Capítulo 9
—¿Por qué la isla puede ser de otro y no mía? —Arqueó una ceja, con expresión divertida.
Estaba pasándoselo genial con mis reacciones.
—¿Quién cojones eres?
—Me presento. —Estiró una mano—. Soy el hombre que va a hacer que tus piernas tiemblen y que va a dejar tu mundo patas arriba.
—¿No me digas? —reí— Qué suerte tienes, ¿no?
—Y tanto que sí. También tengo una buenísima capacidad de visualización, amiga.
—Pues como pienses todo eso de tus amigas y lo hagas, debes tener al mundo revolucionado.
Cogí la cerveza y le di un buen trago. Se me había quedado la garganta seca. También aproveché la pausa para comer unos trozos de carne.
No fui la única, Romeo me imitó y durante un ratito ningunos de los dos habló. Eso sí, nos miramos en todo momento mientras comíamos.
Hasta que él volvió a la conversación que dejamos pausada.
—Sé separar a mis amistades por niveles, grados, o como quieres decirlo.
—Lo que tú digas —carraspeé—, pero ¿en serio eres el dueño de esta isla?
—¿Te interesa mi dinero?
—Con mi nivel de vida y mi día a día, con el mío me basta y me sobra, para esta vida y alguna más. Gracias —dije remarcando cada una de las palabras, para dejárselo muy claro.
Si me buscaba me encontraba. Además, hoy día era una gran verdad lo que acababa de decirle, aunque no era algo de lo que me gustaba hablar.
Yo solo quería saber si esta puñetera isla era suya, si era el dueño.
—Lo sé, preciosa. Lo del dinero era una broma —sonrió con picardía.
—Yo también lo sé, sino te habría mandado a la mierda. —Le hice un guiño.
Soltamos una carcajada.
—Romeo —suspiré—. Contéstame a lo de la isla, que te voy conociendo…
—No, no soy el dueño, pero sí digamos que el director general de ella. Soy el CEO del imperio de la familia propietaria.
—Joder. —Agrandé los ojos—. Trabajas para tu padre en la compañía aérea y para el dueño de esta isla… ¿de dónde sacas el tiempo para tener vacaciones?
—No he dejado de trabajar en ningún momento —me contestó con un guiño—. Me llegan mensajes de consultas y los más importantes, de avisos de incidencias. Son estas últimas las que me vuelven un poco loco, tengo que estar muy pendiente de ellas, hasta que todo vuelve a estar bajo control.
Y, he aquí la aclaración del motivo por el que estaba tan atento a su móvil, motivo que no tenía nada que ver con mi sospecha. Por fin entendí algo, aunque no sé por qué, pero mi sensación no desapareció.
No terminé de creérmelo del todo y como decía mi hermana, más valía ser desconfiada hasta el final e ir con pies de plomo, que ser ingenua y que te hicieran una herida tan profunda que luego te costara meses cerrarla.
—¿Los problemas son de la isla o de los aviones? —me interesé.
—De la isla. La empresa de mi padre es un trabajo más liviano y todo está controlado. Aunque alguna vez sucede, rara vez nos molestan durante nuestros periodos de descanso. Hay muchos trabajadores cualificados, directivos.
—Me dejas mucho más tranquila, no vaya a ser que algún avión se vaya abajo —comenté con diversión—. Más que nada porque en unos días vuelvo a España con mi familia.
Reímos.
—Somos de las pocas aerolíneas que vuelen a esta isla —sonrió de medio lado, con una cara de orgullo…
—Hablando de la isla… ¿Hay más personas como tú?
—Hay un equipo directivo por debajo de mí.
Sonrió de oreja a oreja.
—¿Te estás quedando conmigo?
—Eso tendrás que ir averiguándolo. No puedo ponértelo tan fácil, contestando a todas tus dudas y curiosidades. Debo mantener el misterio.
Me hizo un guiño, mientras cogía su cerveza. Bebió sin apartar la mirada de la mía.
Después de comer otro poco de carne hice lo mismo, bebí para refrescarme. Primero porque hacía mucho calor y, segundo, porque cuando me miraba tan fijamente mis pulsaciones se disparaban y me sofocaba más. Y si a ambas cosas le sumaba que su cercanía me afectaba cada vez más…
Joder, este hombre era irresistible y lo peor de todo era que él lo sabía.
—Romeo, si quieres jugar me lo dices que yo soy muy competitiva.
—Adelante.
—Tú lo has querido, luego no me venga con victimismos.
—¿He actuado así en algún momento? Esa faceta no es una de las mías.
Sonrió.
—No sé porque tengo la extraña sensación de que detrás de tus palabras solo hay verdades a medias —comenté.
—Puede ser parte del juego.
Rio y negué sonriendo.
Romeo se las traía, pero yo no me quedaba corta. Si quería jugar al misterio y a no ser claro, yo iba a hacer exactamente lo mismo.
A ver quién aburría a quién antes.
—¿Qué te apetece? ¿Un baño? ¿Descansar aquí un rato? ¿O unirnos al bullicio a bailar? —me preguntó cuando terminamos de comer.
Se acercó más a mí y casi me lo susurró al oído. Noté como la piel se me erizaba y no pude evitar que Romeo se diese cuenta. Sonrió haciendo un recorrido visual por mi brazo.
—Tampoco hay tanta gente junta, no es como otros festivales que he visto.
Quise quitarle importancia al hecho de que me hubiera provocado esa reacción.
—En lo exclusivo está la diferencia.
Siguió con los susurros para provocarme más.
—Y en las tonterías también —sonreí.
Contesté bien suelta. Necesitaba reducir la intensidad del momento, para no darle importancia a su provocación ni a todo lo que sentía yo.
—¿Eliges tú o lo hago yo? —me preguntó, insistiendo.
Carraspeó.
—Te doy barra libre.
Me reí mirándolo descaradamente, aunque no tanto como él a mí.
—Entonces vamos a darnos un bañito y cuando no haga tanto calor nos unimos a la marcha de la fiesta.
—Para la fresquita faltan como cuatro horas.
—Ya sabía yo que estabas caliente.
Sin esperármelo, tiró de mis piernas con fuerza. Me sacó casi de la cama balinesa, a lo justo para no tirarme al suelo.
—¡Eres muy bruto!
Me quejé en broma y entre risas, mientras le daba una palmada fuerte en el hombro.
—¿Yo soy el bruto?
Rio, frotándose la zona en la que le había golpeado.
No me dio tiempo a bajarme de la cama, se levantó muy rápido, de la misma forma que se agachó para cogerme. Solté un pequeño grito cuando me vi de repente subida sobre su hombro.
Se echó mi cuerpo encima como si no pesara y comenzó a caminar con mi cabeza colgando hacia abajo. Y no solo eso, ignorando mis quejas, se puso a bailar mientras se acercaba al agua.
¿Pero qué se había fumado este?
—O me bajas o grito tanto que van a parar hasta la música del festival, para venir en mi ayuda los de seguridad —lo amenacé.
Mis nervios se habían disparado por completo, notaba demasiado calor de su cuerpo, porque estábamos completamente en contacto. Toda la parte delantera del mío estaba pegada al suyo, incluso mis manos, con las que me agarré de su cadera para tener un punto de apoyo.
Y la parte de atrás, oh, por detrás sus manos me quemaban la piel en las zonas que me tocaban. Me recorrían pequeños escalofríos, mientras me sujetaba con firmeza de las piernas por detrás, bastante más arriba de las rodillas, y…
—A ver qué tal se te da para que vengan en tu ayuda, porque te recuerdo que todos siguen mis órdenes, baby —dijo.
—¿ Baby ? —Solté una carcajada.
No me dio tiempo a adaptarme ni un poco al cambio de temperatura, cuando me bajó al agua. Solté varios grititos cagándome en él, lo que le hizo reír a carcajadas.
Continuó riendo, mientras que yo no podía dejar de bufar. Tenía la piel demasiado caliente y el contraste repentido me puso de mal humor, durante unos segundos. Tenía todo el cuerpo erizado y no fui capaz de moverme.
Me quedé de pie donde me soltó Romeo, en cambio él se lanzó al agua y desaparecía de mi vista.