barandilla. No fui muy lejos, apoyé su espalda en el muro que separaba las terrazas, sin dejar de besarla desesperado.
Me rodeó el cuello con los brazos y se pegó más a mí.
Yo empujé su cuerpo contra el muro, lo que provocó que se impulsara para rodearme la cadera con las piernas.
Solté un gruñido cuando la agarré de las nalgas, pero no fue solo por eso, sino porque su sexo quedó a la medida perfecta sobre la punta de mi miembro.
A pesar de la ropa que llevábamos, ella la braga, porque el vestido no era obstáculo, y yo el pantalón de lino y el bóxer, notamos el contacto tan intenso que gemimos a la vez.
—Mierda… —susurré con la voz llena de deseo.
Carina comenzó a moverse, a balancearse sobre el bulto que ocultaba mi pantalón, y mis pulsaciones se dispararon.
Deslicé las manos por sus nalgas, hasta el vértice de sus piernas, provocándole un jadeo cuando acaricié la goma de la braga. La posición era la perfecta, abierta para mí. No podía tenerme más duro.
—Romeo… —Jadeó, con los ojos cerrados.
Levanté la fina tela y colé varios dedos. Carina gimió y se apretó a mi cuerpo, mientras yo deslizaba los dedos por su sexo. De arriba abajo, de abajo arriba, hasta que me quedé en su clítoris y la torturé con él.
Sus gemidos me incitaron a aumentar la velocidad e intensidad, mientras nuestras continuábamos besándonos, cada vez más desesperados.
Noté el momento exacto en el que el orgasmo se le aproximaba, su respiración se descontroló más y los jadeos cambiaron de ritmo. Se dejó llevar sobre mí, aferrándose con fuerza a mi cuerpo.
Justo en ese momento sonó una llamada en mi móvil.
—Joder, qué oportuno —me quejé.
Apoyé la frente sobre la suya, con los ojos abiertos. Carina no tardó en abrirlos y durante unos segundos nos mantuvimos la mirada, sin movernos y sin decir nada.
—¿No vas a cogerlo? —me preguntó—. Puede ser importante.
—Sé que es importante, es el único motivo por el que me molestarían a estas horas —suspiré.
Se mordió el labio inferior y me cabreé cuando se bajó de mi cuerpo. Cuando se quedó de pie frente a mí no tardé en darle la espalda para entrar a por el móvil. Ella me siguió al interior del apartamento.
—Tengo que irme —le dije, después de comprobar de qué se trataba—. Me necesitan en una zona del festival. —Me giré hacia ella—. Lo siento, no quería dejarte así y…
—No te preocupes, tienes que trabajar y como has dicho, es importante —sonrió.
—Haré todo lo posible por tardar poco.
Tecleé en el móvil un mensaje, avisando a Luigi y diciéndole que lo llamaba cuando estuviera fuera del edificio.
Caminé hasta Carina.
—De verdad que lo siento, no contaba con esto.
Le retiré el pelo de la cara y le acaricié la mejilla.
—Vete tranquilo, Romeo. Lo digo en serio. Continuaré aquí cuando vuelvas.
—¿Me lo prometes?
—Claro.
Me dio un golpecito en el pecho y sonreí. Me incliné para darle el último beso, antes de ir al armario para ponerme los calcetines y ponerme un calzado deportivo que quedaba bien con la ropa que llevaba.
Me guardé la cartera y el móvil en los bolsillos y me despedí de Carina, sin acercarme a ella, porque cada vez me costaba más apartarme.
—Cuando llegue la cena come a gusto y todo lo que quieras. No pienses en mí, en dejarme comida. ¿Vale?
—De acuerdo, pero seguro que sobra bastante.
—Disfruta.
Le hice un guiño.
—Dime tu número de número de teléfono para poder estar en contacto.
Me lo dio y lo grabé, antes de despedirme y abrir la puerta. Me fui del apartamento sin mirar atrás y con una erección enorme.
En cuanto estuve en la calle entré en la aplicación de mensajes.
Romeo: Este es mi número. Escríbeme todas las veces que quieras, si no te respondo al momento en cuanto lo vea lo haré. Voy a hacer todo lo posible para no retrasarme mucho. Estabas preciosa.
Cogí una bocanada de aire y descolgué la llamada de Luigi.
—Ve hacia la parte de atrás del edificio, ya estoy en el coche —me dijo.