Rojo sangre (Mindf*ck 5) Capítulo 18. Logan #2
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Capítulo 18. Logan #2

—Sospechabas que Victoria había sobrevivido, ¿verdad?

Incluso nos lo insinuaste. Pero no estabas seguro.

Ni siquiera antes de descubrir la verdad, Jake nunca te confió ese secreto.

Su lealtad era solo hacia ella —continúo, observando cómo la furia sigue aumentando—.

Asumis­te que Olivia era una joven encantadora que te apreciaba por intentar «salvar» a Robert Evans.

Después de todo, lo defendiste. De forma muy deficiente, debo añadir.

Un hombre tan inteligente como tú debería haberse esforzado un poco más por exculpar a su mejor amigo de unos asesinatos que no cometió.

Pero tú no eras realmente su amigo, ¿verdad?

Estoy seguro de que Jake también se dio cuenta cuando volvió a ver las imágenes del juicio con la mente despejada y la perspectiva que da la distancia.

Paso la página una vez más.

—Pero ¿por qué Olivia renunciaría a su codiciado puesto en el laboratorio, algo por lo que se había esforzado tanto, para venir a cuidarte cuando contrajiste una extraña enfermedad?

Tu hijo comenzó a hacer ingresos semanales en su cuenta cuando empezó a venir a ayudarte.

Tú también hacías ingresos semanales. ¿Por qué cobrar dos veces?

Sonrío mientras me inclino hacia delante, observando cómo la comprensión se extiende por su pálido rostro.

—La microbiología… es un campo fascinante.

Se aprende muchísimo sobre parásitos. Alguien con los conocimientos adecuados podría utilizarlos para matar lentamente a una persona.

Para despojarla de todo su control en el transcurso de un año.

Para enfermarla gradualmente de una forma que los médicos que no sean especialistas en ese campo nunca podrían comprender.

Sobre todo si se utilizara un parásito exótico o algo similar.

No estoy diciendo que fuera eso lo que hizo, pero es lo suficientemente brillante como para haber descubierto una forma de matarte lentamente sin que nadie detectara la causa, todo mientras te cuidaba y los médicos se daban por vencidos y te recetaban la mitad de la farmacia.

Señalo la bandeja de medicamentos que está cerca de la pared. El número de frascos se ha multiplicado desde mi última visita.

—Pero el final se acercaba, así que Olivia aceleró su plan, empujándote más rápido al límite, vengando a su hermana y a todas esas otras mujeres.

Y tu hijo financió su proyecto. Lana cedió su propia venganza a quienes la necesita­ban aún más.

Y aquí estás: impotente, débil, indefenso, completamente desamparado y, lite­ralmente, meándote encima.

Se le llenan los ojos de lágrimas; lágrimas de ira mezcladas con odio puro y sin adulterar.

—Ella hizo lo que tenía que hacer y me dejó esta nota. Por alguna razón, sabía que yo vendría —digo, levantando el papel y leyéndolo en voz alta—. «Ya es demasiado tarde para él. Hice todo lo posible por prolongar su agonía. Pero ahora ya no puedes salvarlo. Buena suerte buscándome».

Bajo la nota y le dedico una sonrisa.

—Ella cree que quiero salvarte y encontrarla para poder meterla entre rejas. No comprende por qué estoy aquí realmente.

Saco mi pistola, la amartillo mientras me levanto y vuelvo a guardarme el papel en el bolsillo.

—Debes saber que tu hijo era el doble de inteligente que tú, porque no mataba solo por sentirse poderoso. Mataba por venganza. Y su propio padre ayudó a asesinar al chico al que amaba.

Le apunto con el arma a la entrepierna, casi haciendo una mueca al pensar en lo que está por venir. Pero Lana tiene que saber que no pienso marcharme cuando la encuentre. Un acto imperdonable bastará para no poder regresar jamás.

—Por mucho que quiera que te mueras lentamente, necesito demostrarle a mi chica que voy en serio con lo de quedarme con ella.

Vine convencido de que verte agonizar me bastaría, pero hoy algo ha cambiado.

Algo que todavía me da miedo aceptar sin reservas hasta que lo vea con mis propios ojos.

Por primera vez en mi vida, tengo esperanza.

Me pongo los tapones en los oídos y me crujo el cuello hacia un lado. Él hace un ruido y abre mucho los ojos cuando pongo el dedo en el gatillo.

—Que te diviertas en el infierno, Christopher.

Acto seguido, le vacío el cargador en la entrepierna. Los monitores se vuelven locos con el impacto, y empieza a tener convulsiones mientras la sangre se extiende por las sábanas y las mantas.

Reservaron la tortura más larga para el peor de los culpables. Como ya he dicho, había subestimado la verdadera genialidad de las mentes retorcidas.

Cuando guardo la pistola, me quito los tapones de los oídos y cojo el teléfono. Dispongo de poco tiempo antes de que descubran el cadáver. Collins y mi equipo sabrán que soy yo en cuanto descubran quién es.

Yo lo identifiqué como el asesino original.

Acaba muerto con múltiples disparos en la entrepierna.

No hace falta ser un genio para atar cabos.

Llamo a Hadley mientras salgo de la casa, dejando atrás la última pieza del intrincado rompecabezas.

—¿Estás listo? —me pregunta.

—Llegaré en quince minutos. ¿Los has encontrado?

—Todavía no, pero lo haré.