13
NO HAY SUFICIENTE TOALLA
PARA TANTO CUERPO
ISAAC
E stoy aún sentado en la hamaca, con un sabor a limón en la boca y la mirada perdida en la conversación que están manteniendo Josh y Andreu.
El primero parece muy enfadado, mientras que el segundo parece determinado con lo que ha ido a hacer.
No sé muchos detalles sobre su relación, pero son suficientes como para concluir que Andreu se comportó como un cabrón con Josh.
Pese a ello, los veo tranquilos, quietos en el sitio, sin mover demasiado de su cuerpo.
—¿Qué les pasa? —me pregunta Elisa, percatándose de la escena también.
—Estuvieron saliendo un tiempo.
—No jodas. Por eso… —Su frase muere antes de que pueda terminarla.
—¿Qué? —la animo a que termine.
—Nada, que Andreu me ha preguntado si… —Asiento y muevo mi mano, alentándola a continuar—, bueno, pues qu e si estábais juntos.
—¿ Juntos ? ¿Quién?
—Josh y tú. Quería saber si teníais algo. Ya sabes, un rollo o algo así. —Noto como empieza a avergonzarse—. Ay, no sé, Isaac…, ya me has entendido.
No sé qué resulta más gracioso desde fuera: si que yo parezca haber visto a un muerto caminando por el borde de la piscina; o que Elisa esté roja como un tomate después de habérmelo dicho.
Vuelvo a desviar mi mirada hacia Josh y Andreu.
Su conversación ha terminado, de hecho, mi amigo se dirige hacia nosotros con una expresión desconcertante, casi impertérrita.
—Nosotros no tenemos nada —me apresuro a clarificar, sintiendo una presión innata en el pecho. De repente, todo pesa un poco más.
—Ya, eso ya se lo hemos dicho. —Su respuesta me cae como un jarrón de agua fría.
No me siento cómodo con que Andreu piense que hay algo entre nosotros, pero tampoco me gusta que se tome la libertad de agasajar al chico sabiendo que está soltero.
Ambas ideas son pésimas. Y, joder…, otra vez me he puesto el maldito bañador de tela insufrible. Cómo me pica.
Josh se sienta en la hamaca de nuevo. No se integra en la conversación, se queda ahí, pensativo.
—¿Qué narices quería? —Maia se separa de la boca de Joan durante algunos segundos y se acerca a nosotros.
—Hablar.
—Que le hable a la pared —dice ella, haciendo una mueca de desagrado y echándole una mirada asesina al chico.
—No sabía que habíais estado saliendo —intervino Elisa, que se había quedado en el epicentro de todo.
—Para mi desgracia… —murmulla Josh, be biendo un sorbo de su copa y manteniendo la mirada fija en algún punto del suelo—. ¿Os podéis creer que he pensado en aceptar la conversación por un instante? ¿Qué es lo que pretendía…? ¿Seguir torturándome?
—Da igual lo que pretendía, Joshy. Has hecho lo que debías hacer, ¿no? No tenéis nada que hablar. Seguir arrastrando una conversación hará que todo vuelva al mismo punto —trata de tranquilizarlo Maia.
Yo no soy capaz de decirle nada. Estoy como congelado en el momento, inmóvil. Solo soy capaz de respirar y de sentir cómo mis pelotas gritan auxilio a cada segundo que pasa.
—Voy a por algo de comer. ¿Queréis algo? —Me pongo de pie, sacudo mi bañador y bebo lo último que queda en mi vaso, dejándolo a un lado.
Observo a mis amigos en busca de la respuesta de alguno de ellos. Maia niega con la cabeza, Elisa lo hace con el dedo y Josh alza su mirada y la posa sobre la mía antes de decir:
—Yo sí. Voy contigo.
Nos acercamos a la mesa de comida en la que ya solo quedan algunos resquicios. Pillo lo primero que veo y me lo llevo a la boca. Estoy muerto de hambre. Josh se deja caer con sutileza sobre la mesa y me mira esperando algo.
—¿Crees que he hecho bien, Isaac? —Suelta a bocajarro, comiéndose un ganchito.
—¿Tú crees que has hecho lo correcto?
Se encoge de hombros.
—Creo que he hecho lo que debía hacer.
—¿Y qué es lo que quieres? —He pillado el punto de su preocupación. Se ha dejado llevar por el raciocinio y no por el corazón; ahora tiene una especie de astilla clavada en la piel que no le deja de molestar y recordar que quizás debería haber obrado de otra manera.
—Tal vez me dé las explicaciones que me faltan. Tal vez así pueda entender por qué lo hizo.
—Si ese fuera el caso, ¿estarías preparado para escucharlo?
Querer y poder son temas completamente diferentes.
—No lo sé. Han pasado dos años, solo quiero saltar a una nueva página de mi vida.
Asiento y evoco una mueca comprensiva que él me agradece con la mirada.
—Ya basta de dramas. Vamos a disfrutar de la fiesta. —Se separa de la mesa y alza el vaso de su copa. —A ver quién de los dos se lo bebe antes.
—¿Es un reto, Josh?
—Es un desafío.
—No sabes con quién estás apostado… —advierto con un tono burlón.
—Demuéstrame lo que sabes hacer.
No sé qué hora es, ni cuánto tiempo ha pasado desde que llegamos.
Lo único que tengo claro es que he bebido un poco más de la cuenta y quizás ahora esté un tanto achispado.
Aunque no me suele gustar esta sensación de dejar de sentirlo todo, me relajo y me dejo llevar por el ritmo de la noche.
Josh, Elisa, Dylan y yo estamos junto a la piscina bailando al ritmo de la canción que un chico con dotes de DJ (eso mismo ha puesto él en un cartel que cuelga de la mesa de mezclas) está pinchando.
Maia y Joan siguen en la misma hamaca, con la misma postura que antes.
Se están besando hasta quedarse sin respiración. Qué intensidad .
—¡Alquilad una habitación! —le grita Josh que tiene las mejillas rosadas por el alcohol y el pelo deshecho por el sudor.
—¡Vete a la mierda, Joshy! —responde ella, sacándole el dedo y continuando con su cometido.
—Creo que no es muy sano que estén tanto tiempo sin poder respirar. Van a terminar ahogándose —apostilla Elisa, haciendo una mueca de preocupación mientras los observa.
—Se están conociendo, dejadlos. Joan debe tener un dolor de huevos impresionante, chaval —afirma Dylan, soltando una carcajada y moviendo la mano para hacer más ímpetu en sus palabras.
—¿Por qué los hombres tenéis que hacer siempre mención a vuestro miembro viril? —Elisa gira su cuello hasta enfrentar al chico cuya expresión cae en picado cuando lo confronta—. Si le duelen los huevos, que se aguante.
—Lo mencionamos porque es una parte más de nosotros. Tú no sabes lo que se sufre con un dolor ahí. Es lo peor.
—Qué preocupación.
—Es algo natural. Los huevos, las tetas, las pollas… Es el cuerpo humano. —Se encoge de hombros y bebe de su copa. Creo que no puedo soportar más esta conversación. Noto en la voz de Dylan que el alcohol ya ha tomado las riendas de su cerebro.
Josh me envía una señal de socorro con la mirada y yo debo reprimir una carcajada para que estos dos no piensen que me estoy descojonando de ellos.
—¡¿Quién quiere darse un chapuzón?! —grita alguien desde el interior de la casa.
Coge carrerilla y, a medida que avanza hacia la piscina, se va deshaciendo de su camiseta, chanclas y demás hasta quedar en bañador.
Encoge su cuerpo y se tira hecho una bola sobre el agua, que termina empapándonos a todos los que estamos a su alrededor.
—La sangre circula por el cimbrel, forma parte del sistema nervioso. —Dylan y Elisa están enfrascados en su peculiar intercambio de información y ni siquiera se han percatado de que ambos están mojados.
—¡Venga, meteros! ¡Está buenísima! —exclama el chico desde el interior de la piscina. Más invitados a la fiesta se suman a su delirio y comienzan a meterse unos tras otros.
—¡Bomba va! —Joan también se une.
—¿No queréis daros un chapuzón o qué? —Maia se acerca a nosotros, aunque algo roba su atención antes de continuar—. ¿De qué narices están hablando estos dos? —Observa a Elisa y a Dylan que continúan con su cometido.
—Mejor no preguntes —se adelanta a contestar Josh, negando.
—Bueno, os metéis o qué —replica ella, insistiendo otra vez.
—A mí no me apetece —escupo, bebiendo de mi copa. Hace frío fuera. Se ha levantado un vientecillo traicionero y el agua que me ha salpicado no es que estuviera precisamente caliente.
—Yo paso también.
—Aburridos —escupe ella, yéndose de nuestro lado y quitándose el vestido para lanzarse en bikini.
Todo ocurre muy rápido. Tanto que ni siquiera tengo la oportunidad de resistirme.
Dos manos me golpean por la espalda y termino cayendo en picado al interior de la piscina.
El vaso se desprende de mi mano por el camino y, cuando quiero darme cuenta, los dedos de Josh se han enroscado en mi brazo.
El impacto es sutil, caemos como un peso muerto.
Y, joder…, no me equivocaba. Está congelada. Salgo a la superficie iracundo.
—¡Estamos en una fiesta, panda de cortarrollos! —nos grita Maia desde el bordillo—. Idos a una habitación vosotros. —Se burla, sacándonos el dedo de nuevo.
A su lado, Joan choca su mano con efusividad antes de besarla de nuevo, triunfantes de haber podido llevar a cabo su macabro plan.
Cabrones . Josh está a mi lado en la piscina.
Su pelo se ha condensado y ahora los mechones semi rizados le caen por la frente llenos de cloro.
Tiene la misma cara de desconcierto que yo.
—Será imbécil —brama, chasqueando la lengua y echándole algunas gotas de agua de las que ella rehúye carcajeándose—. Te voy a matar, Maia.
—Te quiero, Joshy. —Le lanza un beso cargado de sorna.
—Está congelada —advierto, moviendo los brazos y las piernas en el sitio para conseguir entrar en calor.
Josh cruza su mirada con la mía y me observa.
—Te diría de echar una carrera hasta las escaleras, pero teniendo en cuenta que tú eres socorrista y yo nado fatal, no quiero ridiculizarme delante de toda la fiesta. —Esboza una sonrisa cargada de inocencia. Ladea la cabeza en un gesto que me ablanda.
—Podría darte ventaja...
—Qué considerado, Isaac.
—…o te podría remolcar hasta las escaleras, solo necesitaría que te hicieras el ahogado.