Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 19. Lana
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Capítulo 19. Lana

LANA

Dondequiera que vayas, ve con todo tu corazón.

—C ONFUCIO

Hace tres meses pensé que iba a morir.

Pero, una vez más, me salvó mi hermano, aunque no el mismo.

Jake entró disparando sin cesar y lanzó una bomba de humo. Ojalá se me hubiera ocurrido usar una bomba de humo. Estaba demasiado ocupada creyéndome invencible.

Creí haber visto a Marcus, pero no era él. Era mi otro hermano. El que me había apoyado en las buenas y en las malas y me había sacado del pozo una última vez justo a tiempo para salvarme.

Y logramos salir antes de que el fuego nos alcanzara. Antes de que el edificio explotara. Antes de que nadie supiera que me había salvado.

Él ya había sobornado al personal del hospital, que cerró un ala como si yo fuera de la realeza, y me atendieron hasta que estuve lo suficientemente recuperada como para poder viajar por mar, en el yate que Jake había compra­do porque hubo que cambiar los planes de vuelo para que nadie supiera de mi estado.

De vez en cuando, compruebo cómo está Logan, o al menos lo intento. Ha estado de baja, pero Jake no quiere piratear la base de datos del FBI para sacar más información.

Sabemos que tenemos que dejar atrás a Logan y Hadley. Es lo más seguro para ellos.

No podemos condenar la corrupción y, al mismo tiempo, arrastrar a más almas a nuestra condena sin aceptar que somos unos hipócritas.

Recojo la ropa interior de Jake y me quejo mientras la tiro en el cesto de la ropa sucia, un objeto que él parece no encontrar nunca. Todavía cojeo un poco, pero cada día me siento más fuerte.

La mano se me ha curado mucho más rápido que la pierna, pero el médico asegura que voy a recuperarme por completo y que solo me quedará una cicatriz a modo de recuerdo. De todos modos, no me importa tener nuevas cicatrices. Estas cuentan una historia de supervivencia incluso mejor que las otras.

Ahora mismo estamos un poco perdidos, buscando un nuevo propósito en el que canalizar toda nuestra energía. Jake se ha vuelto muy bueno pescando, por extraño que parezca. A los dos se nos da muy bien pasar medio día borrachos.

Ya casi no me duele la pierna. Cuando se me cure del todo, volveré a estar contenta.

Mi manzana de cera está expuesta con orgullo junto a un retrato de los restos carbonizados de Delaney Grove, y sonrío con satisfacción al comprobar la cantidad de clavos que sobresalen de ella.

El último lo añadí hace más de un mes. Solo falta un clavo más para completar mi obra de arte en forma de manzana.

Algo cae al suelo y me giro rápidamente, con un cuchillo en la mano, justo a tiempo para ver una mancha negra de pelo que se esconde detrás de mi sofá. Veo el posavasos que ha tira­do de la mesa y maldigo a Bennett.

—Bennett —le digo entre dientes a la bola de pelo.

Un pequeño maullido sigue a la reprimenda cuando Bennett asoma la cabeza por detrás del sofá y me mira con ojos inocentes. Maldito gato.

Le lleno el cuenco de comida y él se desliza por el suelo de baldosas resbaladizo cuando se acerca a él. Luego me pongo unas sandalias y salgo a dar mi paseo diario para ir ganando músculo en las piernas.

Al menos se me da bien la rehabilitación.

Como de costumbre, me pongo los auriculares y empiezo a escuchar música mientras busco en internet cualquier noticia de Estados Unidos que pueda estar relacionada con una posible confesión de la verdad por parte del FBI.

Sé que es poco probable, a pesar de las numerosas pruebas, pero sigo esperando que algún día se limpie el nombre de mi padre.

Según un artículo, Delaney Grove ha iniciado su reconstrucción.

La gente está tratando de recomponer el pueblo, y el torpe pero simpático ayudante ha sido nombrado nuevo sheriff del condado.

Quizás haya contribuido a ello el hecho de que le perdonáramos la vida, junto con la de otras dos personas que no estaban involucradas.

El resto del mundo puede que nos olvide a nosotros y el legado que dejamos, pero Delaney Grove habrá cambiado para siempre. Allí nadie lo olvidará.

Y puede que Jake y yo hiciéramos un largo viaje de vuelta a Estados Unidos solo para matar a Jason y así hacerle saber a Logan que seguía viva.

Jake tuvo que ayudarme a reducirlo, ya que todavía no me muevo con la misma rapidez debido a la lesión de la pierna.

Pero no sé si Logan llegó a descifrarlo. Les llevó más tiempo del que esperaba recuperar el cuerpo. Vaya. Esa casa debe de ser la menos interesante del mercado.

Sin embargo, lo descubrieron hace más de dos semanas y hasta ahora no ha pasado nada sos­pechoso. Jake está demasiado ocupado pescando y sigue demasiado enfadado conmigo como para hackear nada, así que me tengo que conformar con los artículos normales que lee todo el mundo.

Sigue habiendo mucho revuelo, y han surgido extrañas teorías conspirativas que eclipsan la verdad.

Pero hay un artículo en particular que me hace perder el equilibrio cuando estoy justo delante de mi casa. Lo leo a toda velocidad, tratando de comprender lo que dice.

El mismo día en que se descubrió el cadáver de Jason, murió otro hombre, pero su cuerpo no fue hallado hasta ayer por la tarde.

Lo que me pone los pelos de punta es el nombre de esa persona.

Christopher Denver.

Olivia no nos ha llamado para contarnos nada. Al menos Jake no lo ha mencionado. Aunque, por otra parte, sigue cabreado conmigo por haber estado a punto de morir, así que, como parte de mi castigo, tengo que sacarle información con un sacacorchos.

Me giro y miro hacia la playa, donde Jake está tumbado con una caña entre las piernas, durmiendo y pescando al mismo tiempo. Camino con dificultad por la arena, con una mueca de dolor cuando intento correr. Entonces le doy una patada al muy idiota.

Un fuerte quejido sale de sus labios cuando me arrodillo a su lado.

—¿Qué leches haces? —espeta, frotándose el costado mientras me fulmina con la mirada.

—¿Cuándo te ha llamado Olivia? Y ni se te ocurra negármelo.

Se le ve realmente confundido.

—Aún no me siento lo bastante seguro como para ponerme en contacto con Olivia desde un nuevo número, ya que ha habido cierto movimiento de las autoridades federales en torno a ella.

He configurado su teléfono para que le envíe alertas si alguien descubre su paradero y le he preparado una nueva identidad.

Si tiene que marcharse, irá a la casa franca y yo recibiré una notificación cuando lo haga.

Él levanta su móvil y yo me hundo un poco más en la arena mientras le paso el mío para que lea.

Primero lee el artículo por encima y luego se incorpora de golpe hasta quedar sentado.

—Olivia no le habría disparado —dice, sacudiendo la cabeza—. Se conformaba con alargar el proceso todo lo posible una vez que empezaron a fallarle los órganos.

—Pues algo tuvo que pasar. No la veía yo de las que van por ahí disparando a la entrepierna, pero así es como murió desangrado.

—A lo mejor es porque pasó demasiado tiempo contigo —bromea, sin dejar de leer.

Recuerdo el día en que Jake descubrió la verdad. Yo ya tenía mis sospechas, pero no me atrevía a creerlo del todo. Hasta que Jake volvió a casa y juntos confirmamos lo peor.

Tenía todas las copias de los DVD de su padre en las manos y lágrimas en los ojos. Volvimos a ver juntos el juicio y observamos algún que otro desliz, como cuando Christopher sonreía mientras mi padre lloraba.

Esto se hizo más que evidente en un vídeo casero en el que su padre no podía apartar la mirada de mi madre en una fiesta de cumpleaños. Y apretó los dientes cuando mi padre se acercó y la besó provocándole una risita mientras la abrazaba.

Fue una revelación muy dolorosa.

El mejor amigo de mi padre.

El padre de mi mejor amigo.

El hombre que se sentaba en nuestra mesa en las fiestas cuando éramos niños era el mismo que había condenado a mi padre a la peor muerte imaginable.

Fue entonces cuando llamamos a Olivia.

Jake ni se lo pensó. Ya lo odiaba, pero aseguró que después de eso su padre había muerto para él.

Comenzó el tratamiento que Olivia había elaborado: un nuevo parásito sintético en el que había estado trabajando en el laboratorio. Y así comenzó todo. Lo primero que perdió fue el apetito sexual. Ni siquiera una pastillita azul podía solucionarlo.

Lo segundo fue la energía.

A partir de ahí, las cosas empezaron a empeorar poco a poco, de forma agonizante. Ella nos aseguró que el dolor se volvería insoportable, y estaba encantada de contribuir a que así fuera.

Jake la ayudó a sacar el parásito sintético de las instalaciones del laboratorio e incluso hackeó los archivos donde se almacenaba información sobre él. Ella también se llevó algunos más para el final.

Mi papel fue insignificante. Lo único que tuve que hacer fue estar atenta durante la planificación.

No se trataba solo de mi venganza. Era más de ellos que mía.

Christopher Denver le hizo daño a mi padre de formas inimaginables, hasta desempeñó el papel de mejor amigo y abogado, pero, a fin de cuentas, Jake no dejaba de ser su hijo. Él fue quien más sufrió.

Por culpa de su padre, Jake perdió al amor de su vida.

Por culpa de su padre, a la hermana de Olivia la violaron y asesinaron.

Mi dolor quedó en un segundo plano. Ya tenía suficientes personas a las que matar.

—Esto es una locura. Olivia debería fugarse si sospechan de ella —dice Jake con aire pensativo, sacándome de mi ensimismamiento.

—Dicen que sospechan de un hombre —digo, confundida—. No la buscan a ella.

—¿Puedes encontrar más información al respecto? —me pregunta mientras intento minimizar la pantalla.

—No. No es más que un artículo breve que apenas menciona el tema. Veré qué puedo encontrar, pero conozco a alguien que sabe mucho más que yo de informática.

Le doy un codazo en el pecho y él gruñe mien­tras se frota la zona como si le hubiera hecho daño, pero me guiña un ojo.

—Ahora mismo no. Estaba en medio de un sueño muy bueno en el que hacía un trío. Me gustaría retomarlo.

Lo miro con los ojos entrecerrados y él suspira mientras se recuesta de nuevo.

—Lo investigaré más tarde, Lana. Sincera­mente, me importa un carajo quién lo mató. Solo me alegro de que ese hijo de puta por fin esté muerto.