Capítulo 19. Lana #2
Se tapa la cara, y su respiración se vuelve estable mientras vuelve a quedarse dormido. Pongo los ojos en blanco, me levanto y vuelvo a la casa.
Por una vez, Bennett no se abalanza sobre mis pies en cuanto entro, y me quito los zapatos mientras miro a mi alrededor y lo llamo haciendo ruido de besos.
—¡Bennett! Venga, minino. Tengo que darte un baño.
Como no viene, frunzo el ceño. Normalmente se nos echa encima en cuanto nos ausentamos un minuto.
Decido buscarlo más tarde, voy a la nevera y cojo una botella de agua, pero dejo la mano suspendida sobre ella mientras la miro y ladeo la cabeza.
Tengo la costumbre de contar las cosas y fijarme en todo lo que me rodea, siempre atenta a cualquier cambio. Y estoy segura de que esta mañana había tres cervezas junto a mi botella de agua. Ahora solo hay una.
Lentamente, cojo mi agua mientras un escalofrío me recorre la espalda. Es posible que Jake ya haya empezado a beber, pero lo dudo, teniendo en cuenta que tampoco había latas de cerveza junto a él.
Tengo la sensación de que hay alguien más aquí, pero procuro no mostrar mi inquietud mirando de un lado a otro. A mi espalda está el salón, así que cojo un cuchillo y una manzana fingiendo que voy a pelarla.
Dejo la botella de agua y pincho en mi manzana de cera un nuevo clavo que representa al segundo hombre al que más deseaba ver muerto, pero me detengo al darme cuenta de que está girada. Miro esta manzana todos los días. Sé que no está en el ángulo correcto.
Recorro la casa y no veo nada fuera de lugar, pero hay más arena de lo normal en el comedor. Bennett ya debería estar pegado a mis pies, pero no es así.
Empiezo a pelar la manzana despacio mientras me dirijo al salón, donde un escalofrío me recorre la espalda y me pone tensa. No me cabe duda de que ahora mismo hay alguien mirándome.
—Como le hayas hecho daño a mi gato, no sabes la que te espera.
Me doy la vuelta, con el cuchillo en la mano, mientras dejo caer la manzana, pero me quedo paralizada al ver a alguien sonriéndome desde la esquina.
Logan se separa de la pared y estoy tentada de pellizcarme para asegurarme de que no estoy teniendo alucinaciones ni soñando.
—¿Le has puesto Bennett a tu gato? —pregunta con los labios apretados cuando se me cae el cuchillo de la mano—. No tengo muy claro cómo me siento al respecto —continúa mientras avanza hacia mí.
Mi pierna mala amenaza con ceder y tropiezo, pero los brazos de Logan me rodean al instante y su aroma me envuelve cuando me sujeta por la cintura.
Inclino la cabeza hacia atrás mientras las lágrimas comienzan a nublarme la vista, y él me mira expectante.
—Estás aquí —digo con voz rasposa. Un comentario ridículo después de tres meses.
—Me hiciste creer que estabas muerta —responde, con la voz tensa.
—No quería arriesgarme a contactar contigo y buscarte problemas —le explico a toda prisa—. Te tenían pinchado el móvil porque causabas problemas incluso estando de baja y…
Me pone un dedo en la boca para detener mi verborrea.
—Todavía no saben que fuiste tú. ¿Mataste a Jason para demostrarme que seguías viva o solo era un asunto pendiente? En comparación con los demás, no te ensañaste mucho, casi como si llevaras prisa.
Me quita el dedo de los labios, deslizándolo, y yo me estremezco contra su cuerpo mientras miro fijamente esos ojos azules que conozco tan bien.
—Era la forma más segura de hacértelo saber. No pensé que tardarían tanto en encontrarlo. Y no pude hacerlo antes porque no podía andar sin muletas hasta…
Me hace callar al posar sus labios sobre los míos, y me derrito contra él, deleitándome con la sensación de su beso. Las lágrimas brotan de mis ojos cuando lo beso con más intensidad, aferrándome a él como si fuera incapaz de soltarlo.
Me quedo sin aliento y mareada cuando finalmente interrumpe el beso, pero consigo secarme las lágrimas y hablar.
—¿Cómo me has encontrado?
—Dijiste que si pudieras estar en cualquier lugar sería en Grecia conmigo. Esperaba que eso significara que vendrías aquí a esperarme —dice en voz baja, acariciándome la barbilla con el pulgar.
—Pero tu trabajo…
—Lo he dejado —dice, observándome con atención.
—Y tu vida…
—Está dondequiera que estés tú. No deberías haber sido tan perfecta si no querías que te quisiera tanto.
Exhalo un suspiro de frustración al oír esa palabra. «Perfecta». Sabe que la realidad está muy lejos de eso ahora mismo.
—Mi intención no era que sacrificaras todo por…
Vuelve a besarme, seguramente para callarme, pero no me importa. Cualquier excusa para tener sus labios sobre los míos es buena.
Finalmente, interrumpe el beso.
—Ingresé en el FBI para hacer justicia —dice, rozando mis labios con los suyos—.
No para jugar a la política. Prefiero estar en Grecia contigo que en casa, a las órdenes de otro.
Y antes de que se te ocurra la brillante idea de abandonarme porque crees que me estás arruinando la vida, debes saber que ya no puedo volver atrás.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué?
—Porque me aseguré de que no hubiera forma de que te quedara duda alguna.
Busco sus ojos con la mirada y al fin lo comprendo.
—Fuiste tú quien disparó a Christopher —susurro conmocionada.
—Ese fue el mensaje que te dejé yo —continúa—. No pensé que tardarían tanto en encontrar el cuerpo.
Tiemblo en sus brazos, consciente de lo descabellado que resultaría ese gesto de amor para el resto del mundo. Pero para mí, las rosas y los poemas nunca podrán compararse.
—Entonces, ¿has venido para quedarte? —pregunto, todavía aturdida.
—No puedes volver a dejarme nunca más. Supongo que no hay más secretos, ¿verdad?
—No hay más deudas que saldar —le aseguro.
Me mira fijamente a los labios como quien contempla algo fascinante sin dejar de sujetarme la barbilla mientras me empuja hacia mi habitación. Me imagino que se ha familiarizado con la casa.
—¿Dónde está mi gato? —pregunto, lo cual suena ridículo.
—Me sorprendió que tuvieras una mascota —comenta con tono burlón, evadiendo mi pregunta.
—¿Se ha escapado?
—No —responde, con una sonrisa aún más amplia—. Seguramente esté ronroneando por ahí encima de…
—Ah, qué bien. Ahí estás —giro la cabeza al oír la voz de Hadley cuando sale de mi habitación con Bennett ronroneando en sus brazos—. Tu gato tiene unas calvas que me están rayando.
—¿Qué haces aquí? —pregunto, perpleja.
Ella se encoge de hombros, examinando el horrible pelaje de Bennett, que poco a poco va mejorando.
—¿Dónde iba a estar si no? Ahora, hablemos de tu gato… ¿Qué le pasa?
—Era un gato callejero y tenía algo pegado en el pelo. Jake le afeitó lo que parecía pegamento hace unas dos semanas, cuando lo encontramos.
Ella pone los ojos en blanco.
—Hablando de Jake, ¿dónde está?
—Es el tipo que está durmiendo en la playa con el brazo en la cara.
Hadley nos sonríe y deja a Bennett en el suelo antes de salir corriendo hacia la puerta. Espero que Jake esté preparado para llevarse una sorpresa. También espero que para él no haya sido solo una aventura, básicamente porque ha venido hasta Grecia.
—Retomemos lo que estábamos haciendo —dice Logan, volviéndome la cara para que lo mire—.
Le pedí a Hadley que buscara una lista de apellidos.
Sabía que no te cambiarías el nombre. Cuando vi Lana Voorhees, supe que eras tú.
De algo me ha servido haber visto Viernes 13 una y otra vez cuando era niño.
Sonrío como una idiota sin motivo aparente.
—Yo también.
Vuelve a acariciar mis labios con los suyos sin dejar de retroceder hasta mi habitación.
—Entonces fue aún más obvio cuando vi que Jake Vlad también figuraba en esta dirección. No estoy muy convencido de que Vlad le pegue como apellido.
—En Halloween siempre se disfrazaba de Vlad el Empalador cuando éramos críos —explico, sin dejar de sonreír.
Somos así de morbosos.
—Yo he escogido un apellido mucho menos obvio —dice, con gesto indiferente.
—No me digas.
—White —añade, esbozando una media sonrisa.
—¿Por Carrie White?
Asiente lentamente con la cabeza sin dejar de empujarme hacia la habitación hasta que mis piernas chocan contra la cama. En un solo movimiento, se inclina y me lanza sobre el colchón arrancándome un gritito.
Se tumba encima de mí y yo me río como una idiota mientras le sonrío y él me besa la punta de la nariz.
—Entonces esto es real. Tú y yo. ¿De verdad vamos a estar juntos?
—No podrás librarte de mí —dice, y me besa en los labios.
—No me puedo creer que estés aquí. —Gimo cuando comienza a recorrerme el cuello con los labios.
Se apoya en los codos cuando empiezo a desnudarme. Se queda mirándome, pero finalmente decide quitarse también la ropa. En cuanto ambos estamos desnudos, se coloca entre mis piernas, pero sin dejar de mirarme a los ojos mientras me retira un mechón de pelo de la cara.
—Decidí que si pudiera elegir cualquier lugar del mundo en el que estar sería dondequiera que estuvieras tú —dice antes de besarme, acallando cualquier comentario cursi y empalagoso que hubiera podido salir de mi boca.
Y yo le devuelvo el beso con todo mi ser mientras él se hunde en mi interior, llenándome de tal manera que todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo se cubren de electricidad.
—Te quiero —susurro contra sus labios.
—Te quiero, Lana Voorhees —responde con una sonrisa.
Es nuestra propia versión retorcida de la perfección.