Capítulo 12
Romeo
—¿No quieres mi ayuda? —insistí, por su silencio.
Seguí moviendo las manos, las llevé hasta sus hombros y las deslicé por sus brazos, notando en todo momento su piel erizada.
Sonreí, porque me encantaba cómo reaccionaba por mi contacto. Podía presentarme batalla, enfrentarme con alguna gracia de las suyas, e incluso hacerse la ofendida, pero lo que no podía ocultar en cada uno de sus gestos y en las respuestas de su cuerpo, era lo que le gustaba y disfrutaba.
Por mucho que se negara a ello. Solo era cuestión de tiempo, de menos del que ella se imaginaba.
—¿Por qué no te dejas llevar de una vez por todas? Aunque sea una vez en tu vida —le propuse.
Deseaba tanto que lo hiciera, aunque la Carina peleona y que no podía controlar la lengua también me ponía como una moto. Me encantaba su resistencia y más aún trabajar para derribarla.
—Estamos solos en esta isla y…
—¿Solos? —rio— Hay más gente en esta isla que en la de las villas.
Apoyé una mano en la cama balinesa y la otra la mantuve sobre su espalda. En esa postura me incliné hacia ella, hasta que mis labios casi le rozaron la mejilla.
La tensión de su cuerpo fue inmediata, al sentir el mío casi pegado al suyo.
—Las personas de aquí no me importan nada —le susurré—. A ti tampoco tendría que importante, bella . Aquí no conoces a nadie.
—Pero tú sí.
Me miró de reojo.
—Soy el jefe, tengo carta blanca.
Le hice un guiño.
—Tienes mucha cara —rio y sonreí.
—Entonces que… —Le di un toquecito en la mejilla, con la punta de la nariz—. Dime que te quedas en mis manos, al menos durante los tres días que dura el festival, para relajarte a mi antojo.
—Tú sabes demasiado —carraspeó.
—Lo estás deseando.
Le di un beso rápido en la mejilla y me separé un poco, pero no me aparté del todo.
—No des tantas cosas por hecho —me pidió, haciéndose la fuerte.
—Quieres que te cuente todo lo que me está gritando tu cuerpo.
Contuvo la respiración cuando deslicé por la cama la rodilla que tenía flexionada, entre sus piernas. La dejé ahí, bien pegada, en contacto, para que fuera muy consciente de la ligera presión que ejercía por encima de la braga de su bikini.
No podía llegar a saber del todo cómo estaba ella, aunque me hacía una buenísima idea, pero yo… yo me había empalmado y me estaba costando un esfuerzo enorme mantener la respiración estable.
Todavía no quería delatarme, no quería que se diera cuenta de cómo me tenía, por lo que evité rozar el cuerpo con el suyo. Con que me notara cerca tenía suficiente, por el momento.
—Ahora va a resultar que eres un experto en el lenguaje corporal —dijo con humor.
—Cuando quieras te lo demuestro, bella .
—Deja de llamarme así en italiano —me pidió riendo.
Su nerviosismo era evidente.
—¿Por qué? ¿No te gusta?
—Prefiero que me llames por mi nombre —suspiró—. Porque no dejas de hablar, vuelves a la posición de antes y me haces una pequeña demostración de cómo pretendes relajarme.
Solté una carcajada, antes de incorporarme. Volví a mover la mano que no había apartado de su espalda, mientras que con la otra cogía el bote de crema. Le eché un poco más, lo que provocó que diera un pequeño respingo ante el contacto de la crema.
Se la esparcí enseguida, deslizando con más suavidad y rapidez las palmas.
—Oh —dijo con la voz ronca.
Fue al cabo de unos minutos, por el masaje.
Sonreí de medio lado y seguí esmerándome. No era mentira ni una excusa lo que le había dicho de que estaba tensa, en cuanto le toqué la espalda me encontré con varias contracturas importantes y me dediqué a disminuirle la tensión.
No supe cuánto tiempo estuve dándole el masaje, perdí la noción, pero no solo me centré en su musculatura, sino también en provocar que su piel se erizara cada vez que la punta de mis dedos le rozaban los laterales de los pechos.
Para ello le hice subir los brazos, por encima de su cabeza.
En varias ocasiones levanté la mirada, para comprobar que la zona seguía despejada de gente. Así fue, aunque no tenía ninguna duda de que hasta que no nos fuéramos nosotros esta parte no volvería a estar animada.
Para que fuese posible había una única persona que se encargaba de que continuáramos teniendo la intimidad y la privacidad que necesitábamos, persona que Carina no vio cuando le pedí que mirara a nuestro alrededor, para darse cuenta de que estábamos solos.
La única persona que había era Luigi. ¿Y quién era él? Un gran amigo mío, aparte del hombre encargado de mi seguridad personal. Luigi y yo llevábamos toda la vida juntos, nos unió el crecer siendo vecinos y de ahí a convertirnos en inseparables pasó muy poco tiempo.
De mi familia solo tenía yo seguridad privada porque en realidad no la necesitábamos, a pesar de la fortuna que teníamos y de todos nuestros negocios.
Luigi llevaba conmigo desde que comencé a trabajar.
Él era un par de años mayor y por aquel entonces acababa de abrir su propia empresa de seguridad, por lo que yo tuve claro que quería ser uno de sus clientes.
Y así comenzó nuestra unión a nivel profesional, la que continuaría hasta que él se cansara de ir conmigo a todos lados. Luigi aterrizó para llegar a esta isla, con el único propósito de estar conmigo los días del festival. Después, una vez finalizado, se iría para continuar con sus vacaciones.
Aprovechábamos las mismas fechas, aunque en muchas ocasiones viajábamos juntos, pero por placer, como amigos, dejando el trabajo olvidado.
Hasta ahora no nos habíamos visto de cerca, aunque supe enseguida, al poco de llegar a la isla, que él se movía detrás de Carina y de mí. En ningún momento había llamado la atención, quedándose a la distancia justa para que ella no fuese consciente de su presencia.
—Perdona —le dije a Carina, cuando me sonó el teléfono.
—Tranquilo —susurró, adormilada.
Sonreí mirándola, había conseguido relajarse. Muchísimo. Lamenté tener que parar.
Aparté las manos de su cuerpo, me las froté para eliminar un poco los restos de crema y terminé limpiándomelas en la toalla, para coger el móvil.
Contuve la risa al leer el mensaje de Luigi.
Luigi: Ya veo que te lo estás pasando muy bien y que estás entretenido. ¿Cuándo pensabas decirme que en el poco tiempo que llevas de vacaciones has sumado otra conquista a tu gran lista?
Romeo: Ja, ja, ja… Como si no lo supieras. ¿Ya estás con los dramas? ¿Tan pronto?
Luigi: ¿Sabes cómo se llama la chica o no te ha dado tiempo a preguntarle su nombre, antes de casi echarte encima de ella? No sé cómo lo haces, tío, todas caen rendidas ante ti. Y a mí que no se me ha pegado nada en todos estos años… joder.
Romeo: Parece mentira que me conozcas y que no deduzcas todo lo que me ha dado tiempo a hacer desde el poco tiempo que llevo aquí.
Luigi: Pensaba que tus padres te frenarían un poco.
Romeo: Como si ellos pudieran hacer algo a estas alturas de mi vida. Ja, ja, ja… Ahora qué soy ¿un adolescente? Ya te contaré muy bien cómo ha ido todo, llevas días desconectado y no he querido agobiarte.
Luigi: Tendrás que hacerlo por partes y con tiempo, porque me da a mí que vas a estar muy ocupado durante el festival y yo me largo cuando termine.
Romeo: ¿Estás celoso porque no vas a tenerme para ti todo ese tiempo?
Luigi: No me hagas hablar…
Romeo: Voy.
Con una gran sonrisa, al límite de soltar una carcajada, me incliné un poco hacia Carina, para hablarle en un tono muy bajo.
—¿ Bella ? —la llamé e insistí una vez más.
Simplemente probé, pero no esperaba una contestación por su parte, o alguna salida ingeniosa por referirme a ella de esa manera, en italiano. Solo confirmé que Carina se había dormido.
Le até las cuerdas del bikini, haciéndole el lazo que le deshice, y me separé de ella. Me bajé de la cama, me calcé, y fui hacia donde Luigi, quien se había girado y miraba en mi dirección.
Mi sonrisa se amplió cuando me acerqué a él.
Era imposible que lo reconocieran como alguien de seguridad y mucho menos privada, a no ser que surgiera algún altercado en el que interviniera.
Luigi iba vestido con unas bermudas y una camisa de manga corta, con ropa moderna y perfecta para su edad, pero iba muy veraniego.
Cuando me paré frente a él nos dimos un fuerte abrazo.
—¿Qué tal? —le pregunté.
—El vuelo bien, aunque he terminado hasta las narices —negó.
Para llegar hasta aquí, desde la parte de Italia en la que mi familia y yo cogimos el vuelo para comenzar las vacaciones, no había muchas horas.
Pero Luigi no cogió el vuelo desde Italia, embarcó bastante más lejos de nuestro país, por lo que su trayecto había durado mucho más.
Y al terminar el festival regresaría a ese lugar para continuar con su descanso.
De ahí su queja, por las horas de vuelo.
—Poco más puedo decirte por ahora —continuó hablando—. En cuanto he llegado al aeropuerto me han traído hasta aquí y ya solo he tenido que esperar a que llegaras.
—¿A qué hora?
—A las siete y media he pisado la arena de la playa de aquí.
—¿Has ido al apartamento a descansar?
—Sí —me confirmó.
Estaba refiriéndome al alojamiento del edificio en el que también estábamos Carina y yo. Luigi y yo siempre utilizábamos el mismo cuando viajábamos hasta aquí, mi amigo ocupaba el apartamento que tenía el balcón pegado al mío.
El muro que separaba a ambas terrazas era lo suficientemente alto como para mantener la privacidad, aunque lo saltábamos cada vez que nos apetecía.
—¿Quién es? —me preguntó.
Miró por encima de mi hombro, hacia la cama balinesa. Carina apenas se veía desde nuestra posición, al estar tumbada.
—Estaba esperándote en la playa cuando has llegado con ella en la lancha taxi.
—Se llama Carina y es famosa.
Arqueó una ceja.
—¿Famosa de qué?
—De algo en lo que tú no la reconocerías nunca —reí—. En la burbuja de felicidad que vives, pasando de muchas cosas, es imposible que sepas por ti mismo que Carina es influencer .
—Ah, joder. Ni puñetera idea.
Reímos.
—La he conocido en la otra isla, ya te contaré con tiempo cómo se ha dado todo.
Los dos hemos venido con nuestras familias para disfrutar de las vacaciones.
A los demás los hemos dejado en la isla de las villas, Marco protegiendo a Julia, la hermana de Carina, y los padres de los cuatro han quedado para desayunar y para lo que les vaya surgiendo durante el día.
—Suena bien —sonrió—. Aunque lo de la protección de tu hermano a esa chica es cuestionable, más bien ella necesitará que se lo alejen —dijo con humor.
Volvimos a reír.
—Créeme, Julia está encantada y te digo que ella tira más de él que a la inversa.
—¿En serio? Joder, entonces son almas gemelas.
—Nos vemos y hablamos más tarde. —Coloqué una mano en su hombro—. Vuelvo con Carina, se ha quedado dormida y al final se va a quemar.
—Sé un caballero y quémate tú por ella.
—Es lo que llevo haciendo desde que la conocí.
Le hice un guiño y lo dejé riendo. Me alejé de él para regresar a la cama balinesa.