Romance de verano para chicos perdidos 26 #2
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26 #2

—Desde luego que no. Dame un beso para mejorarlo, anda.

—Dobla su codo sobre la almohada y se inclina encima de mi cabeza.

Cierro los ojos y espero a que él lo haga.

Los vuelvo a abrir cuando ya no siento su boca sobre la mía y me topo con una mirada atenta, cargada de sorna—: Toma, póntelas —Coge las gafas de la mesita de noche y me las tiende—, quiero volver a verte con ellas.

Esa cara que tienes ahora mismo…, te haría una foto si no fuera porque tienes todo el pecho lleno de mis fluidos corporales.

Los dos prorrumpimos en una oleada de carcajadas incesantes, cargadas de ilusión, satisfacción y una incertidumbre compartida por no saber a dónde nos llevará esto que hemos empezado.

Cuál será nuestro destino final. No sé cómo, ni siquiera en qué momento, terminamos cayendo dormidos en un caos de piernas y brazos entrelazados entre sí.

Creo que nunca he descansado tan bien.

Los rayos del sol entran filtrados por la persiana de la habitación e inciden sobre mi cuerpo.

Tengo la piel empapada en sudor y noto el peso de un brazo sobre mí.

Me giro sobre la almohada y me topo con Isaac, que mantiene la boca entreabierta mientras su pecho sube y baja.

Una de sus manos se aferra a mí como si no hubiera un mañana y, justo cuando estoy a punto de levantarme, sus dedos se clavan en mi cadera, impidiéndomelo.

—No te vayas —susurra con un tono adormecido y rasposo.

—Voy a poner el aire. Hace demasiado calor. —Vuelvo a intentarlo, pero consigo justo el efecto adverso. Isaac me atrae hacia él y mi espalda se adhiere a su pecho.

—Me da igual.

—Nos va a dar un golpe de calor.

—Moriría feliz. —Esto lo dice más como una queja que como una afirmación. Lo murmura tan cerca de mí que siento sus labios moviéndose con parsimonia sobre mi hombro.

Termino haciéndole caso y cayendo sin resistencia ante sus encantos.

Qué le voy a hacer . Me reconforto aún más entre sus brazos y cierro los ojos de nuevo.

Ojalá pudiera empezar así todos los días.

Con esta tranquilidad arrolladora. Con este sentimiento de pertenencia a algún lugar.

Con el amor latiéndome en el pecho y el sonido del mar de fondo.

—¡Eso es! —Me incorporo sobre el colchón como resorte. Isaac lo hace conmigo, asustado por el estruendo—. Ya lo tengo, Isaac. Tengo el nombre de mi proyecto.

Tiene un ojo cerrado y el otro abierto. Me percato de la sonrisilla que se posa en sus labios y me derrito (literalmente) cuando ladea la cabeza para escucharme.

—Te estás volviendo loco, Josh —me dice en un murmullo leve, arrastrando algunas de las vocales con cierta dificultad.

—Lo sé. Pero ya lo tengo, joder. No puede ser otro.

—Y, bien, ¿vas a iluminarme?

—No. —Niego con la cabeza. Necesito desarrollarlo un poco más dentro del concepto del trabajo para asegurarme de que funciona—. Pero serás el primero en verlo. Eso seguro.

Vuelve a sonreír y me da un beso escueto en los labios.

Me levanto de la cama y me acerco al cuaderno, apunto la idea y comienzo a vestirme mientras me topo con la ropa de Isaac (que resulta ser mía) esparcida por el suelo.

Cojo su bóxer y se lo tiro a la cara. Él da un bote sobre el colchón y me lanza una mirada desdeñosa.

—Arriba. Vamos a desayunar.

—Está bien. —Retira las sábanas de sus caderas y vuelvo a verlo completamente desnudo. No sé por qué, pero siento la necesidad de retirar la vista mientras se coloca el bóxer—. ¿Tienes planes luego? —Se queda junto a mí con las manos posadas en forma de jarra sobre las caderas.

—Trabajar en el proyecto.

—¿Puedes sacar unas horas para mí? Quiero que vayamos a la siguiente parada del itinerario.

—Lo intentaré. —Ruedo mis ojos, mostrándole una falsa ironía. Por supuesto que iré. No hay nada que desee más que pasar todo el tiempo posible a su lado, pero no negaré que es divertido picarlo un poco.

—Tengo muchísima hambre —confiesa mientras termina de vestirse, sin embargo, frena en seco y me mira con una mueca de asco—: Será mejor que nos limpiemos un poco. Hay pruebas del delito de anoche.

—Idiota.

—¿Pretendes desayunar con tus abuelos con el pecho lleno de semen, Joshua?

Mierda, es verdad. Sin pensarlo, comienzo a quitar las sábanas y las lanzo al suelo.

—Esto también lo voy a lavar. Hay demasiadas pruebas del delito. —Me carcajeo y me ayuda a recogerlas. Las llevamos hasta el baño y, allí, sigilosos como dos gacelas, nos limpiamos los restos de fluidos del amor .

—Por favor, no lo vuelvas a llamar así —me advierte cuando bajamos las escaleras de casa, completamente renovados.

Los ruidos del exterior nos dirigen a ambos hasta el jardín. En la mesa donde ayer cenamos todos juntos, nos recibe un gran manjar de frutas, tostadas, limonada y una cafetera humeante.

— Good morning, sunshines . ¿Cómo habéis dormido? —nos pregunta mi abuela, untando mermelada de fresa sobre un trozo de pan.

Si ellos supieran…

—Muy bien —contestamos al unísono.

—¿Qué te ha pasado ahí, son ? —Mi abuelo me señala la zona baja del cuello, la cual, ahora que la menciona, me duele un poco. Dirijo mi dedo hacia ella y la toco con sutileza.

No. Puede. Ser.

Es un maldito chupetón.