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ESTO ES COMO UNA CANCIÓN DE LANA DEL REY O DE OLIVIA RODRIGO
JOSH
¿C ómo se supone que debe uno terminar un proyecto que gira alrededor del chico que le gusta cuando acaba de cortar con él?
¿Cómo debo seguir considerando el amor como algo único cuando me ha demostrado que es la misma bazofia de siempre en la que termino haciéndome un nudo en una esquina de mi cama mientras escucho la canción más deprimente de la discografía de Lana Del Rey?
¿Por qué sigo cayendo en las mismas trampas en las que me pillo de los tíos que nunca tienen nada claro?
Estoy tendido sobre mi colchón, laxo, con la cabeza en el borde, a punto de perder el conocimiento cuando toda la sangre de mi cuerpo se agolpa en el mismo sitio.
—A veces, esas cosas pasan —confirma Maia, sentada en la moqueta mientras me acaricia el pelo—. Dos personas en un punto diferente de la vida. Es común. A mí me ha pasado muchísimas veces.
—¿Kyle? —emulo el nombre del susodicho, después de semanas sin mencionarlo.
—Tener una relación es hacer que dos vidas encuentren un camino conjunto durante años. Y eso, querido Joshy, es muy complicado. Hay demasiadas cosas de por medio a los que hacerle frente, como para añadir una más.
—Esperaba que esta no fuera la ocasión —afirmo, reprimido como nunca.
—Yo también —dice con una sonrisilla—. Supongo que tu príncipe azul aún sigue ahí fuera, esperándote sobre un caballo con una espada enorme.
—¿Sonaré como un adolescente si te digo que no quiero a nadie más que no sea él?
—Suenas a canción de Olivia Rodrigo.
—Perfecto, es lo que quería.
Mi portátil permanece encendido no muy lejos de mí, lo suficiente como para que pueda ver la cara de Isaac sonriéndome con un atardecer precioso a su espalda, lo suficiente como para que sienta un pellizco en el estómago, en el corazón y en la garganta.
—Sé que era lo mejor que podíamos hacer —Miro a Maia en busca de aprobación; en este momento es lo que más necesito—: ¿Verdad?
—Era la única opción que teníais. No podías seguir ocultándote y él no podía seguir con miedo a hacerte daño.
—Lo sé.
—Está bien que pienses en que no ha sido lo correcto. Es inevitable no hacerlo. Hace apenas unos días que ocurrió, el tiempo transcurrirá y poco a poco esa sensación de arrepentimiento se te pasará.
—Cuando creo que no puedo caer más bajo, hago un corto entero sobre cómo se siente enamorarse en verano.
—Viniste a Mallorca buscando inspiración y la encontraste.
No es culpa tuya que las cosas se hayan torcido un poco.
—Lo que más me gusta de Maia, aparte de lo divertida y soez que puede resultar a veces, es esa capacidad que tiene para consolarme, para hacerme sentir que nada tiene tanto peso como yo me empeño en ponerle—. Será un corto precioso.
—¿Tú crees?
—Estoy segura. Espero que hagas una proyección o algo. Quiero verlo mientras me compro una bolsa de palomitas. —Sonríe, recomponiéndose—: ¿Cómo lo vas a titular? ¿ Romance de verano para chicos perdidos ?
—Es mejor nombre que el que tengo, pero he encontrado uno diferente.
—¿Cuál? —se interesa, mirándome con expectación.
— Del amor y del mar .
—¿Del mar? ¿Del Mediterráneo o del Cantábrico? —apunta y no sabría decir si es de coña o si es una preocupación real para ella.
—Del Mediterráneo, supongo. No sé. Qué más da. ¿Te gusta?
—Es… interesante. —Se toca el mentón como digiriendo el nombre.
—¿Tan malo es? —Me coloco boca abajo sobre el colchón, observando la cara de circunstancia de mi amiga—. No me jodas que ya le he mandado la idea conceptual a mi tutor.
Maia se carcajea y mueve su cabeza.
—Solo quería picarte un poco, Joshy. Estás muy apagado —confiesa, colocando su mano sobre mi brazo y zarandeándome con sutileza—.
Es bueno. Me gusta. Del amor y del mar .
De Sevilla y de Mallorca. De ti y de mí.
Suena muuuuy bien. Necesito hacerte una pregunta —Se pone de rodillas y mira hacia ambos lados, preparándose para decirlo—: ¿Sale desnudo en alguna toma?
Claqueo la lengua, atónito porque esa sea su mayor duda sobre el maldito proyecto final de mi maldita carrera. Qué largo se me está haciendo, joder.
—Por supuesto que no. ¿Cómo lo voy a grabar desnudo?
—Hubo una vez en la que puse el móvil en una estan…
Muevo las manos haciendo aspavientos con el único propósito de que se calle y deje de crearme imágenes mentales por las que quisiera tirarme de un acantilado.
—Tenía que asegurarme —confiesa, mordaz.
Si su objetivo era hacer que todos mis pensamientos negativos se esfumaran, lo ha conseguido, incluso me ha arrancado una carcajada. Mi ordenador se apaga por completo al quedarse sin batería y lo tomo como una señal del Universo para cambiar de tema, para centrarme en otra cosa que no sea Isaac.
«Como si fuera tan sencillo».
Me cuesta tomarme algunos segundos para respirar.
Estoy acostumbrado a seguir un patrón, un camino definido, a no salirme de la línea predeterminada, a impedir que algo entre o salga, a evitar flaquear.
Mi problema siempre ha sido el miedo a la incertidumbre, a no saber qué hay después de lo que estoy viviendo.
Quizás por eso siempre me cuesta disfrutar del presente, porque el futuro se empeña en emborronar mis pensamientos, mis preocupaciones.
—Cuéntame otra cosa, por favor. ¿Qué tal con Joan?
—Genial. —Esboza una sonrisa amplia, una que no parece común en ella, una que nace de algo que desconozco y que me encanta.
Nunca la he visto así—. Aunque hemos tenido algunos problemas, ahora todo va viento en popa.
No sé, Joshy, quizás sea él el amor de mi vida.
Aún es pronto para saberlo, pero nunca he estado tan feliz con alguien.
Ni siquiera con aquel rockero con el que salí antes de irme a Inglaterra, ¿te acuerdas?
—Cómo olvidarlo. ¿No te compuso una canción?
—Sí. —Asiente, emulando una mueca de desagrado—. Tus tetas son mi perdición, muñeca se llamaba. Era todo un poeta.
—Joder, qué vergüenza.
—¿Recuerdas cuando me la dedicó delante de todo ese pub de mala muerte? —Noto como las mejillas se le tornan coloradas, llenas de pavor—. Nunca he deseado con tanta fuerza que la Tierra me tragara como ese día.
Empezamos a reírnos al unísono al rememorar una de nuestras peores noches juntos. ¿En qué momento se nos ocurrió aceptar la invitación de aquel tipo? Y lo peor, ¿en qué momento nos quedamos toda la actuación y terminamos aplaudiendo?
Maia se marcha a la hora de cenar y, pese a que intento no hacerlo, uno es de carne débil y sucumbe ante la tentación.
Busco entre mis contactos el chat de Isaac por si me ha llegado un mensaje que no haya leído.
Pero no hay nada. La pantalla permanece igual que ayer, y que antes de ayer, y que el día de antes.
Supongo que este tipo de cosas van despacio.
Ya debería saberlo a estas alturas de la vida, no es la primera vez que me rompen el corazón; aunque, por alguna extraña razón (bueno, de extraña y misteriosa nada), siento que esta vez ha sido mucho peor.
No solo por las circunstancias, sino porque no habíamos comenzado nada cuando ya lo habíamos roto.
Los humanos y esa extraña tendencia a temer el amor.