Romeo, ¡objetivo a la vista! Capítulo 7
13%

Capítulo 7

Mi hermana me despertó aplaudiendo, mientras me animaba a levantarme para ver algo fascinante, según ella.

—¿A qué hora has llegado? —le pregunté.

—A las cinco —se echó a reír.

—Madre mía, ¿y cómo puedes tener tanta vitalidad?

—He tenido suficiente con las cuatro horas que he dormido. Estoy como una rosa. Venga, levanta que hay sorpresa de la buena, de las que nos gustan a las dos. Cosas de nuestros padres.

—¿Me dejas lavarme la cara y hacer un pis?

—Bueno, vale, pero rapidito.

Cada vez que se ponía impaciente me hacía mucha gracia porque se convertía en una niña pequeña. Fui al baño pensando en que la sorpresa sería uno de esos desayunos especulares y fotografiables. Como si no la conociera.

Salí del baño justo cuando Julia abría las cortinas de la terraza, dejando a la vista lo que había al otro lado.

Flotando en el agua de nuestra piscina privada había una canasta gigante con todo un desayuno en plan acuático, como los que disfrutábamos en Bali.

—Me muero —susurré emocionada.

Fui corriendo a por el móvil.

—¿A qué es una pasada y está super completo? —me preguntó Julia, cuando nos paramos cerca del borde de la piscina.

—Sí, lo único malo es que, ¿quién es la bonita que se mete en la piscina tan temprano?

—Tú y yo —rio aplaudiendo de nuevo y dando saltitos a mi lado.

—Pues nada, haremos un sacrificio para poder tener una buena publicación mañanera.

Nos reímos.

Las dos coincidimos en ponernos los bañadores blancos.

Mi hermana me pidió que fuese la primera y allí que fui, no de cabeza, pero sí con decisión, aunque no me apetecía nada mojarme tan temprano y recién despierta. Julia me hizo varias fotos e intercambiamos las posiciones, para yo sacarle a ella otras igual de preciosas.

Por último, pusimos el móvil en el trípode, en el modo vídeo, para grabarnos en primer plano, mientras comenzábamos a picotear del desayuno con calma. Al mismo tiempo conversábamos para dar juego a nuestros seguidores.

De un video sacábamos varios. Cortamos las mejores tomas, para luego unirlas en uno solo bien editado.

Eso sí, toda la edición la hicimos fuera del agua, ya que en cuanto terminamos de grabar salimos de la piscina y sacamos la cesta. Colocamos todas las cosas en la mesa de la terraza para desayunar cómodas.

—Me encanta Marco, Carina, me encanta —suspiró—. Durante todo el tiempo que estuve con él anoche no me acordé en ningún instante de Nacho.

—Pues sí que te gusta.

Sonreí observándola, se la veía muy ilusionada, aunque conociéndola, podía durarle la ilusión un suspiro. Siempre sucedía lo mismo, la única excepción fue Nacho porque con él sí que tuvo una relación duradera de años.

Julia se quedó alucinando cuando le conté que me iba varios días con Romeo, a un festival en una isla vecina. Ella también había hecho planes con Marco, hoy pasarían el día en alta mar, en un yate alquilado. Estaba también pletórica.

Tenía pensado llevarme ropa acorde a la experiencia que iba a vivir.

Obviamente pantalones cortos vaqueros, tops y camisetas más informales, pero que también fuesen estilosas.

Y tres bikinis, estos no podían faltar en mi pequeño equipaje, como algunos vestiditos playeros, las chanclas y las cosas más básicas.

El desayuno estaba sentándome genial, había de todo para elegir y no quería dejarme nada sin probar, aunque fuera un poquito. El yogurt natural con muesli y crema de caramelo era una puñetera locura, cada cucharada la disfruté muchísimo.

A mi mente venían constantemente recuerdos de Romeo, de todos los momentos bonitos y llenos de magia de la noche anterior.

¿Cómo podía alguien hacerte sentir más viva de lo que ya estabas?

Deseaba que llegasen las doce menos cuarto para darle el encuentro e irnos a vivir tres días juntos, por y para nosotros.

El café estaba delicioso, pero me lo terminé demasiado rápido. Volví a preparar otros dos, para mi hermana y para mí, ya que había de sobra en una cafetera térmica de la que podíamos servirnos todo el que quisiéramos.

Los nervios iban apoderándose poco a poco de mí y es que Romeo era mucho Romeo, y mis ganas de estar con él me podían. Todavía notaba la sensación de tener sus labios sobre los míos, sentía todos los besos que me dio horas atrás, pero, sobre todo, el último con el que nos despedimos.

Nuestros padres se despidieron de nosotras desde su terraza, antes de que se marcharan a darles encuentro a los padres de Romeo. Nos dijeron que iban a pasar el día con ellos en otra isla, ya que sabían que con Julia y Marco tampoco podían contar.

El plan de ellos era comer en un restaurante muy famoso de la otra isla, a la que irían en una embarcación privada, como Romeo y yo.

Cuando terminé de desayunar, después de bastante tiempo, me dispuse a preparar lo que me iba a llevar al festival.

Mientras lo hacía mi hermana me puso muy nerviosa, dándome recomendaciones y volviéndome indecisa.

—¿No te ibas ya? Pues venga —le dije.

—¿Me estás echando con toda la crueldad del mundo y sin importarte los lazos sanguíneos que nos unen?

Se hizo la ofendida, cuando estaba aguantándose la risa.

—Julia…

Suspiré, elevando los ojos al techo.

—Ya me voy, ya me voy —habló con una risilla—. Folla mucho y mantenme al tanto.

—Vale.

Reí.

Se marchó y por fin me quedé tranquila. Julia era un torbellino capaz de poner a cualquier persona como una moto, y sin proponérselo.

Mi hermana se fue preciosa, sin la necesidad de arreglarse mucho, aunque sí cuidó mucho los detalles. Se llevó una mochila con varios modelitos, bikinis y pareos, para conseguir unas fotos impresionantes en alta mar. Se lo iba a pasar bomba y tendría un montón de contenido para sus redes.

Romeo apareció puntual en mi villa, con su mochila y un guapo de lo más subido.

En cuanto le abrí la puerta y nos quedamos cara a cara no dudó en besarme en los labios. El beso corto y rápido me supo a muy poco.

—Tú con una mochila y yo con el bolso grande playero al hombro y la maleta de mano —dije.

Reí, mientras negaba con la cabeza.

—Eres mujer y eso lo explica todo.

—Bendita ciencia.

Nos reímos.

Me quitó de la mano la maleta para llevarla él y fuimos hasta el embarcadero, donde abordamos el taxi acuático que en un precioso paseo nos llevó hasta la isla del festival.

Durante el trayecto aproveché para que me sacara unas preciosas fotos y también para que me grabase un par de videos.

No lo hizo nada mal, quedé muy satisfecha con el resultado.

—Ya llevo fotógrafo —dije riendo.

—¿Te ha gustado de verdad?

—De lo contrario te lo diría. No soy una queda bien y prefiero intentar enseñarte, a dar por válido algo que no me gusta.

Sonreí.

—Está bien saberlo. —Me hizo un guiño—. Me gusta tu filosofía de vida.

A los pocos segundos llegamos a la isla y nos bajamos de la embarcación.

Nos encontramos con un ambiente muy animado, eso sí, miraras hacia donde miraras se notaba la clase alta y distinguida de las personas que se movían por el lugar.

Romeo me contó la noche anterior que esta isla era de un multimillonario y que todo lo que había en ella era de su propiedad. Hoteles, tiendas, alojamientos… Todo.

Y que no dejaban entrar ni reservar a cualquier persona.

A los clientes que venían aquí no les importaba pagar por un refresco veinte euros, o gastarse trescientos en una comida.

Era un decir porque la cuenta podía superar los cientos de euros fácilmente, al igual que los miles, para según qué cosas.

Obviamente el dueño podía hacer y deshacer como le diera la gana, al igual que imponer, pero bajo mi parecer ese tipo de actitudes y acciones decía mucho de la persona que era, y no para bien.

Yo no dejaba de ir a sitios lujosos ni a lugares a los que no podían acceder muchas personas, pero eso no quería decir que no disfrutara de un café en un bar de barrio, o de una salida a un restaurante con ofertas de menú.

A Julia y a mí nos encantaba salir de fiesta a los pubs de la ciudad y conocer gente, sin importar su origen o su clase social.

En el equilibrio y en el corazón estaba la verdadera riqueza.

Nuestros padres nos educaron muy bien y era algo que nos hacía sentirnos muy orgullosas de ellos.

Me monté con Romeo en uno de los coches con chófer que había en la isla, el que nos llevó hasta un pequeño edificio precioso y coqueto a pie de playa, en el que había apartamentos.

No tuvimos que caminar mucho para llegar frente a una puerta. Romeo tecleó la clave de seguridad que le dieron y la puerta se abrió para nosotros. El tema de las llaves estaba claro que terminaría por desaparecer con el tiempo.

La vivienda era un espacio abierto tipo loft , de lo más cuco y bonito. Todo se veía nuevo y el único espacio independiente era baño.

Tenía una terraza que, aunque no era muy grande, ofrecía espacio suficiente para sentarse a comer o a tomar algo en las sillas y la mesa que había, o para tumbarte en una pequeña cama balinesa que se encontraba al otro lado de la puerta.

El festival estaba concentrado en la parte norte de la isla, a la que se podía llegar dando un paseo tranquilo por la parte que más te apeteciera recorrer, u otra opción era coger uno de los vehículos privados de traslado que había en muchos puntos.

Estaba todo muy organizado.

Después de colocar nuestras cosas nos fuimos en busca de una terracita para tomar algo.

Me hizo gracia porque Romeo me agarró de la mano y me llevó junto a él como si fuera su novia, mujer o algo más allá de dos personas que acababan de conocerse horas atrás.

El caso era que me hacía sentir muy bien.

Nos sentamos en una terraza que estaba muy animada y me di cuenta de que había un par de influencers. Las reconocí enseguida de las redes, pero disimulé.

No me sirvió de nada porque ambas miraron hacia nuestra mesa y pude ver por el rabillo del ojo que estaban hablando de mí. Dejaron claro que me habían reconocido a la primera.

No pasaron ni cinco minutos cuando me hablaron desde su mesa. Nos saludaron y me dijeron que me seguían. Después de devolverles el saludo me hice la sorprendida y les comenté que yo también a ellas.

Me pidieron hacernos una foto juntas, para subirla a las redes y que las tres estuviéramos de colaboradoras, y acepté.

Romeo nos hizo unas cuantas con mi móvil y entre las tres elegimos la que más nos gustaba. La subió una de ellas y apareció también en el perfil de su amiga y en el mío.

Me parecieron más majas que en las redes, ese era el encanto de conocer a las personas cara a cara.