35 #2
—¡Isaac, vamos a bailar! —me grita Elisa, alzando sus manos hacia el techo al ritmo de la música que comienza a pinchar el DJ—. ¡Ven!
Me acerco a ella con una sonrisa, con un movimiento impropio en mi cuerpo y con una falta increíble que me pesa cada vez más, como si mi conciencia supiera que me siento incompleto de alguna manera extraña.
Bebo de mi copa y meneo la cabeza de un lado hacia el otro, perdido en la melodía, el alcohol, el calor, la noche y los ojos de Josh que aparecen de manera abrupta en mi memoria.
Escucho los primeros acordes de la canción .
De la misma que sonó aquella vez en Menorca, la vez en la que me di cuenta de que lo que sentía por él era algo mucho más profundo de lo que pensaba, de lo que creía, de lo que imaginaba.
Give Me Everything llega en el mismo momento en el que mi móvil vibra en el bolsillo de mi pantalón.
« Me not working hard? Yeah, right picture that with a Kodak ».
Saco mi teléfono y observo la pantalla con algo de dificultad. Mi mirada enfoca el mensaje y debo tomarme varios segundos para cerciorarme de que no es una fantasía, de que no es el alcohol, de que no me estoy volviendo loco.
JOSH
Sé que llevamos días sin hablar,
pero te prometí que serías el primero en verlo.
Aquí lo tienes.
Vídeo .
« Took my life from negative to positive. And I just want y’all know that».
Es su Trabajo Final. Sonrío con el corazón encogido y le doy a reproducir. El primer plano soy yo sentado en unas rocas, observando el romper de las olas, el atardecer y observándolo a él.
No puedo seguir así.
No puedo negar lo evidente.
No puedo permitir que la vida se me escape de entre los dedos sin vivirla a su lado.
Paro el vídeo y me guardo el móvil en el pantalón. Bebo el último sorbo de la copa y le paso el vaso de cristal a Elisa, que me mira confundida durante algunos segundos. No es necesario que le diga nada. Lo entiende casi al momento.
—Ve a por todas —me dice Dylan antes de que salga corriendo del salón.
Mis piernas se mueven solas, a una velocidad que ni siquiera creía posible para el cuerpo humano. Mi cabeza sigue escuchando la música, como si me acompañara todo el camino.
« Excuse me. Excuse me.
And I might drink a little more than I should tonight.
And I might take you home with me, if I could tonight».
Mi respiración se descompasa, el sudor empieza a plagar mi piel, adhiere mi camisa a cada recoveco de mi cuerpo, pero no hay nada que me pueda parar.
No hay nada que me detenga ahora que he huido de la boda.
Me deshago de la maldita chaqueta con una habilidad arrolladora, tal y como si lo hiciera todos los días.
No soy capaz de pensar en otra cosa que no sea él, que no sea todo lo que me ha hecho descubrir este verano sobre mí mismo.
No hay mayor paz que sea capaz de sentir.
No hay mariposas suficientes en este planeta que sean capaces de describir lo que siento cuando estoy junto a él.
No hay mares, ni bosques, ni montañas posibles para separarme de lo que sé que quiero.
Porque lo sé.
Estoy seguro. Más que nunca.
« Tonight. I want all of you tonight».
Me faltan poco más de dos calles para llegar a su casa.
¿Desde cuándo Palma es tan grande? ¿Desde cuándo sé el camino hasta aquí?
¿Desde cuándo no me pierdo dando vueltas hasta calles sin salida?
Me desabrocho los primeros botones de la camisa y la saco del interior de mis pantalones.
Necesito aire o moriré ahogado. Necesito verlo o moriré angustiado.
Necesito besarlo o moriré sabiendo que no hice todo lo posible.
« And, baby, I’ma make you feel so good tonight».
Giro la última esquina y, por fin estoy cerca. Allí, a lo lejos, a apenas unos kilómetros, lo veo acercándose a su escarabajo amarillo. Lo reconozco al instante. Las caracolas de su pelo lo delatan mucho antes de que pueda observar el resto de su cuerpo.
—¡JOSHUA! —grito con toda la fuerza que me queda después de la carrera, el alcohol y el cansancio—¡JOSHUA! —repito, viendo que no se voltea, que no se gira, que no se da cuenta.
Y, entonces, lo hace.
« Give me everything tonight».
Cuando su mirada se topa con la mía, lo sé mejor que nunca. Sería capaz de darle todo lo que me pidiera. Esa noche y todas las que sean necesarias.
—¿Isaac? ¿Qué haces aquí?
—Joshua… —balbuceo, deteniéndome delante de él— quería verte. Necesitaba verte —rectifico, poniendo mis manos en forma de jarra sobre mis caderas.
—¿Y por qué vienes hasta aquí? Voy de camino a la boda de la madre de Elisa.
Ahora que lo dice, reparo en que va vestido de traje. Guapísimo hasta decir basta, por cierto.
—Porque es importante —añado, entonces—. Necesito decírtelo cuanto antes.
—¿No te ha gustado el corto? —Su mirada se entristece y tuerce el gesto en una expresión de desilusión.
—¿Qué? No, no lo he visto aún. —Tomo una gran bocanada de aire.
Me hará falta después de la carrera—. Te quiero, Josh.
Eso es lo que tengo que decir, que te quiero.
Me ha costado darme cuenta, pero por fin lo he hecho.
Y sé que he sido un idiota diciéndote que no estaba seguro de lo nuestro, pero es que tenía muchísimo miedo a cagarla, a meter la pata, a hacerte daño, a hacérmelo a mí.
Tenía miedo de empezar algo contigo sin saber qué narices soy.
Pero, joder, qué le den a las etiquetas.
¿Qué más da? Sé que te quiero, a ti. Al chico que salvé de morir ahogado cuando ni siquiera se estaba ahogando.
Al chico con el que fui a una mazmorra. Al chico que ha puesto patas arriba mi vida. Te quiero, Joshua.
« Give me everything tonight.
For all we know, we might not get tomorrow.
Let’s do it tonight».